Había una vez dos hermanos nacidos de los mismos padres.El mayor se llamaba Anubis y el menor, Bata.
Anubis tenía una casa, una esposa y tierras que cultivar. Bata vivía con ellos y trabajaba para su hermano. Era un hombre fuerte y extraordinariamente trabajador. Cuidaba los animales, araba la tierra, llevaba las semillas al campo y regresaba cada tarde cargado con hierbas para el ganado.
Los animales parecían quererlo. Bata sabía dónde encontrar los mejores pastos y los conducía hacia ellos. Gracias a sus cuidados, los rebaños crecían y prosperaban.
Cada noche, después de trabajar, Bata dormía junto a los animales.
Así transcurrieron muchos días.
Hasta que una mañana Anubis le dijo:
—Prepara los bueyes y lleva las semillas al campo. Mañana comenzaremos a arar.
Bata hizo lo que su hermano le había ordenado.
Al día siguiente ambos estaban trabajando en el campo. Pero después de un tiempo Anubis necesitó más semillas.
—Ve a la casa y tráelas —le dijo a Bata—. No tardes.
Bata regresó.
Encontró a la esposa de su hermano arreglándose el cabello.
—Dame las semillas —le dijo—. Mi hermano me ha enviado por ellas.
La mujer le indicó que entrara al almacén y tomara cuanto necesitara.
Bata cargó una gran cantidad de grano sobre sus hombros.
Entonces ella lo observó.
Y vio en él la fuerza de un hombre acostumbrado al trabajo.
Lo deseó.
—Quédate conmigo un momento —le dijo—. Podemos descansar juntos.
Bata quedó horrorizado.
—¿Cómo puedes decirme semejante cosa? Tú eres como mi madre y mi hermano es como mi padre. Él es quien me ha dado alimento y un lugar donde vivir. No vuelvas a hablarme así.
Y salió de la casa con las semillas.
Pero la mujer sintió miedo.
Había sido rechazada.
Y decidió convertir su deseo en venganza.
Cuando Anubis regresó aquella tarde, encontró a su esposa acostada, fingiendo estar enferma.
No había preparado agua para que él se lavara las manos. La casa estaba oscura.
Anubis preguntó:
—¿Qué te ha ocurrido?
Ella respondió:
—Tu hermano intentó abusar de mí.
Anubis quedó paralizado.
Su esposa le contó una historia completamente diferente de lo sucedido.
Le dijo que Bata había intentado convencerla de acostarse con él y que, cuando ella se negó, la había golpeado.
La ira se apoderó de Anubis.
Tomó un cuchillo y se escondió detrás de la puerta del establo.
Esperaría allí a Bata.
Lo mataría.
Pero cuando Bata llegó con los animales, una de las vacas le advirtió:
—Tu hermano está escondido detrás de la puerta. Tiene un cuchillo y quiere matarte.
Bata miró.
Vio los pies de Anubis.
Soltó su carga y corrió.
Anubis salió detrás de él.
Bata pidió ayuda al dios Ra-Horajti.
Entonces ocurrió algo extraordinario.
Entre los dos hermanos apareció de repente un enorme río lleno de cocodrilos.
Anubis quedó en una orilla.
Bata, en la otra.
Por fin, Bata pudo hablar.
—¿Por qué quieres matarme sin escuchar mi versión? Tú eres mi hermano mayor. Eres como un padre para mí. Tu esposa es como una madre. Cuando me enviaste por las semillas, ella intentó seducirme. Yo la rechacé. Eso es todo.
Entonces Bata hizo un juramento ante el dios.
Para demostrar que decía la verdad, tomó un cuchillo y se mutiló, arrojando al agua la parte de su cuerpo que había sido utilizada en la acusación.
Anubis comprendió entonces que había sido engañado.
Lloró.
Pero ya era demasiado tarde.
Bata le dijo:
—Regresa a casa. Cuida de tus animales. Yo no volveré a vivir contigo.
Y le explicó que se marcharía al Valle de la Acacia.
Antes de separarse, Bata le reveló un secreto.
—Voy a colocar mi corazón en lo alto de una flor de acacia. Si alguna vez cortan el árbol y mi corazón cae, sabrás que algo me ha ocurrido. Búscalo. Aunque tengas que tardar siete años, no te rindas. Cuando lo encuentres, ponlo en agua fresca y volveré a vivir.
Después Bata desapareció.
Anubis regresó a casa.
Y cuando descubrió toda la verdad, mató a su esposa.
Mientras tanto, Bata vivía solo en el Valle de la Acacia.
Construyó una casa.
Cazaba durante el día y descansaba por la noche bajo el árbol donde había escondido su corazón.
Hasta que los dioses se encontraron con él.
Vieron su soledad y sintieron compasión.
Entonces el dios Jnum creó para Bata una mujer extraordinariamente hermosa.
Los dioses habían puesto en ella parte de su propia naturaleza.
Pero las siete Hathor, que conocían el destino, pronunciaron una sentencia terrible: aquella mujer moriría de muerte violenta.
Bata amó a su nueva esposa y trató de protegerla.
Le advirtió:
—No salgas de la casa. El río podría llevarte y yo no podría salvarte.
Pero un día ella salió.
El río la vio.
Y una corriente arrancó un mechón de sus cabellos.
El agua llevó aquel cabello hasta Egipto.
Llegó a los lavaderos del faraón.
Los vestidos reales comenzaron a desprender un perfume desconocido.
Los encargados de lavar las ropas fueron acusados de ocultar algo.
Finalmente encontraron el mechón de cabello.
Los magos del faraón lo examinaron.
Y dijeron:
—Este cabello pertenece a una mujer en cuyo cuerpo están presentes los poderes de todos los dioses.
El faraón ordenó buscarla.
Los hombres enviados al Valle de la Acacia regresaron derrotados. Bata había acabado con ellos.
Entonces el faraón mandó un ejército.
La mujer fue llevada a Egipto.
El faraón quedó fascinado por su belleza y la convirtió en su favorita.
Pero ella todavía recordaba a Bata.
Y sabía dónde estaba su corazón.
Le dijo al faraón:
—Ordena cortar la acacia.
El faraón aceptó.
Los hombres llegaron al valle.
Cortaron el árbol.
Y en ese mismo instante Bata murió.
Al día siguiente, Anubis recibió una señal.
Le entregaron una jarra de cerveza.
La cerveza comenzó a agitarse.
Entonces comprendió que algo terrible había ocurrido.
Anubis viajó inmediatamente al Valle de la Acacia.
Encontró muerto a su hermano.
Durante tres años buscó el corazón de Bata.
No lo encontró.
Pero cuando comenzó el cuarto año, el corazón decidió regresar a Egipto.
Al día siguiente, Anubis volvió a buscar.
Y finalmente encontró una pequeña baya.
Dentro estaba el corazón de Bata.
Lo colocó en agua fresca.
Durante la noche ocurrió el milagro.
Bata volvió a la vida.
Los dos hermanos se abrazaron.
Pero Bata todavía tenía una deuda pendiente.
Le dijo a Anubis:
—Mañana me convertiré en un gran toro. Llévame ante el faraón.
Así ocurrió.
Al amanecer, Bata se transformó en un toro magnífico.
Anubis montó sobre él y lo llevó hasta el palacio.
El faraón quedó maravillado.
Nunca había visto semejante animal.
Lo recibió con honores y recompensó a Anubis con riquezas.
Pero Bata no había regresado solamente para ser admirado.
Un día entró en el palacio y habló con la mujer.
—¿Me reconoces?
Ella tuvo miedo.
—Soy Bata —dijo él—. Tú hiciste cortar la acacia donde estaba mi corazón. Me convertí en este toro y regresé.
La mujer comprendió que su pasado había vuelto para buscarla.
Y volvió a actuar
Pidió al faraón que sacrificara el toro y le diera de comer su corazón.
El faraón, aunque entristecido, aceptó.
El toro fue sacrificado.
Pero cuando llevaban su cuerpo, dos gotas de sangre cayeron ante las puertas del palacio.
Durante la noche crecieron dos grandes árboles.
Eran árboles de persea.
El faraón salió a contemplarlos.
La mujer salió con él.
Y cuando se sentó bajo uno de los árboles, el árbol comenzó a hablar.
—Yo soy Bata. Tú ordenaste cortar la acacia donde estaba mi corazón. Después me convertí en toro y también provocaste mi muerte.
La mujer volvió a sentir miedo.
Y pidió al faraón que cortara los dos árboles.
El faraón volvió a obedecer.
Cuando los árboles fueron cortados, una astilla entró en la boca de la mujer.
Ella la tragó.
Y quedó embarazada.
Meses después nació un niño.
El faraón lo reconoció como hijo real.
El niño creció.
Pasaron los años.
Y llegó a ser príncipe heredero.
Cuando el faraón murió, el joven ascendió al trono.
Entonces Bata recuperó su verdadera identidad.
Mandó llamar a los grandes consejeros del reino.
Y delante de ellos contó toda la historia.
La mujer fue juzgada.
Anubis, su hermano mayor, recibió el honor de convertirse en heredero.
Y cuando el nuevo rey murió, después de muchos años de gobierno, Anubis ocupó su lugar.
Así terminó la historia de los dos hermanos.
Y el escriba que la había puesto por escrito cerró el relato con una invocación al dios Thot, protector de los escribas.
Más de tres mil años después, el papiro todavía conserva la historia.
Y Bata todavía está allí.
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*La presente adaptación narrativa en español ha sido preparada para Con-Fines Culturales, tomando como base el relato conservado en el Papiro d'Orbiney y contrastándolo con la edición histórica de Gaston Maspero de 1882.sperando que alguien vuelva a leerla.
NOTA DE PUBLICACIÓN
Esta versión no reproduce literalmente ninguna traducción moderna.
La presente adaptación narrativa en español ha sido preparada para La Calvaria Literatura — Con-Fines Culturales, tomando como base el relato conservado en el Papiro d'Orbiney y contrastándolo con la edición histórica de Gaston Maspero de 1882.
Versión y adaptación narrativa: Gilberto García Mercado
La obra egipcia original pertenece al patrimonio literario de la Antigüedad. La edición histórica de Maspero de 1882 es una fuente de época disponible en repositorios de textos de dominio público.
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FUENTES CONSULTADAS
British Museum, The D'Orbiney Papyrus, EA10183.
Gaston Maspero, Les Contes populaires de l'Égypte ancienne, Maisonneuve et Cie., París, 1882, Le conte des Deux Frères, pp. 1–28.
British Museum, Page turners: literature in ancient Egypt, 2023.
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