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martes, 24 de febrero de 2026

Hipócrita Anatomía


Bestiario del Poder:
Cuando el hombre se mira al espejo y gruñe

Por Gilberto García Mercado

Comparar al hombre con los animales no es rebajarlo; a veces es describirlo con brutal exactitud. Si el hombre fuera perro, movería la cola ante el amo del poder y mordería la mano del débil. Si fuera águila, volaría alto no para contemplar el paisaje, sino para vigilar desde arriba a quién lanzarse en picada. Y si fuera piraña, nadaría en cardumen, oliendo la sangre del adversario, despedazándolo en nombre de la supervivencia. Lo inquietante es que no somos bestias. Somos seres racionales. Podemos pensar antes de actuar. Podemos frenar el zarpazo. Y, sin embargo, nuestra fisonomía moral —esa arquitectura invisible del deseo— parece inclinarse con sospechosa frecuencia hacia lo incorrecto. Como si el instinto tuviera mejor prensa que la conciencia. 
Desde los albores de la historia, el poder ha sido la fruta prohibida más codiciada. En la Biblia, Caín mata a Abel no solo por celos, sino por la herida narcisista de no ser el elegido. El rey David envía a Urías al frente de batalla para quedarse con Betsabé. Judas vende a su maestro por treinta monedas. La fiebre del poder no es moderna; es tan antigua como el miedo a no ser nadie. Y cuando esa fiebre se mezcla con riqueza, el cóctel resulta embriagante. Lo supo Adolf Hitler, cuya ambición desbordada convirtió a una nación herida en maquinaria de exterminio. El ansia de dominio no le bastó con gobernar; necesitó arrasar. El poder, cuando no encuentra límite moral, se vuelve religión personal. 
Algunos pensadores han estudiado este apetito con lupa clínica. Yuval Noah Harari ha reflexionado sobre cómo las ficciones colectivas —dinero, nación, liderazgo— sostienen estructuras de poder. Hannah Arendt diseccionó la banalidad del mal y mostró que el horror puede administrarse desde un escritorio. Robert Greene publicó manuales descarnados sobre las leyes del poder, casi como si escribiera un tratado zoológico del depredador humano. Y Jordan Peterson ha hablado del orden, el caos y la jerarquía como impulsos inscritos en nuestra biología. No son novelistas del escándalo: son anatomistas del deseo. 
En Colombia, el debate se vuelve cercano y punzante. El caso de Álvaro Uribe Vélez divide opiniones. Hay quienes creen que, tras haber ocupado la presidencia y gozar de una pensión generosa, debería retirarse a la vida privada. Otros defienden su derecho a seguir participando en política. El hecho es que la ambición pública rara vez se jubila. Algo parecido ocurre con Abelardo de la Espriella, abogado próspero y empresario que ha manifestado aspiraciones presidenciales. ¿Por qué alguien con fortuna asegurada desea todavía el vértigo del poder? ¿Es servicio, vocación, ego, redención? ¿O una mezcla indescifrable de todo? 
Se ha hecho popular la frase de que hay personajes que, aunque gastaran mil millones de pesos diarios hasta su muerte, seguirían siendo ricos. La riqueza, en esos casos, parece eterna. Pero la historia está llena de magnates que lo tuvieron todo y se arruinaron. Bernie Madoff pasó de gurú financiero a símbolo de estafa colosal. Elizabeth Holmes prometió revolucionar la medicina y terminó condenada por fraude. El poder económico, cuando se alimenta de engaño, se convierte en castillo de arena. Otros fueron más lejos: Pablo Escobar amasó una fortuna obscena y bañó de sangre su imperio. La fiebre de riqueza y control no solo arruina reputaciones; arrasa vidas. 
Y están las historias de seducción y ascenso, donde el deseo se disfraza de romance. Eva Perón transformó su cercanía al poder en influencia política real, convirtiéndose en figura central de un proyecto nacional. Imelda Marcos hizo del lujo y la cercanía al poder un símbolo polémico de exceso. En estos relatos, la ambición no siempre es crimen; a veces es estrategia, otras veces vanidad, y en ocasiones, simple supervivencia en un mundo que premia al más audaz. 
Garavito, La Bestia
Entonces, ¿es la riqueza una enfermedad? No necesariamente. El dinero es herramienta. El poder, posibilidad. Lo patológico surge cuando se convierten en identidad. Cuando el hombre deja de ser hombre y se vuelve perro que defiende su hueso, águila que no tolera otra sombra en el cielo o piraña que no distingue entre hambre y codicia. La avaricia no siempre grita; a veces sonríe en campaña, promete redención y habla de servicio mientras calcula beneficios. 
Quizás el problema no sea que tengamos instintos animales, sino que, a diferencia de ellos, sabemos lo que hacemos. Ellos matan por hambre; nosotros, por ideología, por orgullo, por acumulación. Y aun así nos llamamos racionales. Tal vez la verdadera crisis de valores no sea la ausencia de normas, sino la facilidad con que las acomodamos a nuestra conveniencia. 
La pandemia de COVID-19 dejó más de siete millones de muertes confirmadas en el mundo, según cifras oficiales, y millones más en estimaciones indirectas. Fue una tragedia global que expuso fragilidades sanitarias, económicas y morales. Algunos sostienen que fue un hecho aislado; otros, más suspicaces, hablan de nuevos órdenes mundiales y teorías de laboratorio. Entre el miedo y la desinformación, la humanidad volvió a mostrar su doble rostro: solidaridad y oportunismo, ciencia y sospecha. 
G, García, Escritor
Y ahora, cuando el polvo parece asentarse, queda una pregunta suspendida como vuelo de águila sobre el abismo: ¿aprendimos algo o seguimos siendo pirañas con traje y corbata? ¿Fue la pandemia un episodio más de nuestra historia convulsa o el preludio de un reacomodo global diseñado en las sombras? La respuesta, quizá, no esté en los laboratorios ni en los palacios presidenciales, sino en esa decisión íntima y diaria donde cada hombre elige si ladra, devora… o piensa antes de actuar.

lunes, 23 de febrero de 2026

Una Tradición que Premia la Palabra



CONCURSO LITERARIO “LA FELGUERA” 2026

En tiempos donde la prisa arrasa y la superficialidad se impone, aún existen espacios donde la literatura conserva su fuego. Desde Asturias, España, regresa una convocatoria con historia, prestigio y permanencia: el Concurso Literario “La Felguera”, que en 2026 celebra su LXXVII edición.

Una cifra que no es solo número: es tradición, continuidad y fe en la narrativa breve.

Convoca la Sociedad de Festejos San Pedro, institución cultural que año tras año abre sus puertas a escritores del mundo hispanohablante.

El certamen otorgará:

🏆 4.000 EUROS AL MEJOR RELATO

Un premio único, indivisible, que reconoce excelencia, profundidad y dominio del oficio.
✍️ ¿Quiénes pueden participar?
Autores y autoras mayores de edad, sin distinción de nacionalidad, que escriban en lengua española.
El tema es libre.
La única exigencia real es la calidad.
📄 Condiciones del Relato:
Un solo texto por autor/a.
Inédito y no premiado anteriormente.
Extensión: entre 6 y 8 páginas.
Formato A4.
Times New Roman, 12 puntos.
Doble espacio.
Sin artificios formales ni recursos para “engrosar” el texto.
Aquí no se premia el volumen: se premia la intensidad.
🗓 Plazo de envío
📌 Desde el 15 de noviembre de 2025
📌 Hasta el 28 de febrero de 2026 (23:59 h)
El fallo será anunciado en mayo de 2026.
📩 Envío Electrónico
Los trabajos deben enviarse a:
cuentos@festejossanpedro.com
En el asunto del correo:
Cuentos 2026 – Título – Seudónimo
Adjuntar:
El relato en formato DOC o DOCX.
Archivo aparte (Plica) con datos personales y breve currículum literario.
⚖️ Sobre el Premio
El galardón está sujeto a la legislacion tributaria española, será entregado durante el Pregón de apertura de las Fiestas de San Pedro 2026.
La decisión del jurado será inapelable. El premio podrá declararse desierto si la calidad no alcanza el nivel esperado.
Porque en la literatura, a veces, el silencio también es una forma de justicia.
📚 Derechos
La obra premiada pasará a ser propiedad de la entidad convocante, que adquirirá sus derechos de reproducción y edición.
En La Calvaria Literariam celebramos y difundimos aquellas convocatorias que mantienen vivo el rigor, la tradición y el compromiso con la palabra escrita.
Si tienes un relato que arde en la mesa, si hay una historia que no te deja dormir, este puede ser su destino.
📌 Convoca: Sociedad de Festejos San Pedro.
📍 País: España

En La Calvaria Literatura creemos en los concursos que resisten el paso del tiempo. Setenta y siete ediciones no son una casualidad: son una declaración de permanencia.
Difundir esta convocatoria no es un acto mecánico de agenda cultural; es una invitación a escribir con rigor, a enviar lo mejor que se tenga, a medirse con la tradición y con uno mismo.
La narrativa breve exige precisión, tensión y oficio. No hay espacio para el descuido ni para la retórica vacía. Cada página debe sostenerse como una estructura viva.
Celebramos certámenes que premian la calidad y no la complacencia. Que, incluso, se reservan el derecho de declarar desierto el premio si la obra no alcanza el nivel esperado. Esa exigencia es saludable para la literatura.
A nuestros lectores y colaboradores: si tienen un relato que verdaderamente los representa, que no lo duden. Participar también es una forma de afirmación literaria.

La palabra, cuando es honesta, siempre encuentra su lugar.

Gilberto García Mercado             

Ciencia de la Especulación

NOS MIRAN DESDE LA LUZ
(Y SE RÍEN BAJITO)
 
Por Gilberto García Mercado


Mucho antes de que la palabra “ovni” sonara a sigla burocrática o a expediente desclasificado, la humanidad ya levantaba la vista con sospecha. En las cavernas no hay platillos voladores dibujados con matrícula interestelar —que sepamos—, pero sí hay cielos pintados con reverencia y temor. Los antiguos sumerios hablaban de los Anunnaki; los romanos describieron en sus crónicas “escudos ardientes” cruzando el firmamento; en el año 1561, en Núremberg, se registró una supuesta batalla aérea de objetos luminosos que dejó a más de uno con el desayuno a medio digerir. El cielo siempre ha sido escenario y enigma. Y el ser humano, testigo predispuesto.

En la literatura, los extraterrestres aparecieron mucho antes de que la ciencia tuviera telescopios respetables. En el siglo II, Luciano de Samosata escribió Historia verdadera, donde narraba viajes a la Luna y guerras interplanetarias con una ironía tan fina que aún hoy parece moderna. Más tarde, en el siglo XVII, Johannes Kepler imaginó en su Somnium criaturas lunares que sobrevivían a cambios extremos de temperatura. El siglo XIX ya no se anduvo con metáforas: H. G. Wells publicó La guerra de los mundos y nos puso a correr despavoridos ante marcianos poco diplomáticos. Y en el XX, H. P. Lovecraft nos sugirió que lo verdaderamente terrible no era que vinieran de lejos, sino que siempre hubieran estado aquí, agazapados en dimensiones que apenas rozamos con la imaginación.

Pero el término moderno —OVNI, objeto volador no identificado— tomó vuelo tras un incidente célebre en 1947, cuando el piloto Kenneth Arnold describió objetos “como platillos saltando sobre el agua” en el cielo de Washington. Poco después, el famoso caso de Roswell convirtió al desierto en un teatro de sospechas: ¿globo meteorológico o nave caída con tripulantes poco conversadores? Desde entonces, la cultura popular decidió que el universo tenía visitantes y que, además, preferían aterrizar en zonas áridas y discretas.

Ahora bien, si aceptamos —aunque sea por un instante literario— que estos seres existen, surge la hipótesis que más me seduce: que no viajan en naves, sino en estados de desmaterialización. No se desplazan como nosotros, atravesando distancias con combustible y paciencia, sino convirtiéndose en pura información luminosa. Seres que vibran en frecuencias invisibles, que se pliegan sobre el espacio-tiempo como quien dobla una servilleta. Viajarían a la velocidad de la luz no como quien pisa el acelerador, sino como quien regresa a su estado natural. Y si la luz no envejece, ellos tampoco. Inmortales no por capricho biológico, sino porque no están hechos de carne sino de energía consciente.

Imaginemos tres escenas.

La primera: un campesino colombiano, de esos que madrugan antes que el gallo, ve una esfera suspendida sobre el maizal. No emite ruido, no quema, no deja huellas. Solo observa. El hombre siente una paz extraña, como si alguien hubiera apagado el volumen del mundo. La esfera palpita y desaparece, no alejándose, sino diluyéndose. A la mañana siguiente, el maíz está intacto, pero él ya no mira el cielo con ingenuidad. Sabe que fue contemplado.

La segunda: una niña en Tokio despierta en mitad de la noche. Una figura translúcida, casi humana, está junto a su cama. No tiene ojos, pero ella siente que la mira con infinita curiosidad, como quien observa una obra en progreso. La figura se inclina, toca su frente con una luz tenue y se esfuma. La niña crecerá obsesionada con la física cuántica. ¿Sugestión? ¿Sueño? ¿Semilla sembrada?
La tercera: un piloto comercial cruza el Atlántico. En los radares aparece un eco imposible, una presencia que viaja a velocidades absurdas, que se detiene en seco y luego desaparece. Años después, ya jubilado, confesará que aquella noche no sintió miedo, sino la incómoda certeza de que la humanidad es apenas una nota al pie en un libro cósmico.
Documentación hay, y en abundancia. Desde el antiguo Proyecto Blue Book hasta informes más recientes del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, el fenómeno ha sido estudiado con mezcla de escepticismo y fascinación. En 2020, el Pentágono reconoció la existencia de programas dedicados al análisis de fenómenos aéreos no identificados, y en 2022 se formalizó la oficina conocida como All-domain Anomaly Resolution Office (AARO), destinada a investigar incidentes extraños en cielo, mar y espacio. Antes, el debate público se agitó con revelaciones sobre el Advanced Aerospace Threat Identification Program (AATIP), un programa del Departamento de Defensa que examinó encuentros inexplicables. La palabra “extraterrestre” no aparece en los comunicados oficiales, pero el misterio sí.

Y si su tecnología es superior —cosa probable si nos visitan desde años luz— ¿cómo se desplazarían? Tal vez no crucen el espacio, sino que lo plieguen. La física teórica ya especula con agujeros de gusano y curvaturas extremas del espacio-tiempo. Para una civilización milenaria, nuestras leyes serían apenas sugerencias. Podrían atravesar océanos sin perturbar una ola, observar nuestras ciudades sin activar una cámara de seguridad, coexistir en una capa de realidad que no registran nuestros sentidos.

¿Nos consideran indefensos? Es posible. También es posible que nos contemplen con una mezcla de ternura y desconcierto. Somos una especie que discute en redes sociales mientras intenta descifrar el genoma y enviar sondas a Marte. Somos contradictorios, brillantes y torpes. Tal vez nos vean como un experimento interesante: una civilización en fase adolescente, capaz de poesía y de guerra con la misma facilidad.

¿Son invisibles? No necesariamente invisibles, sino fuera de fase. Como estaciones de radio que no sintonizamos. Cuando, por accidente o curiosidad, coinciden nuestras frecuencias, los vemos: luces en el cielo, sombras en habitaciones, ecos en radares. Luego vuelven a su discreto anonimato.

En cuanto a gobernantes obsesionados con el tema, la historia reciente señala a Jimmy Carter, quien afirmó haber visto un objeto extraño antes de ser presidente y prometió mayor transparencia sobre los expedientes ovni. También Ronald Reagan habló en varias ocasiones sobre la posibilidad de una amenaza extraterrestre que uniría a la humanidad. ¿Convicción personal o retórica estratégica? Difícil saberlo. El misterio, como buen diplomático, no deja actas firmadas.

Y aquí surge la pregunta inevitable: si son tan desarrollados, ¿por qué no nos han colonizado? La respuesta jocosa sería que nos observan como quien mira un documental interesante pero no desea mudarse al hábitat del protagonista. Tal vez nuestra atmósfera les resulte incómoda, o nuestra violencia, aburrida. O quizá su ética cósmica les impida intervenir en civilizaciones en desarrollo, como quien no interrumpe el crecimiento de una planta para ver si florece sola.

Existe otra posibilidad menos halagadora: que nuestro desarrollo tecnológico les importe un bledo. Somos ruido en una galaxia ruidosa. Un planeta más con criaturas que inventaron el café y la bomba atómica. Puede que estén esperando. No para invadir, sino para ver si superamos la prueba básica de la convivencia.

Mientras tanto, seguimos mirando al cielo. Con telescopios, con radares, con imaginación. Y cada tanto, una luz cruza la noche y alguien dice haber visto lo inexplicable. Tal vez sea un fenómeno atmosférico. Tal vez un dron entrometido. O tal vez, solo tal vez, una conciencia antigua que se asoma, nos estudia y sonríe con indulgencia luminosa.

Porque si existen, y si son inmortales, y si viajan desmaterializándose en la velocidad de la luz, quizá lo más inquietante no sea su tecnología, sino su paciencia. Han esperado millones de años. Pueden esperar un poco más.

Y nosotros, mientras tanto, seguiremos escribiendo artículos, firmándolos con solemnidad terrenal, intentando descifrar si en el silencio del cosmos hay alguien que nos lea por encima del hombro y se ría bajito.

Narrativa la Calvaria



ARDE BOSTON


 Por Gilberto García Mercado


El hombre despertó a las seis de la mañana.Miró el reloj de pared con fastidio, como si pudiera convencerlo de avanzar tres horas de un salto.        
—Las seis en punto… Mejor hubiera despertado a las nueve.
Hasta que doña Helena se levantara y preparara el desayuno, el tiempo sería una condena. El barrio seguía dormido. Boston amanecía con un cielo tan limpio que parecía mediodía, pero apenas clareaba. 
Pablo salió al patio. El hambre comenzaba a morderle el estómago. 
—No debo pensar en el hambre —murmuró—. Si uno es indiferente, el hambre se va.
Mentía. 
La puerta de la calle estaba asegurada con rejas de hierro y dos candados gruesos. Desde que los pandilleros comenzaron a irrumpir en las casas, el barrio adoptó aquella costumbre: atrincherarse. Boston aprendió a cerrarse por miedo.                  Pero hay cosas que ninguna reja detiene.
Y te arrojarán al mar de las amarguras.
Te ahogarás antes de que mamá despierte. 
“Ven a desayunar, hijo”, dirá, como si el mundo fuera un sitio limpio. 
¿Recuerdas a los Gómez? ¿El dinero que les robaste? ¿Recuerdas la sangre en el callejón de la señora Mayo? 
Las condenas fueron irrisorias. Siempre aparecía alguien que te defendía. Siempre mamá vendía algo. El pequeño patrimonio familiar se deshacía en abogados y fianzas. 
—La vida es así —decías—. Si no, no sería mundo. 
Pero el mundo no olvida.
Yo era el hermano mayor.
El que se encerraba en el cuarto a escribir mientras tú regresabas drogado, creyéndote invencible. 
Compraba libros usados en el Centro. Regateaba por un García Márquez o un Cortázar como si en esas páginas estuviera la clave de la salvación.
Tú incendiabas noches.
Yo incendiaba papeles. 
Nadie respetaba lo que hacía. Mis manuscritos servían para secarse el sudor. A veces pensé que mi encierro también fue una forma de cobardía.
¿Debí detenerte?
¿Debí vigilar el mar embravecido en el que tu nave naufragaba?
Treinta años pueden comprimirse en una hora.
Te veo niño, bajando del viejo Chevrolet, agarrado de la mano de mamá. Te veo adulto, pateando puertas, regresando con dinero sucio y una sonrisa insolente.
Te creías un superhéroe. El rey de Boston.
Pero Boston también arde por dentro. 
El calor comenzó como un rumor.
Un leve chasquido eléctrico en el techo. Una corriente que se cruzó donde no debía.
Pablo sintió que el aire se espesaba. Se quitó la camisa. Luego la franelilla.
La casa parecía respirar fuego. 
—Mamá despertará pronto —se dijo. 
Siempre despertaba a las nueve. Siempre pronunciaba la misma frase, como una absolución:
“Ven a desayunar, Pablo.”
Esa frase borraba la noche.
Borraba las víctimas.
Borraba la culpa.
Pero hoy el tiempo no retrocede. 
Yo también envejecí esperando.
Esperando que alguien llamara para publicar mis cuentos. Esperando que mi nombre apareciera en letras doradas en una librería importante. Esperando que Marcela regresara.
Mi padre murió preguntándome si quería morirme de hambre siendo escritor.
Tú elegiste el crimen.
Yo elegí la espera.
Ambos ardimos. 
El fuego descendió por el cableado como una sentencia.
Primero humo.
Después una llamarada en la sala.
Las rejas que protegían se volvieron trampa.
Pablo intentó levantarse de la poltrona. El calor lo envolvía como una manta de castigo. Los candados seguían puestos. La llave estaba en el cuarto de mamá.
El humo bajó rápido.
Por primera vez, sintió miedo sin soberbia.
“Pero si tengo la puerta cerrada, nadie entrará”, pensó.
No era alguien quien venía por él.
Era el destino. 
Yo desperté con el olor a quemado.
Salí del cuarto tosiendo. La casa ya era un horno.
Escuché un golpe. Luego otro.
Pablo forcejeaba con la puerta.
—¡David! —gritó.
Nunca me llamaba cuando regresaba de madrugada. Nunca me llamaba cuando golpeaba puertas ajenas. Nunca me llamaba cuando acuchillaba sombras.
Ahora gritaba.
Intenté avanzar hacia la sala, pero el fuego me obligó a retroceder. El techo crujía. Las cortinas eran lenguas encendidas.
Mamá salió de su cuarto desorientada.
—Voy a preparar tortas para Pablo…
La frase quedó suspendida en el humo. 
Boston ardía.
Las sirenas tardaron.
Los vecinos gritaban detrás de sus propias rejas.
Las casas, tan protegidas, eran jaulas ardientes.
Desde la calle vi cómo el humo devoraba las ventanas.
Pensé en los Gómez.
Pensé en la sangre que alguna vez corrió por la esquina.
Pensé en mi silencio. 
Cuando lograron abrir la puerta principal, ya era tarde.
Sacaron primero a mamá.
Después a Pablo.
El cuerpo ennegrecido, los ojos abiertos como si todavía intentara comprender.
No hubo júbilo en el barrio.
Nadie celebró.
Solo un silencio pesado. 
Días después, regresé a lo que quedó de la casa.
Entre cenizas encontré restos de mis cuadernos chamuscados. Palabras incompletas. Frases a medio escribir.
Treinta años encerrado esperando reconocimiento.
Treinta años escribiendo sobre tu violencia.
Treinta años sin vivir.
Marcela apareció bajo la lluvia el día del entierro. Me habló de un artículo mío publicado tiempo atrás. Sonrió con una tristeza antigua. 
—No te olvides de vivir, David —me dijo.
No supe qué responder. 
Comprendí entonces que uno también puede incendiar su vida sin prender fuego.
Tú ardías por exceso.
Yo ardía por omisión.
Boston fue solo el escenario.
La verdadera combustión empezó mucho antes: el día en que bajaste del viejo Chevrolet y aceptaste aquel cigarrillo, el día en que yo cerré mi puerta para escribir en vez de salir a buscarte. 
Hoy despierto a las seis.
Ya no espero el desayuno.
El reloj avanza.
El barrio reconstruye sus rejas.
Pero cada amanecer recuerdo el calor, el humo, tu grito llamándome.
Y entiendo que el fuego no fue castigo ni accidente.
Fue la suma.
La suma de tus crímenes.
La suma de mi silencio.
La suma del amor ciego de mamá.
Boston ardió una sola noche.
Nosotros llevábamos ardiendo toda la vida.
Gilberto García Mercado

viernes, 20 de febrero de 2026

Primera Entrega



CERVANTES Y LA DÉCIMA


Por Juan Mares Poteas





Llovían cielos nublados
por las selvas del Chocó;
llovía tanto, que yo
tuve los ojos mojados.
En esos tiempos llorados
nunca de llanto se hablaba
aunque la pena sobraba
con tan húmedo rigor,
que no sabía el amor
si llovía o si lloraba.

                    *Manuel Mejía Vallejo. Proemio
Taxonomía del nombre de la gran novela de Miguel de Cervantes Saavedra: “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”

INGENIOSO: Facultad de discurrir e inventar con facilidad.
HIDALGO: El que tiene algo. En la antigua nobleza castellana-aragonesa: hombre escogido de buen hogar.
DON: Del latín, donum; dadiva, presente o regalo que se recibe de Dios. Gracia especial o habilidad para hacer algo. Tino particular que se tiene en el pensar o ejecutar.
QUIJOTE: Del catalán cuixot y este del latín coxa que traduce cadera. Cuarto trasero de las caballerías, pieza del arnés para cubrir el muslo entre el cuadril y el corvejón. Aumentativo bufo de quijada, variaciones: Quijano, Quejada, Quesada, Quexada.
LA MANCHA: Ma-nxa, que traduce: tierra seca. Nombre de la comarca natural mayor de España. (Cubre las provincias de Ciudad Real, la principal), Toledo, Cuenca y Albacete.
EL TANTEO
Tantos son los recovecos para explorar la obra de Cervantes, cuando en el mero Quijote se presenta toda una constelación de temas a cual más de apetitosos para degustar con el pensamiento, la palabra y la obra. Por ello, elegir entre tantas alternativas lo puede dejar a uno un poco turulato si no se despabila y toma uno que lo motive por afinidad o por curiosidad y comenzar a desglosarlo. 
Entre el día del allá y del acá del Quijote, digo, de Cervantes, en tiempo, geografía y oleaje; del allí en su España y del aquí en América, y en ésta, en particular Colombia, acullá los deseos de Cervantes por venir al nuevo mundo, llegó flotando sobre las olas y ahora vuela en la memoria de millones de seres humanos de todos los continentes, digo, de todo el mundo. 
Ya es sabido, en gran parte, cómo los propósitos de Cervantes con su Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha apuntaban, a la par que la historia avanzaba en el tiempo, a demostrar su maestría en parodiar estilos y géneros literarios desde los inicios de la formación del castellano (es decir, la lengua que se formó en la tierra de los castillos y que, al envolver a toda la península, era la tierra de los conejos, según los fenicios, quienes, junto con los iberos y los celtas, determinaron los primeros sincretismos culturales a través del Estrecho de Gibraltar) hasta su época de apogeo del barroquismo; y donde, por arte de la imaginación del gran cálamo de los pergaminos, escribe sobre lo antes escrito, es decir, aplica el palimpsesto al imputar el texto a Cide Hamete Benengeli, ya como estilo y figura literaria, ya como parodia arlequinesca en la vida de los caballeros desde el mundo de las letras, o ya como magia de la invención.

No en vano Thomas Mann, en su curioso texto de andanzas sobre las olas del Océano Atlántico, tituló Travesía con Don Quijote, y se expresa: “No salgo de mi asombro ante los cuentos esparcidos en la obra, como aventuras sentimentales que son, del todo concebidas conforme al estilo y al gusto de aquellas obras en las cuales el autor quiere precisamente mofarse. Que los autores de su tiempo volvían, de alegre corazón, a encontrar en el libro todas aquellas causas de lo que se pretendía desacostumbrarles, redundando todo ello en una placentera curva de paulatina deshabituación.”

Pero la acotación mayor viene en el párrafo siguiente: “Cervantes se sale de su papel con esos cuentos, como si quisiera demostrar que lo que puede hacer su época, también es capaz de hacerlo, e incluso que hasta ese género lo domina magistralmente”.

Y como ya vimos, de soslayo, para los fenicios, al llegar a la península y compartir con los celtíberos, al ver la abundancia de conejos, así la denominaron (según los estudiosos más consensuados): España, que traduce «tierra de conejos». Y como fue en Castilla donde cuajó el nuevo romance, por ser tierra donde abundaban los castillos, igualmente se le denominó castellano a la lengua hoy tan difundida. De aquí se puede inferir cómo nuestro idioma equivale a decir: castillos en tierra de conejos; y así tenemos una metáfora llena de ternura, picardía, fantasía, misterio, tradición e hidalguía, colmada de simbolismos. Con todo este antecedente, es apenas consecuente ver surgir un mago de las palabras, emanado de los ámbitos tutelares de los viejos castillos llenos de encantamientos: encantador y contador de historias; un mago que saca del sombrero de las fantasías conejos hechos palabras, enhebradas en historias entre prosa y verso, testimoniando un pasado y defendiéndose del Fénix de los ingenios o Monstruo de la naturaleza de su tiempo, del que hoy día casi ya ni se recuerda, puesto que, con todo un grupo, menospreciaban a Cervantes. ¡Y ole!


Pero sigamos con un poco de aparente dispersión. En cuanto a lo de acá, valga la asociación semántica, desde otro ángulo, donde nuestro Carrasquilla nos muestra a La Marquesa de Yolombó, “conejeada” por un español de vinagrosos rezagos, vale para señalar toda esa tradición heredada desde España, en cuanto a no ser gratuitas las historias de Tío Conejo, regadas por toda América Latina y por arte del sincretismo literario, bizoomorfoisofilioso, y cultural, aquí, por los lados de la costa Caribe y del Pacifico, donde lo asociamos con nuestro silvestre ñeque, conocido en los diccionarios como agutí.

Sin embargo, la otra herencia, hacia donde se mueve este opinar, va mucho más allá del verso octosílabo español y es el de los poemas de diez versos y en tal virtud, conocidos como décimas. Digo herencia, constatándose esta tradición, regada por toda la geografía de Colombia (y por casi toda América): tradición cultivada por nuestros más encumbrados escritores, como lo hizo Manuel Mejía Vallejo, o la de nuestros juglares repentistas tanto de la costa pacífica como de la atlántica y entre sus representantes Pedronel Rodríguez (del corregimiento Callejas del municipio de Tierralta- Córdoba) y las citadas por Miguel Antonio Caicedo Mena de la tradición chocoana. Esta tradición, tiene su monumento en el Quijote.

Si bien en el Quijote aparecen otras modalidades dentro del género lírico, como son el soneto, la copla, el epigrama, la canción, el romance, el madrigal, el epitafio y la glosa; las formas de versificación se dan en el díptico, el terceto, la cuarteta, la quintilla, el sexteto y la octava como estancia, pero es la décima la más destacada desde las diferentes fases de la rima. Igual que en la prosa aparece el cuento, el ensayo, la novela pastoril, la picaresca, la morisca, la sentimental, la italiana y la misógina. Es decir, el Quijote recoge toda la tradición literaria española, desde el medio evo hasta los días cervantinos.

Leída la novela se pueden observar, entre otros temas, el que interesa en esta historia, la curiosidad que se presenta en las décimas, para este caso, en cuanto a la forma, siendo su contenido parte del divertimiento y sustancia.

LA PREGUNTA

Lo anterior lleva a plantearse la inquietud siguiente: ¿Qué representa la décima, en el Quijote para Cervantes?

Para aproximarme a ello, realicé un seguimiento en cuanto a la forma, teniendo en cuenta la métrica, el ritmo y la rima; y sobre todo esta última. En cuanto a los contenidos, tienen la sabrosura esencial donde se mezclan historia y presente con la ironía y el ingenio de la exploración poética.

A manera de esbozo, digamos que esta modalidad del género lírico, procede según el diccionario de Forradellas, de las coplas del arte real, o cercanas a las llamadas quintillas dobles, en las cuales el Marqués de Santillana fue un experto. Se usó (y se usa) en series o de manera autónoma en estrofas de diez versos, octosílabos, con rima consonante en la culta y asonante en la popular (y en ocasiones se encuentra de manera mixta entre unos y otros). En realidad tiene sus raíces en: “…la época carolingia, los cantares de gesta y en las primeras noticias de los romances tradicionales…”. Vivió su gran apogeo en el Siglo de Oro Español.

Lope de Vega, Contemporáneo de Cervantes
Pues bien, la décima en el Quijote, para Cervantes, es quizá, motivo de reto y demostración de su capacidad en el oficio de enhebrar palabras para contar historias. Pues él era mirado con reservas por los intelectuales puristas de su tiempo.

Por aquellas calendas, surgió Vicente Espinel (1550 – 1624), émulo de Iñigo López de Mendoza (más conocido como el Marqués de Santillana, 1398 – 1458) y de Cristóbal de Castillejo (1490 – 1550). Espinel se destacó, además, por adicionarle la quinta cuerda a la guitarra. Caso fue su introducción de una nueva modalidad de rima a la décima, muy coreada por aquellos días y muy difundida y cultivada por el gran “Fénix de los ingenios”.

Es aquí donde Cervantes, en el Quijote, desde su dedicatoria al Duque de Bejar y desde el pertinente prólogo para espantar sus dudas, empieza con una tanda de mágicas siete décimas, por el estilo de las espinelas en cuanto a su rima que no en su métrica, siete sílabas en vez de ocho por verso. Esta forma se llamó rima partida o versos de cabo roto, donde para rimar solo se tenía en cuenta la vocal tónica, prescindiéndose de la continuación de la última sílaba, de la última palabra de cada verso: Soy Sancho Panza, escude- / del manchego Don Quijo- / puse pies en polvoro- / por vivir a lo discre-. La otra parte es aún más curiosa, si se le ajusta la sílaba olvidándose de la vocal tónica, tendríamos una décima del ciclo carolingio, de rima desigual o “descuidada” y cantada por los juglares. Desde luego, en el juego hay ironía, humor y belleza.

Veamos en estas décimas, dedicadas a: URGANDA LA DESCONOCIDA
Para los versos heptasílabos la rima asonante queda así:

1.4.5; 2, 3; 6.7.10; 8.9. (Versos de cabo roto).
A

1. Si de llegarte a los bue-, (nos)
2. Libros, fueres con lectu-, (ras)
3. No te dirá el boquirru- (cio)
4. Que no pones bien los de-. (dos)
5. Más si el pan no se te cue- (ce)
6. Por ir a manos de idio-, (tas)
7. Veras de manos a bo-, (ca)
8. Aun no dar una en el cla- (vo)
9. Si bien se comen las ma- (nos)
10. Por mostrar que son curio-. (sas)
Y como versos carolingios, octosílabos, la rima
(por asonancia desigual), queda así:

1, 4, 9; 2, 6, 10; 3, 8; 5; 7.

1. Y pues la experiencia ense- (ña)
2. Que el que a buen árbol se arri- (ma)
3. Buena sombra lo cobi-, (ja)
4. En Bejar tu buena estre- (lla)
5. Un árbol real te ofre- (ce)
6. Que da príncipes por fru-, (to)
7. En el cual florece un du- (que)
8. Que es nuevo Alejandro Ma-; (gno)
9. Llega a su sombra; que a osa- (do)
10. Favorece la fortu-. (na)

Y con rima asonante así:
1, 2,10; 3,4; 6, 8,9; 5,7.

De un noble hidalgo manche- (go)
Contarás las aventu-, (ras)
A quien ociosas lectu- (ras)
Trastornaron la cabe-: (za)
Damas, armas, caballe-, (ros)
Le provocaron de mo-, (do)
Que, cual Orlando furio-, (so)
Templando a lo enamora-, (do)
Alcanzó a fuerza de bra- (zos)
A dulcinea del Tobo-. (so)

Con rima asonante queda la rima así:

1, 6, 7, 8, 10; 2, 3; 4; 5, 9.

No indiscretos hieroglí- (fas)
Estampes en el escu- (do)
Que cuando es todo figu-, (ras)
Con ruines puntos se envi-. (dia)
Si en la dirección te humi-, (llas)
No dirá mofante algu-: (no)
“¡Qué don Álvaro de Lu-, (go)
qué Aníbal el de Carta-, (go)
qué rey Francisco de Espa- (ña)
se queja de la fortu-¡-“ (na)

Igual que las anteriores la rima queda así:

       1, 3, 5; 2, 6, 7, 8; 4; 9, 10.

1. Pues el cielo no le plu- (ga)
2. Que saliese tan ladi- (no)
3. Como el negro Juan Lati- (no)
4. Hablar latines rehu- (so)
5. No me despuntes de agu-, (jas)
6. Ni me alegues con filó-; (so)
7. Porque, torciendo la bo- (ca)
8. Dirá el que entiende la le-, (tra)
9. No un palmo de las ore-: (jas)
10 “¿Para qué conmigo flo-?” (res) 
La rima carolingia queda así:

1. 7; 2, 3; 4, 6; 5, 9; 8; 10.

1. No te metas en dibu-, (jos)
2. Ni en saber vidas aje-; (nas)
3. Que en lo que no va ni vie- (en)
4. Pasar de largo es cordu-. (ra)
5. Que suelen en caperu- (za)
6. Darle a los que grace-; (jan)
7. Más tú quémate las ce- (jas)
8. Sólo en cobrar buena fa-; (ma)
9. Que el que imprime neceda- (des)
10. Dalas a censo perpe-. (tuas) 
Estas quedan así:

1, 2, 7, 10; 3, 9; 4, 5, 8; 6

1. Advierte que es desti-, (no)
2. Siendo de vidrio el teja-, (do)
3. Tomar piedras en la ma- (no)
4. Para tirar al veci-. (no)
5. Deja que el hombre de jui- (cio)
6. En las obras que compo- (en)
7. Se vaya con pies de plo-; (mo)
8. Que el que saca a luz pape- (les)
9. Para entretener donce- (llas)
10. Escribe a tontas y a locas-. (cas) 
Estas están así: 1, 3, 4, 7; 2, 5; 6, 8; 9, 10.
Como se puede ver son rimas asonantes muy aproximadas, pero de todas formas desiguales y por lo tanto carolingias. En los versos de cabo roto, como pueden ver, se da la rima asonante, en las siete décimas, pero con igual frecuencia métrica en ambas: 1, 4, 5; 2, 3; 6, 7, 10; 8, 9.

Luego vienen las dos décimas dedicadas por el Donoso poeta entreverado, a Sancho Panza una, y a Rocinante la otra, sigue la misma estructura de mofa de la espinela. En cuanto a los contenidos, de unos se bufa y de otros hace gala de elogios; pues en el dedicado a Sancho, comenta y elogia a La Celestina (Tragicomedia de Calixto y Melibea), mientras que en el dedicado a Rocinante, las flores son para El Lazarillo. Y ya se puede caer en cuenta de los múltiples comentarios que se pueden colegir de las primeras siete décimas. Cervantes demuestra su destreza con sus décimas de elogio y crítica que juega con una especie de espinela a contrapique de la rima consonante de Espinel (claro, ésta con métrica de ocho sílabas).
Veamos:

B 
A Sancho Panza
(A Celestina)
1. Soy Sancho Panza escude- (ro)
2. Del manchego Don Quijo- (te)
3. Puse pie en polvoro-, (sa)
4. Por vivir a lo discre-; (to)
5. El tácito Villadie-, (go)
6. Toda su razón de esta- (do)
7. Cifró en una retira-, (da)
8. Según siente Celesti-, (na)
9. Libro, en mi opinión, divi-, (no)
10. Si encubriera más lo huma-. (no)
A Rocinante
A Lazarillo

1. Soy Rocinante el famo-, (so)
2. Bisnieto del gran Babie-; (ca)
3. Por pecados de flaque- (za)
4. Fui a poder de Don Quijo-; (te)
5. Parejas corrí a lo flo-; (jo)
6. Más por uña de caba- (llo)
7. No se me escapó ceba-; (da)
8. Que esto saqué a Lazari- (llo)
9. Cuando, para hurtar el vi-, (no)
10. Al cielo le di la pa-. (ga)
Tenemos que para la carolingia quedan así:

(La Celestina) 1, 4, 5. 6, 9, 10; 2; 3, 7, 8
Y (para la del Rocín): 1, 5, 6, 8, 9; 2, 3, 7, 10; 4.
Ahora, en el capítulo XXVI, aparecen tres décimas romance, producto de la traga de Don Quijote por Dulcinea. Para resaltar en estas décimas ver cómo Cervantes construye otra forma de distribución de la rima, con un condimento, un pie forzado que da la impresión de ser undécima y no décima. Por lo visto esta sería la décima quijotesca (pues si se mofa de las novelas de caballería ¿por qué no habría de hacerlo con las décimas?):

Juan Mares Poteas, Poeta y Escritor





martes, 17 de febrero de 2026

La Seguridad en Colombia

 

JOSELITO NO FUE EL ÚNICO QUE MURIÓ


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes



Aquí, en Colombia, parece difícil conservar la alegría sin que la empañe un hecho lamentable. Así lo demuestran los acontecimientos ocurridos en la ciudad de Barranquilla, donde, durante la celebración del Carnaval, fiesta popular considerada Patrimonio Nacional, se registraron más de diez homicidios.

Estos hechos me llevan a reflexionar sobre la carencia de seguridad y la desprotección del ciudadano, pues parece casi imposible llevar a cabo un magno evento, como lo son los carnavales, sin que la violencia irrumpa y lo ensombrezca.

Colombia debe guardar luto durante un tiempo prudente, en el que se promuevan congresos y estudios que giren en torno a la seguridad de los colombianos. Se hace necesario solicitar a los gobernantes argentinos los mecanismos y estrategias que ellos emplean para mantener una nación más segura. Argentina está considerada como una de las naciones más seguras de Latinoamérica.

Es urgente que Colombia sea sometida a un análisis riguroso y concienzudo en materia de seguridad.

Argentina, situada en América del Sur, enfrenta necesidades similares a las de Colombia. Sin embargo, aquí cualquier festividad termina derivando en hechos violentos. Un caso que causa estupor y asombro es la celebración del Día de las Madres, que paradójicamente deja como saldo numerosas muertes.

Colombia debería entrar en un periodo de duelo que se prolongue por algunos años, durante el cual las fiestas populares sean restringidas, si no prohibidas, mientras se restablece el orden y la convivencia.

Lo ocurrido en Barranquilla me ha dejado perplejo. Fueron muchos los fallecidos que, irónicamente, acompañaron «La muerte de Joselito».

Es hora de que el pueblo colombiano emprenda un profundo examen de conciencia antes de que terminemos por perder la cordura, esa condición que nos distingue de la irracionalidad y la barbarie.


viernes, 30 de enero de 2026

Sorbos Eternos

 LA AMISTAD: UN REFUGIO CONTRA EL OLVIDO

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


La amistad es el gran oasis en el sendero de las relaciones humanas. Puede extenderse también a los animales. Esta palabra, «amistad», proviene del latín amicitia, derivada de amicus, amigo.

Cuando logramos establecer una relación de hermandad, colmamos nuestro corazón con uno de los más grandes bienes que llegan a nosotros. Las aguas que bebemos de ese gran oasis son sorbos eternos que nos llenan de una alegría infinita.

La amistad, en algunos pueblos, está representada por un árbol frondoso, de hojas de un verde intenso por el exceso de clorofila, que nunca se marchitan. En sus ramas anidan aves con trinos de alegría que hacen olvidar las angustias. A él se acercan quienes buscan consuelo para mitigar la tristeza. En otros pueblos existe un santuario donde se rinde culto a la amistad. Hasta allí llegan quienes desean jurar eterna camaradería.

Hay un pueblo que posee una laguna de aguas cristalinas. La llaman la «Laguna de la Amistad». En ella se bañan los recién casados para hacer juramento de eterna concordia. A esa laguna llegan grandes romerías, donde se celebran ritos especiales y se hacen juramentos para mantener la paz con los pueblos vecinos. 
A esa laguna han llegado diversas comitivas provenientes del Vaticano, con el propósito de consagrarla y reconocerla como un sitio de devoción.

En el Día Mundial de la Amistad se celebran actos en su honor. Allí se reúnen, a solicitud de padrinos especiales, los seres que han tenido disgustos, con el fin de retomar el camino de una eterna paz y hermandad.

lunes, 26 de enero de 2026

En Honor de Aquellos Hombres Memorables

 

LANCERO DE GETSEMANÍ

* Por Juan V Gutiérrez Magallanes                                 


                                                               

       1                        

Soy lancero de Getsemaní,
mulato de mil etnias,
que no se puede confundir.
Llevo el mensaje de Romero
con arrojo y sin venias,
encarnando al ágil lancero.

En nombre de Pedro Romero,
revivamos la historia valerosa,
esa donde participó el lancero
con osadía y actitud honrosa.

De Elegguá tengo poderes
para abrir camino libertario;
de Vulcano, los quehaceres;
de los Piñeres, el ideario.

Soy lancero del callejón Angosto
y del Ancho tengo la valentía.
Ofrezco mi vida a duro costo
por la Independencia con osadía.

Lanceros de calle Lomba valerosa
y de Espíritu Santo con Media Luna,
que combatieron a la élite alevosa
con gran fuerza y decisión oportuna.

Lanceros del Pozo y Pedregal,
con valentía, honor y decoro,
exigieron comportamiento legal
sin desmedro ni ruin imploro.

Lanceros de Sierpe y Guerrero,
con gritos de Independencia,
acompañaron al Matancero
al acto de desobediencia.

Lanceros de Tripita y Media,
Maravilla, San Antonio y Arsenal:
¡no más opresión que nos asedia!
¡Exijamos ya Independencia total!

2

Lanceros de San Juan y Chancleta,
imitemos a los de Larga y Maravilla
en estrategia y singular treta,
a lo que igual haría José Padilla.

Soy lancero y me visto de africano
para recordar siempre ancestros relegados,
de aquellas etnias del hermano
que en la Independencia fueron olvidados.

Lanceros de significación historial
para la Independencia de Cartagena,
que debe estar en todo acto ferial,
sea de sol o noches de luna llena.

Lanceros que quedan instituidos
para las generaciones venideras,
en homenaje a honores restituidos
de getsemanicenses de viejas eras.

En recuerdo del Mayor Lancero,
bien lo hace Alejo, caballero,
con canto y troque de trombón,
al igual de su amigo Escandón.

Ellos son buenos getsemanicenses,
como los lanceros de la Magdalena,
que en chandés y cumbias platenses
escuchan a Remberto donde la Nena.

Lanceros, en cabildos se recuerdan,
con la reina Nilda a la cabeza,
en gestuales danzas que concuerdan
los antepasados de negra realeza.

Pedro Romero, Mayor Lancero,
a golpe de palmoteo y tambor,
hoy te brindamos un pebetero
para alumbrarte con esplendor.

3

Lanceros de Plaza de la Trinidad,
que hoy en Pedro se simbolizan,
son tocados por la cotidianidad
y con frituras los aromatizan.

Lanceros de Las Palmas,
con voces de fuerte razón,
invitan a todas las almas
al grito de la rebelión.

Los de Las Tortuga y Matuna
siguen a Pedro el Matancero;
con valor y sin duda alguna,
blanden el cortante acero.

Lanceros de Getsemaní
que se gestaron ayer,
para luchar en bien de ti,
lo cual debes reconocer.

No olvidaremos a Pedro Romero,
valiente lancero de lucha sincera;
cinceló igualdad a golpe de acero,
con fortaleza y lucha verdadera.

También Ignacio Muñoz Jaraba,
lancero de esmerado pundonor,
a Pedro Romero acompañaba
en la Independencia con valor.

Ya el doce, con satisfacción,
el Santo Oficio, en su delirio,
que actuaba en la Inquisición,
fue suprimido en su martirio.

Se acabaron los desacuerdos
con Mompós, la Valerosa;
en aras de buenos recuerdos,
combatieron la Imperiosa.

4

¡Oh, lanceros cantados por Zapata
y Artel en calles del viejo Arrabal,
donde la Independencia desata
el nudo que ataba al negro bozal!

Getsemaní, tierra de lanceros,
calles gloriosas y bullangueras,
vividas por artesanos y peloteros,
donde oír música bien quisiera.

Con los compases musicales de Betsabé
y la voz cantarina de Lucho Pérez Cedrón,
se tira un pase, ya de cumbia o mapalé,
en la Plaza del Pozo, en honor a Escandón.

*Juan V Gutiérrez Magallanes, Lancero 2009 de las Fiestas de Independencia del 11 de Noviembre 1811

domingo, 25 de enero de 2026

De Las Grandes Romerias

LA CANDELARIA:DEVOCIÓN, MEMORIA Y TRADICIÓN


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes



La cultura de los pueblos se forma a partir del aporte del individuo a las costumbres y tradiciones, así como a las formas de vida de las distintas etnias. La nuestra recoge el legado de los grupos humanos que llegaron a la ciudad y se integraron a las manifestaciones de la población originaria.

A la comunidad aborigen existente se sumó la cultura del conquistador español y, posteriormente, la de los pueblos provenientes de África. Un ejemplo de ello lo constituye la manera en que, en el Cerro de la Popa, se rendía adoración al dios Buziraco. Tras la destrucción de esta deidad y su arrojo por el sitio que dio nombre al «Salto del Cabrón», se estableció, mediante la cultura española, un santuario para rendir culto a la Virgen de las Candelas, la Santísima Virgen de la Candelaria, bajo la orientación de misioneros de la religión católica.

La susodicha Virgen se convirtió en la Patrona del pueblo cartagenero. En torno a ella se organizaron novenas que se iniciaban el 24 de enero y culminaban el 2 de febrero.

Grandes romerías acudían al Cerro de la Popa para rendir culto a la Virgen de la Candelaria. Los fieles llevaban figuras elaboradas por artesanos del oro, los plateros, conocidas como milagros. Sus formas dependían de la solicitud del devoto, de acuerdo con la sanidad implorada. Por ejemplo, si padecía un órgano enfermo, el milagro adoptaba la forma de dicho órgano. Recuerdo que mi madre llevaba uno en forma de pierna, por las afecciones sufridas en ellas.

Las romerías eran multitudinarias. Los cartageneros se preparaban desde los últimos días de enero. Se subía a pie por los caminos, algunos de fácil acceso y otros más difíciles, conocidos como los tramposos. Se cortaba una rama o «varita de chupa chupa» para flagelar el cuerpo como acto de penitencia. A lo largo de la ladera había ventas de caña dulce y, aquí y allá, pequeños altares improvisados.

Con nuestras madres salíamos al inicio de la noche, ya fuera el primero o el dos de febrero. Nos preparábamos para asistir a la procesión de la Virgen de la Candelaria. Paralelo a ello, existía una ferviente devoción por parte de los pescadores de la bahía. La cumbia era el ritmo que siempre se bailaba en homenaje a la Candelaria. Grandes bailes se organizaban en muchas casas del Pie de la Popa.

miércoles, 21 de enero de 2026

Narrativa La Calvaria


LA PASAJERA DEL TIEMPO

 

Por Gilberto García Mercado

 

A las dos de la tarde todo el pueblo duerme la siesta. Lengüetas de calor brotan del pavimento. Por el bulevar, la figura grotesca de Ángela se pasea de un lado a otro. En el semáforo de la esquina, limpia los parabrisas de los vehículos que esperan mientras la luz parpadea en rojo.
Desde hace algunos años, su sombra se tornó familiar para quienes se arriesgan a caminar por la zona. Algunos dicen que la mujer sufrió una desgracia en la vereda de donde es oriunda y no tuvo de otra: fue una más de los sin techo que, para no morirse de hambre, se dedicó a limpiar los parabrisas de los vehículos que se movilizan por el bulevar. Otros dicen que la ola de violencia que se enseñorea en los territorios acabó con su familia y que ella fue la única que escapó con vida.
Por los tiempos en que se estableció en la zona de maleza, a cinco calles del bulevar, su silueta ágil y grácil contribuyó a ser un bálsamo para los ojos, en un lugar donde destellos de luz clamaban por una esperanza. Yo por entonces frisaba los diez años y pude detenerme, con cierta sutileza y curiosidad, en su fisonomía de mujer.
Era una criatura sorprendentemente bella. Siempre iba ataviada con una blusa amarilla y una falda oscura que le daban una identidad propia. 
A los diez años apenas comienzan a explorarse los sentimientos y no pude entender qué pasaba con aquella desterrada que parecía ser un milagro del universo, menos aún con la que habitaba la casucha hecha de cartones y retazos de madera, más allá del bulevar. 
—Es hija de don Rigoberto Ramos —le escuché decir a un lugareño que ignoraba su procedencia—. Vive entre seda y glamour. 
En las muchas veces en que di con ella, me apartaba a un lado de la acera, solo para que aquella alma de otras latitudes, escoltada por su séquito de sombras invisibles, avanzara confiada y sin ningún tipo de contrariedad por la avenida. 
Ahora la mujer retoza despreocupada e indiferente por la acera. Sus cabellos son de plata, pero guardan la lozanía de cuando era joven y bella. Algunas arrugas surcan su cara, reflejando una decrepitud que amenaza con sepultarla. Ella, de roble y guayacán, prosigue con el pulso firme, frotando los parabrisas de los vehículos detenidos por lo rojo del semáforo. 
—Eres un terco y obstinado —me dijo un día en que la indagué para escribir unas notas sobre ella—. ¿Qué te puede interesar de mí? Soy la loca del pueblo. 
Al final no accedió. Fueron muchas las conversaciones que sostuve con ella. En mi juvenil y obstinado trasegar de la ciudad hasta el pueblo y, viceversa, luego de las vacaciones de fin de año, a mí me complacía, apenas llegaba a mi terruño, conocer de primera mano la veracidad de los hechos que ocurrían en la vereda, como si experimentara el paso a paso de lo acontecido por aquellas calles, los detalles y las escenas, solo si me los contaba con la exquisita modulación de su voz la bella y singular Ángela. 
Entonces aún estaba en sus cabales, pese al frío soterrado de su espíritu. Sonreía con dificultad, pues en vez de felicidad, en su rostro afloraban algunas lágrimas furtivas, fruto del sufrimiento de toda una vida. La nieve de la nostalgia no tuvo contemplación alguna con su integridad. Sus ropajes, por los cuales algunos lugareños en otro tiempo hubieran dado la vida, fueron pulverizados por el tiempo, olvidándose incluso en los recuerdos más anclados y reticentes. 
Por diciembre yo volví a la población. El autobús trepidaba como si, en vez del asfalto, devorara el aire. El paisaje, en otro tiempo henchido de verdosidad, reflejaba sombras irregulares y grotescas. El paraje y la atmósfera estaban untados de una niebla gris. Sin ser muy perspicaz, se podía colegir que había luto en la región. El viento, la vegetación y todo alrededor lloraban por alguien. Un ser clandestino en alguna parte había dejado de existir…
Eran las tres de la tarde cuando el autobús me dejó en la estación. La sala en donde otras veces me esperaba alguien de la familia se hallaba vacía. Como la atmósfera parecía poder tropezarse con el cuerpo, esta condición de población aislada y a la deriva me hizo corroborar que algo extemporáneo estaba ocurriendo en el pueblo. La tarde pesaba sobre los hombros, la respiración se dificultaba. Ya imaginaba lo peor: que era el único habitante sobre la faz de la tierra, cuando, de repente, por una esquina de la estación asomó el rostro menudo y trigueño, rebosante de juventud, de mi hermano menor, Nicolás. 
—Casi que no llego —me dijo con la voz quebrada por el dolor—. Todos, ensimismados y sollozando, marchan en gran romería hacia el cementerio. La gente llora y no sabe qué hacer. Algunos se jalan de los cabellos, otros se hieren y se pellizcan porque creen que es un sueño y quieren despertar de él. El comandante de la policía ha tomado medidas, pues algunos han amenazado con arrojarse a los acantilados. El pueblo está demente… 
Ángela murió de vieja. Fue el amor no correspondido de la gente del pueblo. Ante su negativa de corresponderle a un príncipe azul, los enamorados, para no morir de dolor, terminaron por aceptar las migajas de su amor: observarla con devoción y cariño, a cinco cuadras del bulevar, donde habitaba en su palacio hecho de cartón y retazos de madera. 
Fue la pasajera del tiempo que nunca supimos de dónde vino. Alguien propuso erigir una efigie de Ángela, con unas lágrimas furtivas deslizándose por sus mejillas.

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Hojas Extraviadas

El Anciano Detrás Del Cristal Por Gilberto García Mercado   Habíamos pasado por allí y, no nos habíamos dado cuenta. Era un camino con árbol...