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miércoles, 14 de julio de 2021

El Tours Turístico Comienza Por Bazurto

«UN MULADAR PARA SERES HUMANOS
PARA EXPENDER LOS ALIMENTOS»
 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

Cartagena de Indias como toda ciudad indaga en lo malo y noble del ciudadano. Urbe colmada de contradicciones, paradojas y múltiples aspectos que la dejan ver como acabada de salir de una guerra, eso en cuando a lo físico, porque en cuanto a lo axiológico nos embarga un extremado pesar por la actitud de sus gobernantes.

Se hace aprovechable, tocar el tema en lo referente a la “autoestima” (según Raúl Paniagua), se nos presenta una urbe colmada de contrahechos y acciones de miserias propias de las ciudades ubicadas en los últimos peldaños de la escala animal.

Hay un escenario vergonzoso e inmundo, y es el que se nos presenta en el Mercado de Bazurto, donde se captan olores nauseabundos que no tienen nada que envidiarle a un estercolero. Ese lugar no corresponde al sitio donde se expenden productos alimenticios. Se percibe una atmósfera pesada, constantemente al transeúnte le llegan oleadas de calor, se respira el vapor de la cadaverina untándose a los productos que el cartagenero ha de consumir.

Son muchos los cuadros que va presentando la ciudad a través del recorrido que se hace por sus calles. Sucesión de imágenes lastimosas que se van observando desde los inicios del Pie de la Popa hasta llegar a la entrada del Colegio Biffi y el Socorro.

El Centro de Cartagena, colmado de casas viejas, monumentos amenazantes de muerte, compite con los cincuenta o más huecos de las pocas calles de la Noble Ciudad, exhalando por siempre los olores de las aguas servidas desbordadas.

Ahora con la Pandemia, Cartagena da muestra del final del arrasamiento producido por el “Exterminador Pablo Morillo”, la soledad acumula la dejadez y al mismo tiempo la tristeza de una urbe que paradójicamente se nos muestra ante el mundo como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.

Una ciudad al borde de la desolación y la ruina, constantemente envuelta en las discusiones bizantinas cuando se abordan las obras que se necesitan realizar para evitar que el embate del mar borre a la ciudad, como tal, a esa dejada por los españoles al cuidado de los criollos, descendientes que no han sabido conservarla, todos sus gobernantes concentrados en un egoísmo extremo, como se aprecia en un Concejo Municipal, caracterizado por las rebatiñas al momento de la repartición de las diferentes partidas que deben ser aplicadas para el mantenimiento de la Heroica.

La dignidad del cartagenero se halla por los suelos, con la mayoría de las escuelas destartaladas, que son un peligro para la salud de los niños e inclusive para los mismos maestros. ¿Cómo es posible que estén tratando de enviar a los niños a colegios sin los servicios sanitarios y sin los bebederos de agua correspondientes? ¿Será que habrá de volver a aquella concepción de antaño de utilizar el arroyo para tomar el líquido? ¿De utilizar el Monte para la realización de las necesidades fisiológicas?

Cartagena de Indias, una ciudad que tiende a convertirse en un Atolón, para llorar en el mar.
Juan V Gutiérrez M





lunes, 5 de julio de 2021

Narrativa Colombiana

 MÁS ALLÁ DE UNA LÍNEA DIVISORIA


CAPÍTULO  1


Al niño Simón Andrade le hubiera gustado confrontar su vida de niño con la del Simón Andrade adulto pudriéndose en una cárcel de Segovia. Caminaba entonces por las calles sin imaginar siquiera que en alguna esquina, algún ser maquiavélico y, agazapado, confundido entre las bondades de la gente, preparaba argucias y estratagemas para que con el tiempo el destino lo llevara a aquella cárcel de Segovia. Si se le permitiera viajar en el tiempo, de niño a adulto y viceversa, no se detendría ante la figura altiva y agraciada de María Eugenia. Tampoco hubiera correspondido a su saludo, a sus coqueterías y aquellos gestos que dejaban idiotizado a quien se dejara llevar por las singularidades de su belleza. No, no le hubiera prestado atención al parpádeo de sus ojos verde oliva, ni a la boca que se abría con una incitación al beso en una niña de doce años.

Al Simón Andrade adulto le hubiera gustado deshacer su niñez, que no hubiera tenido infancia. Que sus ojos nunca hubieran contemplado las brisas de agosto, retozando por entre la vegetación y sembradíos, en las afueras del pueblo. Quizás así no estuviera pudriéndose sin remedio en esa cárcel de Segovia. Sólo habría que cortar ese hilo invisible que separa una etapa de otra, entre niño y adulto, y hubiera sido feliz. Pero el encanto de María Eugenia lo zarandeó, lo subyugó de tal manera que sus pensamientos sólo tenían una protagonista para todos sus escenarios de vida: María Eugenia.

—¿Me llevas a conocer el pueblo?—le dijo la joven que con su familia acababa de mudarse en la casa de enfrente.

—Cuando tú quieras—respondió el niño Simón Andrade desbordado en entusiasmo—No sabes cómo me complacería hacerlo.

Porque era imposible un «no» como respuesta a la dulzura con que hablaba la chiquilla. Su figura de ángel y, su belleza particular terminarían por deslumbrar no sólo al Simón Andrade niño, sino a cualquiera de los muchachos que se atravesaran en el camino, con obstáculos y dificultades, de María Eugenia.

Esa dualidad, esa condición de volver el mundo atrás y, desertar de las maldades de una criatura con otro rostro a veces, tienen al Simón Andrade adulto a punto de volarse la tapa de los sesos, con el arma del dolor que implica detenerse en el recuerdo y, contemplar a María Eugenia, exánime en el ataúd, pálida y sombría, con los últimos vestigios de belleza en el cuerpo, que se irán apagando con la sucesión de las horas. Entonces hay un dolor en el niño y el adulto, la cárcel de Segovia se torna triste, las lágrimas brotan con cada imagen de María Eugenia, en la memoria del asesino. La maldad a veces se disfraza de mujer, pero el niño Simón Andrade por su condición de niño, lo ignoraba. Ella lo fue moldeando, lo fue sujetando a sus faldas, a sus decisiones de joven bella.

—No seas tímido, muchacho—expresó María Eugenia algo sorprendida—Saca esos prejuicios de tu cabeza.

Entonces todo lo erigido por nuestros ancestros, en Segovia, esta muchacha oriunda quién sabe de dónde, de algún modo lo revertió, hasta el punto que el pueblo no se reconocería a sí mismo. Perdimos el temor por las cosas más elementales de la existencia y, que, de una u otra forma habían garantizado la permanencia de la especie humana sobre el planeta. Relegamos la verdad de nuestras vidas, la mentira alcanzó un nivel que desbordó mares y océanos, hasta el punto que erradicó miedos y sentimientos de culpa, que hasta el momento habían gobernado en el pueblo. Nadie respetaba a sus mayores, la violencia se tomaba las calles y, un delito desconocido en otro tiempo reciente, afloró con sorna.

En la penitenciaría Simón Andrade guardaba particulares recuerdos de aquellos años. De gente inocente, desalmada y, oportunista intentando acomodarse a los designios de Dios y del Gobierno, en una sospechosa alianza que con los años redundaría en una total degradación y maledicencia de Segovia. Nadie pareció advertir algún indicio de alarma en la sonrisa de los aventureros que saludaban con una mano en el ala del sombrero y, para nada les interesaba aquel pueblo olvidado de la periferia. Al Simón Andrade adulto los días no le trajeron sino la persistencia de una culpa. No había sido fácil su periodo de reclusión. Al principio lo destinaron a campos de trabajos forzados, pero el director de la prisión viendo su disposición de mediador entre los internos más peligrosos y, los guardas de la penitenciaría, lo destinó a una labor esencial y prioritaria: «Bajarle los humos a los internos».

Comenzó predispuesto a que en el intento algún interno lo matara de un golpe en la cabeza y, acabara con su sufrimiento, de ver transcurrir los días sin poder mirar a los ojos a María Eugenia.

—¿Por qué no educa a los presidiarios?—le propuso Don Omar Gil, el director de la cárcel, una tarde de agosto bastante calurosa—A cambio puedo facilitarle las cosas en la prisión.

Y como en la proposición empeñara su palabra, el director al día siguiente se le apareció con un cargamento de libros de literatura, recordando que en el «prontuario» criminal del asesino la lectura y la escritura figuraban como algo tan particular que hasta había publicado un libro de cuentos olvidado en alguna gaveta.

«Todo está en su prontuario», repitió en tono cansado el director.

El tener al alcance de la mano tantos libros para leer hubiera significado, en otra ocasión para el convicto, tal agradecimiento que hasta hubiera agarrado a besos y abrazos a Don Omar Gil por tan bondadosa iniciativa.

Se quedó, en cambio, midiendo con los ojos el espacio de la celda de arriba abajo, como si acabara de pronunciar la frase, «aquí no hay sitio para sus libros, lléveselos por donde vino». El hecho de haber asesinado a María Eugenia, en una noche de pasiones y arrebatos, también lo había asesinado a él, con la diferencia de que Simón Andrade estaba vivo y, sufría la laceración del alma y, la mujer quizás divirtiéndose con sus amantes en la otra vida.

Los días transcurrían parsimoniosos, ocho años de la cadena perpetua y, todo seguía como al principio. Ocho años de estar asesinando, sin tregua, a la mujer cada día, y el Simón Andrade adulto pudriéndose en esa cárcel de Segovia.

A veces creía haber desterrado el sufrimiento, con la salida a los campos de trabajos forzados y, la broma entre los reclusos y, hasta asomaba en el rostro severo por el encierro una sonrisa ingenua y espontánea, que traducía, «!Afuera el dolor!». Pero, por una u otra circunstancia al recordar a María Eugenia, la pena regresaba, ahora más pesada y doblegándolo.

Entonces quiso transformarse en el mejor amigo de todos, consiguió que sus compañeros le escucharan, pero el dolor no daba tregua, continuaba lacerándole el alma. Algunas veces, y como último recurso admitió la idea descabellada del suicidio.

Consideró luego de intentarlo una y otra vez, pelearse con algún recluso para que hiciera el favor de matarle.

Gilberto García M
Una vez propició una reyerta atacando a tres individuos que fungían como los jefes de los presos del Bloque Sur y, si los guardas no reaccionan a tiempo, Simón Andrade hubiera pasado a mejor vida.
Permaneció siete días en la enfermería, entre triste y alegre, pues advirtió que desde que había asesinado a María Eugenia, en aquellos eternos ocho años, sólo había sido feliz los instantes en que permaneció sin conocimiento alguno y, a punto de morir en la unidad de cuidados intensivos de la penitenciaría. El doctor Salgado lo miraba con el rabillo del ojo, a través de sus espejuelos oscuros, señal premonitoria de que la muerte pronto se ensañaría contra el reclusorio.

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domingo, 27 de junio de 2021

Ciudad Sufrida y Doblegada

«EL CRIOLLO QUEDÓ MARCADO EN SUS GENES POR LOS
PROTOCOLOS  DE LOS  REINADOS Y MARQUESADOS»


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


En un principio la ciudad hacía parte de un archipiélago, sólo se comunicaban los diferentes islotes a través de pequeñas canoas, y parecía que la vida estaba más acorde con la tranquilidad de sus habitantes. Aquella calma fue interrumpida por la llegada de los españoles, los cuales buscaron formas de comunicar los islotes, construyendo puentes y plataformas que facilitaban el desplazamiento de las carretas y los caballos.

Los españoles insistieron en la creación de los puentes, idea forjada en la mente de los criollos, quienes nunca han dejado de pensar como sus ascendientes españoles, una concepción forjada en la relación de Feudal a Siervo o de Encomendero a Encomendado, dicha relación se ha mantenido muy a pesar de los llamados Gritos de la Independencia. En conclusión, el criollo quedó marcado en sus genes por los protocolos de los reinados y marquesados. En Cartagena de Indias, en sus barrios se encuentran calles con nombres de la Realeza: Calle Real del Espinal, Calle Real del Cabrero, Calle Real de Manga, Calle Real de Chambacú , etc.

La ciudad es una plañidera en silencio, por la pérdida de su condición de Isla, lo que se observa en la destrucción de sus puentes, una situación que se ha acentuado en los últimos años del siglo XXI.

Parece que la dejadez de los gobernantes, fuera a propósito, pero lo que sucede es que los funcionarios no son conscientes del papel que juegan en los deseos de la ciudad, volver a su condición de isla y quedar como un «Atolón» en medio de la bahía. La ciudad no quiere continuar siendo una Urbe, por eso contemplamos cómo se desploman sus calles, cuando se levantan enchapes y se abren alcantarillas, entonces se agudizan las discusiones bizantinas para realizar un proyecto en bien de Cartagena. Se observa la inconformidad y el desacuerdo entre el Alcalde y el Concejo. Son «ignorantes» ante cómo la ciudad anhela simplemente volver a ser isla, lo podemos observar en las casas coloniales que se van destruyendo ante la desidia de sus gobernantes, inclusive, las murallas con sus baluartes tienden a perder su verticalidad .

Cartagena de Indias, parece que estuviera llamada a terminar como un «Atolón». (Pero todo esto es un mal sueño generado por los «criollos españolizados») .

 

Juan V. Gutierrez M


 



 

 

«De la serrezuela sin discordia
cruzo paz y concordia, llegando a la Avenida Venezuela,
muy rápido y agitado correntón
saludo a los Mártires del Camellón,
Doy gritos a la carga y entro a la Calle Larga,
Hago un gran alto en recuerdo del Teatro Rialto,
Aflora en mi mente la Cueva de Villa y la asocio con el Padilla,
Con recuerdo y mucho gozo miro la Plaza del Pozo
en busca de un sabroso pastel, para inspirarme en un poema de Artel,
Aunque hoy no está aquí, es originario de Getsemaní,
adornadas con bellas macetas, está la Calle de las Chancletas,
Se oyen boleros de Los Panchos, llegando la melodía hasta el Callejón Ancho,
Las fritangueras en buena venta hacen su agosto, con los olores que llegan
hasta el Callejón Angosto,
Todo en este barrio es ecuanimidad y se ve en la Plaza de la Trinidad
En ella se abren cinco calles con nombre verdadero:
San Antonio, La Sierpe, el Pozo, Carretero y Guerrero,
Los sirio-libaneses en busca de fortuna, se fincaron en la Media Luna,
Con la esquina de la Maravilla y el Espíritu Santo, todo fue flor y canto
como lo recuerdas tú, en la voz de Remberto Brú.
Sin olvidar a Rincón Guapo en su altanera Tromba
que aromatizaba y alegraba a la Calle Lomba.
Eran los Vargas, Caballero y Barboza, quienes vivían allí
Con gentileza y mucha zalamería se divertían,
Ahora Pedro Julio le canta por todos sus rincones
Sin olvidar a Betzabé y a Lucho Pérez en los alegres sones
»
.





sábado, 19 de junio de 2021

#SueñosdeGloria

EL BOXEADOR OLVIDADO


Por Gilberto García Mercado


Al final de la calle aún se levanta el bar de mala muerte con su fachada de miseria y olvido. En otro tiempo el lugar albergó celebridades, personajes y figuras públicas que en sus oficios y carreras brillaban con luz propia y venían a festejar sus enhorabuenas, aquí. Pero eran aquellos otros tiempos. La efervescencia de una sociedad colombiana creciendo a la sombra de los cultivos de coca, de emporios económicos que de la noche a la mañana se erigieron en grandes negocios, donde administradores y empleados recibían a sus clientes con una indiferencia hermética y asombrosa. Más tarde alguien me diría que a los mencionados fulanos lo que les interesaba era lavar los dólares del narcotráfico.

Pues bien, el bar de mala muerte tuvo su mejor esplendor por esos años, una generación que andaba perdida entre perjuicios y malas decisiones venía en busca de su redención, aquí, en la medida que la sucesión de los gobiernos azuzados por la comunidad internacional atacaban y desarticulaban a los carteles de la droga, el bar de mala muerte fue palideciendo derivando en lo que es hoy ante la vista de todo el mundo: una construcción en ruinas, triste y sin dignidad.

Los que no vivieron la época de don Pablo Escobar difícil entenderán los alcances y pormenores de ese capítulo convulso que marcó para siempre a los coterráneos de este país. Incluso, algunos dirán que jamás existió, ¡pero ese no es el punto que se quiere abordar en estas cuartillas de deserción y olvido, no! Porque hay un individuo que fue amo y señor en aquellas instalaciones majestuosas, que tenía tanto dinero que no sabía qué hacer con él. Era ya costumbre que «El Campeón», a quien comenzaron a llamar así en vez de su nombre, a partir de que noqueara en franca lid al número uno del mundo en su categoría, finalizara la celebración por la victoria en las instalaciones del augusto y grandioso bar.

Todos bebían a expensas del deportista, las parrandas se extendían hasta el amanecer. El boxeador se hacía acompañar de mujeres hermosas envueltas en vestiduras doradas, cualquier acción que alguien emprendiera en beneficio de nuestro personaje era recompensado con grandes fajos de billetes de alta denominación. Y como casi siempre ocurría luego de una victoria en el ensogado, a la sublime conmemoración se sumaban los extraños dignatarios de la época, hombres ceñudos, vestidos con las mejores marcas, cruzados sus pechos con largas y gruesas cadenas de oro puro.

«¡El gasto corre por nuestra cuenta!», exclamaban los dignatarios, «¡Es nuestro regalo por la victoria!».

Y como los momentos no son para siempre, se van desvaneciendo imperceptibles, poco a poco los años y los golpes fueron minando la humanidad de «El Campeón». El país fue entrando en distintas fases con cada Presidente que llegaba al poder, y aunque el boxeador se negaba aceptar la realidad, un día bastante aciago para su carrera, un joven que le hacía recordar sus inicios, rebosante de ágiles movimientos logró asestarle en pleno mentón un golpe que llevaba dinamita pura, noqueándole en el acto, y, convirtiendo al otro, al aspirante que era su otro yo en alguna parte, en el campeón mundial indiscutible de su categoría.

Ese día la celebración se llevó a cabo en el bar de otro país, la gente se embriagó a expensas del nuevo campeón, otros semblantes iniciaron la ceremonia de pagar el vino y licor de importación que habían ingerido, mientras que él, el cuerpo adolorido por la golpiza, despertó en la cama mugrosa de un hospital de extramuros adonde lo habían llevado y, en el tiempo que permaneció adaptándose a la nueva realidad, nadie entró para siquiera consolarlo sobre la derrota y, como nunca había sucedido, esa vez el hospital no fue embestido por los periodistas.

El bar de mala muerte está a punto de derrumbarse. Desde hace años, sobre el muro del umbral hay un aviso que también ha cedido a los embates del tiempo, entre una caligrafía borrosa y trémula se alcanza a leer: «Se vende la propiedad, informes al teléfono….»

Gilberto García M
Los transeúntes en su recorrido poco a poco se han ido olvidando de la sombría construcción. Cuando las cosas inician su camino hacia su desaparición lo hacen con sutiles movimientos que jamás se miran ni perciben. El café de mala muerte, que un día fuera el foco de reunión de la otrora frívola sociedad del país, poco a poco fue cayendo en el olvido, hoy nadie se acuerda de él, la lluvia y el viento terminaron por borrar aquel aviso en el umbral que era un esbozo, una tímida rogatoria hacia su salvación. En el lote brumoso sobre el cual algún día se alzara el bar de mala muerte, abunda la humedad y una soledad que asusta. Se ha corrido la voz de que en el lugar habitan los fantasmas de una generación perdida. La historia con su yugo de olvido y supresión derrotaron los sueños de gloria del pugilista. Nadie lo volvió a ver por allí, algunos afirman que el pobre hombre murió por la pena. Otros que se fue a pasar sus últimos días de destierro y olvido a una clínica psiquiátrica.
 
No falta el curioso que afirme ver entre las sombras de la noche a una figura alta y encorvada, golpeando una pera y exclamando:

―¡Yo soy el campeón, el glorioso campeón!  
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lunes, 14 de junio de 2021

#SueñosdeGloria

 EL ÚLTIMO ADIÓS


Por Gilberto García Mercado

  


En el autobús fue donde contemplé a Fermina Cáceres. Llevaba el cabello sobre los hombros y en su mirada parecía descansar definitivamente el amor. Fue la primera y última vez que la vi. Aunque hablaba despacio y con moderación parecía que la venía escuchando desde hacía años. Al menos así me lo pareció. Me sedujo su figura delgada, sus dientes blanquisimos y el olor a sándalo que despedía su cuerpo con cada movimiento que hacía para acompañar sus palabras, en el sillón de al lado. Mientras duró el viaje, entendí, que la joven venía a la capital en busca de un mejor destino, de un universo en donde ella tuviera grandes posibilidades de triunfar.

«Quiero estudiar modelaje», me dijo abriendo desmesuradamente sus ojos negros, «Desde pequeña, ha sido mi más grande obsesión».

La joven podía tener unos veinte años. Además de bella y bien plantada, a través de su voz pude adivinar un apego exquisito por la cultura, se notaba en la chiquilla un sendero en donde la luz brillaba con singular perpetuidad.

«Debe de ser un ángel extraviado en estas latitudes», me dije abandonándome en las aguas turbias del amor.

Ella habló de todo, de libros, de cultura general, de civilizaciones, de Francia, de los alemanes, de los griegos, en el autobús la mayoría de sus ocupantes eran estudiantes que retornaban a Cartagena de Indias a retomar sus estudios en escuelas y universidades.

Con la euforia propia de la edad anhelaba que Fermina Cáceres se dignara pedir el número de mi móvil y no me condenara al fracaso de una relación truncada por no solicitar un bendito numero de celular. Y no era porque el hombre, por su condición de individuo forjado por Dios no tomara la delantera de amablemente y cortés solicitar el número telefónico de una mujer, es que el momento no daba ocasión porque ante mí, como melodía celestial se hallaba hablando Fermina Cáceres. Otra voz no podía acallar la solemnidad del momento por mucho que alguien quisiera refutar o celebrar sus palabras...

Volví en mí, recuperé la lucidez de mi vida cuando la chiquilla pidió al conductor que la dejara en algún lugar de la Avenida Pedro de Heredia. El cielo se insinuaba diáfano y la mañana de hinojos se inclinaba ante febrero. Fermina Cáceres descendió del vehículo, sentí como si una parte de mi se me desprendiera con su partida. La vi abordar un taxi y perderse para siempre por las calles de la urbe en medio de la canícula  abrasante de la mañana de febrero. En ningún momento de su recorrido, la hermosa joven se dignó mirar hacia atrás y alzar el brazo despidiéndose de los jóvenes del autobús a quienes desde ese instante ella condenaba para siempre.

De ese hecho circunstancial sobreviven los recuerdos. Es como si la mente preparara en todo tiempo o lugar, una fisura exclusiva para Fermina Cáceres. La busqué como loco por toda la ciudad, me engañé creyendo ver en otros cuerpos esculturales la figura de la mujer. Hasta contraté a un investigador privado para que diera con el paradero de Fermina. El pobre tipo dijo que renunciaba ante la negativa de los resultados y mi obsesión enfermiza por localizar a la mujer.
 
«!No existe!», exclamó el detective, «¡Fermina solo vive en su cabeza!».

Al final se aprende a convivir con esas imágenes por siempre. Hasta creo que disfruto soñando con las escenas del pasado cuando tomo el autobús de regreso a la ciudad. Sí, se suben muchas chiquillas encantadoras como Fermina Cáceres, pero su conversación no es la misma, se halla exenta de sus sueños, de querer ser modelo contra viento y marea. 
No se qué habrá sido de ella en todos estos años. He querido exorcizar las escenas del ayer para que la imagen de la mujer sea relegada al olvido. A veces tomo el autobús y me siento al lado de una anciana que con gran donaire y amabilidad me sonríe con dulzura.

―¿Y adónde se dirige mi señora?―aventuro la frase.

―Voy a una conferencia sobre modas―reitera la dama.

No creo que sea casualidad que tenga a Fermina Cáceres después de tantos años a mi lado. La miro de soslayo tratando de descubrir en sus facciones solemnes la figura menuda y grácil de la chiquilla de antes.

―¿Es usted por casualidad Fermina Cáceres?―pregunto.

―Sí―manifiesta la anciana¿Me conoces de algo?

―He escuchado hablar de usted…

―Tengo una escuela de modelaje y hoy hacen un homenaje a mi vida y obra―manifiesta la mujer.

Gilberto García M
Y es como si la estuviera viendo cuarenta años después. Me dice que tiene algunas entradas para el evento y que le agradaría mucho verme entre los invitados. Se esfuerza en que acepte la invitación, habla con propiedad, me toma de la mano y la pone a la altura de su corazón. «¡Por favor, ven a la celebración!», exclama angustiada la dama. El autobús se detiene en la parada, yo desciendo imperturbable mientras la mujer balbucea un, «llámame, cariño». La ciudad es otra en octubre, tal parece que la lluvia de la mañana hubiera transformado los rostros austeros y miserables. Mientras avanzo no me digno mirar atrás, en casa me esperan mi mujer y mis hijos.
 
Imagen de klimkin en PixabayImagen de Hands off my tags! Michael Gaida en Pixabay 

sábado, 12 de junio de 2021

Oda Por Un Perro Tierno

«LOS NIÑOS ESTÁN TRISTES POR LA MUERTE DE MANOLO»


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

Manolo, un perro que por su ternura y tolerancia trascendió la escala animal para ubicarse como un Anibien, sobre su piel se anidaba la ternura dejada por las huellas de las manos de los niños que lo tocaban para sellar pactos de amistad indelebles que se renovaban con los encuentros de otros tiempos.

Ha muerto Manolo, rodeado por el afecto de los que conocían el pensamiento de aquel noble Anibien, porque él sabía clasificar a las personas que se le acercaban y les hablaba con palabras diáfanas y claras en el idioma de los niños, él era un niño grande que utilizaba el trueno en su voz para los desconocidos que no mostraban el afecto que él esperaba, pero Manolo caminaba en el sendero del respeto, y es por esto que muchas veces la maestra que lo acariciaba, lo recomendaba como un símbolo de respeto y de confraternidad.

La muerte de Manolo, entristece a los niños, en especial a aquellos que impusieron sus manos sobre su lomo dorado, lo hacían y sentían las vibraciones de la amistad, los niños lanzaban exclamaciones de alegría y comunicaban haber quedado protegidos por la fortaleza de Manolo.

Manolo, tenía la sabiduría de viejos ermitaños, que sabían hacer del sueño un tiempo para concentrarse en la amistad y la tolerancia. Manolo, encarnaba la esperanza del hombre colombiano que necesitamos para una noble convivencia de fraternidad, que nos convierta también en seres Anibienes, seres que sólo saben hacer el bien para brindarle alegría a la naturaleza.


Réquiem Por el Poeta

«JOSE RAMÓN MERCADO: UNA CANCIÓN HERÁLDICA
QUE FLORECE EN LA MENTE DE SUS AMIGOS»

 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

Hay dolor inmenso por la muerte del poeta José Ramón Mercado, era un hombre que sabía tejer las palabras para agradecerle a la tierra y a Dios por el bien de la vida. Sentía un grande amor por la Sabana que lo acunó y le permitió beber de las lecciones de su maestra Pacha y la paciencia de sus profesores que lo hacían declamar con la fruición espiritual del poeta que se quiere formar con el don de la palabra.

Nació en Naranjal (1937), caserío del Municipio de Ovejas. Fue bachiller del Liceo de Bolívar de Cartagena, formó parte de la Promoción de 1958, en una pléyade de bachilleres, como Rafael Romero, Hernando Gutiérrez Ruderico Trujillo, Orlando Vásquez, Belzon López, Lácydes Cortés, Carlos Villalba, Julio Mogollón, Gabriel Jiménez y muchos otros.

Narrador, poeta y gran conversador, dramaturgo y director de Teatro. “Todos sus compañeros llevarían cincelado el recuerdo de la recitación de José Ramón Mercado”. Egresado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Libre de Colombia, en la que obtuvo el título de licenciado. Durante veinticinco años fue rector del Colegio Inem de Cartagena, desde donde desarrolló una invaluable labor en pro de la educación, la investigación y la cultura de los estudiantes. Sus poemas hacen parte de antologías de poetas nacionales e internacionales.

EL POETA DEL AGUA ERÓTICA Y AGUA DEL TIEMPO MUERTO

Es autor de los poemarios “El cielo que me tienes prometido”, “No solo poemas”, Agua de Alondra”, “Agua del tiempo muerto”, “Retrato del Guerrero”, “El baile de los bastardos”, “Árbol de Leva”, “La Noche del Nocaut”, “Veinte poemas eróticos y una canción sosegada”, “Los días de la ciudad” (2004), “Agua Erótica” (2005) y La casa entre los árboles (2006).

En 1974 recibió el Premio Nacional de Cuento con “Las Mismas Historias”, obra escrita con su hermano Jairo. Obtuvo mención en el Concurso de Cuentos Biblioteca “Gabriel Turbay” de Bucaramanga. Primer puesto en el Concurso Nacional de Cuentos de la Universidad Sur colombiana, en Neiva, 1975. Mención en 1976 en el Concurso Casa de las Américas en la Habana, Cuba, modalidad poesía. Ha sido incluido en varias antologías de bardos colombianos. Fue elegido como el mejor Poeta Nacional en el concurso organizado por la Casa de Poesía Silva. Se desempeñó como Fiscal, Vocal y Vicepresidente de la Asociación de Escritores de la Costa.

Entre su producción cuentística citamos “Perros de Presa”,“Las mismas historias”, “La Casa del Conde”. Son de reciente aparición su primera novela “Vuelamasquelviento”.

En los últimos años venía trabajando en dos o tres libros de cuento y, en La Mula, una novela corta que estaba a punto de culminar. Narró en El Taller Ingermina del maestro Joce G Daniels G algunos textos de su libro de cuentos cortos Buchipluma No más que estaba pronto a publicar.

José Ramón, un poeta que amaba la vida y la encontraba en cada palabra que oraba para alegría de sus amigos, y así lo hizo en su última obra: La Anatomía del Regreso, una antología en la que recoge lo sembrado durante cincuenta años de indagación poética. En esa obra monumental cita con extremada fraternidad a sus amigos, los va reseñando en cada poema con una visión profética.

Ahora cuando José Ramón ha muerto por última vez, lleva en su alma una canción Heráldica para que florezca en la mente de todos sus amigos.
José Ramón Mercado, El Poeta









sábado, 5 de junio de 2021

La Sed En Colombia

 A ORILLAS DE UN RÍO:  SEDIENTO MUERE UN PUEBLO COLOMBIANO


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes



Colombia posee un territorio con más de ciento quince ríos, entre estos se cuenta el hecho de tener riberas en el río más caudaloso del mundo: el Amazonas. Sin embargo, encontramos pueblos que agonizan por la falta de un acueducto, como le ocurre a San Juan y San Jacinto, Tierra Bomba y muchos otros pueblos que se hallan a la ribera de un río.

«Un caso lo aprecié en la población de Magangué, donde una iguana en un parque se moría de sed».

Colombia es un país bello que padece las paradojas más alarmantes: a diario vemos morir de hambre a niños, sobre un suelo que tiene las minas de carbón más grandes de América (Guajira).

Son inconcebibles las situaciones lamentables que se presentan en Colombia, un país con la mayor biodiversidad del mundo, donde el hombre podría vivir tranquilo aplicando la reciprocidad con la naturaleza, como lo han hecho los Arhuacos.

En Colombia se hace difícil encargar a una familia el programa PAE (Programa de Alimentación Escolar), porque no garantiza honestidad para la gerencia del Proyecto. «10,8 % de los niños y niñas menores de 5 años sufren desnutrición. De acuerdo con un informe realizado por la Gran Alianza por la Nutrición en la que se encuentran la ANDI, Banco de Alimentos y Alimentando Sueños, entre otros que buscan luchar contra la malnutrición».

«Las cifras más recientes son de tal gravedad que el 54,2 % de los hogares en Colombia presentan inseguridad alimentaria con mayor impacto en Chocó, Sucre, Vichada, la Guajira y Putumayo».

En el informe se establece que los menores de 18 años se alimentan básicamente con arroz y pastas, seguido por el grupo de tubérculos.

«La proteína de mayor consumo en este sector de la población es el huevo y en segundo lugar los granos secos». 
En Colombia se puede morir de hambre, paradójicamente cuando se tiene abundantes alimentos a una distancia de varios kilómetros, difícil de recorrer por la falta de vías. El campesinado se muere de angustia al ver la imposibilidad de trasladar los productos de su cosecha a los centros de acopio. Situación que se ha venido presentando con los años, inclusive, data desde la Colonia.

La culpa ha sido de los gobernantes con pensamientos centralistas, donde un país de grandes regiones, no ha podido ser direccionado sino por mentalidades colonialistas. Gobernantes que han olvidado los principios, las normas culturales de los aborígenes, de los que nacieron en esta región llamada Abya Yala, antes de llamarse América.

Veamos cómo se ordenaban o se gobernaban los Incas:

«La población inca basó su conducta y convivencia en las decisiones del Estado, el cual gobernaba con autoridad sobre la sociedad. Las fuentes históricas no dan cuenta de quién fue el gobernador que instauró el código moral y los valores en «El Incanato». Se presume que éstas fueron transmitidas oralmente desde la época de Manco Cápac, el fundador de la Dinastía Inca. Los preceptos incas eran cumplidos por la mayoría de la población. 
Las 3 leyes que regían de manera primordial la convivencia de los incas fueron: «No seas ladrón. No seas mentiroso. No seas ocioso».

Había otras normas de mucha importancia: «Se honesto. Se limpio. Se vivaz. Se digno. Respeta la vida. Se dadivoso».

Según los cronistas, además del trabajo, los incas enseñaban 3 principales valores:

«El Saber. El Amor. El Trabajo».

Los incas creían que los dioses eran los encargados de impartir justicia y que los hombres solo eran un medio para hacer llegar la voluntad de la divinidad. Uno de los castigos más impartidos en «El Incanato» era el llamado ‘Hiwaya’, el cual consistía en dejar caer sobre el infractor varias piedras desde una pendiente. Se creía que si el acusado sobrevivía, los dioses lo protegerían.

En Colombia los gobernantes deben elaborar Proyectos para bien del ciudadano y velar porque se cumplan a través de los diversos periodos de gobierno. Nuestra nación está conformada por seis grandes regiones como Amazonía, Andina, Caribe, Insular, Orinoquía y Pacífico. De modo que, se podría gobernar con fraternidad hacia la naturaleza.
Juan V Gutiérrez M
No hay razón para no tener un acueducto de agua potable, si tenemos múltiples ríos.
Los gobernantes deshonestos, desde los tiempos de la Colonia han dirigido este país, proclamando y anunciando proyectos que nunca terminan y solo sirven para estafar el Erario de la Nación. 
Imagen de javier álamo rodríguez en Pixabay Imagen de dae jeung kim en Pixabay 









miércoles, 2 de junio de 2021

Canta Pero de Alegría

 «NO ACEPTES QUE LA TRISTEZA TE APRISIONE, TRAE A TÚ
IMAGINACIÓN LA SONRISA DE MANUEL ZAPATA OLIVELLA»


«Los Pastores de la vida espiritual, deben conservar el antídoto para sobrellevar
la tristeza, igual manera hacen los terapistas y psiquiatras en general»

Por Juan V Gutiérrez Magallanes


La Tristeza, se puede aceptar para más tarde compararla con la alegría y apreciar el dulzor de esta emoción. No me gusta la tristeza, trato de eludirla, es por eso que no leo novelas que elogian la tristeza, hacen un largo camino por senderos difíciles de la vida para lograr una trama con mucha tristeza. «Regálame el canto alegre de la vida».

¿Para qué buscar en un texto la narración de hechos tristes, si soy de una nación que se ha originado con pasajes de mucha tristeza? Ese origen parte desde la llegada de los conquistadores.

Se ha negado la Prehistoria nuestra, los aborígenes no han sido tomados en cuenta. Las Ciencias Sociales nuestras han negado la historia labrada por los Caribes, Koguis, Arhuacos, Quimbayas, Pijaos, Muiscas, Chibchas, etc.

Es muy lamentable, ver cómo se describe la belleza de Colombia a partir de los monumentos y casas coloniales, con la negación de la participación del originario.

Si buscamos vivencias de nuestros pueblos originarios, podemos encontrar cómo utilizaban el canto para hacer más pasajera la tristeza.

Afortunadamente, hay un gesto o un rasgo que manifiesta una emoción, la risa, «Remedio Infalible» para todos los males. Y puedo considerar que uno de los colombianos abanderados, para mostrar este gesto era Manuel Zapata Olivella (F), con una risa inconfundible, llevándola a los sectores más tristes, para iniciar un canto de alegría.

Aunque se dice que, «La tristeza sirve para enterarnos de la pérdida de una relación que hayamos establecido, ya sea con una persona, animal o cosa. En este sentido, las causas de la tristeza serán las rupturas o pérdidas de relaciones afectivas».

Por ello, la tristeza resulta imprescindible para poder «despedirnos», ya que si no sentimos tristeza no seremos conscientes de que hay una pérdida. Internamente hacemos un proceso emocional que nos «informa» que alguien con el que tenemos un vínculo ha dejado de estar con nosotros.
Tristeza Fatal
Aceptemos que la tristeza se puede recibir para estos momentos, pero no podemos hacer uso extremado de ella.

La tristeza, asimilada como sentimiento, pena, aflicción, pesadumbre, melancolía, murria, dolor, soledad, son estados emotivos que no pueden eliminarse del ser humano. No obstante, deben ser manejados con la sabiduría de no ser beneficiosas para el cuerpo ni el espíritu.

Si le cantas a la tristeza, debe ser para encontrar el dulce sabor de la alegría.

No le encuentro explicación alguna al escritor que hace un ícono de la vivencia de su tristeza, acepto cuando lo hace a manera de exorcismo para librarse de la pena.

Si la tristeza, llega a tí, busca en tu mente los momentos más felices que hayas tenido, escucha la música que más te causa alegría, habla con el amigo que más te comprende, escribe, pinta o cocina si te gusta hacerlo, recuerda las escenas más alegres que hayas visto a través del cine.

No aceptes que la tristeza te aprisione, trae a tu imaginación la sonrisa de Manuel Zapata Olivella.

Juan V Gutiérrez M

 

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martes, 1 de junio de 2021

Cuando La Crisis Se Haya Ido

«EL PODER DE DIOS ESTÁ MÁS ALLÁ DE TODO»


Por Gilberto García M

 

Cuando la pandemia se haya ido, cuando volvamos a congregarnos alrededor de una mesa en familia, cuando el mundo adquiera la normalidad de antes, y de la bendita pandemia que puso en jaque a los gobiernos tan solo queden los amargos recuerdos, notaremos queridos lectores que los sobrevivientes aprendimos la gran lección de nuestra vida.

Porque, la humanidad se olvidó de Dios, preferimos los actos masivos, los conciertos musicales de grandes estrellas, la asistencia a partidos de fútbol, los afanes por conquistar un peldaño en la junta directiva de una gran empresa, en fin, todo aquello que el enemigo coloca en el individuo haciéndole creer que es ganancia, y como resultado el hombre que se vuelca al trabajo como si este fuera Dios, descuida su vida personal, ya no tiene tiempo para su esposa e hijos, y poco a poco va perdiendo la capacidad de amar, volviéndose esclavo del trabajo, del dinero y, tan bien insensible para que el ángel caído termine la labor que con tanta cizaña comenzó.

Cuando la pandemia se haya ido nuestra sociedad será diferente.

Gilberto García M
Volveremos nuestra mirada al prójimo, sonreiremos y abrazaremos a nuestros padres y abuelos. Y lo más importante: Dios estará en nuestras vidas como el Principal, volveremos a las iglesias, comeremos el maná que Jesus bendice y si aún Dios no viene por su pueblo, tendremos el tiempo suficiente para reflexionar y decidir si sigues con el mundo que simboliza a la pandemia, o sumiso y feliz sigues los pasos del Señor Jesucristo que es sinónimo de sanidad y vida eterna.

Es tiempo de analizar lo que te conviene. ¿Tienes el corazón duro como una piedra? ¿Nada te conmueve, eres insensible ante los indigentes y los ancianos desposeídos?, entonces es hora que le pidas a Dios que te transforme. Es la única manera de entender que el poder de Dios es el único que puede solucionar todos tus conflictos.

sábado, 29 de mayo de 2021

Orígenes de la Crisis

«NO HAY UN ÍCONO NACIONAL QUE 
NOS IDENTIFIQUE COMO COLOMBIANOS»


Por Juan V Gutiérrez Magallanes


Desde tiempos muy remotos, no se había presentado una situación de Pandemia y un Paro, casi total, de las actividades comerciales en esta Nación del Sagrado Corazón de Jesús.

La situación está conformada por múltiples aspectos que tienen que ver con la gobernabilidad de la Nación: Abandono de las regiones rurales, Desequilibrio en la aplicación de la asistencia social, Explotación desordenada de los recursos naturales, Desatención a los jóvenes con capacidad de trabajo. Y muchos aspectos de la razón humana.

Entre todo esos aspectos, uno de los errores más grande es el olvido de la atención que se debe tener con el subsuelo, sobre esto se aprecia cómo las zonas sometidas a la explotación de estos recursos (mineros), son los sectores más ruinosos y de condiciones miserables, como el Chocó y parte de la  Guajira (donde se explota el carbón), y en donde se llevan acabo atentados permanentes contra los Páramos. 

No hay explicación para las condiciones miserables en la que se halla el Puerto marítimo más importante de Colombia, como es el de Buenaventura en la Costa Pacífica, región donde la pobreza se ha  enquistado y hace maravillas.

Hemos sido gobernados con parámetros impuestos por los principios del gobernante de la Colonia, no ha importado la llamada «Independencia», ya que los criollos optan por constituciones fundamentadas en el pensamiento del colono, la explicación la encontramos en los centenares de gobernantes que han pasado por el «Solio Presidencial», olvidando por completo los principios culturales y tradicionales de los originarios o aborígenes. Lo podemos comprobar en los anales de las distintas Constituciones, los cuales muestran el olvido para con los naturales del territorio colombiano.

Hay necesidad de estudiar las formas culturales de etnias precolombinas, una de estas es la del pueblo Arhuaco. La que podemos apreciar a través de las explicaciones mesuradas que hace  Leonor Zalabata, dirigente arhuaco: «Se debe hacer la búsqueda de una sociedad  intercultural  y justa  que reconozca los derechos de todos los seres vivos como principio  de vida». 

«En la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, habitan los pueblos indígenas: Kogui, Arhuaco, Wiwa y kankuamo, representados por su resistencia histórica  ante los diferentes conflictos, desde la invasión de los colonizadores religiosos, como fueron los Capuchinos a los cuales repudiaron por el abuso que cometían con la intención de cambiar su cultura religiosa, el conflicto armado incursionó y ellos lo rechazaron.

Leonor Zalabata, Líder Arhuaca

Colombia es una nación de diversidades, tanto en lo humano, como en sus recursos naturales. País que ha estado gobernado con criterio centralista, olvidando las diversas regiones que conforman este extenso territorio. Quizás este ha sido uno de los factores que no ha permitido crear un símbolo que represente al colombiano de manera general. Hay íconos o símbolos, pero son muy particulares, tales como: «El Sombrero Vueltiao» para la Costa Caribe; «La Arepa» para los paisas, «el Guachupé» para los de la Costa pacífica, etc. No hay un ícono nacional que nos identifique como colombianos. Una historiadora decía que se podría tomar al Agua, como símbolo representativo, por los dos océanos que nos bañan.

Necesitamos buscar un ícono representativo, que entre nuestras diferencias nos unan como seres nacionales de una sola Colombia.

Juan V Gutiérrez M

 


jueves, 27 de mayo de 2021

Una Lección de Vida Para No Olvidar

«NO CONFUNDAS A DIOS CON LOS
AFANES DEL TRABAJO Y LA SOCIEDAD»

 

Por Gilberto García M

 


La persona que no conoce a Dios está ciega. Cree que es feliz y no lo es, porque el gran archi enemigo lo mantiene en un «círculo vicioso», llámese trabajo, estatus en la sociedad, gran poder de decisión como alto ejecutivo en una gran empresa, solo para mantenerlo aislado de Dios y, el afectado crea que, en los afanes cotidianos, en la lucha por conquistar riqueza y poder se halla el verdadero propósito del ser humano sobre la tierra.

Alrededor del trabajo se ha ido enseñoreando una especie de culto, se le rinde pleitesía a los proyectos que pretenden transformar las ciudades, desviar un río o simplemente establecer estaciones espaciales con grandes tours por la luna y Marte.

Hay científicos que no duermen intentando esclarecer los misterios de la vida, buscan en la estructura del átomo y la genética, en el comportamiento de las células, alargar los años del ser humano, es decir, lograr la inmortalidad y detener la vejez. Y en esa obsesión por lo imposible, se vuelven ermitaños de laboratorios, sus mujeres caen poco a poco en la infidelidad, al principio con recato y miedo, pero al persistir el científico en sus obsesiones, ellas adoptan la conducta en la que ya nada importa, el marido y su esposa anda con el que quiere y con el tiempo, esta irregular conducta se convierte en una norma de la sociedad moderna.

Creemos que vivir constantemente ocupados, durmiendo pocas horas en la noche, sacrificando nuestra integridad por la consecución de bienes materiales nos asegura un puesto en ese universo que se rige por el espíritu del trabajo.

Y es una realidad que contemplamos a diario. Hoy, gracias a Dios he asistido a la Clínica Cartagena del Mar a una primera aplicación de la vacuna contra el covid 19. En esas casi dos horas que esperamos más de cuarenta personas por la primera dosis de la Sinovac, he sido testigo de la soberbia y el egoísmo de la gente asociado al síndrome del trabajo como fuente de vida.

Ha quedado develado ante los ojos de sabios y prudentes, los males que han hecho metástasis en la gente para que hoy afloren males como la hipertensión, la diabetes y el cáncer. Cómo no se va enfermar un tipo si desde que llega quiere ser el primero que lo atiendan, vocifera y amenaza con pegarle al policía y al enfermero que tienen que recibir todo tipo de insultos y esconder la cola...

Imagínense si en estas convocatorias en las que se trata de una lección de vida, hay este tipo de comportamientos. Rápidamente al energúmeno lo apoyaron otros dos acólitos que debían seguir la misma espiritualidad del trabajo amenazando con una rebelión colectiva, para que el agente de policía y el enfermo en jefe suspendieran la atención.

Alguien se quejaba de que era el primero en la lista de vacunación y lo habían relegado al último turno. Una señora de tez morena y unas gafas horribles exclamó que estaba allí desde las siete de la mañana y era injusto que al señor de camisa roja lo vacunaran primero.

Los que se habían alterado eran rechonchos y se advertía en sus fisonomías el fantasma de la hipertensión, la diabetes, y un cáncer clandestino añorando salir a flote. Se notaba que sus tristes vidas estaban circunscritas a la esclavitud del trabajo, en el tiempo que estuve allí observé que no dejaron de manipular el celular un instante dando órdenes sobre negocios y venta de productos.

De ahí salí triste y compungido, los seres humanos hemos hecho de la vida una esclavitud en la que no hay lugar para Dios. Si se trata por el bien de la humanidad, la cita en la que confluimos en esta mañana de mayo los ciudadanos debería tener la solemnidad que se guarda solamente para Dios. Se trata por el bien tuyo y el mio. En esos momentos fuimos unos privilegiados, unos escogidos por Dios. Cuántas personas no tienen esta oportunidad de inmunizarse contra el covid 19, y nosotros estamos sentados en primera fila, (aunque con los improperios y madrazos de algunos sujetos que les encanta esconderle el rostro a Dios).

Gilberto García M
Al final todos fuimos vacunados con la primera dosis. A una señora amargada tuve que decirle que si en ese momento era la última, en algún otro momento sería la primera. Un joven de camisa azul y rayas blancas se calmó cuando le dije que esto se trataba de una lección de vida. «Imaginate lo que se espera en una cola para un concierto de Shakira o cuando juega la selección Colombia».

El joven no dijo nada, Dios le aguó los ojos, y esperó con calma el llamado.




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