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lunes, 26 de diciembre de 2022

#cuentosdeNavidad

DETRÁS DE LAS COLINAS

 

Por Gilberto García Mercado



Detrás de las colinas, en un rincón del viejo trapiche, se hallaba el aljibe, cuyo brocal de porcelana hablaba muy bien del lugar. Por esa época, la población grande y ecuánime, no tenía ningún problema en pertenecer a alguno de los dos bandos: los que bebían el agua del acueducto y los que la ingerían del aljibe. En este último, se me forjó el alma de niño, se me abrieron los ojos y oídos y pronto entendí la necesidad que tiene el hombre de poder formar familia, vivir cada etapa de su vida, con un norte definido, pasar la transición de niño a adolescente, y fortalecerse en la madurez, con las metas bien claras para conseguir los objetivos propuestos: estudiar, trabajar, casarse, tener hijos y procrear a la especie.

En la familia, compuesta por tres varones y dos mujeres, yo era el mayor, y, por consiguiente, el que llevaba las riendas de la casa. No obstante, ser el mayor de mi linaje no era ningún problema, la verdadera dificultad recaía en mis pocos años, en las duras travesías que tuve que pasar para hacer honor a mi posición de ser el mayor de la familia. No era extraño, por ese entonces, ver mi enclenque y menuda figura entrando y saliendo, en todo momento de los bares, con un recipiente adherido al pecho, y tocándolo con un cuchillo todo el tiempo, anunciando que en el lugar se hallaban las mejores butifarras del pueblo.

Tampoco resultaba extraño que me vieran un sábado o domingo en los restaurantes, lustrando los zapatos de los comensales, de la gente que se reunía a disfrutar de una tarde de sábado o domingo bajo la atmósfera húmeda y fresca de la sierra. No era mucho el dinero que ofrecían por lustrar zapatos, pero era una de las formas de poder ser feliz y estudiar por las noches en un instituto del gobierno.

—Mauro, necesito que vayas al aljibe por agua—ordenaba mi madre con aquella actitud reticente, la misma que me complacía por el solo hecho de escucharla—No sea que vayas a llegar tarde a clases.

Las frases de mamá aún resuenan en mi cabeza. Recuerdo a papá marchar temprano por la mañana hacia la plaza de mercado, expendiendo en su local frutas y verduras con una sonrisa inconfundible que agradaba en gran manera a los clientes.

Hoy, de aquellos tiempos, solo quedan los suspiros, la resignación ante la muerte de mis padres, la dolorosa escapada hacia otros destinos, y el despliegue de ingenieros y empresas de construcción que irrumpieron sin contemplación alguna, convirtiendo el pueblo en un complejo urbanístico. Echaron abajo las colinas, no tuvieron contemplación alguna con el aljibe, al que sepultaron como si enterrándolo contribuyeran a poder paliar el alma contra el remordimiento y los prejuicios.

Derribaron la cisterna a la que acudía todas las mañanas, no solo por el agua, sino para ver a la adolescente que, recortada contra el brocal de porcelana, se echaba agua con un recipiente, produciendo en esa mañana de agosto, de un austero verano, un juego de luces en el que el sol proyectaba, más allá del aljibe, la imagen nítida y sorprendente de una adolescente que parecía la criatura más hermosa del planeta, cuando la blusa azul se adhería a su cuerpo dejando entrever la palpitación de unos senos firmes y redondos.

Camino disfrutando el aire del complejo urbanístico, sí un día fui atractivo y hacía volver la cabeza a jóvenes hermosas y entusiastas, hoy este cuerpo degradado por los años, endeble frente a la vejez, ni siquiera es notorio ante los recuerdos que salen al paso. Sí, no estoy solo, tengo esposa e hijos, acudo a esta ciudad que dejó de ser pueblo hace años, con el propósito de darle otra oportunidad a mi vida, para que, por fin, en esa otra dimensión de los recuerdos, pueda declarármele a la joven de senos firmes y redondos. No sé por dónde andará, no sé si aún vive, quisiera expresarle que ella forjó mi alma de niño, me abrió ojos y oídos y cuando la sorprendía bañándose a un lado del aljibe, era tal la satisfacción, que eso me ayudaba a proseguir el camino, por ella me hice hombre, por ella soporté la burla de borrachos y comensales, cuando muy niño ofrecía las mejores butifarras del pueblo y lustraba zapatos en los restaurantes los sábados y domingos.

 

 

domingo, 25 de diciembre de 2022

Leer a Gilberto Garcia Mercado


LAS ALMAS VENCIDAS Y OTROS CUENTOS



        Lee la Narrativa de Gilberto Garcia Mercado. Adquiere su obra en el siguiente Link:            https://frescasnotas.blogspot.com/ "LAS ALMAS VENCIDAS Y OTROS CUENTOS".

 

De Las Aguas Servidas

«Y LOS MENSAJES EMITIDOS POR
PATÓGENOS MICROORGANISMOS»

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Son aguas contaminadas, viajeras, con mensajes emitidos por patógenos microorganismos, que pareciera que portaran un recado hacia las personas completamente desprovistas de defensas orgánicas. Las aguas se han hecho viral, invasoras de las calles, anidan en los huecos que rompen la lisura del pavimento. Ellas se comportan con grande atrevimiento, entran por las calles que van al Centro de la ciudad, y, allí, se detienen, emitiendo olores nauseabundos que causan gran escozor en las narices de los ciudadanos. Hay gran invasión de aguas residuales en la entrada de la Puerta de Santa Catalina, allí fluyen con la libertad brindada por el gobernante de turno, pareciera que ese líquido colmado de microorganismos se hubiese ganado el derecho a estar posesionado de las calles cantadas por el Tuerto López y poemizadas por Jorge Artel.

La urbe parece que hubiese pactado con un dios malo, tan solo para trocar las aguas limpias de los Cuerpos de Agua con las Residuales, anunciándose con la caída de los viejos balcones que no avisan su ruina al distraído peatón.

Ya las aguas residuales han superado su capacidad: el espacio que les corresponde en la red del vetusto Alcantarillado. Es alarmante cómo el caño de Juan Angola se ha tornado en lecho de aguas residuales, en donde los niños juegan inocentes con los agentes patógenos.

Las calles de Cartagena están invadidas por las aguas de alcantarillas, se ven tan alegres que a veces pareciera que se estuvieran burlando de los poemas del Tuerto López y Jorge Artel.


 

 

 

 

jueves, 22 de diciembre de 2022

Sin Dolientes

EL PARQUE APOLO,
UNA PARADOJA PARA EL CABRERO 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Parque es una palabra sinónimo de jardín, en él las plantas engalanan sus flores con la luz del sol invitándonos con una sonrisa a estrechar los símbolos de la amistad. Los Parques son campos radiantes, lugares que nos dejan atónitos, asombrados en lo increíble. Aquí, en El Cabrero, en la entrada, se encuentra el Parque Apolo, nombre alusivo al mítico Dios Apolo.

«Los griegos lo llamaban Febo, «El Resplandeciente». Un nombre muy apropiado para Apolo: además de dios de la luz solar y la música (inventó la flauta y tocaba la lira que le regaló Hermes), tenía los dones de predecir el futuro y curar y representaba el orden y la armonía del mundo».

Pero, el Parque Apolo de El Cabrero, se halla en absoluta oscuridad, no hace honor a su nombre, ni tampoco a la grandeza del hombre que vivió en su cercanía y le dio vida al lugar: el doctor Rafael Núñez Moledo, cuatro veces Presidente de Colombia. Su efigie permanece en las tinieblas. Los gobernantes de la ciudad, no han hecho lo necesario para darle luz al Parque Apolo, «Dios de la luz solar». Grandísima paradoja para la memoria de uno de los grandes políticos de la ciudad constituye su abandono y olvido.

El Parque Apolo se halla rodeado por la Casa Museo Rafael Núñez, donde hacen presentaciones musicales y se tiene la oportunidad de ver la estatua de Núñez con un poco de brillantez. (Cuando la sonrisa de los niños se toma el parque por invitación del Párroco de La Ermita, donde reposan los restos del gran Presidente cartagenero).

Juan V Magallanes
El Parque Apolo se está destruyendo por el salitre, por las aguas servidas y por la indiferencia mostrada en las malas obras que no dan solución al embate de las mareas.

El Parque Apolo quedará oscuro en Noche Buena y el 31 de Diciembre, con los ojos humedecidos del gran Pensador de El Cabrero por el abandono y la negligencia de los gobernantes.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

#cuentosdeNavidad

LITIGIOS POR NAVIDAD

Por Gilberto García Mercado


Desde muy niño soñaba con un hombre sucio y harapiento, cuya barba lo hacía ver como un descendiente de profeta. Desde muy niño se asomaba por la ventana, viendo cómo las aguas del río se desparramaban por la pendiente. La tierra quejumbrosa por tales amaneceres, le devolvía ráfagas de un viento frío y triste que le recordaba que estaban en diciembre. Entonces todo se confabulaba para que la naturaleza fuera más benigna, los almendros y los robles se revestían de nuevas hojas y los pájaros saltaban, en medio de una sinfonía de trinos, de un árbol a otro. Por la ladera, recortados contra la montaña, recuas de burros, mulos y caballos, se perdían camino de la gran ciudad, cargados con bultos de yuca y ñame, plátanos, y uno que otro petate con tomates o verduras para dar un sabor exquisito a los alimentos. Cuadros, imágenes y sensaciones acompañaban los suspiros de un niño que se anquilosó en el tiempo. Porque, ya desde muy anciano en los senderos de una vida, Serafín Santana tenía la facultad de volver sobre esos dos periodos de su existencia, y, el del niño, a todas luces, fue una etapa de condena y negación, de absurda fragilidad detenida en la infancia, en el chiquillo que se quedó atrapado entre los recuerdos de una Navidad gris, pero que significó una alegría infinita, una exhibición de imágenes sucesivas de un abuelo que muchas veces tendió las manos a un niño vegetando para siempre por diciembre, con el correspondiente sufrimiento de Serafín Santana siempre que se aproximaba Navidad y Año Nuevo.

Él se negaba a partir de la ribera del río, el viejo insistía en que tenía que desprenderse de ese paisaje fascinante, el niño describía argumentos defendiendo con rigor sus puntos de vista que siempre confluían en la belleza y la alegría por la Navidad. No obstante, tal disyuntiva los llevaba por diciembre a entristecerlos, fuera el chico o el viejo, por Navidad sentían que algo les faltaba. Serafín Santana, siguiendo el rito familiar, abría los regalos colocados alrededor del árbol e iba depositando en las manos de sus hijos y nietos las dádivas del niño Dios. Muchos años atrás, el niño Serafín Santana se asomaba por la ventana viendo en esa atmósfera irreal muchas luces de colores y a los hombres adornando sus hogares esperando el nacimiento del Niño Jesús.

—Ya es hora, viene el Niño Dios—exclamaban por todas partes los hombres, mientras una claridad, súbita, alumbraba y se tomaba por completo cada habitación de aquellas casas.

Por la tarde, los niños se reunirán en la plaza, de manos de sus padres presenciarán el escenario en donde interpretarán las escenas del nacimiento de Jesús. Serafín Santana aprieta las manos del patriarca, el gozo de la navidad se ha volcado sobre el pueblo, la inocencia de los niños se deja ver por todas partes. No hay en sus semblantes, la mínima estampa de maldad, sus risas espontáneas y sinceras hace que el tiempo no represente en los parroquianos el temor acuciante por la vejez. El estallido de los juegos pirotécnicos, refleja en la plaza el rostro de los chicos, es tan especial el momento que niños y padres se fusionan en risas y abrazos y asisten en una perfecta camaradería al nacimiento de Jesús. No obstante, en medio de la celebración, el recuerdo viejo de la Navidad se mimetiza entre la gente. Es una sombra vieja y arrogante, el profeta de la actualidad, el personaje contemporáneo que en medio de sus arritmias y angustias tiende una mano al niño Serafín Santana diciéndole que abandone de una vez y para siempre, en esos límites del tiempo, todo nexo con la acuciosa navidad. El niño gime y patalea, hace un berrinche dejando entrever que nadie lo alejará de esa dimensión en donde por siempre ha elegido permanecer.

—Vete, viejo. Bien lejos de donde no te recuerde—manifiesta el niño Serafín Santana—Yo soy feliz en este pueblo de los recuerdos.

La sombra se ha quedado pensativa luego de haber repartido los regalos a sus hijos y nietos. Se ha retirado en un rincón de la sala, es feliz en medio de una sociedad fría e inexpresiva, ha aprendido a comportarse a pesar de los egoísmos, a pesar de todo el tiempo permanecer en competencia, como aceptando los desafíos en las empresas, de enarbolar la bandera que te coloca como el primero de la sociedad en aceptar que entre más bienes materiales tengas más será tu seguridad y poder entre la gente.

—¿Por qué no abandonas a diciembre? —interroga Serafín, el Viejo.

—De ninguna manera—manifiesta con denuedo el Joven Serafín—En donde tú te hayas, solo hay avaricia y dolor. Aquí, en cambio, estoy contento. Además, no envejezco como tú. ¡Mírate!

Luego de la cena navideña, luego de haberse hartado lo dispuesto por las familias, de haber ingerido licor y haber bailado hasta el cansancio, el viejo Serafín en su lecho de anciano pregunta a la abuela:

—¿Estás satisfecha con tu vida, Eleonor?

—¿Qué pregunta es esa?—agrega inquieta y alarmada la mujer—El ser anciana significa el haber salido triunfante por los caminos de la vida.

—¿A costa de que hayas sacrificado la vida de un niño? —agrega apesadumbrado el viejo Serafín.

Gilberto García M
La mujer no le responde. Su esposo ha debido beber más de la cuenta, y eso, asociado a sus años, le han debido afectar la razón. El hombre duerme feliz, se perdona a sí mismo creyendo ver entre sueños al niño de su infancia sonriéndole porque al fin han logrado ponerse de acuerdo en algo. A lo lejos un villancico narra una historia de navidad, un niño en la ventana se embelesa en la contemplación de una madrugada glacial, los copos de nieves advierten al mismo hombre en la ventana, muchos años después, que las diferencias no importan, no bastan para ser feliz.

martes, 13 de diciembre de 2022

Crónica de Vida

CUESTIÓN DE GOBERNABILIDAD


Por Gilberto García Mercado


A principios de diciembre acudí a una IPS que llevaba seis o siete años atendiendo a mi padre y cuál no sería la sorpresa cuando me hallé con una edificación abandonada, gris, y, cuya puerta principal, a la manera de la mejor película de terror, estaba asegurada con gruesas cadenas sujetas por pesados candados. Son estas imágenes, que, repetitivas, se exhiben a lo largo de la geografía colombiana las que entristecen el corazón y dejan un mal precedente en el discurrir cotidiano del colombiano. Si quien acude a estos centros hospitalarios, la vida misma no nos preparara para lo peor, ante tales eventualidades, seguro que, fácilmente, caeríamos en depresión, y, entonces, conservar la calma conllevaría a un gran esfuerzo y dificultad.

¿En qué momentos se derrumban las finanzas de un centro hospitalario? Cuesta trabajo imaginar que donde antes hubo esplendor, atención ejemplar, y sonrisas cordiales de enfermeras ofreciendo refrescos y pasabocas mientras llegaba el turno para verse con el médico, ahora te enfrentes con una fachada en ruinas y con un gran cartel enmohecido en el que reza escuetamente: «Diríjase a su EPS a programar su cita». Es una realidad dura, pero más irritante es el hecho de que jueguen con tu dignidad, que ni siquiera te informen sobre esos cambios o cierres de esos centros hospitalarios, como si la vida de los pacientes no les importara, cuando el desprevenido ciudadano acude con la fe más grande del mundo a una cita con su médico.

¿Qué ocultan las IPS o las EPS? Cerrar un establecimiento de la noche a la mañana, cuando se prevé la liquidación de las mismas, deja un mal sabor, es como si escondieran algo, y, ante una inminente investigación de sus arcas, lo mejor sería cerrar antes de que el escándalo les explote en la cara.

Solo quienes viven inmersos en el Negocio de las EPS y las IPS, saben el alcance de esos Emporios Económicos. En plena Pandemia, la gente se rehusaba a que los «entubaran» porque era de dominio público que el Gobierno pagaba a las Empresas Promotoras de Salud 20.000000 de pesos por cada fallecido. Es decir, dejar morir por covid-19 a cinco personas en una EPS representaban 100.000.000 de pesos. ¿Verdad o mentira? Eso se comentaba en los corrillos de los barrios populares.

No obstante, el haberme enfrentado a la indignante situación me llevó con la paciencia del que acude a una EPS, a reprogramar una cita con el especialista que ve a mi viejo, y ahí me llevé la gran sorpresa de mi vida. Aunque había muchos pacientes, una enfermera, cuya amabilidad hacía olvidar las malas experiencias pasadas, me reprogramó la cita, reiterándome que ese mismo día lo atenderían tres especialistas, enfatizando que la EPS le apostaba a prevenir las enfermedades.  

Entonces fue cuando me acordé de unas de las políticas banderas que esgrimió el entonces candidato a la Presidencia de la República, el Doctor Gustavo Petro Urrego: el de prevenir las enfermedades y que el médico deje su sitio de confort en sus consultorios con aire acondicionado y se vuelquen a los hogares. En ese instante salí fortalecido de la IPS, imaginé una Colombia más digna y en donde los hijos entierran a los padres y no al revés.

«El cambio es posible», pensé, mientras abordaba el autobús.

        

      

    

domingo, 11 de diciembre de 2022

La Obra de Valdelamar Meza

CARTAGENA NEGRA Y MULATA,
CINCO SIGLOS DE SILENCIO  

 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

Este texto del Licenciado Jorge Valdelamar Meza, constituye un material pedagógico, necesario para comprender la conformación étnico-social de una población.

Es una obra que debe ser manejada, en especial por los docentes, no sólo de Cartagena, sino de Colombia, necesaria para alcanzar una mejor interrelación social entre la población colombiana, en la que, aún, a estas alturas del Siglo XXI, se viven presentando situaciones de racismo.

A través de este ensayo, se logra conocer ampliamente la trágica vivencia del hombre traído de África, se nos enseña la gran superación del Negro, hasta lograr lo que se muestra como la llegada de una descendiente de esclavizados a la Vicepresidencia de Colombia, situación, que, quizás por desconocimiento, se incurre en insultos y atropellos raciales para con la señora Francia Márquez.

Se hace necesario leer y entender con pensamiento dialéctico las descripciones planteadas por el Profesor Valdelamar. Mirar detenidamente, cómo a partir de los inicios del siglo XVI, el hombre «africano esclavizado», llega a América como «especie de carga», exhibido en la Plaza de Cartagena para ser vendido, y cómo a través del tiempo, con grandes esfuerzos alcanza la superación. Como se puede apreciar en las luchas emprendidas por Benkos Biohó.

El lector entonces podrá comprender la actitud de pretender decolorar la piel del expresidente Juan José Nieto.

Valdelamar Meza
Cuando se lee «Cartagena, Negra y Mulata», podemos conocer a la otra Cartagena, la que existe enmarcada por toda la Perimetral que bordea la Ciénaga de la Virgen.

Lo más asombroso es la permanente segregación que se practica en muchos establecimientos de la ciudad. Así lo demuestra el Profesor Valdelamar en la página 114 del libro.

«Cartagena, Negra y Mulata», debe ser un documento de permanente uso, en especial por los docentes de los diferentes colegios de la ciudad. Porque, ¿quién en Cartagena no está untado de melanina?

 

 Juan V Gutiérrez M 


 

lunes, 21 de noviembre de 2022

#Historiasdelfuturo

El AMOR DE LAS MÁQUINAS



Por Gilberto García Mercado

 

Por el año 4200 no existe la muerte ni el Apocalipsis. La raza humana ha alcanzado un equilibrio en su existencia que los capítulos de esperanza, amor y odio han quedado reducidos a una simple terapia llamada «Amor de Máquinas». Gracias a este descubrimiento, Alf 25 y todos los individuos del planeta son sanos y no envejecen ni albergan odios ni resentimientos. Las bajas pasiones por fin se han erradicado y la humanidad planetaria se enfrenta a una vida perfecta y coherente que funciona como lo profetizara hace muchos siglos Jesús de Nazaret.

—Madre, ¿ya me has colocado la dosis de la mañana de El amor de Máquinas? —reclama Alf 25, un poco indeciso—Creo que no, porque comienzo a inquietarme.

Marion, la madre, presiona un botón en su reloj de mano al tiempo que se lleva las manos a la cabeza. «Ya está. Preocupación eliminada totalmente», comenta la mujer un tanto eufórica. Alf 25 siente el cambio como un sutil aguijonazo, suspira mientras el nivel de ánimo en su cuerpo, retorna, vuelve a ser el de antes. Afuera, el panorama se circunscribe a pequeñas estaciones con cuartos en donde la poca gente que circula por las estrechas avenidas desaparecen una vez que ingresan a los cubículos. De vez en cuando, sutiles luces centellean por el lugar.

—¿Y aún no ha llegado mi Robot Hermano? —pregunta Alf 25, mecánicamente, sin afán—Hazle revisar la puntualidad, no quiero que por él vaya a tener problemas en clase.

—No es necesario—grita desde el umbral el Robot Hermano que viene llegando a la casa—Desde el Centro Operativo me han devuelto la puntualidad. Vamos que el colegio te espera.

Alf 25 y el Robot Hermano se estrechan las manos, sonríen espontáneos, muy lejos están de advertir el contraste entre el cuerpo humano y un ser de metal unidos sus partes con tornillos y tuercas. En la calle, no hay autos circulando ni calzadas congestionadas, el entorno libre de humo y de un sol abrasador, es un escenario regulado, la tierra ha adquirido la forma de un inmenso laboratorio, una gran cápsula espacial donde el hombre gracias a la ciencia ha conseguido la inmortalidad y, de alguna manera, regular las pasiones de la gente. En esta tierra prometida, desde hace algunos siglos, se ha conseguido desarraigar de la naturaleza humana, el odio y el egoísmo, el sufrimiento no existe, la alegría no desborda los límites de la prudencia, el bien común es una de las premisas fundamentales en esta Nueva Era de la Vida Eterna.

Cada terrícola existe, porque es, no hay preocupación por la explosión demográfica. Los espacios, las edificaciones están hechas a la medida exacta de cada habitante, no hay problemas de movilidad, cada familia puede tener dos o tres hijos, paralelo a ello, cada miembro de la estirpe puede tener un Robot Hermano como acompañante, ellos no son un problema, pues cuando terminan su trabajo, se recogen y repliegan en un envoltorio del tamaño de una caja de fósforos.

Como todo está automatizado, no se sufre por la concentración de la gente en una gran fila tratando de obtener una cita médica, o entrar a una gran fábrica o industria, no, eso no es preocupación desde que un gran científico, el Doctor Silvio Salazar Escorcia y, su grupo de expertos, se inventaron el Amor de Máquinas.

Ellos fueron los pioneros y, desde entonces, la muerte en la tierra ha desaparecido. El Amor de Máquinas es un aparato que desdobla la vida y tiene la facultad de volver sobre ella una y otra vez. De tal manera que, si gustas de hacerte viejo, un día, el gran aparato envejecerá tus moléculas hasta el punto que tendrás doscientos años en menos de un minuto. Si anhelas la eterna juventud, el Amor de Máquinas hará que tu cuerpo tenga siempre dieciocho años, y, los tendrás, siempre…

El hombre entonces tan solo vivirá para disfrutar de la ausencia de los árboles, de la retirada de un frío de octubre, de la huida del abrazo del abuelo Octavio, de no poder dirigirse a Miami Beach, de no poder entrar a una mezquita egipcia o, en otro tiempo, de no poder flagelarse y tener tiempo para visitar a El Papa en El Vaticano.

Tampoco en esta región del universo se plantean los recuerdos o las nostalgias como algo necesario e inherente al ser humano. Desde hace muchos años, millones de familias se tele transportaron hacia otros planetas de nuestra galaxia jubilosos de poder vivir por siempre. Por eso, es que la tierra permanece vacía. Hay una familia aquí y allá, como a 500 kilómetros de distancia. No obstante, todos conviven tranquilos y felices. Si la melancolía se apodera de los espíritus por la partida, en seguida se colocan enfrente de El amor de Máquinas y, en un dos por tres, regulan su tristeza. Y caso concluido: el deprimido vuelve a sonreír.

Alf 25 y el Hermano Robot van a todas partes. Algunas veces como travesuras juegan a hacerse viejos o jóvenes al instante.

En el Museo Terrícola de la Generación Olvidada, no se detienen ante las fotos de personajes mutilados por la metralla, la Bomba nuclear lanzada sobre Hiroshima parece caricatura que les divierte, la Guerra de Vietnam y el Once de Septiembre les merece total hermetismo e indiferencia, una fotografía de Jesús en El Calvario ni siquiera merece la atención del dúo.

—Dime una cosa: ¿alguna vez te zambulliste en el río? —interroga Alf 25 sin ganas. 
Gilberto Garcia Mercado

—No, eso es innecesario—argumenta el Hermano Robot—Y entonces: ¿Para qué tengo el Amor de Máquinas?

En casa, Marion, la madre obstinada, ha ido al Centro Operativo para que le regulen el Amor de Máquinas.

«No se preocupe», dice el encargado, «Alf 25 y el Hermano Robot, ni siquiera lo notarán».


   

 

 

 

 

 

 

 

Primera Entrega

EL ARTE SIN EL ARTE
TEORÍA DEL ARTE CONTEMPORÁNEO

                             «Sin embargo, Dios habla una y otra vez, pero el hombre no lo percibe»                                                                                                                               Job 33-13

 Por Bruno Elías Maduro Rodríguez

 

PRESENTACIÓN


A quienes se resisten a prescindir del apego y la lealtad con los amigos, al compadrazgo, a la cofradía de la sinceridad y el aprecio, al diálogo y la honradez misteriosa de la palabra que abre el alma de par en par, y nos coloca ante el mundo como seres que podemos ejercer la humanidad y dar aquello de lo que estamos hechos: ese material que nos hace tangibles y sensibles, ese amor que nos hace falta, hoy más que nunca, y que se puede encontrar, aunque escaso, habitando en individuos anónimos que aún hoy encuentran oídos para oír… Apreciamos a esos seres que de una manera inexplicable regalan felicidad, aunque estén en las más terribles condiciones o situaciones que la vida les impone… A los hijos, a la madre, al padre que se fue y hace falta, a ellos dedicamos esta reflexión sobre el espíritu de lo bello. Reflexión que también va dirigida a aquellos que traicionan, y que con su traición se delatan ante nosotros y ante el mundo como lo que no debe hacerse, como lo que no se debe imitar. A esos que con su ingratitud ponen en jaque las riquezas del espíritu humano. A pesar de ello, estamos seguros de que el hombre tiene salvación; a pesar de que al mundo lo gobiernen la maldad y el odio, y sean tan fáciles la animadversión y el aborrecimiento por el otro desconocido; a pesar de que exista ese perverso que hace daño a quienes ni siquiera logra conocer y, sin embargo, condena y perjudica sin causa ni razón; a pesar de todo eso, podemos afirmar que hay una luz al final del túnel. Muchos de los que odian por ideologías, por creencias o por calumnias, repudian a los otros sin haberlos conocido, sin saber de sus vidas ni de sus acciones, simplemente los hacen sus víctimas, empujados tal vez por un impulso irracional, por una fuerza destructora que no tiene explicación; al pervertido, en este sentido, una mera seña basta para caerle a ese otro inocente. El perverso se transforma en una máquina de destrucción. El malévolo detesta sin saber una pizca de su casto congénere, el que, en menos de un segundo, se ha vuelto su víctima. A ese malvado también le dedicamos este trabajo, no para que se deleite, sino para que se revuelque y abandone la destrucción sistemática.

Hoy, por eso, en medio de esa ordinaria multitud siniestra que se ha vuelto común y se multiplica; en medio de esta época que nos está acabando, buscamos lo bello del hombre, escudriñamos aquel lugar donde puede estar el origen del arte y la belleza, indagamos en esa esquina del ser donde están los imaginarios escondidos. Buscamos con ahínco la fuente donde se encuentra la hermosura. Buscamos ese estado sensato del espíritu humano, sobre todo en aquellos individuos que con sus tripas y corazón cargan con la noble creencia de que el tiempo de los hombres aún está repleto de esperanzas, y que, en medio de una gran tormenta y temporada destructiva, como la que está transcurriendo en estos momentos, existen salidas que aguardan por el gran descubrimiento de lo noble en el hombre.

Bruno Elias Maduro Rodriguez
Pero, por último, también dedicamos estas reflexiones a esos seres excepcionales que producen belleza, a esos seres humanos espléndidos, a quienes durante su vida se han dedicado al arte y sus vicisitudes, a esos seres que hoy están creando una antesala vital para la existencia; a esos genios ocultos que están como haciendo cola, como esperando a que se calme la barbarie, dando tiempo a que la catástrofe dé una tregua, dándole tiempo al tiempo para que provenga la escapatoria a la autodestrucción institucionalizada que está en marcha; a esos seres que están buscando una salida que alivie el peso de la vida, dedico este pequeño tratado sobre el arte y la teoría del arte. Por eso, hoy, con ellos, nos acordamos de que la belleza proviene desde el fondo del espíritu, y con ellos, con fuerza de rinoceronte volvemos a conversar de lo esencial del arte, porque sabemos que eso esencial aún no se ha perdido. Aquí, en estas reflexiones, está un abrebocas de esa esencia de vainilla que gira alrededor en un helado, de un vaso con hielo en medio del calor de nuestro Caribe, aquí está para que las degustes, mi hermano lector. Espero tu complicidad en estas nuevas formas de transgresión.

lunes, 14 de noviembre de 2022

Cartagena y la Maldición de Heredia

«DOCE AÑOS GOBERNADA POR LOS
APÓSTOLES DE LA INOPERANCIA»

 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

Del 2012 al 2022, a Cartagena de Indias la han gobernado los «Apóstoles de la Inoperancia» basados en tratar de hacer lo que no alcanza el Bien para la ciudad. Todo parece ser una «Fiesta», donde se llega a reír de las cosas que se presentan, con la aprobación de un Consejo que aplaude cuando su participación en la administración suele ser bondadosa.

Cartagena de Indias, es una ciudad, arcano de monedas adquiridas por el pago de tributos coloniales. Lo cual la condujo a ser el punto de mira de piratas, filibusteros y toda clase de sátrapas surcadores de indómitos mares. Hoy, a estas horas no se ha encontrado un Alcalde que la dirija con análisis de estadista. Parece ser que el hecho de haber sido gobernada por Don Pedro de Heredia, se hubiese convertido en una maldición. Da grima ver cómo la ciudad refleja el abandono, lo que se aprecia en las calles con enormes huecos, alcantarillas destapadas, balcones deteriorados amenazando con venirse abajo, casas derruidas, cuerpos de agua malolientes y obstruidos en su comunicación con el mar, desorden en el transporte.

El último de los alcaldes, se ha convertido en un «payaso» ofreciendo risas a cambio del aplauso por el papel de «Loco Nuevo». (Es lo que se comenta en el argot popular).

Cartagena de Indias, es una hermosa ciudad en su estructura colonial, encerrada por las murallas que parecen querer proteger a los cuatro barrios antiguos: San Sebastián, Santa Catalina, La Merced y Santo Toribio (San Diego).

Pero hay una Cartagena de la Periferia, donde la gente se muere de hambre o por la violencia que se acrecienta, tratando de alcanzar el «Ranking» de las ciudades más Violentas del Mundo.

¡Qué Tristeza! ¡Cómo añoramos tu esplendor de Reina del Caribe!



 

sábado, 12 de noviembre de 2022

#Historiasdelfuturo

EN LOS SENDEROS DE ANDRÓMEDA

Por Gilberto García Mercado


Andrómeda estuvo en la ciudad en una noche lluviosa. Su presencia fue un hecho fortuito y a más de uno dejó con la inquietud y el deseo de poder escarbar más en la vida de la dama. Ese viernes de septiembre, como ya era costumbre, habíamos ido al Bar de Celeste a dejar en seis o siete cervezas el desgaste intelectual que implicaba acudir de lunes a viernes a la escuela en los suburbios de la ciudad. Teníamos que cuidarnos de que la Directiva del plantel no supiera de nuestras andanzas en esos antros prohibidos para los menores, so pena de perder los privilegios y los auxilios económicos otorgados por el gobierno a nuestro grupo de resocialización. La noche avanzaba entre canciones de Rubén Blades, La Sonora Matancera y una que otra guaracha de Celia cruz, cuando, de repente, el Bar de Celeste pareció arder y temblar por la lluvia fortuita. Creímos que era la Guardia Nacional en cabeza del Señor Rector Ezequiel Padilla, que nos había sorprendido in fraganti, con una risa nerviosa de Celeste al fondo del bar, tratando de explicar a esa comitiva de asalto, con balbuceos y palabras ininteligibles nuestra desventurada presencia en ese antro de mala muerte, significando para la propietaria una multa casi que impagable por el agravio, y, acaso, el cierre definitivo del establecimiento.

—Chicos, yo lo presentía—chilló la Celeste desde la poltrona en la que asumía la dirección del bar—Tarde o temprano alguien lo iba a descubrir.

Entre el estallido de un relámpago y la lluvia fortuita que caía, terció un intervalo de tiempo que no pudimos evaluar. Quizás se trató de un día con su noche, o de un minuto eterno, no sé, o de la brevedad de la vida, acaso un instante en el que pudimos contemplar, en todo su esplendor, a la Andrómeda que se escurría por entre la puerta artesanal del recinto con techo de palma que ahora ardía sin arder, y, a la mujer de otra galaxia, paseándose sobre aureolas de fuego en la superficie del bar.

Estoy seguro de que no habló, era un ser inmortal, envuelto en luz que decía a nuestras mentes, en un lenguaje incomprensible y extemporáneo, lo importante del amor terrenal. «La clave de la vida se encuentra en el amor», creímos escuchar. Desde los cuatro puntos cardinales, el mundo en el que se constituyó el Bar de Celeste, vimos rayos ultravioletas que, con su sola emisión, pulverizaban nuestros cuerpos, dirigidos sin contemplación alguna contra Andrómeda. No obstante, la mujer no se inmutaba, seguía con una calma inusitada, su arenga sobre el amor, devota, entre más se intensificaban los ataques de los rayos ultravioletas, más efectos tenían sus palabras defendiendo al amor. Increíblemente, nuestros cuerpos pulverizados se hacían resistentes con cada palabra suya. Volvían a recomponer sus átomos, volvíamos a ser humanos. Estuvimos allí mil años, porque Andrómeda se paseó por encima de nuestras cabezas, dándonos una lección en la que el egoísmo se hizo a un lado. Se apartó como si diéramos un tajo a un árbol caído en desgracia.

—No permitan que la maldad los venza—argumentó enfadada.

Fue entonces cuando el más atrevido del grupo, Néstor Vargas, articulando las palabras que hasta el momento se hallaban ausentes, desde la irrupción de Andrómeda en el bar, preguntó: «¿Y quién eres tú?». La respuesta se adhirió para siempre a nuestros recuerdos de aquella noche invernal. Fue una réplica que aún nos parece un sueño, una quimera que cabalga sobre nuestras vidas de viejos desposeídos y olvidados para siempre en un asilo de ancianos: «Yo soy la otra mitad de ti. La parte buena que suele reemplazar a la mala y que posibilita tu felicidad», susurró Andrómeda al tiempo que desaparecía del Bar de Celeste.

Al día siguiente, el mundo seguía como si nada de lo referido con anterioridad hubiera sido real. Volvimos muchos viernes sobre el establecimiento, esta vez cuidándonos de que alguien pudiera descubrir nuestra guarida de chicos irreverentes que no eran totalmente sinceros en una frívola sociedad.

Gilberto García M
Con los días, Celeste ha envejecido y amenaza con cerrar el bar. Dice que su vida es una miseria y que los ciudadanos que llegaban hasta el bar, «han ido dejando a los niños que eran en otro tiempo, en los senderos de Andrómeda».

—Es imperioso, su cierre—agrega fuera de sí la propietaria—El bar no es el mismo de antes.

Llueve casi siempre en septiembre. Ya nadie se acuerda de la irrupción de Andrómeda en aquel antro de mala muerte atendido por Celeste en aquel viernes invernal. Del grupo de muchachos que se escurrían al interior del establecimiento no queda nadie, algunos se fueron a otras ciudades, estudiaron, se graduaron y casaron formando finalmente una familia. En la zona en donde se hallaba el bar clandestino de menores, ahora se erige, entre avisos de neón y luces resplandecientes de colores por todas partes, el Centro Comercial Andrómeda.

        * Pintura de Paul Gustave Dore, Andrómeda 

jueves, 10 de noviembre de 2022

Agustín Muñoz Orozco

EL HOMBRE QUE ESCRIBÍA
LAS MEJORES CARTAS DE AMOR

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes 

Lo conocí en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja. Llegó para estudiar Biología y Química. Allí nos conocimos, yo venía de haber estudiado en el Liceo de Bolívar, la grandiosa Institución Patrimonio de la Educación Pública En Colombia.

Lo llamábamos «El Compa Muño», porque llamaba «Compa» a todo el mundo, significando que era amigo de todas las personas a quienes conocía, sin duda, un ser excepcional y con mucha fraternidad.

Su imagen irradiaba nobleza, de él siempre esperábamos bondades, no imaginábamos que pudiera hacer mal alguno. Sabía cantar décimas y nos transportaba a ese mundo fraterno de la expresión poética, donde se elogia con el uso de la rima a las personas o cosas que queremos.

«El Compa Muño», en las cosas del amor, era recursivo y lo demostraba cuando iniciaba grandes epístolas amorosas, tomaba un intervalo de tiempo para contarle, a Rosita, su novia, todas las vivencias de su permanencia en Tunja, esa ciudad fría, donde debíamos acostumbrarnos a abrazar permanentemente una cobija para protegernos del inclemente clima.

Sus cartas amorosas estaban constituidas por veinticinco páginas. Todos quedábamos asombrados del volumen de las epístolas. «El Compa Muño», era de una nobleza a flor de piel, siempre regalaba una sonrisa de amistad. En su dedo anular llevaba una sortija marcada con las iniciales del nombre suyo y el de su novia. Se creía un hombre de fortaleza, creía representar al pequeño «David», el de la biblia, y lo hacía cuando jugaba al béisbol, en su imaginación sus batazos eran de gran trayectoria.

Juan V Gutiérrez M
Hoy, «El Compa Muño», nuestro querido personaje y cómplice de nuestras vivencias de juventud, nos ha dejado, ha partido hacia la eternidad. Debido a su humildad y carácter sabemos que tendrá la gran posibilidad de participar de la presencia de Dios en toda su plenitud.

Hoy, «El Compa Muño», compone una décima para elogiar su nuevo periplo y vivencias en el cielo, pero acompañado del Todopoderoso.

Paz en su tumba.



miércoles, 9 de noviembre de 2022

Rebelión En El Cielo

«ESTA LLUVIA ES EL LLANTO LASTIMERO DE
 LA CARTAGENA MARGINADA Y OLVIDADA»

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Aquella «Estrella» que ha escapado del «Firmamento» por los amores con el humano habitante del Bosque, se pregunta: ¿De quién será el llanto desconsolado en el «Firmamento»? Quiero saber si es el llanto de una estrella o alguien ha tomado las llaves que siempre guarda San Pedro, dando rienda suelta a su curiosidad para ver neciamente cómo se vierte el agua por estos lares.

Si no detienen la lluvia, el cielo se va a quedar sin nubes y los niños ya no podrán jugar. Ellas, todo el tiempo estarán transformándose en ninfas de algodón y ya no querrán saber más de los infantes.

Ya casi no hay cupo para el agua que está cayendo desde la bóveda celestial. Los peces de los mares están sufriendo porque los océanos están perdiendo su salinidad. El Pargo Rey ha implorado al «Firmamento» para que detenga la lluvia. Las Sirenas Plañideras han cambiado su canto por el llanto permanente, no descansan, día ni noche, muy a pesar de que sus lágrimas aumentan el caudal turbulento de las aguas.

Hay una estrella en el firmamento que guarda la llave extraviada.

Una Estrella ha insistido, manifiesta que no son lágrimas las que caen. Asegura que es el agua reprimida de muchas nubes que estaban al cuidado de una estrella infiel y desordenada.

Se ha nombrado extraordinariamente una Comisión conformada por las Ninfas del Bosque, para hablar con San Pedro y solicitarle que cierre todas las Compuertas del Cielo, especialmente las que están al cuidado de la «Estrella Desordenada». 
Para aliviar la situación de los ríos desbordados, el Señor Eolo se ha encargado de conducir el exceso de agua al desierto de la Guajira.

Los Bosques y los Ríos han conformado un Coro para entonar cantos de agradecimiento por el término de la lluvia y esperar que se normalice el clima. 
Es la fantasía creada por el Niño de la Perimetral, donde la lluvia no ha permitido calentar las brasas por la falta de lumbre y alimentos para cocinar. No han podido salir porque el agua ha subido dos metros su nivel y todo se ha mojado, duermen sobre los techos y se cubren con impermeables, también el llanto de los niños acrecienta el agua del caño que vierte sus aguas en la Ciénaga de la Virgen. Es un llanto por el hambre que acosa al sector de la Perimetral y los asentamientos de las clases más necesitadas.

La lluvia es el llanto lastimero de la Cartagena marginada y olvidada.

Juan V Gutiérrez M

 

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