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viernes, 22 de octubre de 2021

Emeterio En La Voz Senior

«SU VOZ ES UN DIAMANTE SURGIDO
DE LAS ENTRAÑAS DE CHAMBACÚ»


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes*


Su voz es un diamante surgido de las entrañas de la tierra chambaculera, pulida, afinada en el tiempo con los arrullos y bullerengues de Estefanía Caicedo, los boleros y tangos de Lucho Pérez Cedrón, cantados en ritmo paralelo a la voz de la Diva Cándida Castro, acompañada por la guitarra de Enrique Bonfantes.

En su adolescencia dejó que su voz fuera escuchada por Petrona Martínez en los solares de Guzmán en Chambacú, no lejos de estos trinos, se podían apreciar las prácticas de la Orquesta A # 1 del Maestro Pitalúa.

Su voz baritona se escuchó sobre las tablas del teatro La Banca, del maestro Carlos Alíes en la Heroica, de lo cual puede dar razón Petronila Villalobos.

Él encarna la resiliencia, pues no hubo obstáculo que no pudiera superar. En su adolescencia le cantó a las piedras, a los árboles y al agua en la búsqueda de superar al trino de los pájaros de la Ciénaga de Chambacú – El Cabrero.

Es un tenor por naturaleza, forjado en el regazo de su abuela cantadora.

Su voz no se quedó en los coros y programas de Cartagena, sino que trascendió hasta la meseta Cundiboyacense, aún se escucha el eco de su voz en la epidermis de los árboles de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia -Tunja, de donde es egresado en Matemáticas y Física. Allí, en la Noble Tunja, Emeterio cantó algunas veces en inglés o francés.

De aquel corral de Levantate Mulato alcanzó la brillantez del sol justo para decir, «aquí estoy yo, un ser humano que miro la vida con alegría dándole las gracias a Dios». Emeterio es poesía en la canción, como buen cantautor nos lleva a recordar a ese gran poeta del bolero Agustín Lara.

Emeterio, debe ser aclamado como La Voz Senior de Caracol 2021. 
¡A votar por Emeterio!

* Presidente de la Asociación de Escritores de la Costa 

Juan V Gutiérrez M

 

 

martes, 5 de octubre de 2021

¿Qué Nos Pasa a Los Colombianos?


EL INDIGNANTE EXILIO DEL NIÑO VERA MANZANARES


La discordia es la gran peste del género humano y la tolerancia su único remedio”  

                                                                                                                    Voltaire

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


No encuentro una razón para temerle a los nobles razonamientos de un niño como Francisco Javier Vera Manzanares, un impúber de once años que se preocupa por la indiferencia de los mayores ante los efectos del Cambio Climático, y las Erosiones ocasionadas por las indiscriminadas talas de árboles provocadas por el hombre. Es muy preocupante cuando encontramos en medio de las exuberancias de la naturaleza y la convivencia de una noble familia, alguien que no desea mantener el Ecosistema y trata a toda costa de acabar con todo aquel que vela y se preocupa por el bienestar de la Flora y la Fauna. Se vuelve alarmante, cuando se trata de eliminar la voz de un niño, quien se levanta y obstinado dice: “¡Ya está bueno, dejemos que la naturaleza se manifieste con esplendor por el bien de los seres creados!”

Para buscar una explicación a lo que pasa en esta Colombia nuestra, tomo el libro de Germán Puyana García: “¿Cómo Somos Los Colombianos? Reflexiones Sobre Nuestra Idiosincrasia y Cultura”. Encuentro en el Capítulo 3. Atributos de los Colombianos:

“Individualistas, Recursivos, Alegres, Incumplidos, Impuntuales, Maliciosos, Avispados, Oportunistas, Dogmáticos, Intolerantes, Regionalistas, Extremistas, Cálidos, Agresivos, Impulsivos, Imprevisores, Inconstantes, Humoristas, Irresponsables, Criticones, Mamagallistas, Hospitalarios, Conflictivos, ¿Mediocres?, Gastadores, Escépticos, Apáticos, Corajudos, Ilusos, Formalistas, Contradictorios, Superficiales, Parroquiales, Apocados, ¿Laboriosos?, Rebeldes, Conformistas, Influenciables, Desmemoriados”.

Muy a pesar de todos estos epítetos no justificamos la actitud de repudiar a un niño que clama por un mejor trato para con la naturaleza, y ésto es lo que hace Francisco Javier, un pequeñuelo de once años, quien reclama la atención por el Ecosistema y por la educación de sus congéneres. No hay razón para desconocer la voz de Vera Manzanares que ora y clama por la salvación del mundo: 
 

Formado en el amor por la naturaleza

razona con mucha inteligencia

ante la indiferencia del mismo hombre

narrando el bien que nos da esta tierra


Citando la relación entre la flora y la fauna

invitándonos al cuidado de ellas

se siente muy comprometido

con todo el Ecosistema


Orando por el bienestar del mundo.

Jura defender la naturaleza

Ante el amenazante Ecocidio

voraz del cruel arrasador


Inclemente con la tierra

eleva su protesta

razonando con valentía


Voz que ha sido

escuchada por el mundo

residenciándole un lugar

ante la amenaza del imbécil


Meritoria es su labor

ante el cuidado de la naturaleza

noble es su preocupación

zahorí del mundo oculto

atento siempre está

¡Nadie como él!


Acucioso por la ecología

reta a los taladores de la flora

enseñándoles con pedagogía

sabias lecciones de conservación.


Hoy Francisco Javier, ha tenido que ser asilado en la Comunidad Europea, debido a las amenazas contra su vida. ¿Qué nos pasa a los colombianos? Desconocemos la práctica de Héctor Abad Gómez en su Manual de Tolerancia. (Protagonista de El Olvido Que Seremos, inmolado en una de las calles de Medellín). “Liberal, socialista y cristiano, convencido de que la vida funde lo que la lógica se empeña en abstraer”.

viernes, 1 de octubre de 2021

Nada Justifica la Negación

UNA EFIGIE PARA MANUEL ZAPATA OLIVELLA


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Seré reiterativo hasta el cansancio, como la llorona que salía, también por la calle del barrio de “Los Siete Soles”, no descansaré hasta ver erigida la efigie de Manuel Zapata Olivella. Allí en Chambacú, donde vivía la señora Ángela Vásquez, su abuela, la visitaba permanentemente para rescatar la oralidad de sus vivencias en aquel mundo colmado de hechos mitológicos que asombraban al nieto que las escuchaba.

El clamor de los chambaculeros es una constante, plasmado en un asomo de champeta:

“Manuel aquí te cantamos
en tierras no olvidadas
por los descendientes de Benkos
Son muy recordadas
así lo expresamos 
No te olvidamos Manuel
porque fuiste el del goce al oír el Bantú
en los solares de Chambacú,
Manuel te llevamos en el corazón
con la alegría de una canción”

El loriqueño fue uno de los padrinos que apalancó a Gabriel García Márquez, siempre tuvo una actitud bondadosa para con todo aquel que llegaba a su puerta, pisó muchas universidades como conferencista mostrando la unificación del hombre como animal racional. Su obra es reconocida en los cinco continentes, en muchas universidades, lo han tomado como eje fundamental para establecer la “Cátedra de Manuel Zapata Olivella”. Con todos esos reconocimientos, es inexplicable que en Cartagena de Indias, “No Tenga Una Efigie”. Especialmente en El Parque del Manglar, en Chambacú, espacio donde Manuel declaraba, que allí se debía construir el Parque de las Américas, donde figuraran los personajes que habían participado en la liberación e independencia de América.
Nada justifica la negación para un monumento para Manuel. Solicito respetuosamente, superar esta falencia, que ha sido de manera involuntaria, pues todos conocemos la grandeza de este gran hombre, a quien el Ministerio de Cultura en su honor al 2020 lo declarara como El Año de Manuel Zapata Olivella.
Nació en Lorica, 1920. Médico, escritor y antropólogo. Vivió gran parte de su vida en Cartagena de Indias, recorrió el mundo ondeando la bandera de su etnia. De manera pedagógica escribió sobre su raza para dar una explicación diáfana y precisa sobre los orígenes del hombre latinoamericano. Changó el Gran Putas, Chambacú, corral de negros, La Rebelión de los Genes, Levántate Mulato son algunas de sus obras en las que pone de manifiesto la marginalidad y el sufrimiento de una raza discriminada. En Levántate Mulato se aprecia la participación de su etnia en busca de una redención que hasta el día de hoy aún se cuestiona.

(Paradójicamente en la ciudad existe una plaza tugurial con su nombre)


Juan V Gutiérrez Magallanes





miércoles, 29 de septiembre de 2021

De Personajes

UNA REDENCIÓN PARA ALFRED NOBEL


Por Gilberto García Mercado


Tuvo una noche de insomnio. Si durmió no supo cuándo, la una de la madrugada era un golpe sutil y seco de una ventana sin cerrojos. Cumplía años el día siguiente y octubre era una mezcla de lluvia y nieve desde hacía rato. «La última noche de la humanidad», se dijo Alfred Nobel recordando que había escuchado esa frase en alguna parte. «El Mercader de la Muerte», otra frase que desde hacia años, ahora que era rico se incorporaba a la cotidianidad de su vida. Por fin, la madrugada cedió ante los ataques de un tímido amanecer que más tarde mostró sus dientes, ¡y Alfred sin saber si aún dormitaba! Estocolmo era una urbe sin afanes, la gente se tropezaba en las calles con una sonrisa de agradecimiento que festejaba y apreciaba la vida. Él, individuo que hablaba con propiedad y fluidez sueco, ruso, francés, inglés y alemán, que defendía los derechos civiles y era un pacifista de tiempo completo, excepcionalmente se halló grotesco y con miedo respondiéndole a un periodista, «¡yo no creo en Dios!», cosa que de una u otra forma chocaba con su pacifismo.

Volvía a Estocolmo luego de romper la promesa de jamás regresar gracias a la explosión en la fábrica de la familia que acabó con la vida de Emil, el menor de sus tres hermanos. La ciudad lo recibía con cierta predisposición, como si sospechara que en sus bolsillos el tipo cargara con alguna sustancia letal, no con la dinamita que el patentaría el 6 de mayo de 1867. Tenía treinta y tres años y muchas explosiones por delante. Al fin sus sueños de legar a la humanidad un invento que proporcionara avances en la construcción de túneles y puentes, edificaciones necesarias, pero de muy difícil construcción, ahora con la dinamita eran una realidad.

Luego de una noche de dar vueltas en la cama, la atmósfera húmeda y pesada de la calle lo devolvió a los incidentes en el mundo que tenían que ver con su primogénita, su hija la dinamita se había vuelto rebelde en New York, alguien había volado la caja fuerte de un banco en Wall Street, tropas armadas utilizaban el explosivo en contra del enemigo y, como si eso no fuera poco, algunos diarios sensacionalistas lo señalaban a él como «El Mercader de la Muerte».

Así que el hallarse en Estocolmo, respirando un aire limpio y distinto al de otras capitales en donde negociaba con sus explosivos, de pronto lo han enfrentado a unas siluetas invisibles, seres alados, angelicales de alguna hueste celestial han salido a su encuentro. En el bulevar de enfrente, en cambio, figuras fantasmagóricas se desviven porque el inventor tome partido y se incline ante las banderas negras y raídas ondeando un cielo oscuro y sombrío todo el tiempo.

«¿Por donde andará, Emil?», se dice Alfred Nobel un poco conmovido.

No quiere que vuelvan esas imágenes del futuro que viven acosándolo todo el tiempo. Es imposible que esos cuadros del once de septiembre de 2001, cuando unos veinte extremistas secuestraron cuatro aviones y los chocaron contra las Torres gemelas en Nueva York, el Pentágono en Washington, y uno más que cayó en un campo abierto en Pensilvania hayan ocurrido y que en este caso algo tengan que ver sus explosivos.

—¡No puede ser verdad!—se dice Alfred Nobel bastante confundido.

Ante el desfile de nuevas imágenes que se yerguen a su paso, de un lado los buenos, de otro los malos, el hombre no sabe cómo actuar. ¿Ha de quedarse entonces, inmóvil y callado, contemplando con desesperación cómo los hombres del futuro se dirigen como caballos desbocados hacia el precipicio de la muerte?

El caos, la angustia, el sufrimiento, el crimen, todo parece derivar y originarse a partir de la peligrosa sustancia que él inventara en aquellas largas noches de insomnio. Una imagen fuerte y refulgente que arropa todo el cielo de Estocolmo es el resultado del enfrentamiento entre los hombres, nada los detiene, ni siquiera él que es el padre de la explosión y el estallido. El horizonte ancho y fecundo se abre ante los grupos belicosos que no logran ponerse de acuerdo. En uno de ellos, Alfred Nobel observa el espectro de su hermano Emil, suplicándole que interceda y pare de una vez y para siempre el altercado que, a lo único que conduce es a la destrucción en la tierra.
—Ya sabes lo que tienes qué hacer, hermano—grita Emil, mientras se arroja al vacío de ese horizonte vasto y fecundo—Salva tu alma, es lo que importa.

Al instante, Estocolmo recupera la calma. Un día maravilloso se asoma por entre los grandes edificios. Se tiene la impresión que este año de 1896 ha sido el más fructífero de la época. Los diarios y semanarios más importantes del orbe han abierto sus primeras páginas, explicando a quién corresponde y está dirigido el testamento del multimillonario Alfred Nobel.







La Oscuridad de los Siete Soles

EL BAILE FALLIDO DE LAS MUCHACHAS


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes



En la calle de Los Largos del barrio de “Los siete Soles”, vivíamos pendiente de las casualidades que nos hacían reír y al mismo tiempo pensar que el mundo valía la pena vivirlo, sin sobresaltos, (por ésto no nos asombraba la vivencia de las tres muchachas que no habían cumplido ocho años y ya habían abandonado el juego de las muñecas y de la Peregrina).

Ahora evocaban escenas de mujeres adultas recorriendo parte del mundo. Caso triste, porque estas niñas no conocían el Centro, sitio de atracción para los turistas, donde se creía que se había originado la Vida Colonial generada por los españoles.

Habían nacido en uno de los pueblos de la bahía de Cartagena, un 25 de diciembre, y por este hecho, María, Luz y Flora, creían estar designadas a permanecer en una conexión de pensamientos y actos, situación que no se perdió ni con la mudanza de barrio, pues las tres familias decidieron salir el mismo día hacía el barrio “Los Siete Soles”.

El lugar quedaba cerca de donde vivía la señora Rina. Lo que facilitó la relación con las niñas, a pesar de la diferencia de edad, esto no fue óbice para que no entraran en comunicación.

Cuando María, Luz y Flora cumplieron diez años, las madres de las niñas las llevaron a conocer el Centro y compraron helados en la refresquería de la calle del Tablón de propiedad de una dama extranjera. Recorrieron las calles y quedaron admiradas al observar en las placas los poemas de “El Tuerto López”.

María, la más inquieta de las tres, al llegar a la Plaza de Los Coches, preguntó por la estatua de don Pedro de Heredia, pues su maestra le había hablado del español fundador de la ciudad. La profesora lo había descrito como un hombre cruel con los aborígenes y ella no se explicaba por qué un personaje tan sanguinario y sin escrúpulos podía tener una estatua en la ciudad. Las madres quedaron calladas ante la inquietud de María, salieron de la Plaza de los Coches y atravesaron el Camellón de los Mártires intentando llegar a Getsemaní, pero como se les había hecho tarde desistieron del empeño.

Un día, al cumplir los once años, las jóvenes se refugiaron debajo de un almendro y a las tres de la tarde agarradas de las manos juraron que antes de cumplir los quince se irían con sus novios, y que no harían como la prima de la señora Rina, quien festejó los quince años con un traje largo rosado de guipiur y la hicieron bailar, “El Danubio Azul”, música compuesta por un tal señor Juan Estrau (Johann Strauss), contó finalmente el señor Arcelio.

“Nosotras no vamos a hacer ese ridículo de baile que sólo causa alegría a los viejos del barrio”, anotaron al unísono las chicas.

María, la más alta de las tres, poseía un cuerpo delineado que producía admiración en quienes tenían la fortuna de verla caminar. Era novia de «El Flaco», quien trabajaba como ayudante de albañilería con el señor Toribio.

Flora, con los rasgos acentuados de las mujeres cordobesas, había tenido amores con Horacio, un lavador de carros de los alrededores del Parque de Bolívar, labor que realizaba hasta las siete de la noche, ya que suspendía a las cinco cuando se citaba con Flora para ir a vespertina en el teatro Padilla de la calle Larga del barrio de Getsemaní.

Luz era bajita, pero muy ágil, cabello liso, piel oscura, pero siempre tenía una sonrisa agradable en el rostro, era la novia de “El Coso”, un apodo que le había puesto Victoriano, el marido de la señora Rina, pero su verdadero nombre era Alberto, lustraba calzados en el Parque de Bolívar, en donde era conocido por todos los ediles del Concejo, pues el organo ejecutivo quedaba en la parte lateral de la Gobernación, frente al Parque .

Las tres acordaron salirse con sus novios cuando cumplieran los trece años. Ese veinticinco de diciembre, se irían con sus enamorados. Ellos no sabían lo que iba a suceder, lo cual no causaría ningún disgusto, pues ese era un “acoso” permanente de muchachos.

—¿Ajá, cuándo me vas regalar ese pudincito?— aseguraba uno de los enamorados.

—Esto es una sorpresa—afirmaba una de ellas entre dientes.

No hubo espanto ni reproche, cuando María, Flora y Luz, decidieron salirse con sus novios aquel veinticinco de diciembre. Por fín, los enamorados lograron comerse el pudín y ser aceptados por los padres de las chicas, quienes habían manifestado complacidos desde hacía rato el deseo de que sus hijas se fueran lo más pronto posible con sus pretendientes.

Arcelio miró la calle y la vio trazada con líneas oscuras, de alguna parte colgaban letras de un verde pálido, se podía descifrar una escueta oración en que rezaba: “María, Flora y Luz, no bailarán el Danubio Azul de Strauss”. 
Imagen de Zsanett Herczegh en Pixabay 


Juan V Gutiérrez Magallanes
















domingo, 26 de septiembre de 2021

#HistoriasdelaHistoria

LOS MIEDOS DE SU ALTEZA


Por Gilberto García Mercado


Bien que lo sabía que afuera estaba el enemigo. Se hallaba confinada en su propio reino, se sabía hermosa y con tal poder de seducción que quizás si lo intentaba con Octavio el esplendor de Alejandría continuaría bajo sus dominios. Además, agosto con los recuerdos de otros años la incitaban a volver sobre sus pasos y descubrir lo mejor de aquellos días. Era una sobreviviente pues hacía pocos días había intentado suicidarse, pero la oportuna intervención de Proculeyo, hombre de confianza de Octavio, impidió que Cleopatra contemplara el rostro triste y miserable de la muerte. La daga que se clavó en el pecho le produjo una herida leve, nada grave, y, esto de alguna forma aumentó sus esperanzas, de que las cosas continuarían en su palacio bajo el dedo inquisidor de su poder de reina.

El verse sometida a una estricta vigilancia por un eunuco poco a poco le fue horadando el pensamiento. Alejandría estaba presente en sus sueños, como un elemento vital que era inherente a sus pasos, a su deambular solitario por aquellas calles oscuras para que nadie descubriera los miedos de su alteza. Bien que sus trucos de seducción funcionaron con Julio César y Marco Antonio. ¿Lo harían también con el orgulloso Octavio? Estaba derrotada, sin el aire que le inferían las calles de la ciudad. Se ahogaba en su estancia de reina prisionera. El querer adivinar los pensamientos del soberbio Octavio, con sus sueños de poder y gloria, la dejaban agotada, presa de un terror asfixiante. En las conversaciones que tuvo con su captor percibió figuras invisibles que se arremolinaban sobre Octavio. Cleopatra fue perdiendo el gusto por las cosas elementales. O bien no causaba con su belleza atracción alguna en aquel hombre de hierro, o el personaje fingía un total desinterés por la reina de Egipto.

El verano comenzaba a ser distinto en ese agosto de reinos venidos a menos por las extrañas circunstancias que se abalanzaban sobre plazas y calles. Una penumbra, un cielo encapotado fue cubriendo con una lentitud eterna y asombrosa a Alejandría, su alteza lloraba con tal disposición por dentro, que, incluso, ni sus criadas, lograban percibir el sufrimiento de la reina. En una de aquellas entrevistas en que la prisionera abogó por su familia, el aguerrido Octavio tuvo miedo de que otra vez la beldad atentara contra su vida.

El futuro emperador Augusto ordenó vigilancia especial sobre la ahora demacrada, frágil y confundida mujer. Ella cada día fue advirtiendo que sus poderes de seducción nada propiciaban en el otro. A este hombre, ante quien habían cedidos muchos ejércitos y reinos no le importaban sus alhajas ni el sándalo que emanaba deliciosamente de su piel. Su gallardía lo delataba como un individuo ansioso de gloria y poder y que para obtenerlos estaba dispuesto a todo. 
«Aún así, Octavio es hermoso», se dijo la mujer.

Desesperada y extraviada en su propia reclusión, Cleopatra perdió el optimismo. Ya no buscaba cada mañana, algún resquicio por donde pudiera entrar el sol y las maravillas de un nuevo día. Lo más extraño es que el hombre en sus entrevistas, pidiéndole que lo acompañara a Roma, cuando tocaba el tema cambiaba de semblante, y en sus ojos claros a intervalos se vean fugaces brillos dándole al rostro un gesto de estar perdidamente enamorado. Al principio ella lo entendió así, estaba convencida que ante su hermosura los hombres se rendían, no solo porque era la reina de Egipto, sino porque su belleza era de otras latitudes muy parecida a la de los dioses.

Al verse en esta deplorable condición, Cleopatra por fin entendió que lo que su enemigo requería era que ella lo acompañara a Roma. Él entonces se jactaría de haber acabado con el reinado de la temible y astuta mujer. La usaría para cimentar en Roma su poder y autoridad. No porque viera en ella la ternura que había vuelto loco a muchos.

El agosto imparable se fue cerniendo sobre Alejandría. Una dama sensible y dolida lloraba en su aposento, afuera el eunuco no pestañeaba en la puerta. La mujer había visto el brillo extraño en los ojos de Octavio, recordó la satisfacción recurrente cuando el otro le manifestó de llevarla a Italia. 
«¡Maldito!», rugió la mujer.

A ella se le vinieron los recuerdos que volvieron impura a las damas en las esquinas, ¡Alejandría, oh, Alejandría! ¡Cómo vivir sin la mirada de los súbditos en los ojos de ella! Fue siempre una ganadora, una victoriosa y en los gritos de euforia con que la recibía Egipto no había lugar para la derrota. Octavio no se saldría con la suya, ¡ni muerta lo acompañaría a Roma! Una serpiente ladina se movía en aquella canasta que una de sus fieles criadas le trajo ante la insólita solicitud de la reina. Al principio la sirvienta la miró asombrada, «estos miembros de la realeza con sus costumbres extrovertidas y raras», comentó la mujer. 
Al día siguiente el eunuco que vigilaba la puerta, ante el silencio recurrente en la habitación llamó varias veces y al notar que nadie le respondía movió cielo y tierra para que le dieran la llave. Cuál no sería su sorpresa cuando halló a Cleopatra muerta en compañía de sus criadas, con picotes en los brazos y por todo Alejandría iniciándose la búsqueda de la áspid asesina.









lunes, 20 de septiembre de 2021

En El Edificio Tongaloa

 «A LA CONDESITA NO LE AGRADA MUCHO EL REGGAETÓN»


«La Condesita alegró los corazones de la calle Real»


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes



La partida hacia otra dimensión del perro Manolo había dejado un vacío en el alma de los residentes del edificio Tongaloa. Ahora no había quién pusiera orden a los anibienes (animales) que se atrevían a incursionar en las habitaciones de aquellas residencias. Se pensó de inmediato, en la necesidad de buscar, un ser que pudiera captar el hálito de espiritualidad dejado por el noble Manolo y, por esas casualidades que hacen fiesta en el corazón, se enteraron los residentes del nacimiento de la hija de la Condesa, ésta era una gata de un renombrado pedigrí, la cual hacía parte de una familia prestante de Manga.

La mamá gata se había atrevido a mantener relaciones amorosas con uno de los gatos «coteros» de Transportes Botero y Cía, de aquella idílica unión, nació Carlota, llamada por los residentes la pequeña Condesita. Aquel hecho no quedó en el anonimato. Consideraban que se había atentado contra el buen nombre y la honorabilidad de la familia, (con el cruce entre la Condesa y el felino ayudante de camiones).

Ante el honor perdido, la prestante familia había hecho todo lo posible para desaparecer a la hija de la Condesa. La comunidad cartagenera, de inmediato, se dedicó a buscar los medios necesarios para darle amparo a la gatica, y que esta olvidara los malos tratos a que la habían sometido. No faltaban las malas voces que la llamaban con sarcasmo y burla “La Condesita”. Todo aquello se olvidaba cuando llegaban a conocer las vivencias de Carlota en el edificio Tongaloa.

Ella dormía en el mismo lugar que ocupara en vida el perro Manolo. Y como un caso bastante singular que desbordaba lo esotérico, Carlota se fue rodeando de una aureola que hacía recordar al noble animal. Al fin y al cabo ella había sido llevada para intimidar a cuanto animal se acercase a las habitaciones, especialmente a los ratones, que ponían en jaque los libros y documentos históricos de la ciudad.

Carlota jamás llegó a matar a otro ser, con una sabiduría asimilada del éter espiritual dejado por Manolo, llamaba a los de la manada a través de ondas especiales convenciéndolos para que se retiraran de las habitaciones y buscaran otro lugar en dónde vivir. De esta sabia conducta, Carlota mantenía aseadas en gran manera las habitaciones granjeándose el cariño y el aprecio de sus vecinos. Ella nunca perdió su espíritu de criatura juguetona, su presencia causaba mucho regocijo entre las señoras que la contemplaban: la gata se volteaba boca arriba para que la acariciaran. (A la minina le gustaba escuchar el grito de los pregoneros que transitaban por la calle Real).

Las pocas veces que visitó el Parque Apolo en el Cabrero, quienes la contemplaban no ocultaban su admiración y, absortos, presenciaban cómo era capaz de compartir con los demás animales, especialmente con los pequeños, a los que trataba proteger, dando muestra de la asimilación del hálito espiritual dejado por el noble Manolo.

Han pasado los años y la gata Carlota escucha la música con demasiada atención, especialmente los temas que requieren de voces educadas y exigentes. Por cierto: a la Condesita no le agrada mucho el regguetón.

           Imagen de Thomas Wolter en Pixabay  


Juan V Gutiérrez Magallanes


domingo, 19 de septiembre de 2021

488 Años Cumple Cartagena


¡AYER ATRAVESÉ EL CAÑO DE JUAN ANGOLA CON UN SOLO BRINCO!


«Cartagena de Indias, divinidad orlada por las diademas del mar Caribe»


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


El 1533 se inicia, con el conocimiento de los europeos, como urbano en esta región habitada por aborígenes y a la cual dieron nombre de Cartagena o Karamairí.

Aquellos invasores transformaron los bohíos por casas de mampostería de techos altos y balcones que se dejaban abrazar por las brisas tiernas del mar caribe.

En este periodo colonial al aborigen le tocó vivir una suerte esclavizada, sometido a la fiebre del oro por los que habían invadido sus tierras.

La ciudad fue tapiada por una gran muralla, protegiéndola de piratas y bucaneros, pues los españoles la habían establecido como guardadora de los tesoros recaudados en las otras colonias, en espera de ser trasladados a las metrópolis de España. Era una gran responsabilidad, haciéndola ver como la diadema de la corona. Todos los filibusteros, piratas y bucaneros querían asaltar a Cartagena, acrecentándole gran renombre y al mismo tiempo extremado interés por conocerla. Era una ventaja hallarse ubicada en el extremo por donde se podría entrar a Abyayala (América).

La ciudad pasó por diferentes etapas en su historia, hasta alcanzar una vida republicana después de independizarse de España. Fue tomada por los llamados criollos, descendientes de los ibéricos, razón que los marcaba con los mismo genes para adoptar sistemas de gobiernos con una seudodemocracia.

La ciudad continuó envejeciendo, sus casas amplias con cierta similitud a las mansiones españolas.

Hoy esas edificaciones se hallan sumidas en la indiferencia, los balcones de las residencias abandonadas a punto de derrumbarse, sostenidas apenas por los poemas del Tuerto López, en los que el poeta señala a las cloacas como nido de los mosquitos de la época colonial. Así está el Centro de la ciudad hoy. Las calles de los sectores alejados de la noble Cartagena guardan la virginidad de hace 488 años. ¡Nunca han sido tapizadas por una capa de asfalto!

Lodazales que se mantienen vivos para mostrarlos como razón y necesidad de canjearlos por el voto que está necesitando el político de turno, ese mismo personaje oscuro y sarcástico que en épocas de elecciones hace las promesas de siempre.

En Cartagena de Indias aún hay calles que se conservan vírgenes, hay cloacas centenarias utilizadas como muestrarios del desarrollo del anofeles que habitó los terrenos pantanosos del antiguo Canapote.

¿Qué podríamos hacer por Cartagena? Ella, que ha tenido cientos de alcaldes y miles de concejales. Pasan los burgomaestres y los ediles, y a la urbe se la mira con la indiferencia de quienes viven en el olvido.

Ciudad con muchos epítetos, exaltada por poetas y letrados y una realidad que dan ganas de llorar.

¡Ayer atravesé el Caño de Juan Angola con un solo brinco!


Juan V Gutiérrez Magallanes



martes, 14 de septiembre de 2021

Del 16 al 19 de Septiembre

CUATRO NOCHES DE CAMPAÑA SÉPTIMO
ANIVERSARIO IGLESIA EMMANUEL DE BOSTON


Por Gilberto García M



Todo se halla listo para que la Iglesia Emmanuel de Boston, celebre su séptimo aniversario, “transformando y rescatando almas para el Señor”. La campaña de cuatro noches consecutivas se halla respaldada por la cita bíblica Mateo 7-13: “Entrad por la puerta estrecha”, y la enseñanza correspondiente que este versículo de la biblia significa para quien decide renunciar al mundo y, en cambio, persiste en seguir los pasos de Jesús.

Serán cuatro noches en que el poder de Dios se manifestará entre los presentes, entre quienes lo busquen de corazón y crean en su palabra, cualquier dificultad o conflicto al interior del hogar, si hay alguna enfermedad que poco a poco va minando tu cuerpo, si le has perdido el sentido a la vida, si en tu vida persiste un vacío que no llenas con nada, acepta el reto de asistir a las cuatro noches de campaña, porque en una de estas, Dios va a hablar a tu vida, y lo más importante: te va a sanar el espíritu.

El hecho de estar leyendo estas líneas no ha sido por simple coincidencia. Dios quiere hacer algo especial en tu vida. Cada miembro de la Iglesia Emmanuel de Boston es una prueba fehaciente de las maravillas que el Señor realiza en quien lo acepta como su único Salvador.

Por eso, desde ya ve preparándote para recibir el Mensaje. Dios hablará a tu vida a través de cada predicador, Él no hace acepción de personas, tan solo te pide que creas en su Palabra y tengas fe.

En una época convulsionada, en la que persiste el conflicto y las rencillas, en donde el ciudadano no halla respuestas ni solución a sus problemas, conviene dejar de lado el orgullo y la altivez y volverse humilde y sincero hacia la Palabra del Señor.

Desde el 16 al 19 de septiembre Boston exalta al Rey de Reyes y Señor de Señores. Grandes predicadores, grandes salmistas, una comunidad dispuesta a hacerte sentir como en casa te esperan. Haz planes para Dios, no vengas solo, invita a un familiar, a un amigo.

Los Pastores Manuel Octavio Villera Santana y Carolan Barboza de Villera te esperan.

Ven por tu milagro, “Entrad por la puerta estrecha”, te dice el señor Jesús.

domingo, 12 de septiembre de 2021

Ocurrió En Rincón Guapo

“El GALLINAZO -ZOPILOTE- GALLO PAVO, DE CHAMBACÚ”


“Esta historieta con característica de cuento fue descubierta por
Duglas Alberto, nieto de Nausícrates y sobrino de Lucho Pérez”



Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes



En Rincón Guapo, Chambacú, al final de la calle del Mondongo, vivía la señora María Carriazo, junto con otras damas, que conocían la forma de quitar la fiebre con secretos y baños de hojas de matarratón.

María Carriazo poseía un gallinazo que alimentaba con maíz. Lo había adoptado desde muy pequeño, observándose en el ave un porte y donaire que enseguida llamó la atención de la vecindad. La señora Ángela, residente de la cuadra, muy oronda vaticinaba que la singular ave estaba destinada a asombrar a los habitantes de Chambacú.

Una mañana en que alborotados amanecieron cantando gallos y gallinas, el gallinazo a poca distancia de la gallina de pintas grises con pizcas rojizas, (él dormía retirado de las gallinas) se fue acercando a la de pintas alegres y copuló de una manera salvaje sobre el ave. Gran asombro produjo la singular conducta del gallinazo, algunas señoras buscaron agua bendita, la que había sobrado de los bautizos del padre Julián, el jueves de la Semana Santa, para ungir a la afortunada gallina.

Con los días, llegó el momento en que la gallina requirió poner el huevo fecundado por el gallinazo. La señora María notó la desesperación del ave, pues presentaba cierto estado de agonía, lo cual derivó en la búsqueda de Juana Púa, quien era experta en cuestiones de parto y hacía las veces de comadrona; la Púa, cuando le contaron que se trataba de la gallina pisada por el gallinazo, no se hizo esperar. Llegó corriendo, agarró a la gallina y la puso boca arriba y comenzó a sobarle el abdomen acompañando sus movimientos con un rezo combinado con ciertos latinajos, los mismos que aplicaba a las parturientas cuando traían la criatura atravesada. Había notado, a través de la auscultación que el huevo venía de lado y debía enderezarlo para que pudiera salir, lo cual al final se logró.

Asomó un huevo más grande que los de gallina con gallo. Aquello causó gran revuelo y admiración, los vecinos solicitaron a María exponerlo en la puerta para que los niños contemplaran la grandeza del huevo, “hijo del Zopilote -Gallinazo”, como lo llamaba el padre de Lucho Pérez, el señor Nausícrates.

María y los de la cuadra se dieron a la tarea de buscar una gallina que estuviera clueca para ponerle el huevo y esta lo incubara, pero no fue posible encontrar una que estuviera clueca, sólo apareció la señora Dolores que tenía una pava en condiciones de poder incubarlo. María aceptó ponerle el huevo a la pava. A los veintitrés días, el polluelo asomó, y, cosa extraña, el crío tenía una estatura semejante a la de un gallo mediano.

A la semana, el polluelo mostraba características inusuales, su cabeza era la de un gallinazo, su cuerpo el de un pavo, y sus patas poseían grandes espuelas, lo cual al principio tanto entusiasmó al señor Máximo, que aspiraba a formarlo como un gallo de pelea, pero el señor Nausícrates indignado se lo impidió.

El Zopilote-pavo-gallo, como lo llamaban, fue presentado en el Teatro Variedades, antes de iniciar la vespertina del domingo, ese día proyectaban “El Gallo Giro”, por lo cual hubo muchos estruendos pues “El Cruzado”, como lo apodaban, cantó con la melodía de la dulzaina de Julián Machado.

El señor Máximo pensó montar espectáculos, en los que pudiera cobrar y hacerse a un dinero extra con la función, pero María no lo aceptó, mejor guardó a su zopilote-gallo- pavo para que definitivamente solo le cantara a ella y a sus nietos, ante la imponente y vetusta presencia del patriarca gallinazo al que había que molerle el maíz para que pudiera comer.

Al morir viejo y decadente el patriarca Gallinazo, su muerte la celebraron con un Lumbalú y un bullerengue compuesto por Estrellita, el marido de Lola Pea . 
Imagen de CESAR AUGUSTO RAMIREZ VALLEJO en Pixabay 
Imagen de Stefan Keller en Pixabay 


Juan V Gutiérrez M








lunes, 6 de septiembre de 2021

Séptimo Aniversario Iglesia Emmanuel


«BOSTON Y LA CANDELARIA, LOS
MEJORES BARRIOS DE CARTAGENA»

 

Por Gilberto García M


«Boston y la Candelaria son los mejores barrios de Cartagena», es la consigna que vaya donde vaya esgrime en sus prédicas y mensajes el pastor de la Iglesia Emmanuel de Boston, Manuel Octavio Villera Santana.

Con más de veinte años de hacer presencia en la zona, Villera Santana recuerda cómo fueron los inicios de la obra que comenzó en las calles, con un grupo de hermanos obstinados que no desmayaron y que periódicamente se tomaban las calles de Boston y la Candelaria para llevarles las buenas nuevas de salvación a sus moradores.

Fue una labor difícil y extenuante, incluso bajo lluvia y con los comentarios adversos de gente que veía en el trabajo del ahora pastor Villera Santana, un tiempo perdido, «porque es una zona difícil, esa gente no cambia con nada», recuerda que le decían sus detractores.

No obstante, el hombre que parecía habitar en Boston, porque pasaba más tiempo en estas comunidades que en Villa Estrella, el barrio donde reside, lo tenía bien claro cuando el Espíritu Santo le reveló que no lo quería en otra parte, sino que lo quería aquí en Boston.

«Nuestra iglesia depende de Dios», manifiesta Villera como dándole a entender al interlocutor que sus pasos son aquellos que el espíritu santo pone en sus caminos. «Estoy muy agradecido con estas comunidades, yo amo a Boston y la Candelaria».

De tal manera que en este Séptimo Aniversario de haberse constituido como Iglesia, de haber dejado como sede itinerante las calles y esquinas, al Pastor Villera se le ve entusiasta hasta más no poder, organizando los preparativos, coordinando la puesta en escena en la que el principal invitado es el Espíritu Santo. «Serán cuatro poderosas noches de campaña en las que Dios se va a glorificar. Invito desde ya a la comunidad para que venga a participar en este Séptimo Aniversario. ¿Hay alguna dificultad en tu vida? ¿Algún conflicto en el hogar? ¿Padeces alguna enfermedad que ningún médico ha podido curar? Pues déjame decirte que el mejor médico es el espíritu Santo. Solo tienes que dejarlo entrar en tu vida para que Él haga la obra», señala el pastor.

El 16, 17, 18 y 19 de septiembre la Iglesia Emmanuel de Boston celebra su Séptimo Aniversario. Serán cuatro noches de milagros y prodigios, de invitados especiales en donde tú podrás tener un encuentro personal con Jesús, Dios y el Espíritu Santo. En estos tiempos de conflictos, de sufrimientos y de inestabilidad en todos los frentes, es necesario e imperioso llegar a los pies del Señor, creyendo que él es la solución a todos nuestros problemas.

Recuerda: en septiembre hay una silla esperando por ti al aire libre, en la esquina del señor Andrés canal Barcelona, con las medidas de bioseguridad covid 19 correspondientes.






sábado, 4 de septiembre de 2021

Bajarle el Ritmo a la Contaminación

 ¡LA TIERRA CLAMA POR LA VIDA…!


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Quizás una de las causas de la desaparición de la Atlántida, fue el exceso en la contaminación por el avance alcanzado por ese Continente. Hoy parece que nos tocara a nosotros los terrícolas, por el alcance extraordinario de nuestra tecnología. Estamos en el extremo atiborrados de desechos producidos por el desenfrenado consumismo y las dementes ocurrencias del hombre con exceso de riquezas.

Hoy más que nunca se hace necesario hacer un pare. Es urgente establecer un día de quietud, unas veinticuatros horas de paralización de todas las actividades que impliquen producir desechos.

En ese lapso, los medios de transporte se paralizarían, cesarían las máquinas consumidoras de combustibles e inclusive, el hombre dejaría de trabajar para no tener que consumir excesos de alimentos, ya que de esta manera se controlaría la producción de gas carbónico.

Quedaríamos sometidos por completo al uso de la energía Eólica, la que produce el movimiento del aire, y esta energía, no podríamos usarla para generar gas carbónico .

Las fábricas, las escuelas, universidades, laboratorios, televisión, espectáculos recreativos, actividades deportivas, explotación de la tierra en la búsqueda de hidrocarburos, quedarían paralizadas por ese día de Pausa Mundial.

Estoy muy seguro que en ese día podríamos escuchar las voces diferentes que hacen parte de los seres de la naturaleza con excepción a la del hombre, quien permanecerá en silencio atento a lo que acontece en el ecosistema.

La Pausa en el Planeta Tierra, nos dará la oportunidad de recoger las voces dejadas por el eco de las Proclamas de Bolívar, pues estaremos viviendo el silencio de los principios del mundo. Este momento nos permitirá conocer el silencio predominante antes del Big Bang, donde la naturaleza estaba desnuda sin el aliento de los seres vivos.

Es urgente la paralización de todas las actividades que desarrolla el hombre en pro de un deseo alterado del consumismo. La Naturaleza, como un ser vivo responde en su estado agónico con fuerza para señalarle al hombre, qué ya está bueno de tanto menosprecio por ella.

Una de las respuestas más catastróficas de la tierra, ante el descontrol del hombre, es la elevación de la temperatura, lo que se manifiesta en el deshielamiento o descongelación de los páramos. También se ha podido apreciar en la cocción de ostras y otros crustáceos por el calentamiento. En algunas partes de la tierra el agua del mar ha alcanzado temperaturas de cincuenta grados.

Si el hombre no busca la manera de hacer un Pausa en la actividad energética, ese accionar que implica la producción de desechos, no llegará a mirar el futuro con una tierra de capa clorofílica. Se habrá producido la muerte de la tierra por el accionar desordenado del hombre. 
¿Habrá una intención en pro de la humanidad, cuando un millonario hace un viaje al espacio, en el que se consume gran cantidad de combustible y se expulsan miles de moléculas de desecho al medio ambiente?

La tierra necesita urgentemente una Pausa, siquiera por un día, de lo contrario mañana no estaremos con vida orondos caminando sobre ella.

Imagen de cocoparisienne en Pixabay  Imagen de Pete Linforth en Pixabay 


Juan V Gutiérrez Magallanes




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