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jueves, 20 de enero de 2022

Cartagena, Bella Tierra…

«¿ALGUIEN SABE DÓNDE ESTÁ
ESA CIUDAD NARRADA POR MI PADRE?»

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Era desgarrador lo que observábamos en aquel joven que lloraba desconsoladamente, nos dimos cuenta que era el hijo de nuestro amigo Pedro Gutiérrez, quien hacía veinte años se había trasladado a Bogotá.

Por cuestiones de trabajo, allí en la capital, se había enamorado y contraído nupcias con una joven de Santa Cruz de Lorica.

Las relaciones con él, siempre se mantuvieron a través de un pariente suyo que frecuentaba la capital.

Pedro tuvo dos hijos, niño y niña, siempre les contaba cómo era la Cartagena que él había experimentado, lo hacía en forma de cuentos cortos, donde incluía personajes de la ciudad, ya fuera que estuvieran vivos o muertos. La narración siempre estaba contextualizada con las calles de la ciudad y los cuerpos de agua. 
En sus relatos hablaba de poetas cartageneros, entre ellos Rafael Núñez, para que conocieran al creador de la letra del Himno Nacional, así que, aprovechaba para decirles, cómo este hombre había sido cuatro veces presidente de Colombia, y en uno de sus períodos se había llevado la sede de la presidencia para el barrio de El Cabrero... (sede hoy convertida en Museo).

Cuando mencionaba al Tuerto López (Luis Carlos López), describía las calles de Cartagena, cómo este poeta a cada calle le había escrito un poema, entre los cuales estaba el dedicado específicamente a la ciudad.

A MI CIUDAD NATIVA 

«Ciudad triste, ayer reina de la mar»
                               J. M. de Heredia.
 

Noble rincón de mis abuelos: nada
como evocar, cruzando callejuelas,
los tiempos de la cruz y de la espada,
del ahumado candil y las pajuelas...

Pues ya pasó, ciudad amurallada,
tu edad de folletín... Las carabelas
se fueron para siempre de tu rada...
Ya no viene el aceite en botijuelas!

Fuiste heroica en los años coloniales,
cuando tus hijos, águilas caudales,
no eran una caterva de vencejos.

Mas hoy, plena de rancio desaliño,
bien puedes inspirar ese cariño
que uno le tiene a sus zapatos viejos...

Pedro enfatizaba en el verso en que reza que los cartagenero eran «Águilas caudales», además, hombres muy honestos. Nombraba a Jorge Artel, para hablarles del barrio de Getsemaní, y el momento heroico en la lucha por La Independencia, cómo Artel les cantaba a las calles del barrio, en especial a la Plaza del Pozo, y de igual manera como lo hacía el escritor Daniel Lemaitre.

SENSUALIDAD NEGRA 

Jorge Artel

Por la calle del Pozo
ya viene la negra,
por la calle del Pozo
a buscar agua fresca.

La negra Catana,
la negra más linda,
a quien todas las negras
y más de una blanca
le tienen envidia.
Hay que ver en sus ojos
la luz cómo brilla,
su cuerpo de junco
cuando ella camina.

Su vegetal cintura
de gaita ceceña
la lata del agua
¡cómo la quiebra!

Los ardientes bogas
dicen cuando pasa
palabras tremendas :

-Compadre, míre el pie
¡cómo arrastra la chancleta!

-¡cómo levanta el talón!
-¡los pechoos cómo le tiemblan!

-¡reparte en el movimiento
de bullerengue que lleva!

-Ay, negra, yo así me caso
corriendo, por la iglesia!

-¡Me llamo Quico Covatilla,
me tienes el corazon hecho un tiesto de cocina!

La negra Catana
sonríe con su isa
de cascabel de plata
                 que tanto le envidian.             


Pedro creó un mundo maravilloso alrededor de la ciudad, contaba cómo las grandes compañías teatrales que venían a Colombia pasaban primero por Cartagena y eran presentadas ya fuera en el Teatro Heredia o el Teatro Cartagena.

Además, cómo la ciudad era la sede de grandes eventos deportivos y, se maravillaba, ya fuera con el béisbol o con las figuras del boxeo, resaltando el Festival de Música del Caribe y, cómo en años recientes se mostraría ante el mundo a través de los Festivales de Música Clásica y el Festival de las Letras. Los hijos de don Pedro quedaban asombrados y con deseos de conocer a la Cartagena que su padre les narraba.

Por eso, cuando conocimos que quien lloraba, era el hijo de don Pedro, acudimos para preguntarle, cuál era la razón para que el pobre joven llorara de aquella forma tan desconsolada. No obstante, el joven, a medida que escrutaba en el horizonte encontraba poderosos motivos para incrementar aún más su llanto, dirigía la vista hacía la orilla de la bahía que colindaba con el Mercado de Bazurto, y su desconsuelo era aún mayor, se preguntaba por las explicaciones bondadosas de su padre, cuando le hablaba bien de los Cuerpos de Agua o bien de la limpieza de las orillas del Caño de Juan Angola.

Hubo un momento en que pudo preguntar por la ciudad añorada, y nuestra confusión para responderle por lo que hasta ayer había pasado en Cartagena, (el joven bajó la cabeza y buscó en su bolsillo una página de El Universal, en la que se daba la noticia de la captura de la presidente del Concejo Municipal por presunta traficante de drogas). Señaló la página arrugada y llorando balbuceó las palabras de don Pedro que le hablaba de la honestidad de las personas que hacían parte de los cuerpos gubernamentales.


La decepción fue mayor, esa no era la ciudad narrada por su progenitor, oteó el horizonte buscando un poco de alivio, y no lo halló, irrumpió en un llanto intermitente, al recordar lo bien que don Pedro describía su Cartagena soñada. (Envuelta ahora en escándalos y en la dejadez más grande hacia la urbe, con un Concejo Corrupto, en el que la presidente está detenida presuntamente por narcotráfico). No hubo formas de calmar el llanto desolador del hijo de Don Pedro ante la desgracia. Se lamentaba el haber conocido una realidad que transformaba la semblanza ofrecida por el bueno de su padre con respecto a Cartagena, se lamentaba por haberse atrevido venir a Cartagena, una urbe plagada de corrupción.

Un señor que pasaba en ese momento se le acercó: «Calma hijo, esa plaga es normal en nuestra querida Colombia», manifestó.
            “Cartagena Bella Tierr a. por lo que me cuentan digo….  


¡Tristeza!

SE HA APAGADO UNO DE LOS «FAROS»
QUE MANTENÍA LA LUMINOSIDAD DE 
LA VIDA DEPORTIVA-BOXERIL DE CHAMBACÚ:
¡HA MUERTO EL BENNY CARABALLO!

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

Bernardo Caraballo Rodríguez, «El Venao», le decíamos en Chambacú, sin que este remoquete le causara ningún asombro. Hoy se ha apagado uno de los «Faros» que mantenían la luminosidad de la vida deportiva-boxeril de Chambacú, porque ya se extinguió la luz de Pedro Vanegas, «Dinamita Pum», «El Pelúo» Arnedo, Meléndez, «El Lolo» Pitalúa, y otros que atravesaron la Loma de Vidrio: «Mochila» Herrera, «El Cuquito», Rodrigo Valdez, Galo Ramos, «El Paye Atómico» y «Kid» Lemus.

Con Bernardo Caraballo nos vimos por la década de los sesenta, estaba recien venido de Bocachica, rodeado de sus hermanas, que sabían combinar las sedas de la isla para lucir vestidos floreados, que llamaban mucho la atención. Una de ellas se casó con un muchacho llamado Pablo, de oficio carpintero, joven muy bonita, quien murió al poco tiempo de casada.

Bernardo y Juanchú solíamos departir sin llegar a crear disputas entre nosotros, muy a pesar de que Bernardo era muy inquieto, todo quedaba en sana camaradería, Bernardo, con características especiales para soltar las manos y hacer buena sombra ante cualquier contrincante, se fue apropiando del boxeo y llenaba de entusiasmo las calles del barrio. El estruendo del Circo Teatro, donde se presentaba la pelea llegaba hasta el Puente de Chambacú y la emoción se engrandecía, todos vibraban con los triunfos de «El Venao».

Su fama se acrecentó como buen pasador de golpe e inigualable esgrimista, todo aquello llegaba a los oídos de Zunilda , la hija de «El Ñeque» y María Galé para que entre ellos surgiera una atracción recíproca. Con los días, se dieron los amores de Bernardo y Zunilda, las flores del mangle de Chambacú soltó el aroma de sus pétalos para anunciar el matrimonio de la pareja.

El joven Bernardo, que corrió por los eriales de la Isla, se dedicó al boxeo y nunca olvidó a sus compañeros de juego, allí en la calle Once de Noviembre de Chambacú, se armaban grandes tertulias para recordar la vida de Bernardo, rodeada de triunfos boxeriles que lo llevaron a ser el primer boxeador que pisaba la Lona para pelear por el título Mundial ante Eder Jofre. Muy a pesar de no llegar a ser Campeón, el pueblo colombiano lo consideraba un gladiador.

Tenía la gracia de los grandes boxeadores, era difícil que su contrincante le tocara el rostro, parecía rotar la cintura alrededor de su tronco. Siempre enarbolaba el amor de su madre Santos Rodríguez al iniciar sus encuentros. En el ring se transformaba en un imposible de tocar, así fue siempre en la vida, lo demostraba cuando participaba en el juego de «La Libertad» frente a la Loma de Vidrio.

Fue el primero que llevó calzado de luces en los tacones, lo que impresionaba a los chambaculeros quienes asombrados no se explicaban cómo Bernardo había cogido luciérnagas y las había introducido en sus botas.

Hoy descansa en el seno de Dios después de librar una gran pelea, la que jamás nadie ha podido ganar, pero estoy seguro que goza con el reencuentro de Pedro Vanegas y otros boxeadores.

Juan Vicente Gutiérrez M

 


 

 

sábado, 15 de enero de 2022

Identidad

BULLEN LOS BARRIOS DE CARTAGENA

            (Acrósticos)

                 Por Juan Gutiérrez Magallanes

LO AMADOR

Lo miraba bendecido
Oda al corazón
Allí entre amigos
Mirando el Toril
Atentos al viejo Tren
Dónde Freddy soñaba
Oír a Marcos Pérez
Relatar una jugada 

HENEQUÉN

Hundido en la lejanía
Està en el olvido
Negado por gobiernos
Envuelto en pobreza
Que lo aniquila
Un velo de tristeza
Extingue la esperanza
Nacedora de bondad.

viernes, 14 de enero de 2022

De Jorge Luis Salgado Mercado

   UN EXTRAÑO EN EL REMANSO

CAPÍTULO UNO 

Bienandante es un pueblo rodeado de fincas ganaderas, y los jóvenes que deseaban ingresar a las universidades se veían obligados abandonar su pueblo natal, y quienes al llegar al final de la adolescencia no deseaban seguir estudiando, se quedaban ejerciendo los oficios que ejercían sus padres. Así que, eran muchos los que no se preocupaban por estudiar siquiera el bachillerato, porque la mayoría vivía su vida de holgazanes. El pueblo se notaba alegre a mitad y a final de año, pues los jóvenes que se encontraban estudiando en otras ciudades regresaban a su tierra natal a mitad y final de año. Efraín Montoya estaba alegre al saber que el año entrante ingresaría a la universidad, (jamás se le habría cruzado por la mente que su padre le destruiría sus sueños). Desde muy pequeño anhelaba estudiar Medicina. Un día cualquiera su progenitor con pocas palabras hizo que su mente tuviera una reacción inesperada. El viejo con su corto discurso produjo en él un brusco cambio.

—Estudia una profesión que sea útil en el campo—manifestó su padre complacido— El agro necesita manos profesionales.

—Padre, ¿qué quiere que estudie? 
—Agronomía—reiteró el viejo.

Efraín se sorprendió al escucharlo, pero no dudó en reclamar:

—¿Qué me está diciendo, padre?

—Lo que oíste. Vas a estudiar agronomía.

Efraín se sintió indignado, nunca había tenido la mínima sospecha que su padre le fuese a pedir aquello. Él trató de persuadirlo explicándole que esa profesión no le gustaba, entonces apacible aseguró:

—La agronomía no me gusta. Además, en las universidades de la capital no se cursa esa carrera.

—No te preocupes. Ya sé en qué ciudad vas a estudiar.

Efraín no pudo ocultar su enojo:

—¡Mi Novia y amigos viven en Cartagena! ¡No quiero mudarme a otra ciudad!

Efraín notó que ante su reacción su padre se sonrojaba. Por eso, antes que su progenitor se lo fuese a reprochar, agregó:

—Me mudaré para donde usted quiera y estudiaré lo que me ordene.

—No te enojes, lo que te digo es por tu bien, no tienes que estar lejos para tener un futuro halagüeño, la misma región te brindará las oportunidades para que ejerzas como agrónomo. Mujeres y amigos, en cualquier lugar los hay.

Eran las seis de la tarde cuando terminó la conversación con su padre, luego se dirigió a su habitación y en silencio empacó la ropa. Cuando vio que sus padres estaban encerrados en la habitación, furtivamente salió de casa llevando en las manos el equipaje. Fue a casa de su abuelo Thomas, este al verlo llegar con la maleta, sorprendido indagó:

—Hijo, ¿qué te ocurre? ¿Te vas de viaje?

—Sí, pero no hoy.

—Entonces, ¿cuándo?

—Mañana.

—¿Y por qué traes tu equipaje?

—Porque me marcho sin que mis padres lo sepan.

—¿Y cuál es el motivo?

—El viejo me ha dicho algo que me ha indignado. Traigo la maleta para que me la guarde hasta mañana.

El comentario de Efraín sorprendió al abuelo:

—Bueno, ¿qué, te has vuelto loco? —manifestó el anciano

—Vamos al patio y le cuento—añadió el nieto.

Marcharon al patio, Efraín narró lo que su padre le había dicho. El abuelo, luego de haberlo escuchado, paciente y en silencio, aconsejó:

—No tomes esa decisión con premura, muchacho. Te sugiero que esperes a que hable con tu padre.

—Si habla con él se me complicarán las cosas, no echará atrás su decisión.

Su abuelo lo miró a los ojos. Dijo:

— Si en verdad has decidido marcharte, seré tu cómplice. Nunca he podido entender de dónde sacó esa conducta tan reticente. No comparto la idea de quererte mandar para otra ciudad, allá no conoces a nadie.

—Eso mismo le dije.

—¿Y en dónde piensas vivir?

—En casa de tía Aura.

—¿Me estás hablando con sinceridad?

—Sí, nunca le he mentido. Hable con mis padres después que me haya ido…

—Me arriesgaré a que me insulten.

—Gracias, abuelo. Usted es mi mejor amigo.

—¿Y a qué hora te vas?

—A las cinco de la mañana estaré recogiendo el equipaje.

Se dieron un fuerte abrazo. Efraín llegó a casa y de inmediato se acostó, los pensamientos contrariados no se le esfumaban, de un momento a otro la vida le había cambiado. No pudo conciliar el sueño, deseaba que la noche trascurriera rápido, que llegaran las cuatro y treinta de la mañana para ponerse en pie y marchar hacia la casa del abuelo. Estaba triste al saber que no podía despedirse de su madre. Ni siquiera tuvo que mirar el reloj pues los cantos de los gallos indicaban que la hora había llegado. Se sorprendió al ver que el abuelo lo esperaba en la puerta. Thomas lo observó con tristeza, abuelo y nieto se dieron un fuerte abrazo.

—¿Qué piensas hacer en la ciudad? —manifestó el primero.

—Buscaré algo en qué ocuparme—agregó Efraín—. No piense que quiero ser un vago.

—Tu no llegarías a eso.

—Adiós, abuelo…

—Adiós, hijo. Cuídate...

Efraín llegó a la ciudad. Trascurrieron los días, y uno cualquiera la tía Aura le consiguió un empleo en un almacén en el que sólo vendían finos vestuarios para hombres. Una vez que se halló laborando decidió de escribirle a sus padres. Fue hasta cuando transcurrieron veinte días que tuvo noticias de sus progenitores. La carta de la madre era extensa, decía una y otra vez que lo amaba y remataba con uno u otro consejo. En cambio, la de su padre eran dos reglones: «Si lo que quieres es trabajar, trabaja. Lo importante es que no andes de vago».

Los meses pasaron con gran rapidez. Diciembre llegó y Efraín llevaba diez meses en el trabajo. Las Fiestas de Fin de Año anhelaba pasarlas al lado de sus padres, le entristecía en gran manera saber que por cuestiones de trabajo no podía ir a casa. A su madre escribió: «Estoy triste, porque no voy a pasar la Navidad y la llegada del Año Nuevo con ustedes. En este mes las ventas se incrementan y eso imposibilita que pida a mi jefe una licencia. Pienso retirarme a finales de enero, vengo proyectando algunos planes que allá les expondré. Dígale a mi abuelo que lo extraño mucho. Abrazos y besos para todos».

Jorge Luis Salgado Mercado, El Autor
Diciembre y enero pasaron como una exhalación. El día quince de febrero Efraín se despidió de la tía Aura y se dirigió al terminal de transportes, reconfortado en la idea que pronto vería a los suyos. Al muchacho no le abandonaba la persistente idea, anhelaba hablar con sus padres y el abuelo Thomas sobre sus propósitos. Quería que su familia le prestara el dinero para poner su propio negocio. Se veía a sí mismo como un grande y próspero comerciante. A la una y treinta minutos de la tarde Efraín tenía que hacer el trasbordo hacia un campero. Serían más de las dos de la tarde cuando llegó al pueblo, el campero se parqueó en frente de la casa de sus padres, doña Teresa al verlo salió a su encuentro con los brazos abiertos. De sus ojos comenzaron a brotar las lágrimas. Él susurró: «No llores madre, sólo quiero verte alegre».

—Es por la alegría de verte, estoy feliz de volver a tenerte en casa.

Madre e hijo no se habían separado cuando aparecieron Pedro Antonio y el abuelo Thomas. Los cuatro se abrazaron en silencio, el padre tomó del campero las cosas de Efraín y las colocó en la sala. Entre tanto, el joven cargaba en sus piernas a su pequeña hermana, la madre, padre y abuelo lo rodeaban. En medio de la celebración por el retorno de Efraín, el abuelo halló un intervalo de tiempo para manifestar:

—Creíamos que nos habías olvidado, muchacho.

Efraín sonrió, y no le comentó nada al respecto, se puso de pie y se dirigió a la sala en donde permanecía su equipaje, de una maleta extrajo dos camisas blancas y de mangas largas, dos pantalones del mismo color, nuevamente hurgó en el fondo de la maleta sacando dos pipas, mirando entonces al abuelo agregó:

—Son para usted, una prueba de que no lo había olvidado.

El viejo Thomas se puso de pie, lo abrazó y dijo:

—Fue broma. Gracias por el regalo.

Entonces Efraín mirando a sus padres y a la hermana, eufórico añadió:

—Y ni piensen que me he olvidado de ustedes, he traído regalos.

Efraín no hizo lo que acostumbraba hacer cuando llegaba de la ciudad: salir a visitar a sus amigos. Eran casi las cinco de la tarde cuando se bañó y salió en busca del abuelo, hablaron por mucho tiempo, Efraín no quiso seguir evadiendo la pregunta:

—¿Abuelo, aún papá está enojado conmigo?

—No, cree que quien cometió el error fue él y no tú.

Eran las siete de la noche cuando Efraín regresó a su casa. Algunos amigos que se habían enterado de su regreso, lo saludaron alegremente y convidaron a salir como en los viejos tiempos. Él se negó argumentando que estaba cansado. A las nueve de la noche ya estaba en la cama, quería tener la mente despejada al día siguiente, pues consideraba que lo que quería hablar con su padre y abuelo tenía que ser convincente. Por Thomas no se preocupaba, pues ya el noble anciano le había dicho que lo iba ayudar en la propuesta que deseaba emprender. Estaba convencido que su regreso a la capital a establecer el negocio dependía exclusivamente de su padre y no de su abuelo. Si su progenitor no lo apoyaba, no podía evitar el sentirse frustrado. Eso le atemorizaba. Se levantó a las siete de la mañana, y al no ver a su padre levantado lo inquietó. Su madre le dijo que no era nada, que Pedro Antonio se había marchado para la hacienda. Efraín desayunó y toda la mañana estuvo conversando con su madre y con Thomas. Ella le preguntaba por su hermana Aura, sus sobrinos y por el cuñado.

Al mediodía Pedro Antonio apareció y fue a sentarse al lado de Thomas. Efraín esperó a que su padre se reposara, cuando creyó que podía hablar, se sentó entre Thomas y Pedro Antonio, el abuelo cómplice le guiñó un ojo.

—Deseo poner un almacén en la ciudad—explicó Efraín con marcado entusiasmo— Tengo unos recursos, pero me faltan otros.

Pedro Antonio miró con sorpresa a Thomas, Efraín continuó con su disertación:

—Me falta lo esencial en los negocios, el dinero, sin él no se puede acometer ningún trabajo.

El semblante de Pedro Antonio resplandeció. Miró a Thomas, luego a Efraín al tiempo que manifestaba:

—¿Ya tienes el local apropiado?

—No, pero si me dan su apoyo de inmediato viajo a Cartagena. Entonces, cuando tenga todo listo vengo por el dinero para empezar. Mi ex jefe me va a recomendar con sus proveedores.

—Cuenta conmigo—reiteró el abuelo sonriente.

Su padre colocó una mano en un hombro del muchacho, y agregó:

—También cuentas con mi apoyo.

Luego de la buena nueva, Efraín conmovido hasta las lágrimas abrazó a los dos hombres y manifestó:

—Gracias, estén seguros que no los defraudaré.


Efraín se regocijaba con el nuevo reto que estaba experimentando, intuía que desde ese mismo momento la vida comenzaba a brillarle en todo plan que emprendiera. A las dos y media, Pedro Antonio y su abuelo salieron para Salitral, la hacienda ganadera de su padre. Efraín supuso que iban a analizar el asunto del préstamo que había solicitado. En la alcoba y boca arriba en la cama, sus labios reflejaban una sonrisa de satisfacción, al escuchar que su madre lo llamaba, acudió solícito a su encuentro.

—¿Qué deseas, madre?

—Nada, solo quería preguntarte por tu novia.

—¿Se refiere a mi ex novia? —corrigió él.

—¿Terminaste con ella? —se alarmó doña Teresa— ¿Y por qué?

—Por ser pobre de cabeza.

—A ver, explícame.

—Es bonita pero coqueta, su inmadurez me sacaba de quicio.

Teresa lo observó y entendió que tenía un hijo serio y formal. Sabía que a Efraín le gustaba una hermosa joven de Bienandante. Por eso, entre gestos serios y sarcásticos susurró:

-—¿Sabes quién llegó de Barranquilla en diciembre?

—No, madre.

—Amalia, y luce más hermosa.

El nombre de la joven lo hizo estremecer, pero fingió no perturbarse.

—¿Y cuándo se va?

—Me dijo que por ahora no piensa marcharse, ya terminó el bachillerato, viene a mi casa un día por medio, debió venir ayer, pero no lo hizo, estoy segura que hoy vendrá.

—¿A qué hora cree que vendrá?

—De cinco a seis.

Efraín cerró los ojos por unos segundos, la evocó en vestido de baño en la playa. Alcanzó a vislumbrar su hermosura, vio sus ojos verdes claros que varias veces resplandecieron ante él. Aquella vez advirtió que con coquetería la joven recogía su larga cabellera y luego la soltaba para que le cayera con lentitud sobre sus espaldas. La imagen de Amalia le aparecía una y otra vez en la memoria, la piel suave y bronceada, la sonrisa tierna e ingenua le fascinaba. Saliendo de su extravío Efraín miró a su madre. Dijo:

—Es hermosísima esa muchacha.

—La más hermosa de la región.

—¿Cuántos años tiene?

—Dieciocho.

—Entonces, ¿yo soy más viejo que ella?

— Naciste dos años antes, no hay mucha diferencia.

Efraín ansiaba que esa tarde Amalia visitara a su madre. Se bañó y colocó ropa nueva. E impaciente aguardó a que la mujer apareciera por la estancia, Teresa notó su intranquilidad, pero nada dijo. Amalia llegó a las cinco y media. Se detuvo en la entrada de la puerta, al tiempo que con voz cadenciosa expresaba:

—Buenas tardes, ¿está doña Teresa?

Su belleza dejó petrificado a Efraín, quien la miró como un tonto. Cuando por fin este pudo hablar agregó:

—Sí, sí está.

Amalia reparaba al joven que le había respondido, y al reconocerlo se llevó las manos a la boca. Exclamó:

—¡Hola, Efraín! No te había reconocido. Estás simpático...

Él sonrió complacido. Dijo:

—En un instante tampoco te reconocí, supuse que la mujer más hermosa de la población está frente a mí.

El halago la hizo sonreír. Quiso abrazarla y besarle en la mejilla, pero se conformó con el saludo de mano que ella le extendió, al tocarla sintió que irradiaba una calidez amañadora, deseó no soltarla nunca. Amalia advirtió que la presencia de Efraín la ponía nerviosa. Al ver a doña Teresa la joven salió a su encuentro, y mientras la hermosa chica platicaba con la madre de Efraín, éste no le quitaba la vista de encima en ningún momento, la bella joven también observaba al chico, pero lo hacía con menos insistencia. Cuando Amalia se despidió de doña Teresa, se le acercó a Efraín. Dijo:

—Te ha convenido el trabajo, porque estás más guapo.

—Gracias por tus palabras, a veces el trabajo es bueno para la salud, no obstante, en el mundo no existe nada que haga cambiar tu belleza.

Ella sonrió y partió. Él sintió que algo en su interior se le había desvanecido. Al irse, el ambiente cambió de alegre a triste. Teresa dijo a su hijo condescendiente:

—Efraín, a ella le sobran pretendientes.

—Eso lo sé, madre. El amor de Amalia se asemeja a un juego de azar, todos quieren ganarse el premió, pero nadie sabe quién será el afortunado.

 

 

 

lunes, 10 de enero de 2022

Los Zapata y Artel También Lo Dirían

¡BASTA YA DE RACISMO EN CARTAGENA DE INDIAS!

Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Es un compromiso ineludible de un cartagenero, hacerle frente al Racismo en cualquier parte del mundo. Y más cuando esta lacra se presenta en Cartagena de Indias, una ciudad con las paradojas más significativas, una de ellas es «brindarle honores a Pedro de Heredia», ya que éste gestó: «La primera introducción de esclavos africanos en la ciudad de Cartagena, 1534-1535, año en que Pedro de Heredia llevó cincuenta esclavos para el saqueo de las tumbas y el santuario Zenú».

El Racismo establecido en Cartagena de Indias, desde su «fundación», el cual se ha mantenido hasta hoy, como se comprueba con hechos denunciados por El Universal y otros medios, implantado desde 1533 hasta hoy 2022; lleva 489 años de estar vigente, de nada valió la Independencia proclamada por Simón Bolívar, quien, «se expresaba con mucho desprecio hacia los negros y mulatos». Olvidos y Ficciones. Múnera Cavadía, Alfonso

La lucha de Bolívar, poco sirvió para la liberación del negro, hubo que esperar hasta «1851, para que se diera la ley 21 del 21 de mayo, donde el presidente liberal José Hilario López decretara la libertad definitiva de los esclavos en Colombia». Muy a pesar de esta Ley, se continúa viviendo un racismo concentrado en las mentes estrechas de muchos de nuestros coterráneos.

Personas que, con ceguera mental, no son capaces de analizar, ciertas vivencias de relaciones interétnicas que han dado origen a familias cartageneras, en la que la pigmentación de la piel no ha tenido que ver con el desarrollo de la personalidad.

Lo absurdo en Cartagena de Indias, es el «tal racismo», baldón u oprobio que no podemos seguir permitiendo, no podemos callarnos ante este ultraje al género humano.

Yo, como cartagenero raizal, solicito al Estado Colombiano aplicar normas contundentes contra los establecimientos comprometidos contra el Racismo. Suspendiéndoles la licencia por un determinado tiempo en primera instancia, y si vuelven a reincidir, hacerlo de manera definitiva.

Ya es hora que, en Cartagena de Indias, una ciudad conformada por una mayoría negra, (poco me gusta aplicar «afrodescendiente», porque todos originariamente venimos de África), estas conductas discriminatorias y racistas se detengan. Es inaudito que a personas de bien se les prohíba el ingreso a cualquier establecimiento público o privado por el color de su piel.

El pensamiento de los hermanos Zapata, el del poeta Artel, la voz de Miranda Fuentes, el criterio de los hermanos Vargas Vélez y muchos más se han levantado como estandarte para decir: ¡Basta Ya, No Más Racismo¡

 

miércoles, 5 de enero de 2022

Feria Artesanal del Sombrero «Vueltiao»

UN SÍMBOLO CLARO DE LA COLOMBIANIDAD


Por Rosario Ortiz Conde 

 

 Foto: Vivian Ronay / Liaison Agency
Los próximos 7, 8 y 9 de enero se realizará la Feria Artesanal 2022 del Sombrero Vueltiao en el municipio de Tuchín, perteneciente al Resguardo Indígena de San Andrés de Sotavento, Córdoba, Colombia.

En las extensas sabanas de los departamentos de Córdoba y Sucre al norte de Colombia, se estableció un pueblo indígena conocido como los Zenúes, que además de sus actividades de caza, pesca, agricultura, manejo de canales hidráulicos sobre los ríos San Jorge, Sinú, Cauca y Magdalena, sobresalieron por la habilidad en la elaboración de artesanías y piezas que hacían parte de su vestuario.

Se destaca entre su indumentaria el tradicional sombrero que nunca faltaba como complemento y protección del intenso sol de la región y el que actualmente se ha convertido orgullosamente en un símbolo de la identidad colombiana.

Está elaborado a partir de una fibra vegetal que proviene de la planta llamada Caña Flecha, cuyo nombre tiene origen en la forma de su tallo que era utilizado para fabricar flechas empleadas para la pesca y cacería de animales de monte. De otra parte, sus ramas de largas fibras son procesadas de forma artesanal, expuestas al sol hasta lograr naturalmente un color blanco o beige, éstas son divididas para sacar varias fibras extensas y muy delgadas, conocidas como “pies” las cuales son utilizadas para tejer largas trenzas con las cuales forman los inconfundibles sombreros que son símbolo claro de la colombianidad.

El nombre de Vueltiao viene de la forma en que se va uniendo la trenza dándole vueltas para formar el sombrero. La cantidad de pies con los que éstas se tejen pueden ser 15, 19, 21, 23 o 27, número este del que depende el precio que aumenta proporcionalmente a éstas. En su diseño se pueden identificar variadas figuras de animales o sellos pertenecientes a algunas familias.

Este elemento inconfundible, declarado oficialmente en el año 2004 como Patrimonio y Símbolo Cultural de la nación, se pasea actualmente por todo tipo de escenarios, haciendo parte infaltable en la vestimenta de los bailadores de cumbia y convertido también en todo tipo de accesorios de moda y decoración luciendo variadas combinaciones de colores además de sus originales blanco y negro.

Son el Resguardo Indígena de San Andrés de Sotavento y el municipio de Tuchín los lugares emblemáticos para esta producción que ha transmitido su saber a lo largo de generaciones, anualmente celebra su Feria Artesanal que este 2022 tendrá lugar los días 7, 8, y 9 de enero.

martes, 4 de enero de 2022

En El Rincón Más Bullicioso de Nuestras Almas

KIRA ENTRA EN NUESTRAS VIDAS


Por Ever Soto



Abandonada a su suerte por vientos malignos, los mismos que hacen que el corazón humano permanezca arremolinado de amarguras y de impurezas. No se sabe cuánto tiempo vivió a la intemperie cuando mi hijo Ever Poe, en una de sus caminatas por los caminos veredales, que circundan la ciudad la rescató, y lo más seguro es que hubiera muerto de inanición, no por falta de bocado, sino por el desprestigio malévolo de los sentimientos del ser pensante. Había esquivado escribir la fortuna de tenerla en casa porque no estaba seguro que sobreviviría por el estado de deshidratación en que llegó, su padre protector se desveló en llevarla inmediatamente al veterinario. Él, que tiene el mismo espíritu sensible del nacido en Boston, autor del “Gato Negro”, y por el cual lleva su segundo nombre, no se apartó de su lecho de convalecencia desde el pasado veinte y tres de diciembre hasta la fecha, y podría asegurar que Kira, sí, así, la bautizaron las cachaquitas Daniela y Laura Bula Dumar, quienes se encuentran vacacionando en la tierra de sus padres. Llegó y entró a nuestras vidas para quedarse con el contubernio pícaro que delatan sus ojos.

Ella, poco a poco recupera sus fuerzas, alentada por el cariño de todos en casa, hemos echado a un lado, que por causa de los medicamentos suministrados le haya dado diarrea cagando en todas sus dimensiones los baldosines recién puestos en el comedor del patio. Manos han sobrado para el aseo, y para educarla de tal forma que haga sus deposiciones en la ponchera donde tiene la arena especial para hacer sus necesidades después de comer sus alimentos. Kira, nos ha adaptado a sus caprichos, a su mundo ahora flexible, a sus maullidos para que le presten atención, a meterse entre las piernas para recibir afecto, y reclamar que ella también merece vivir, muy a pesar de la inconciencia frágil y perversa de quienes la abandonaron.

Fue difícil ponernos de acuerdo en escoger su nombre. Propuse: Catterina, en honor al nombre de la gata de Edgar Allan, su compañía y la de Plutón, eran indispensables para sus relatos fantásticos y de terror. Se opusieron porque era un nombre fuerte, de mandato, de trasnocho para acompañar a quien lee o escribe, y que por supuesto, ella representaba una imagen débil y agónica, de alguien que está peleando contra la muerte para sobrevivir, por lo tanto, necesitaba un nombre corto de letras y sonoro a la voz, de aliento a flores marchitas, porque sus horas estaban contadas, ya que se podía percibir en su mirada lo lejano y distante que están los pálpitos de la vida.

Ever Jadix  Soto, Escritor
Entonces, las rolitas se iluminaron de imaginación y de sus labios casi que en coro pronunciaron: kira, que significaba clarividencia de un sol que se puede esconder con el anochecer, pero vuelve a salir por la mañana para despuntar las espigas de sembríos y no maltratar las manos de quienes los recojan. Eso es Kira, la palabra del inocente que mira tras la reja el horizonte, se aferra a los barrotes para que el olvido no penetre en su memoria, esperando que la justicia descienda para abrigar su libertad. Compartirá sus alegrías y amores en los aleros de las casas vecinas, y en los arboles de los patios prohibidos. Hemos decido que tendrá un solo parto para que aprenda a ser mamá en recompensa por los despojos que sufrió al ser destetada del seno materno. Kira, como los buenos productos llegó para quedarse en el rincón más bullicioso de nuestras almas, el mismo que el mundo reclama para ser el remanso cubierto de hojas donde el agua brota para saciar la sed de los desamparados.

Ever Soto.

Sahagún- diciembre 10- 2021
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domingo, 26 de diciembre de 2021

El Universo Del Abuelo

¿QUÉ ME PUSO EL NIÑO DIOS?


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes 


«Ahora que soy abuelo, el Niño Dios en la Navidad, me cambió el camioncito de madera pintado de verde unas veces y otras de azul. Yo ignoraba que era el mismo camioncito del año pasado, pero con una alegría diferente por tener un carro con color diferente». J.V.G.M
Ahora que soy abuelo el Niño Dios me ha puesto la alegría de tener tres nietos, que en símil de los Reyes Magos han llegado de diferentes partes del mundo:

Federico llegó de Roma con un cargamento de sabores transformados en figuras de chocolate anexado a los cuentos de sus aventuras que él solo sabe inventar.

Catalina vino de Bogotá, cargada de cuentos que narra con detalles adicionando expresiones de cariño que son muy particular en ella.

Inah apareció de Leymen. Con sus cuatro años construye frases en francés en forma de silogismos, a pesar que entiende el español no quiere traducirlo, es muy segura de lo que quiere, mantiene siempre su criterio.

Todo esto es el prototipo o la manifestación del universo del abuelo, en el que nunca dejan de vivir situaciones únicas y ejemplarizantes. Porque para el abuelo los nietos siempre serán maravillosos.

Esta Navidad ha estado pletórica de aguinaldos, la presencia de cada nieto ha sido de gran bendición.

INAH
Los nietos son regalos que colman de alegría los corazones de los abuelos.

Cuando regresen a sus casas no quedará tristeza alguna, sino el grato recuerdo de sus caras y voces, sus deseos y sueños.

Federico, amante de la naturaleza, desea tener grandes perros en su casa de la playa del pueblo Frosinones, esa casa es la del abuelo paterno, dónde generalmente pasa los fines de semana. Federico se dedica a estudiar la vida de los escualos.

Cata es amante de explicar y enseñar lo que aprende en el colegio italiano.

Inah, con sus cuatro años logra mantener un diálogo en francés con el tío Ricardo, dice que su francés es adecuado para los niños.

Cuando se vaya la parentela, se irán alegres y contentos por los buenos momentos compartidos en familia.

¡Este ha sido el mejor regalo de Navidad que ha recibido el abuelo!

CATALINA


martes, 21 de diciembre de 2021

#cuentosdeNavidad

LA NAVIDAD PERDIDA DE DON VICENTE LOMBARDO


Por Gilberto Garcia Mercado


Vicente Lombardo se niega rotundo a salir de los límites que separan esta isla del resto del mundo. Es costumbre verlo deambular muy de mañana, cuando la atmósfera húmeda se adhiere a la ropa hasta producir escalofríos, por los alrededores de la isla con la compostura de ir arreglando sin estar nunca satisfecho un inmenso jardín. Avanza arrastrando los pasos, como si estuviera pagando una pena y sus grilletes fueran de algodón y sus pies se deleitaran con aquel recorrido. Se podría decir que es el más viejo de la isla. Que ha vivido todas las guerras de su generación y que está curtido contra cualquier tipo de nostalgia que pretenda inquietarlo de alguna manera muy particular.

—Don Vicente, ¿ha amanecido de nuevo en el Puerto? —le digo un poco sorprendido—¿A usted no le afecta el frío de la isla?

—No, al contrario—sonríe satisfecho, mientras se devuelve buscando con sus ojos el rostro de quien le habla—El aire de la mañana tiene la particularidad de recordarme que estoy vivo. Jamás pretendería marcharme de aquí.

Es alto, encorvado por los años y su fisonomía decrépita origina en quien lo observa un poco de lástima por el viejo. A primera vista pareciera que su figura fantasmagórica oscilara entre los síntomas de una enfermedad incurable. Cuando un viajero logra traspasar esas fronteras infranqueables que lo protegen, entonces es cuando se advierte que el anciano está más vivo que nunca. Desde que el interlocutor cruza palabras con don Vicente Lombardo, advierte, asombrado, que la palidez y lo trémulo de su andar obedecen a unos deseos exacerbados por protegerse. Por su ternura y devoción pude entenderlo mejor, él podía no haberse alimentado en días, pero esa abstinencia era como una aureola que en el interlocutor lo inducía en todo momento a requerir más de su presencia.


—¿Y no es mejor que vaya a la ciudad? —comento sin saber que el viejo no va a responderme—Al menos disiparía los días de esta cotidianidad absurda.

Continúa su camino con un ligero gesto de enfado. Ahora parece de nuevo una criatura enferma, como si en cualquier momento se fuera a derrumbar de bruces contra el suelo. Pareciera condenado a una muerte por inanición. Por un momento me lo imagino entrando en el mar, hasta que su silueta endeble se pierde poco a poco en las aguas.

—No se esfuerce por entenderlo—me dice un nativo de la isla—Él no muere nunca, está afianzado en la Navidad.

—¿Algún suceso lo marcó en noche buena? —indago un poco intrigado.

—Así parece. Creemos que él pertenece de alguna forma a la isla. Es como una extensión de este territorio, como una luz que se proyecta, como una ilusión óptica. Los nativos nos hemos acostumbrado a sus largas disquisiciones.

Transcurrido veinte años de nuevo por Navidad acudí a la isla. Busqué en el puerto la figura solitaria y emblemática de don Vicente Lombardo. Seguía flaco y encorvado como pudriéndose en vida, sus ojos apagados y tristes buscaron los míos.

—¿La trajo consigo? —inquirió desesperado al borde de las lágrimas—Dígame que la trajo consigo.

El viejo es todo ese océano convulso y obstinado al agarrarme por el cuello de la camisa. Me zarandea de un lado a otro y amenaza con estrangularme, en sus pupilas fulgura la chispa de la locura, sacando fuerzas de donde no las tengo por fin consigo librarme de sus manazas de gavilán.

—¿A quién he de haber traído? —consigo al fin preguntar.

—A la Navidad—gime el pobre anciano—A la ingrata Navidad, dígale que vuelva, no soporto la vida sin ella.

Allá, del otro lado de la isla, hay una vida distinta, una ciudad que no se conmueve con el sufrimiento de los pobres. Por esta época la gente se pierde en apariencias y soberbias, los abuelos sucumben ante unos parientes indiferentes, son enviados a los asilos para que se ocupen de ellos y así contribuyan a solucionarles de alguna forma el problema. La vida se ha vuelto un caos, la nieve no desciende como en Navidad, los hospitales se hallan abarrotados sin camas para los enfermos, y el amor que en diciembre urgía por Navidad ahora es un viejo aterido y olvidado por siempre desde que la noche buena escapó hacia la ciudad.

—Díganle que regrese la muy malagradecida—grita una voz disidente en el puerto.

Se ha vuelto costumbre por Navidad escuchar las voces en el puerto de alguien que despotrica contra una mujer que abandonó su pueblo y se perdió en la sórdida ciudad sin que jamás se supiera de ella. Alrededor de su partida se han hilvanado una serie de narraciones, pero la que más respaldo tiene es aquella que cuenta don Vicente Lombardo a los turistas que a finales de año visitan esta isla tropical.

viernes, 17 de diciembre de 2021

El País de Las Paradojas

«UN PUEBLO MUERE DE SED 
AL LADO DE UN RÍO CAUDALOSO»


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Colombia es un país hermoso, con grandes montañas, abundantes ríos, rodeado por dos mares y un río extremadamente caudaloso, una diversificada fauna y extensa flora. Y comprobamos aún más la belleza de su tierra cuando tenemos la oportunidad de recorrerlo en toda su extensión, un Premio Nobel de Literatura que muestra al mundo las costumbres regionales, especialmente las de la Costa Caribe, un Premio Nobel de la Paz, otorgado por buscar, «las formas para terminar con la guerra de los cien años…»

Y nos vamos encontrando en el camino miles de paradojas, que parecieran hacernos vivir con mayores deseos en esta bella Colombia. Quedamos perplejos ante algunas:

؆ Un Pueblo que se muere de sed ante la orilla de un río caudaloso.

؆Unos niños que se mueren de hambre sobre una tierra rica en minerales.

؆ Ciudades fértiles en alimentos buscando comida en los basureros.

؆Unos congresistas ocupando el segundo lugar en los sueldos más altos de Latinoamérica.

؆ Unos asalariados con los sueldos más bajos de Latinoamérica. (Ocupando el puesto sesenta).

؆Un país donde los Congresistas «laboran» ocho meses y reciben el salario de un año.

Vivimos en un país de paradojas que ya nada nos asombra. No obstante, de tener el Nobel de la Paz, cada mes son asesinados once líderes sociales, además de los pasados Falsos Positivos. Exterminan parte de una población, como se dio en la Comuna Trece de Medellín sin que nada pase. El gobierno se rasga las vestiduras anunciando que el Analfabetismo ha disminuido, hoy es de aproximadamente el 10%, pero el pueblo continúa leyendo poco, no es funcional.

Colombia, «Nación de Paradojas», donde debemos tomarnos el sendero que sólo tiene una verdad, sin permitir la variación que la pueda convertir en un contrasentido.
«El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas».
Garrik
Los que abusan de algunas «perentorias» paradojas son los que viven de la política, porque no se entiende cómo alguien que se ha mantenido por muchos años en un cuerpo gubernamental, llámese Concejo, Congreso, Asamblea o Presidencia, finalizado el periodo de su gobierno vuelve a ser reelegido, llegando a encontrar la misma situación dejada por la administración anterior, nada cambia. No me explico, cómo esos funcionarios tienen el descaro de nuevamente aspirar a esos cuerpos gubernamentales, sin haber hecho en su momento lo adecuado para cambiar la frustrante situación.

Es triste contemplar pueblos sumidos en situaciones precarias y de desolación desde hace mucho tiempo. No se puede volver a votar por un gobernante que tuvo la oportunidad de gobernar y la caótica situación no mejoró. Y las evidencias saltan a la vista: El Chocó continúa lo mismo, la Guajira sigue igual, Bolívar anda con las mismas necesidades, los Llanos continúan aislados de la civilización. Y así continuamos sumidos en una de las paradojas más alarmantes: «Llorando a carcajadas».

Es inaudito que, en Cartagena de Indias, permanezca una Vía Perimetral abandonada, cuando lo lógico es que con su arreglo y adecuación se mejoraría lo movilidad en la Avenida Pedro de Heredia. El juego de las paradojas continúa en la ciudad aplicando sus directrices a proyectos importantes como la protección costera y el rescate del caño de Juan Angola.

Juan Vicente Gutiérrez M

 




 

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