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viernes, 30 de enero de 2026

Sorbos Eternos

 LA AMISTAD: UN REFUGIO CONTRA EL OLVIDO

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


La amistad es el gran oasis en el sendero de las relaciones humanas. Puede extenderse también a los animales. Esta palabra, «amistad», proviene del latín amicitia, derivada de amicus, amigo.

Cuando logramos establecer una relación de hermandad, colmamos nuestro corazón con uno de los más grandes bienes que llegan a nosotros. Las aguas que bebemos de ese gran oasis son sorbos eternos que nos llenan de una alegría infinita.

La amistad, en algunos pueblos, está representada por un árbol frondoso, de hojas de un verde intenso por el exceso de clorofila, que nunca se marchitan. En sus ramas anidan aves con trinos de alegría que hacen olvidar las angustias. A él se acercan quienes buscan consuelo para mitigar la tristeza. En otros pueblos existe un santuario donde se rinde culto a la amistad. Hasta allí llegan quienes desean jurar eterna camaradería.

Hay un pueblo que posee una laguna de aguas cristalinas. La llaman la «Laguna de la Amistad». En ella se bañan los recién casados para hacer juramento de eterna concordia. A esa laguna llegan grandes romerías, donde se celebran ritos especiales y se hacen juramentos para mantener la paz con los pueblos vecinos. 
A esa laguna han llegado diversas comitivas provenientes del Vaticano, con el propósito de consagrarla y reconocerla como un sitio de devoción.

En el Día Mundial de la Amistad se celebran actos en su honor. Allí se reúnen, a solicitud de padrinos especiales, los seres que han tenido disgustos, con el fin de retomar el camino de una eterna paz y hermandad.

lunes, 26 de enero de 2026

En Honor de Aquellos Hombres Memorables

 

LANCERO DE GETSEMANÍ

* Por Juan V Gutiérrez Magallanes                                 


                                                               

       1                        

Soy lancero de Getsemaní,
mulato de mil etnias,
que no se puede confundir.
Llevo el mensaje de Romero
con arrojo y sin venias,
encarnando al ágil lancero.

En nombre de Pedro Romero,
revivamos la historia valerosa,
esa donde participó el lancero
con osadía y actitud honrosa.

De Elegguá tengo poderes
para abrir camino libertario;
de Vulcano, los quehaceres;
de los Piñeres, el ideario.

Soy lancero del callejón Angosto
y del Ancho tengo la valentía.
Ofrezco mi vida a duro costo
por la Independencia con osadía.

Lanceros de calle Lomba valerosa
y de Espíritu Santo con Media Luna,
que combatieron a la élite alevosa
con gran fuerza y decisión oportuna.

Lanceros del Pozo y Pedregal,
con valentía, honor y decoro,
exigieron comportamiento legal
sin desmedro ni ruin imploro.

Lanceros de Sierpe y Guerrero,
con gritos de Independencia,
acompañaron al Matancero
al acto de desobediencia.

Lanceros de Tripita y Media,
Maravilla, San Antonio y Arsenal:
¡no más opresión que nos asedia!
¡Exijamos ya Independencia total!

2

Lanceros de San Juan y Chancleta,
imitemos a los de Larga y Maravilla
en estrategia y singular treta,
a lo que igual haría José Padilla.

Soy lancero y me visto de africano
para recordar siempre ancestros relegados,
de aquellas etnias del hermano
que en la Independencia fueron olvidados.

Lanceros de significación historial
para la Independencia de Cartagena,
que debe estar en todo acto ferial,
sea de sol o noches de luna llena.

Lanceros que quedan instituidos
para las generaciones venideras,
en homenaje a honores restituidos
de getsemanicenses de viejas eras.

En recuerdo del Mayor Lancero,
bien lo hace Alejo, caballero,
con canto y troque de trombón,
al igual de su amigo Escandón.

Ellos son buenos getsemanicenses,
como los lanceros de la Magdalena,
que en chandés y cumbias platenses
escuchan a Remberto donde la Nena.

Lanceros, en cabildos se recuerdan,
con la reina Nilda a la cabeza,
en gestuales danzas que concuerdan
los antepasados de negra realeza.

Pedro Romero, Mayor Lancero,
a golpe de palmoteo y tambor,
hoy te brindamos un pebetero
para alumbrarte con esplendor.

3

Lanceros de Plaza de la Trinidad,
que hoy en Pedro se simbolizan,
son tocados por la cotidianidad
y con frituras los aromatizan.

Lanceros de Las Palmas,
con voces de fuerte razón,
invitan a todas las almas
al grito de la rebelión.

Los de Las Tortuga y Matuna
siguen a Pedro el Matancero;
con valor y sin duda alguna,
blanden el cortante acero.

Lanceros de Getsemaní
que se gestaron ayer,
para luchar en bien de ti,
lo cual debes reconocer.

No olvidaremos a Pedro Romero,
valiente lancero de lucha sincera;
cinceló igualdad a golpe de acero,
con fortaleza y lucha verdadera.

También Ignacio Muñoz Jaraba,
lancero de esmerado pundonor,
a Pedro Romero acompañaba
en la Independencia con valor.

Ya el doce, con satisfacción,
el Santo Oficio, en su delirio,
que actuaba en la Inquisición,
fue suprimido en su martirio.

Se acabaron los desacuerdos
con Mompós, la Valerosa;
en aras de buenos recuerdos,
combatieron la Imperiosa.

4

¡Oh, lanceros cantados por Zapata
y Artel en calles del viejo Arrabal,
donde la Independencia desata
el nudo que ataba al negro bozal!

Getsemaní, tierra de lanceros,
calles gloriosas y bullangueras,
vividas por artesanos y peloteros,
donde oír música bien quisiera.

Con los compases musicales de Betsabé
y la voz cantarina de Lucho Pérez Cedrón,
se tira un pase, ya de cumbia o mapalé,
en la Plaza del Pozo, en honor a Escandón.

*Juan V Gutiérrez Magallanes, Lancero 2009 de las Fiestas de Independencia del 11 de Noviembre 1811

domingo, 25 de enero de 2026

De Las Grandes Romerias

LA CANDELARIA:DEVOCIÓN, MEMORIA Y TRADICIÓN


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes



La cultura de los pueblos se forma a partir del aporte del individuo a las costumbres y tradiciones, así como a las formas de vida de las distintas etnias. La nuestra recoge el legado de los grupos humanos que llegaron a la ciudad y se integraron a las manifestaciones de la población originaria.

A la comunidad aborigen existente se sumó la cultura del conquistador español y, posteriormente, la de los pueblos provenientes de África. Un ejemplo de ello lo constituye la manera en que, en el Cerro de la Popa, se rendía adoración al dios Buziraco. Tras la destrucción de esta deidad y su arrojo por el sitio que dio nombre al «Salto del Cabrón», se estableció, mediante la cultura española, un santuario para rendir culto a la Virgen de las Candelas, la Santísima Virgen de la Candelaria, bajo la orientación de misioneros de la religión católica.

La susodicha Virgen se convirtió en la Patrona del pueblo cartagenero. En torno a ella se organizaron novenas que se iniciaban el 24 de enero y culminaban el 2 de febrero.

Grandes romerías acudían al Cerro de la Popa para rendir culto a la Virgen de la Candelaria. Los fieles llevaban figuras elaboradas por artesanos del oro, los plateros, conocidas como milagros. Sus formas dependían de la solicitud del devoto, de acuerdo con la sanidad implorada. Por ejemplo, si padecía un órgano enfermo, el milagro adoptaba la forma de dicho órgano. Recuerdo que mi madre llevaba uno en forma de pierna, por las afecciones sufridas en ellas.

Las romerías eran multitudinarias. Los cartageneros se preparaban desde los últimos días de enero. Se subía a pie por los caminos, algunos de fácil acceso y otros más difíciles, conocidos como los tramposos. Se cortaba una rama o «varita de chupa chupa» para flagelar el cuerpo como acto de penitencia. A lo largo de la ladera había ventas de caña dulce y, aquí y allá, pequeños altares improvisados.

Con nuestras madres salíamos al inicio de la noche, ya fuera el primero o el dos de febrero. Nos preparábamos para asistir a la procesión de la Virgen de la Candelaria. Paralelo a ello, existía una ferviente devoción por parte de los pescadores de la bahía. La cumbia era el ritmo que siempre se bailaba en homenaje a la Candelaria. Grandes bailes se organizaban en muchas casas del Pie de la Popa.

miércoles, 21 de enero de 2026

Narrativa La Calvaria


LA PASAJERA DEL TIEMPO

 

Por Gilberto García Mercado

 

A las dos de la tarde todo el pueblo duerme la siesta. Lengüetas de calor brotan del pavimento. Por el bulevar, la figura grotesca de Ángela se pasea de un lado a otro. En el semáforo de la esquina, limpia los parabrisas de los vehículos que esperan mientras la luz parpadea en rojo.
Desde hace algunos años, su sombra se tornó familiar para quienes se arriesgan a caminar por la zona. Algunos dicen que la mujer sufrió una desgracia en la vereda de donde es oriunda y no tuvo de otra: fue una más de los sin techo que, para no morirse de hambre, se dedicó a limpiar los parabrisas de los vehículos que se movilizan por el bulevar. Otros dicen que la ola de violencia que se enseñorea en los territorios acabó con su familia y que ella fue la única que escapó con vida.
Por los tiempos en que se estableció en la zona de maleza, a cinco calles del bulevar, su silueta ágil y grácil contribuyó a ser un bálsamo para los ojos, en un lugar donde destellos de luz clamaban por una esperanza. Yo por entonces frisaba los diez años y pude detenerme, con cierta sutileza y curiosidad, en su fisonomía de mujer.
Era una criatura sorprendentemente bella. Siempre iba ataviada con una blusa amarilla y una falda oscura que le daban una identidad propia. 
A los diez años apenas comienzan a explorarse los sentimientos y no pude entender qué pasaba con aquella desterrada que parecía ser un milagro del universo, menos aún con la que habitaba la casucha hecha de cartones y retazos de madera, más allá del bulevar. 
—Es hija de don Rigoberto Ramos —le escuché decir a un lugareño que ignoraba su procedencia—. Vive entre seda y glamour. 
En las muchas veces en que di con ella, me apartaba a un lado de la acera, solo para que aquella alma de otras latitudes, escoltada por su séquito de sombras invisibles, avanzara confiada y sin ningún tipo de contrariedad por la avenida. 
Ahora la mujer retoza despreocupada e indiferente por la acera. Sus cabellos son de plata, pero guardan la lozanía de cuando era joven y bella. Algunas arrugas surcan su cara, reflejando una decrepitud que amenaza con sepultarla. Ella, de roble y guayacán, prosigue con el pulso firme, frotando los parabrisas de los vehículos detenidos por lo rojo del semáforo. 
—Eres un terco y obstinado —me dijo un día en que la indagué para escribir unas notas sobre ella—. ¿Qué te puede interesar de mí? Soy la loca del pueblo. 
Al final no accedió. Fueron muchas las conversaciones que sostuve con ella. En mi juvenil y obstinado trasegar de la ciudad hasta el pueblo y, viceversa, luego de las vacaciones de fin de año, a mí me complacía, apenas llegaba a mi terruño, conocer de primera mano la veracidad de los hechos que ocurrían en la vereda, como si experimentara el paso a paso de lo acontecido por aquellas calles, los detalles y las escenas, solo si me los contaba con la exquisita modulación de su voz la bella y singular Ángela. 
Entonces aún estaba en sus cabales, pese al frío soterrado de su espíritu. Sonreía con dificultad, pues en vez de felicidad, en su rostro afloraban algunas lágrimas furtivas, fruto del sufrimiento de toda una vida. La nieve de la nostalgia no tuvo contemplación alguna con su integridad. Sus ropajes, por los cuales algunos lugareños en otro tiempo hubieran dado la vida, fueron pulverizados por el tiempo, olvidándose incluso en los recuerdos más anclados y reticentes. 
Por diciembre yo volví a la población. El autobús trepidaba como si, en vez del asfalto, devorara el aire. El paisaje, en otro tiempo henchido de verdosidad, reflejaba sombras irregulares y grotescas. El paraje y la atmósfera estaban untados de una niebla gris. Sin ser muy perspicaz, se podía colegir que había luto en la región. El viento, la vegetación y todo alrededor lloraban por alguien. Un ser clandestino en alguna parte había dejado de existir…
Eran las tres de la tarde cuando el autobús me dejó en la estación. La sala en donde otras veces me esperaba alguien de la familia se hallaba vacía. Como la atmósfera parecía poder tropezarse con el cuerpo, esta condición de población aislada y a la deriva me hizo corroborar que algo extemporáneo estaba ocurriendo en el pueblo. La tarde pesaba sobre los hombros, la respiración se dificultaba. Ya imaginaba lo peor: que era el único habitante sobre la faz de la tierra, cuando, de repente, por una esquina de la estación asomó el rostro menudo y trigueño, rebosante de juventud, de mi hermano menor, Nicolás. 
—Casi que no llego —me dijo con la voz quebrada por el dolor—. Todos, ensimismados y sollozando, marchan en gran romería hacia el cementerio. La gente llora y no sabe qué hacer. Algunos se jalan de los cabellos, otros se hieren y se pellizcan porque creen que es un sueño y quieren despertar de él. El comandante de la policía ha tomado medidas, pues algunos han amenazado con arrojarse a los acantilados. El pueblo está demente… 
Ángela murió de vieja. Fue el amor no correspondido de la gente del pueblo. Ante su negativa de corresponderle a un príncipe azul, los enamorados, para no morir de dolor, terminaron por aceptar las migajas de su amor: observarla con devoción y cariño, a cinco cuadras del bulevar, donde habitaba en su palacio hecho de cartón y retazos de madera. 
Fue la pasajera del tiempo que nunca supimos de dónde vino. Alguien propuso erigir una efigie de Ángela, con unas lágrimas furtivas deslizándose por sus mejillas.

martes, 20 de enero de 2026

Balada de la Memoria

RECORDAR ES VIVIR

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Todos los días recuerdo que soy egresado del Liceo de Bolívar. Cumplimos sesenta y cuatro años de haber recibido el diploma de bachiller. En aquel amplio edificio del Cuartel del Fijo escuchábamos la campana, trinizada por la delgada mano del «Pimie».

Así se iniciaba una clase que podía ser dictada por la rigidez de un químico o por la voz cervantina del querido «Viejo» Orozco, con quien nos gozábamos escuchando las anécdotas de su vida juvenil. Aunque fue estudiante de Derecho, profesión que nunca ejerció, como él mismo lo decía: «He nacido para la guerra y para batirme como buen valiente». En el Liceo de Bolívar se vivía una existencia colmada de anécdotas, muchas de ellas narradas por el profesor Lisandro Romero Aguirre, quien hacía alarde de su porte de gran galán, encarnando al hombre de «la ciencia y la pinta».

En mil novecientos sesenta y dos egresamos del Liceo dos estudiantes que vivíamos en Chambacú, ambos en la calle de la Esperanza y vecinos de la abuela de Manuel Zapata Olivella, Ángela Vásquez.

Siento gran satisfacción al recordar que estudié en el Liceo de Bolívar solo por haberme topado en sus aulas con el «compañero» Pinedón.

Estudiar en el Liceo de Bolívar fue la gran oportunidad intelectual de mi vida. Allí me encontré con compañeros que siempre recuerdo. 
Cuando egresé del Liceo pensé en imitar a uno de mis maestros, egresado de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, en Tunja.

Uno anhela una cosa, pero el destino designa otra. Pensaba presentarme en la Universidad de Antioquia; éramos diez compañeros los que íbamos para Medellín, pero resultó que fui el único que, en el último momento, cambió de planes y partió hacia Tunja. En esa noble ciudad me hice licenciado para, posteriormente, poder ingresar como docente al Liceo de Bolívar. En esa institución me convertí en maestro, y hoy me siento satisfecho y feliz porque allí pude enseñar a muchos jóvenes.
Gracias a Dios.

miércoles, 14 de enero de 2026

El Mundo Al Día

HOLA, ¿CÓMO VA LA VIDA?

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

Hoy el mundo se muestra colmado de guerras, especialmente en el Medio Oriente, iniciando con los combates entre israelíes y el pueblo palestino. Desde los inicios del mundo cristiano, estas guerras llevan el sello fratricida engendrado por Caín. No hay un día de descanso para pensar en la buena convivencia. Rusia ataca con extrema violencia al pueblo de Ucrania. Se masacran niños y ancianos sin importar la vida. Da la impresión de que el mundo se ha olvidado de Dios.
Pero no son solo ellos. El instinto fratricida parece estar incrustado en los genes. Los gobernantes declaran la guerra sin pensar en la condición humana.

Propongo que se declare una Semana Mundial de Carnaval, con similitud al que se realiza en Barranquilla, donde predomine el goce fraterno, donde reine la risa y solo se escuchen saludos de amistad.

Se puede prolongar a dos semanas con el Carnaval de Brasil. Parece que países como Rusia, Irán, Israel, Palestina, Ucrania y el centro de África no realizan festividades donde el pueblo participe con regocijo y hermandad.

Estoy esperanzado en los experimentos realizados por la comunidad científica de Japón para la elaboración de una vacuna antiguerra. Trump ha permitido someterse a la prueba de la vacuna. Las pruebas hechas en animales han dado buenos resultados, pues se han tornado seres tranquilos y pacíficos. Incluso se ha llegado a observar cómo comparten el alimento.

Esperamos que los humanos por fin transformen el odio en un acto de fraternidad.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Casi En El Olvido

      ME PREOCUPA EL LICEO DE BOLIVAR           

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes
                                                           
Ese nuestro Colegio, el Liceo de Bolívar de Cartagena, del que egresamos con tanto amor y profunda autoestima, hoy parece encontrarse casi en el olvido. He quedado asombrado al leer la nota de El Universal: «Colegios Oficiales Destacados. Instituciones educativas oficiales con mejor puntaje en las Pruebas Saber 11 de 2025». La lista comienza con el Soledad Acosta de Samper, con 308 puntos, y continúa con varias instituciones educativas sin que aparezca el Liceo de Bolívar.

¿Qué está pasando en el Liceo de Bolívar? ¿Por qué esta situación, cuando en otros tiempos el colegio competía con los mejores de la ciudad? De sus aulas han salido excelentes estudiantes, como los hermanos Mendoza Beltrán y los hermanos Villadiego, entre ellos Ricardo Villadiego; también Jaime Olivares y muchos otros egresados de la época en que la institución funcionaba en la Avenida Pedro de Heredia, incluida su Promoción de 1973, donde se destacaron los hermanos Sabogal Barrios y demás compañeros.

El Liceo de Bolívar siempre fue una institución educativa de la que egresaban profesionales que luego serían decanos de la Universidad de Cartagena, como Gustavo Velasco, Miguel Maturana (f), Marcos Blanquicett, Ruderico Trujillo, Carlos Villalba (f), y Lácydes Cortés, egresado de la Sorbona, así como Martínez Chavans.

El rector y la directiva en general deberían solicitar la participación de licenciados egresados que han sido rectores de otras instituciones, como Luis Ramírez Castellón, Miguel Salgado y otros, para escuchar recomendaciones que, por su experiencia, puedan ayudar a mejorar la situación que hoy enfrenta el otrora Gran Liceo de Bolívar.

Me causa mucha tristeza ver el sendero del olvido por el que transita esta gran institución.

martes, 11 de noviembre de 2025

El Colegio Soledad Acosta de Samper

  ABRIENDO SENDEROS A LOS NUEVOS PROFESIONALES DE CARTAGENA

 

Por Juan Vicente Gutiérrez M

 


Ayer conocido como «Femenina», hoy es una institución educativa mixta ubicada en la entrada de Blas de Lezo y San Pedro.
 
Su historia comenzó en el Centro Amurallado; luego pasó a Bocagrande, regresó a la calle de la Media Luna y, finalmente, se estableció en su sede propia, en la entrada de Blas de Lezo.

Esta institución tuvo como rectora a doña Evita Herrera y como vicerrectora a Mercedes Perea de Hoyos, acompañadas por la coordinadora Anachen.

El Soledad Acosta de Samper siempre se ha distinguido por su formación académica orientada al alto rendimiento. Sus docentes se han caracterizado por la exigencia y el compromiso, y los estudiantes saben bien a qué van. Hoy, el Soledad Acosta de Samper se ubica entre los colegios cuya promoción abandera la lista de estudiantes que comienzan a construir su futuro en las universidades de Cartagena y del país.

En su sede actual, los alumnos se forman con el propósito claro de alcanzar la excelencia. Inician su camino con un proyecto de vida que los impulsa a conquistar grandes metas. Comprenden que cursar un bachillerato académico es el primer paso para convertirse en profesionales universitarios.

¡Adelante! El mañana los espera para construir una sociedad mejor.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Deterioro Inminente

PROTECCIÓN COSTERA DE 
CARTAGENA DEL CARIBE

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes 

El ingeniero civil de la Universidad de Cartagena, Alfredo Pineda Corena, expresidente de la Sociedad de Ingenieros de la ciudad, es uno de los profesionales que más se preocupa por la urbe. Este experto, además de sus estudios, aprendió el "idioma del mar Caribe" desde muy joven. Siempre ha estado atento a las manifestaciones que ocurren en la Costa, en especial la conformada por las playas que se extienden desde Castillo Grande hasta los límites con La Boquilla.

Este veedor siempre está observando con lupa los cambios y las manifestaciones que ocurren en el mar. Yo me pregunto: ¿Por qué las autoridades no toman en cuenta los comentarios que hace sobre las construcciones que pretenden realizarse en dichas playas? El ingeniero Alfredo posee un estudio detallado sobre los trabajos que se planean ejecutar en el lugar.

Su vigilancia es permanente en lo que se refiere al comportamiento del mar sobre la avenida Santander. Con fotografías, muestra cómo se han destruido los viejos espolones y cómo se han perdido las playas que utilizaban los bañistas.

Es tiempo de llamar a este vigilante del comportamiento del mar. No podemos esperar para más tarde, sobre todo cuando Cartagena está dentro de las ciudades amenazadas por posibles tsunamis. Así es, aunque lo veamos lejano.

El ingeniero Alfredo Pineda es la persona indicada para ser consultada y tomada en cuenta, dada la amplitud de sus conocimientos sobre el comportamiento del mar. Además, es uno de los profesionales que más se preocupa por las condiciones del alcantarillado en la urbe.

martes, 21 de octubre de 2025

Hay Que Subsanarlos

Errores en Nuestra Historia

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

Con la llegada de Colón se inicia un error garrafal en nuestra historia, uno que ha persistido a través de los siglos. Colón arriba creyendo haber tocado tierras de la India, ignorando que estos parajes correspondían al continente de Abya Yala, nombre que en lengua kuna significa “Tierra de Sangre Vital” o “Tierra en Plena Madurez”. Por eso, no somos indios: somos aborígenes, nativos abyayalanes.

Aquí, en estas tierras, además de los kuna, estaban los wayúu, conocidos por su cultura en la región de La Guajira; los emberá, ocupando gran parte del Pacífico; los nasa, también llamados paeces; los arhuacos, concentrados en la Sierra Nevada de Santa Marta; los muiscas o chibchas, en la región de Cundinamarca; y los taironas, localizados en la Sierra Nevada. Todos estos grupos étnicos hacen parte de la región de Abya Yala. Por ningún lado se encuentra la India.

No obstante, este error cometido por Colón es posible subsanarlo. Ya es hora de dejar de utilizar el epíteto “indio”, pues nada tiene que ver Cartagena con la India. Se debe hablar de Cartagena del Caribe, porque la aborigen Catalina nunca fue india: era caribe.

Hay que emplear el nombre Abya Yala y olvidarse de Américo Vespucio. La historia que enseñamos a nuestros estudiantes debe ser una historia de realidades, con fundamento científico, que sirva para forjar una nación libre, sin ataduras ni cuentos míticos que nos condenen a vivir en la falsedad.

No hay fundamento alguno para seguir usando el epíteto indio.

sábado, 4 de octubre de 2025

De Historias y Efemérides

 12 DE OCTUBRE: UN ERRROR GRANDE 
EN EL MUNDO DE OCCIDENTE

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


El almirante Cristóbal Colón, después de navegar con sus tres naos —La Pinta, La Niña y la Santa María— durante largos días, con una tripulación heterogénea, llegó a las costas de las tierras de Abya Yala.

Este artículo trata sobre el nombre Abya Yala. Para el continente, Abya Yala (del idioma Guna Abiayala, que significa “tierra en plena madurez”) es el nombre que actualmente utilizan algunos movimientos sociales y pensadores originarios —o indígenas— americanos, así como intelectuales, para referirse a América: todo el continente.

El nombre proviene del idioma Guna, hablado por los Guna —o Gunadule—, pueblo originario de Colombia y Panamá. Fue propuesto por el líder del pueblo Aimara boliviano Takir Mamani, y aceptado en 1977 por el Consejo Mundial de los Pueblos Indígenas durante la II Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas, celebrada en Kiruna, Suecia.

Hoy en día, muchas organizaciones, comunidades e instituciones indígenas de todo el continente prefieren referirse a América como Abya Yala, en lugar del término América. El uso de este nombre se asume como una posición histórica y política por quienes lo adoptan, explicando que el nombre “América” o la expresión “Nuevo Mundo” son propias de los colonizadores europeos, y no de los pueblos originarios del continente.

Colón ignoraba el verdadero nombre de estas tierras. Creyó haber llegado a las Indias, y por eso los aborígenes fueron llamados “Indios”, lo cual fue un error inmenso.

Colón no sabía que estas tierras se llamaban Abya Yala. Desde entonces, se ha vivido bajo ese error monumental que comenzó con él.

No somos indios. Somos aborígenes de diversas etnias. Antes de la llegada de Colón, América albergaba una gran diversidad de pueblos originarios, como los Mayas, Aztecas e Incas en el norte y centro del continente.

En el Caribe, los Taínos y los Caribes eran los grupos principales.

En la región andina, además de los Incas, existían culturas como los Muiscas y los Taironas, en lo que hoy es Colombia.

En Mesoamérica, el territorio estaba habitado por pueblos como los Olmecas, Zapotecas, Tarascos y Mixtecas. Y muchas otras culturas, especialmente en el norte de Abya Yala.

Nuestro gentilicio es Abya Yalanés.

No somos indios. Aceptamos el epíteto de aborígenes.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Aura Elena Gutiérrez

Y SU DON DE INVITAR A EUTERPE

 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

Cartagenera egresada de la Universidad Javeriana de Colombia como mezzosoprano en Canto Lírico.

Posteriormente, viaja a Suiza para realizar una especialización en la Escuela de Basilea, y culmina el postgrado estableciéndose en Leymen, Francia, a veinte minutos de Basilea.

Allí desempeña su labor como profesional de la música: dirige cuatro coros conformados por personas adultas sin formación musical. Asimismo, en ocasiones canta con «La Chetra», un ensamble de músicos profesionales.

Además, dicta clases de yoga dos veces por semana a un grupo de señoras de la tercera edad y a personas que trabajan en la empresa «Abbott», en Suiza.

Paralelamente, comienza a ofrecer talleres sobre mantras y meditación en Leymen.

Aura Elena posee el don de invocar a Euterpe, musa griega de la música, quien colma de alegría a las bandas o regiones zodiacales para facilitar los caminos orbitales de la luna y los planetas. Por ello, se aprecia la protección de los signos zodiacales, fundamentales en la interpretación musical vinculada al yoga.

En Leymen, Aura Elena goza de gran consideración y aprecio, no solo por parte de sus coristas, sino también de toda la comunidad con la que se relaciona.

martes, 2 de septiembre de 2025

Expedición a América

 INDIO: UN APELATIVO EQUIVOCADO

 

Por Juan Vicente GUtiérrez Magallanes

 


Allá por el siglo XV vivía un hombre fascinado por el estudio del mar y la forma de la tierra. Cristóbal, nombre del personaje, era italiano y había concebido en su mente la idea de navegar por los océanos para alcanzar otras tierras. Con ese propósito, recorrió diversos países en busca de apoyo para concretar su proyecto. Tras visitar Portugal y Francia, solo encontró respaldo en España, donde los reyes Isabel y Fernando le brindaron todo su apoyo. Incluso le permitieron sacar de las cárceles a numerosos presidiarios para que integraran la tripulación.

Con las naves La Niña, La Pinta y La Santa María, partieron del puerto de Palos de la Frontera hacia tierras desconocidas. Navegaron durante varios meses, hasta que el vigía divisó tierra firme en el horizonte.

La alegría entonces inundó los corazones de la tripulación. Cristóbal saltó de la nave, se arrodilló para dar gracias a Dios y ofreció las tierras descubiertas a los Reyes de España. Aquellas tierras, llamadas por los aborígenes Kunas, Abya Yala, eran el verdadero nombre de lo que hoy conocemos como América. El apelativo “América” fue otorgado en honor al cartógrafo Américo Vespucio, quien también formaba parte de la expedición.

Como anécdota curiosa de viaje, el olor que expelían los invasores resultaba insoportable para el olfato de los aborígenes, quienes debieron soportarlo por el sometimiento forzado. Los nativos estaban acostumbrados a lavar sus cuerpos con frecuencia para mantenerse limpios, mientras que los españoles sostenían un concepto erróneo del baño: creían que el agua debilitaba el organismo, por lo cual rara vez se bañaban.

Cristóbal creyó haber llegado a la India, y por ello llamó “indios” a los aborígenes de Abya Yala. Un gentilicio equivocado, un epíteto erróneo que se perpetuó a lo largo de los siglos. Hemos vivido soportando una falsedad. No somos indios.

A la llegada de Cristóbal Colón, América estaba habitada por diversas culturas y civilizaciones, incluyendo grandes imperios como los aztecas en Mesoamérica, los mayas (en declive pero aún presentes en Yucatán) y los incas en Sudamérica. Además, existían muchas otras etnias y pueblos organizados en cacicazgos o confederaciones, como la Confederación Muisca en Colombia y el pueblo mapuche en el sur del continente.

En Mesoamérica:

Mayas: Aunque ya no vivían su apogeo, mantenían un imperio en la península de Yucatán.

Aztecas: Consolidaron el Imperio azteca, también conocido como Imperio mexica.

Otros pueblos: Mixtecas, toltecas y el pueblo de Cempoala.

En Sudamérica:

Incas: Constituían un vasto imperio a lo largo de la cordillera de los Andes.

Muiscas: Una confederación importante centrada en el altiplano cundiboyacense, en lo que hoy es Colombia.

Mapuches: Habitaban la región austral del continente.

Taironas: Civilización destacada en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia.

Estas culturas y civilizaciones estaban conformadas por aborígenes. No eran indios.


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