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sábado, 6 de agosto de 2022

De María de Olodumare

TONY TROCHA Y SUS ASCENDIENTES DE CHAMBACÚ
Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes
«Por esas cosas que parecen casualidades, pero son citas que ya estaban programadas por el destino. Recordaba a María de Olodumare (María de Jesús), la tatarabuela de Tony Trocha, quien aparece en una nota de El Universal del 5 de agosto de 2022».
Comencé a elucubrar, a recordar a aquellos hermanos que vivían en Chambacú, hijos de la señora María de Jesús Díaz Trocha, eran tres, muy espigados, de estatura, cada uno sobrepasaba el metro con ochenta. Mariano, Antonio y José Francisco, eran pacíficos y trabajadores. Por su gran tamaño eran solicitados para pilotear o enterrar grandes troncos o pedazos de mangles en los terrenos para las edificaciones, en ese tiempo como no había martinetes había que enterrarlos manualmente con gran esfuerzo e incomodidades. Los hermanos Trocha eran buenos en esas lides y faenas.

Hoy, cuando leo en la Prensa la noticia con respecto a Tony Trocha, quien hace parte de la Selección Colombia de Básquetbol, y resaltan su estatura de dos metros con ocho centímetros, salta a la memoria el recuerdo de los antepasados de Tony, especialmente el de su abuelo Nando Trocha, hijo de Mariano y nieto de María de Jesús Díaz de Trocha, todos ellos residentes en el viejo Chambacú.

Se caracterizaba la familia por la consistencia y resistencia que tenían en sus cuerpos. Nunca practicaron deporte alguno, solo hicieron parte de la Banda Musical de su pueblo natal, Pasacaballos, de esto, quien más hacía alarde era Mariano, especialmente cuando se pasaba de copas. A Mariano le brillaban los ojos cuando recordaba entre bromas cómo era la marcha de la Banda en el Día de la Procesión de la Virgen del Carmen.

Hoy, cuando Tony hace parte de lo más selecto del Basquetbol colombiano, es importante recordar los antepasados de esta figura del deporte nacional. Saber que sus ancestros vivieron en aquel barrio tugurial de Chambacú, donde eran muy reconocidos por la fe y la dedicación al trabajo, y al respeto con el cual trataban a sus coterráneos.

Tony, el basquetbolista, es el orgullo de la familia Trocha, de Pasacaballos, y de Colombia entera.

Personajes

«LAVARSE LAS MANOS COMO PILATO»

Por Gilberto García M

El guarda se pasea debajo de la garita preocupado y tenso. Primer día de trabajo y en las urgencias del cielo comprueba las atenciones a que se exponen quienes no guarden la compostura ante un Dios soberano. A un Presidente de un país lo han paseado por todas las dependencias del hospital y no le han calmado el dolor del alma. En cambio, a Jacinto, el que se moría de pobre lo han instalado en una dependencia de lujo. (Aunque algunos declaran que el Tribunal del Cielo algunas veces como los humanos también se equivoca).


jueves, 4 de agosto de 2022

Evidente Realidad

LA NOBLEZA DE LOS NIÑOS EN MEDIO
DE UNA SOCIEDAD EN CONFLICTO

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Al mirar a los niños en sus presentaciones, en los diferentes programas que presenta la televisión colombiana, donde estos deben actuar en diferentes actos culturales. Es asombroso, cuando se les observa en sus argumentaciones, la forma cómo se manifiestan sobre diferentes temas, cómo son capaces de emitir opiniones sobre el país que sueñan y anhelan vivir. Hacen planteamientos fundamentados en una sociedad colmada de bondades y actos de nobleza que hace pensar en un país sin violencia.

Esos niños que observamos, nos dejan perplejos por sus manifestaciones de ternura y bondad, muestran a sus padres actitudes diferentes, ya sean laborales o realizando acciones lúdicas, encaminadas generalmente a las madres cabezas de familia. De todo esto, llama poderosamente la atención, cuando comenzamos a establecer comparaciones con los informes que nos presentan los Medios de Comunicación: «Una Colombia surcada por los actos violentos. Pero no todo es así, no se puede generalizar en lo referente a la violencia. No todo el país vive en estas condiciones. Hay un mundo que parece estar invisibilizado, es el expuesto por los niños. Lo presentado por ellos nos muestra un panorama de esperanza, donde las manifestaciones orales son esperanzadoras. Esa forma en que ellos describen el mundo de bondad que desean para su país es alentador y nos da la ilusión de poder alcanzar un entorno colmado de bondades».

Hasta ahora, nos hemos sentido identificados con la nobleza y las vivencias de los niños en los programas culturales o lúdicos. Reafirmamos con pena la evidente realidad: «quien hace la violencia en Colombia es el adulto». Analizado el papel del niño en nuestra actual coyuntura, surge el interrogante: ¿Será que necesitamos un mundo gobernado por los niños, sin el sometimiento del adulto, donde la bondad sea el tema predominante? Porque si ocurriera así, entonces tendríamos ese lugar que se convertiría en El Reino de los Niños.

Colombia necesita ser recíproco con la nobleza y ternura de los infantes. Ellos no merecen las crueles acciones que se observan en el ausente y miserable Programa del PAE. Los niños son un tesoro de nuestra sociedad. Por eso, resulta contradictorio el hambre que presentan algunas ciudades en el país.

¿Cuándo tendremos una nación con educación para todos, con oportunidades de trabajo para las personas en capacidad de hacerlo?

Los niños piden Educación y Trabajo para sus padres, ¡escuchémoslos!

 

 

lunes, 1 de agosto de 2022

Gran Oportunidad

HAZTE FOTÓGRAFO Y VIVE DEL ARTE
Hola, soy Gilberto García Mercado. Tengo para contarte en este día espléndido y hermoso algo referente para con la fotografía. Te diré que, con el auge del Internet, la fotografía se ha vuelto algo indispensable para el ser humano. Tanto que, recoge los momentos de nuestras vidas, sean de victoria o tristeza, y las proyecta en nuestro entorno con la correspondiente reiteración de felicidad o fracaso.

Son innumerables las fotografías que se toman a cada segundo. Algunas para bien o para mal, cuando a través de ellas se revelan pruebas sobre algún delito o simplemente sirven para ilustrar la portada de una novela o la presentación de un cantante o artista.

Si eres de los que se apasionan por la técnica fotográfica, no ignores este texto, porque, hoy, puedes afianzar tus pasiones y talento por el arte de la fotografía. Descubrirás así cómo agregar a tus fotos la calidad y el estado del alma a través de un lente, el diafragma y el obturador de una cámara fotográfica. Sube todas las fotos que quieras, véndelas por internet y atrévete a vivir de este reconfortante y hermoso oficio. Inscríbete aquí y bienvenidos al portal de lo mágico y de una vida más feliz: https://www.dreamstime.com/register#res44694551

Retratos de Una Infancia

LUIS: EL OTRO AMIGO DE PAMBELÉ
Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

Llegó muy pequeño, tenía aproximadamente seis años, su familia venía de Turbana y encontró un espacio para levantar un amplio refugio, una casa de madera donde se recibía la brisa abundante que venía del brazo del Caño de Juan Angola, eran los tiempos en los que la Ciénaga de Chambacú y el Cabrero recibían las aguas del mar Caribe, no había ninguna interrupción, y los peces libremente, pasaban a las aguas del Caño de Juan Angola. No era extraño agarrar en la pesca, jureles, pargos y robalos.

La vivienda de los turbaneros quedó ubicada en frente de la de Cato Reyes, la palenquera tía de Pambelé, era aquella una casa amplia, donde llegaban la mayoría de los palenqueros que no se alojaban en el barrio Antonio Nariño. En aquella casa se cocían bollos de Mazorca y Alegría. Cato era experta en la elaboración del Millo o Mijo.

(Un día a la casa de Cato llegó El Jack Hernández, padre de Dorina Hernández, actual congresista en el gobierno de Petro…).

El primer amigo que hace el niño proveniente de Turbana, fue Antonio Cervantes, Kid Pambelé, a quién matricularon en la Escuelita de bancos que estableció la señora Juana, una exigente y austera turbanera.

En la escuelita, Pambelé aprendió las primeras letras, que él repasaba con su amigo Luis, nombre de nuestro personaje turbanero. El tiempo fue transcurriendo, Luis fue al colegio oficial, después de aprender a observar la naturaleza y describir las diferentes clases de algas que observaba en las orillas del Caño de Juan Angola. De igual manera hacía con los diferentes crustáceos que hallaba en su recorrido de todas las mañanas.

Luis, durante los cuatro años de estudio se dedicó a escribir poemas sobre la naturaleza, de igual forma hacía con respecto a las personas del Antonio Nariño.            
Las mariamulatas de color negro brillantino
Atrapan el sol en su plumaje
Y trinan un canto de alegría
Que llena de goce a los peces del Caño

Luis no aprendió a boxear, era bueno haciendo amigos y se ganaba el aprecio de sus compañeros con puros versos:

Soy turbanero, residente en Chambacú
aprecio con grandeza la amistad
Te brindo mi mano para hablar de tú a tú
Soy un buen amigo que cree en la igualdad

Hago honor a la Paz en este barrio tugurial
donde encuentro muestras de fraternidad
como se puede apreciar en esta zona barrial.

Pambelé, mi amigo, campeón mundial
boxea con el estilo de mucha grandeza
como lo hace en su propio patial
con mucho estilo, sin ninguna rudeza…

Luis tuvo que salir del barrio, como todos los que fueron expatriados, sometidos a la Diáspora de Chambacú. Continuó escribiendo sus poemas sobre la realidad social de la ciudad. Siempre cargando con los recuerdos del barrio que lo acogió y lo vio crecer con la amistad incondicional del niño Pambelé.
                              
                                                                                                                                    


 


 

      

sábado, 30 de julio de 2022

Versos a la Ciudad en Ruinas

 LLANTO DE SILENCIO POR
 LA TIERRA DE LOS CACIQUES

          Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

                                                                                               
Primeros fueron los piratas,
Corsarios y Filibusteros.
Llegaron y la asaltaron, la robaron
Dejándola escuálida.
Hubo entonces que rodearla de murallas
para protegerla de quienes llegaban
por los mares.
Se aumentaron las casas coloniales.

Los criollos de aquel tiempo
se unieron al pueblo para declarar
la total Independencia de España.

Aunque Pablo Morillo volvió
para someterlos
Al final «El Pacificador» fue vencido
Quedando gobernando los Criollos
Quizás con las mismas mañas
de los chapetones.

Parece que los Nativos hubiesen aprendido
las triquiñuelas del fundador Pedro de Heredia.
Porque hoy,
Cuando han pasado doscientos años,
la ciudad se muestra desvencijada:

Los balcones deteriorados.
Las calles llenas de huecos.
Las alcantarillas sobredimensionadas.
Las aguas residuales
Formando enormes espejos
sobre el pavimento.

                                                              

Las riñas son frecuentes
entre el Alcalde y los Concejales.
La ciudad permanece estática
ante el deterioro.

Esto causa
admiración y sobresalto,
por no hallarse explicación alguna
a los recaudos que entran al Erario.

Los ciudadanos se preguntan alarmados:

¿Qué se hace el dinero
que entra a la Tesorería del Distrito,
especialmente por turismo
e impuestos de las Industrias de Mamonal?

¿Dónde están escondidos esos capitales?

A la ciudad la vemos decaída
ruinosa, abusada por quienes
la convierten en centro de lupanares.

Ahora, está bajo
las garras de piratas y corsarios.
Hay un llanto de silencio
por la tierra de los caciques:
Karex y Canapote.

¡Se teme perder la distinción señorial,
de Ciudad Patrimonio de la Humanidad

 

Juan V Gutiérrez M




                      

 

lunes, 25 de julio de 2022

Lágrimas de los Detractores

BIEN POR «LA CORRALEJA» LLEVADA AL CONGRESO

 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

Sí, la Instalación del Congreso Colombiano, se convirtió en una «Corraleja», porque allí no estaban los que se esconden de la verdad y toman una actitud de «Gente de bien». Allí, en aquel recinto, estaba la auténtica representación del pueblo, de ese conglomerado que sabe reír con gesto batiente, sin temor a que les descubran sus macabras intenciones. No estaban, o estaban muy pocos, los sindicados por los organismos de la Justicia, como el listado que la prensa publicó de la manera siguiente: «Por solicitud de la Fiscalía, 32 expedientes que involucran a 31 congresistas y ex congresistas están en manos de la Corte Suprema. El caso de Odebrecht, la multinacional brasileña, es el que más implicados tiene. En el listado aparecen nombres como Armando Benedetti, Musa Besaile, Bernardo Elías, Antonio Guerra, Álvaro Ashton, Plinio Olano, Ciro Rodríguez, Ape Cuello, Sandra Villadiego, Martín Morales y Arleth Casado. Y muchos otros». Colprensa, junio 2019.

En la instalación del Congreso del 20 de julio, se hallaba la auténtica representación del pueblo. No estaban los vestidos de frac y guantes blancos usados por congresistas que participaron en los negociados de los escándalos de Odebrecht y Fonade. Estaban personas honradas que llegan por primera vez al recinto, donde se generan las Leyes que deben regir al País, sin importar lo lúdico y las expresiones desbordantes de regocijo de las regiones de cada cual.

Juan V Gutiérrez M
¿Cuál «Corraleja»?, con esta palabra tratan de desprestigiar al nuevo gobierno que se inicia. No obstante, si se acepta el término, es por la extremada sinceridad en las manifestaciones de los congresistas que no han untado sus manos con tratados dolosos. Allí estaba la representación auténtica de las personas que no saben tomar poses de señores dominadores del engaño.

Bien entonces por la «Corraleja», llevada al Congreso con la honestidad, ¡de una carcajada espontánea y honrada!

 

 

domingo, 24 de julio de 2022

Con La Banda de Guerra De Sus Egresados

SE CONMEMORARÁN LOS SESENTA AÑOS DE LA
PROMOCIÓN DEL 62 EN EL GRAN LICEO DE BOLÍVAR


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


El colegio Liceo de Bolívar de Cartagena de Indias, grabó en nuestras mentes de adolescentes el amor por el saber, la voz de sus maestros emitida desde la tarima, de allí salían las palabras que quedaban cinceladas en las paredes del antiguo salón. De modo que, podríamos volver después de muchos años y escucharíamos el eco de las lecciones no olvidadas. Allí, en aquel eco, estaba la voz de Valderrama, la del «Cachifo» Ospina, la de Villanueva, la de José de los Santos («Pelusio»), la del Padre Pérez, la de Rafael Orozco Martínez, La de Lisandro Romero Aguirre, la de Alonso. Aún, en nuestros corazones, ahora cuando pasamos por el frente del antiguo Claustro, creemos escuchar la invitación del Padre Emérico oficiando la misa de los domingos.

El Liceo de Bolívar, es un Patrimonio Inmaterial, Tangible de la Educación colombiana, aún hoy, se lee con gran interés en las páginas de la prensa escrita, las noticias de un egresado que sobresale en el desarrollo de la economía, como es el Dr. Ricardo Villadiego, quien terminó en la sede que hoy está en el barrio Daniel Lemaitre. El Liceo de Bolívar, aún continúa vivo, y así se puede constatar en sus egresados que llegan a la Universidad de Cartagena y a otras Instituciones Superiores.

Hay una Asociación de Egresados del Liceo de Bolívar, cuya función es mantener con entusiasmo las relaciones del Colegio con todos los que allí se educaron. Una muestra grandiosa de ello, es la organización de una Banda de Guerra de los Egresados, en la que podemos encontrar liceístas de edades avanzadas, que tocan los instrumentos con gran vigor, como lo pude constatar el 20 de julio en la gran fiesta patria. Fue un acto de grande amor, recordándome los tiempos de los años sesenta, en los que el batutero era Armansio Bustamante y tocaba la lira Hernando Sarmientos, (con «El Puente sobre el Rio Kwai»). La memoria me trajo otros compañeros que hacían parte de la Banda de Guerra, tales como, Cicerón Paz, Francisco Castro, Jesús Mora, Quinedes Sará y otros tantos.

La Banda de Guerra de los Egresados del Liceo de Bolívar está conformada, por señores, damas y jóvenes.

Todos los años se dan diferentes actos, en los que se reúnen los egresados para recordar las «lecciones que no se olvidan», como lo hace la Promoción del 73.

Este año la Promoción del 62, será la encargada de conmemorar los 60 años que tenemos de haber egresado de tan noble Institución.


viernes, 15 de julio de 2022

#historiasdeanimales

DE UNO Y OTRO EXTRAVÍO

Por Gilberto García Mercado


En más de cincuenta años muchas son las mascotas que pasan por la vida de alguien. Y mientras el autobús devora el pavimento, muchas de ellas se vienen a la memoria, cada cual con su particular dosis de alegría y dolor. Primero estaba el sendero poblado de eucaliptos, desde donde la maestra, Larisa, bella y radiante, con sus curvas presionadas sutilmente por la blusa azul marina y su jean un poco ajustado, ponía toda su dedicación y empeño para que sus alumnos disfrutaran, con cada pincelada que Dios había dado al crear aquel cuadro tan especial y lejos de las banalidades y egocentrismo de los hombres.

Y segundo estaban aquellas cabañas en las cuales se asomaban algunos rostros de ancianos apacibles, cuyas vestiduras y barbas enmarañadas daban la impresión que eran monjes de alguna orden secreta, pero guardando las bondades y justas proporciones de los santos del señor.

Hace más de cincuenta años, todo era perfecto. El viajero iniciaba su travesía por aquellos senderos exuberantes con la firme convicción que al final de su recorrido alguien lo esperaba con una sonrisa o un abrazo cariñosos.

Y en el fondo, en el traspatio de la casa del señor Ortega, Muñeco, el noble perro, y Sultán, el gato bonachón, junto con El Hablador, el loro dicharachero, iniciaban una alegre algarabía cuando alguno de los viajeros del autobús de las dos de la tarde visitaba al señor Ortega en busca de una medicina o consejo que derivara de aquella plantación muy bien cuidada por el curandero.

A Larisa la vimos sucumbir ante los tres guardianes del señor Ortega. Se tomó muchas fotografías con Muñeco, Sultán y El Hablador, y a cada alumno presentó en su traducción engorrosa las bondades y maldades de aquellos personajes vestidos de olor a campo.

Siempre que visitábamos el sendero poblado de eucaliptos, ocurría, luego de hartarnos con mangos y naranjas y de reír contagiados por la explosiva carcajada de la maestra Larisa, con sus bromas a los animales y los pellizcos a sus críos, que el tiempo ni el dolor existían en aquella región de nuestra infancia. Tan solo escuchábamos las palabras bondadosas del señor Ortega que comentaba que sus plantas medicinales curaban el dolor y la infelicidad.

Nuestra generación fue feliz en aquella vereda, lejos de los avances y el desarrollo de las grandes ciudades. Larisa al final se casó con un hijo del señor Ortega, Muñeco, Sultán y El Hablador se convirtieron en príncipes de aquel reino. De la noche a la mañana, el escritor de ese submundo se tuvo que trasladar a escribir otras fábulas y novelas en otras ciudades y atmósferas, por más que me resistí, abandoné aquellos senderos de eucaliptos y me perdí a la voracidad de las novelas de afuera.

Ahora, mientras el autobús devora el pavimento, veo a Larisa riendo a carcajadas. ¡Nunca había visto felicidad alguna en el rostro de una mujer! El tiempo tiene la virtud de depositarme enfrente de mis ojos, en estos cincuenta años, aquellos recuerdos de la infancia mientras el autobús avanza. Veo a Muñeco, Sultán y El Hablador, intemporales, desprendiendo de la piel un brillo tenue, es quizás, el aura de los santos…

—¡Viajeros de Bello Horizonte, llegamos a destino! —grita el ayudante del conductor sacándome de mi grande abstracción.

Y desciendo del vehículo, el dolor en mis articulaciones, la dificultad al respirar, el ardor en los ojos a pesar de los espejuelos me hace recordar el trauma de la vejez que ha irrumpido de repente y hace que cuestione y ponga en duda mi existencia. Mientras el vehículo bramaba por esas carreteras de Dios, llegué a pensar que la vejez ni el tiempo existían. Vi tan alegre y radiante, a Larisa—sus mejillas rebosantes de juventud—a Muñeco, Sultán, y El Hablador, que me sentí joven. Pero no. Acepto el profundo dolor de que todo pasó, ya no hay senderos de eucaliptos, Bello Horizonte ha sido transformado por grandes y fuertes edificaciones de cemento, ¡nada queda de aquellas albricias de la infancia!

—¿Dónde vive el señor Ortega? —pregunto sin querer, nadie me da razón. Me quedan viendo como un bicho raro…

—Busco a la vieja Larisa—me arriesgo otra vez a preguntar…

Frente a mí, una carretera se pierde a lo lejos. Quisiera que mis ojos pudieran ver al final de ese sendero embrutecido de asfalto, al Bello Horizonte de mi infancia. Verme conducir por las frágiles y tiernas manos de Larisa por esos senderos de eucaliptos. Pero no. No hay veredas, ni cabañas, ni animales. Me asusta terriblemente el vacío de los recuerdos. Unas lágrimas resbalan por mis mejillas, cuántas generaciones de animales habrán pasado desde que me marché de aquí. Hasta el cielo parece otro, envejecido por tormentas y nubarrones, truenos y centellas encienden la tarde. Un ciclo se cierra sobre una generación de hombres insensibles y fatuos. Quiero escapar de esta maldición, en la cual nacemos, crecemos y finalmente morimos. Si existe alguna oportunidad para la humanidad, al Dios Todopoderoso, clamaría. Que me permita seguir viviendo en ese sendero de eucaliptos, para correr agarrados de la mano de la eterna maestra Larisa, la tierna mujer que hizo de mi infancia una alegría de todos los colores.
Gilberto García Mercado
Es muy de noche cuando abordo el último vehículo que me regresará a la civilización. En el recorrido creo ver sombras que persiguen el autobús. En la distancia, el rostro de la profesora Larisa me dice adiós, Muñeco, Sultán y El Hablador viajan con ella en la brisa, son espectros que están aquí o en ninguna parte. Quizás nunca existieron, acaso este sea un sueño del cual despertaré mañana, como un relato de un viejo libro de fábulas. Me veo en alguna parte bajando del autobús, en el lugar hay un sendero de eucaliptos, una mujer muy hermosa guía a un grupo de niños que juegan con un loro, un gato y un perro. La mujer se ríe con total libertad y donaire. Creo conocerla de alguna parte, pero no sé de dónde.

 


martes, 12 de julio de 2022

Los Hombres Cecuollas

«HABÍA GIGANTES EN LA TIERRA
 EN AQUELLOS DÍAS…».


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes



En las diferentes culturas del mundo, se han desarrollado mitos que hacen parte de todo un tratado de mitología con respecto a la existencia de los «gigantes». Uno de los primeros mitos fue el referente a «Gilgamesh», quien alcanzó una altura mayor de cinco metros. Perteneciente a la mitología Sumeria.

En la mitología de la India hablan de «Putana». Caracterizada por amamantar a algunos titanes. En la griega, los denominados «Hiperbóreos», entre ellos, se hace necesario considerar a «Los Titanes», como el renombrado «Prometeo», quien robó el fuego para entregarlo a los hombres.

En la Odisea, mencionan a «Polifemo», vencido por la astucia de Ulises.

En la mitología nórdica, los gigantes (Jotuns) luchan contra los dioses. En particular, en las mitologías del norte de Europa, muestran lo derivado del culto a Odín, donde aparecen los Gigantes de Hielo. En todo el norte de Europa, se presenta una amplia cultura mítica relacionada con los gigantes que luchan contra los dioses.

La Biblia hebrea recoge la existencia de una raza de gigantes: los «Nephilim». El Génesis afirma que, «había gigantes en la tierra en aquellos días…».

Hoy, para las ciencias biológicas, la existencia de seres gigantes, es un hecho que se realiza a través de un proceso de inoculación de genes de vegetales, especialmente del árbol «Sequoia sempervirens», un género monitípico de plantas pertenecientes a la familia de las cupresáceas, conocida como secuolla roja2.

El gen de la planta es inoculado en el embrión de tres semanas de concebido, se adapta por completo al genoma del embrión humano, completa su acción genética, cuando éste llega al estado fetal, lo cual se manifiesta en las modificaciones morfológicas de la glándula Pitiutaria o Hipófisis, situada en la Silla Turca del Esfenoides. Los humanos que hasta ahora han sido sometidos a este proceso, logran una estatura de dos metros con cincuenta centímetros y con una edad promedio de doscientos años de existencia. Estos hombres han motivado la transformación de los modelos de viviendas y medios de transportes, también han conmocionado las ligas de basquetbol, en las que sólo se permiten jugadores de dos metros con cincuenta. La estatura no les impide la agilidad en sus movimientos, son ágiles y buenos lanzadores de jabalina y discos.

El último Congreso de genetista, se realizó con el objetivo de reducir la estatura del «Hombre Cecuolla» a un metro con treinta centímetros.

El Gobierno Colombiano, está dispuesto a otorgarles a Los Cecuollas gran parte de la selva Amazónica para su vigilancia en el mantenimiento especial de este Bioma.

Juan V Gutiérrez M


 

 

 

 

 

 

sábado, 9 de julio de 2022

#HistoriasdeAnimales

EL SUICIDA Y EL GATO

Por Gilberto García Mercado 


«Esta será mi última noche en la ciudad de los indolentes», se dijo Mauro Alcázar, mientras se reclinaba en una esquina de la sombría habitación. Afuera llovía y las calles apenas y dejaban ver uno que otro vehículo aventurándose en medio de un universo frágil y a punto de explotar. Los últimos días habían sido dolorosos y frustrantes, era como si todas las cosas malas de este mundo se hubieran confabulado en contra de él.

El domingo muy de madrugada, su hijo Camilo José había estrellado el auto que él le regalara por su cumpleaños y había perdido la batalla contra la muerte en una sala de cirugía equipada con los mejores aparatos de última generación.

Y como si eso no fuera poco, recibida la noticia por parte de los médicos del deceso de Camilo José, en ese instante la televisión en la sala de espera informaba de un incendio de terribles proporciones que estaba devorando la Casa de los Alcázar, su casa, y en ella, Soledad su esposa y los chicos, se volvieron cenizas en tan poco tiempo.

Todo el dolor de este mundo se le sembró a Mauro Alcázar sin misericordia ni contemplación alguna por lo que estaba sufriendo. De un momento a otro, en tan pocos días la vida le había cambiado de una forma terrible, de una familia modelo y cuyos miembros eran muy queridos, ya no quedaba nada, adiós a la sonrisa bonachona de Soledad, adiós a los ojos cafés y tiernos de Camilo José, adiós a la algarabía grata e inocente de los chicos. Adiós a la vieja caserona de los Alcázar, heredada de su madre. En ese momento, la vida de Mauro parecía sacada de una novela, «cualquier semejanza con la realidad será pura coincidencia». A veces creía que dormía, que en cualquier momento despertaría de la pesadilla. Entonces, con gran deleite y satisfacción, se reiría celebrando su congoja. ¡Todo había sido un maldito sueño!

Ahora, mientras se refugiaba en la habitación que el gobierno le había asignado por su condición de damnificado, repasó algunos episodios de su vida reciente. Lo había tenido todo y de la noche a la mañana, todo se había esfumado: Camilo José, el carro que le había regalado por su cumpleaños, Soledad y los chicos devorados por la conflagración. Algo faltaba para completar el absurdo panorama. Mientras buscaba algún objeto con qué quitarse la vida, lo defraudó lo bien organizado que habían sido las autoridades. No había en esa habitación prestada, cuerda, ni cuchillo alguno con que suicidarse de un tajo y así terminar con su dolor. La corriente eléctrica era inaccesible desde la habitación, los tomacorrientes estaban muy bien protegidos, no existía la posibilidad de llenar la bañera y luego arrojar un cable eléctrico en ella para electrocutarse.

En el rincón de aquella habitación, Mauro se dijo que moriría de dolor. Se suicidaría, porque haría que el dolor se volviera insoportable. «Qué me duela cada vez más», se dijo, «Me reuniré con Soledad y los chicos».

Fue así como repasó algunos episodios de su vida, colocó todo el corazón en ello, por cómo los recordaba, que, poco a poco el pecho se le fue oprimiendo, un dolor le apareció en el pecho, se le deslizaba por los brazos y amenazaba con cortarle la respiración. Estaba a punto de dejar este mundo, resignado a la muerte y al dolor, cuando de pronto vio emerger desde la oscuridad al gato negro de su niñez, maullando de una manera muy singular. Tommy ronroneaba y restregaba su cuerpo peludo contra el rostro de Mauro. Al principio no entendió el sortilegio, en ese instante solo le importaba el gato negro, el tierno animal que su padre sacrificara una noche de agosto cuando el felino desgarrara la rodilla de la abuela Amanda porque ella le acarició.

Gilberto García M
—No más gatos en casa—exclamó el viejo Augusto encolerizado, luego de matar al animal en el patio—Son un peligro en la familia estos felinos.

Desde entonces tendría que haber muerto el viejo para que un gato volviera a ser aceptado entre los Alcázar. Mauro entendió la revelación, Tommy saltaba entre los muebles y enseres de la pequeña habitación. Entendió que soñaba, que la pesadilla era eso, un sueño en el que toda su familia había perecido bajo extraños eventos disímiles y tristes. Tommy volvió a maullar. Cuando el hombre despertara, quizás se extrañaría de por qué había dejado la pistola sin seguro y tan cerca de donde la pudieran alcanzar los niños.

viernes, 8 de julio de 2022

Suelos Colombianos

DEL LAGO SOCHAGOTA A LOS CAMPOS DE BOYACÁ

 

Por Juan V Gutiérrez Magallanes


Desde la residencia alejada por unos cien metros, apreciamos la belleza y la inmensidad del Lago Sochagota, en Paipa Boyacá. Tierras fértiles y floridas brindándonos la policromía del suelo colombiano. El ambiente se vuelve más agradable cuando experimentamos una temperatura de diecisiete grados. El paisaje adquiere una atmósfera singular con el silencio dejado por el último Zipa, quien, augurando la llegada del invasor, ha trastocado, de paso, la paz reinante. ¡Una especie de armonía y belleza tan solo comparable a los lagos suizos!

El Lago de Sochagota se presenta como un mar en donde las olas han permanecido en la quietud de los corales que han estado conversando con las algas y, descifrando al final estas últimas, el idioma de los peces.

En el lago no es posible la vida de los peces, debido a su condición artificial creada por 1955 para incrementar el turismo en la región. Sochagota se origina por el nombre Such-gota (tal gota). Muy a pesar de ser artificial, es llamativo, sus alrededores son paradisiacos. Si va con la sola intención de relajar los sentidos, el turista se sentará en sus orillas a contemplar la belleza y quietud circundantes.

El Lago se adhiere a los cuerpos de agua embelleciendo de plano los campos boyacenses. Una mano creadora se ha detenido para edificar un altar en donde oficiar un rito a la belleza. 
En las pocas veces que he recorrido la región, he observado con particular fascinación, las hortalizas, trigos y papas, que no tienen nada que envidiar a los campos del Centro de Europa, en donde sobresalen casas pequeñas pintadas de blanco con sus techos de color rojo. 
Juan V Gutiérrez M




 

 

martes, 5 de julio de 2022

Memorias

DOUGLAS O EL OTRO POETA DE CHAMBACÚ

 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

En el borde de Chambacú, en la calle de las Flores, cantada por «El Tuerto» López, estaba la casa de Nausícrate Pérez, de donde se origina la familia materna de Douglas Alberto, quien, desde niño, se acostumbró a observar las vivencias de los chambaculeros. Se recreaba con los cuentos y narraciones de sus tíos y las canciones interpretadas, en especial, por su tío Lucho Pérez (Argaín).

Douglas supo escoger sus estudios de idiomas, los cuales le han permitido conocer las Rimas de Vicente Espinel y, con esto, disertar, diferentes obras literarias. Además, posee la ventaja de llevar consigo los recuerdos de su niñez, sin que esto le haya causado algún trauma psicológico. Puede hablar con mucha soltura de los personajes que realizaban toda clase de «juegos de mesa», desde el famoso «Arrancón», hasta el cotidiano y adictivo «Ludo». Hoy, cuando han pasado más de cincuenta años, se recrea en el canto de aquellas décimas.

Los «Raspados» de Vicente

Nada era más delicioso
como los raspados de Vicente.
Eso decía la gente
porque eran en sí sabrosos
un día de sol o lluvioso,
en el hielo recogía
y en el almíbar reunía
de Chambacú sus colores
y del aire sus sabores
exaltando la alegría.

Como vendedor de «raspados» dejó una impronta en los recuerdos de los niños, era pulcro, de «corbatín y máquinas para sostener el pantalón».

Los boleros del Teatro Variedades llegaban a los oídos de los vecinos de Loncha, y, Douglas, también los escuchaba:

El cielo chambaculero
era hermoso y sorprendente,
se emocionaba la gente
al escuchar un bolero
del cantante Emilio Tuero
en el tiempo en que sonaba
las emociones danzaban
al escuchar la Sonora
Matancera arrolladora
Chambacú cómo gozaba.

Con la música del Teatro Variedades, la calle se vestía con la sonoridad de los colores y todos deseaban danzar.

Al Peluquero Pijibuay*

A Chambacú recorría,
con su lento caminar
pregonaba motilar
con mucha veteranía
y me acuerdo de aquel día
cuando hablando se asomaba
que a cualquiera motilaba
con el corte que quisiera
pero como se moviera
de verdad lo trasquilaba.

*Pijibuay era uno de los peluqueros que residía en Rincón Guapo, donde vivían a corta distancia, sus dos mujeres con sus hijos. Motilaba con el silencio de su tijera y la voz tanguista de Lucho Pérez.

Nota: hay cierta deficiencia en el verso octosílabo.

Juan V Gutierrez M

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