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domingo, 1 de mayo de 2022

Memoria de Ciudad

EVOCANDO LA ELEGANCIA DE LOS VENDEDORES
DE «RASPAOS» EN LA DÉCADA DE LOS CINCUENTA

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Eran los años de la década de los cincuenta, cuando la honradez transitaba libremente por las calles y el saludo se hacía con la convicción de ser respondido con una dulce sonrisa. Parecía que las personas caminaban sobre la bondad. Quizás, por eso mi madre me dejaba, con mis pocos años, caminar detrás de la carreta del señor que vendía los «raspaos» (granizados).

Se llamaba Vicente, sólo recuerdo su nombre, lo cual me parece suficiente, así como el apodo que le endilgaron: «Platón», el de la «Espalda Ancha». Eran muy escasas las personas que sabían su verdadero nombre. Aquel vendedor de «raspao», era gentil y respetuoso. Desde las diez de la mañana salía con su carreta cargada de almíbar, extractos de fruta entre los cuales estaban el de guanábana, níspero, zapote y guayaba.

A través de los envases podíamos ver los pedacitos de frutas, las botellas seducían a los transeúntes, de tal manera que hacían más atractivo el saborear un «raspao». Parecía existir un acuerdo tácito entre las maestras de la escuela, pues la campana del recreo sonaba justo cuando pasaba el señor Vicente con su venta de «granizos de colores». Salíamos y comprábamos aquel rico «raspao», coronado por el almíbar de la fruta preferida.

Vicente suspendía su venta a las cinco de la tarde, lo tenía todo calculado para que, a esa hora, no le quedase hielo en la carreta. Llegaba a su casa, se reposaba y luego se acicalaba con el pantalón y camisa blancos, manga larga, corbatín y máquinas que ajustaban su pantalón. Acto seguido, pasaba por el frente de mi casa sin la carreta a cuestas, caminaba erecto y atravesaba el Puente de Chambacú. Cruzaba el Campo de la Matuna para encontrarse con su novia en el Teatro Padilla y ver a Cantinflas, una de sus películas preferidas. Vicente hacía de su vida una escena entre divertida y tranquila.

Y así como Vicente, existieron otros vendedores de «raspaos» que utilizaban el almíbar con igual proceso de preparación. Uno de ellos era «Pedro Regalado», el común de la gente solía llamarlo Peyito Iriarte, su nombre de pila. Hacía su recorrido por las calles de Getsemaní, era costumbre verlo a las cuatro de la tarde estacionado en el Callejón Ancho, frente a la Escuela Mixta «La Fe», de la señorita Ana Josefa Herrera G. Y es que a esa hora salían los estudiantes a comprar el «raspao» de «Pedro El Regalao». Él vivía en una de las accesorias de la calle del Espíritu Santo en Getsemaní, era bailador de boleros y sabía geometrizar el embaldosado con sus pases de diestro bailador.

Peyito se casó con Isna, una de las hijas de Catalina, residentes en Chambacú. A este vendedor se le recuerda por sus almíbares y su bondad para atender a los que llegaban a su carretilla y verlo cómo raspaba el hielo con extremada elegancia. No habían llegado las máquinas modernas para triturar el hielo, por lo cual la faena se desplegaba a puro pulmón con el cepillo de hierro, un artefacto que hoy es pieza que enriquece el museo doméstico. Higinio, otro vendedor más cercano a los años noventa, se inició en San Diego, más tarde se trasladó a Chambacú, en donde combinaba la venta de «raspao» con la atención de un pick-up. Él tenía la elegancia del vendedor de «raspao» de su tiempo: buen vestir y diestro bailador. Eran personajes que hacían de la vida una fiesta.

En Chambacú había otros personajes que vendían «raspaos» en sus casas. Gregorio Gómez era uno de ellos, viejo policía pensionado de la Época Laureanista. Nunca pudo preparar el almíbar como los anteriores, porque este era clarito sin el sabor de las frutas. El otro era el legendario beisbolista Cosme Pájaro, allí en el kiosco de su patio, a pesar de no tener el secreto de los almibares, lo pasábamos bien por sus anécdotas en el béisbol, cuando participó con otras glorias, tales como «Chita» Miranda, «Petaca» Rodríguez y muchos otros.

Al lado del Teatro Variedades, en la carretera de Torices, se hallaba el kiosco del señor Marroquín, quien vendía su «raspao» con el olor de los Bistec de la señora Margot. Marroquín raspaba con mucha elegancia sin poseer el secreto de los genios de los almibares: Vicente, Peyito e Higinio, quienes perdurarán en los recuerdos por lo bueno y exquisito de sus «raspaos».
Juan V Gutiérrez M


 

 

 

martes, 26 de abril de 2022

Los Réquiem del Olvido

UNA CAJETA RELEGADA

 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes   

  

Hace pocos minutos, era una cajeta con ilustraciones que recreaba la vista y dejaba un aliciente por las cosas que el hombre puede crear. Esa cajeta guardaba en su interior pequeñas galletitas elaboradas con Quínoa y Amaranto, exclusivamente para personas impedidas de consumir trigo, debido a la presencia del Gluten. Era una cajeta con tendencia a la felicidad para las personas que podían hacerse a ella. La podíamos mirar en los estantes de las Tiendas Naturistas, las mirábamos y parecían seres con vida porque colmaban nuestra curiosidad y deseábamos tocarlas y llevarlas siempre con nosotros.

Después de haber agotado su contenido, la abandonamos y quedó expuesta al trato inmisericorde del reciclador, reduciendo su volumen «Boteriano», a un simple cartón plano y ausente de alma y figura, incapaz de derramar una lágrima de tristeza. Ahora yace en el tinaco con el olvido de lo que fue un día.

UN BOLÍGRAFO ARROJADO EN EL TINACO

Ahora yace como cualquier cilindro, tirado en el tinaco de la basura. El bolígrafo de ayer, cargado de fluida tinta, era capaz de derramar un continente de palabras con mensajes de alegría o de tristeza. Causaba regocijo en el corazón lo que él había escrito guiado por la mano de su amo.

Pocos son los que se detienen a pensar en el bien que hizo el bolígrafo, hoy tirado en el fondo del tinaco. Fue un eternizador de frases que aún causan felicidad en quienes leyeron lo escrito por él. No importaban las distancias, las oraciones escritas, no conocía fronteras, atravesaba los continentes para que leyeran sus palpitaciones las personas de diferentes razas y creencias.

 UNA CAMISA TRANSFORMADA EN TRAPO PARA LIMPIAR 

Cuando la usábamos sentíamos que el mundo estaba a nuestros pies, caminábamos invitando al género humano que lo hiciese a nuestro lado. Ese era nuestro día, llevábamos puesta la camisa más linda del orbe, prenda que nos llenaba de sano y humilde orgullo, no queríamos parecernos a ningún otro, nos bastaba con ser el que llevaba la camisa puesta. Pero las cosas no son eternas, y sí los recuerdos, porque estos trascienden de generación en generación a través de la oralidad. La camisa se fue deteriorando, perdiendo su color y diluyéndose sus hilos, el tejido que la formaba, hasta llegar a ser trapo para limpiar, sin el brillo del orgullo de la camisa que invitaba a la salida del sol, cuando el día estaba nublado.

¡Una lágrima por la noble camisa! 

Juan V Gutiérrez M

 

lunes, 18 de abril de 2022

Se Izan Banderas

UN BUSTO PARA «LONCHA»: 
LA DAMA DE LA CALLE DE LAS FLORES

«La Venus que realizó los sueños eróticos de los adolescentes de El Espinal»


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

Su nombre de pila era Lastenia Parada Berrocal, sus orígenes se hallaban entrecruzados con las mujeres de la Población Gines, en las márgenes del río Sinú.

Aquellas mujeres nacían con el don de bañar a los adolescentes, con aguas de plantas especiales dándoles caracterización de hombres varoniles. Lastenía pasó por la Escuela de las Gines y adoptó por nombre «Loncha», que guardaba alguna relación como lo plantea el ingeniero Pinedón, con la «Lonchera», haciendo referencia a «lonja de carne» y no al inglés «Lunch».

Muchos fueron los remoquetes que le indilgaron. «La Despuntadora de anzuelos adolescentes», fue uno de ellos. No obstante, la mujer sabía guardar la compostura de acuerdo con los principios que predominaban en la Calle de las Flores, reivindicada por el poema del Tuerto López:

CALLE DE LAS FLORES

¡En esa calle oscura que pudiera
ser un primor entre diez mil primores
no existe ni una flor, ni una siquiera
y se llama «La calle de las Flores..¡»

¡Bizcos solares ...Ni una triste acera
de aquel jardín abierto a los amores
clandestinos del barrio, allá en la era
de los muy sapientísimos oidores...¡

¡Marchito el ramillete y roto el vaso,
las gallinas escarban en los restos
de inconfesables cosas, entre olores
que si no surgen de un vergel, acaso
vengan de algún zambullo y de otros tiestos.
Y aún se llama la Calle de Las Flores¡


Esa calle por los años de 1960 estaba habitada por la familia de Naucícrates Pérez, el Culí Mondol, los residentes del Pasaje de Inginio, el Nene Peña con su tienda de carnes saladas al aire, Ambrosio González, Máximo Gómez y «Loncha» con sus Hetairas. En la calle, habían quedado los recuerdos de «Aires Cubanos», pero ahora se sentían las voces de los actores mejicanos de las películas del Teatro Variedades en la carretera de Torices.

Lastenia Parada, su nombre guardaba cierta concordancia con la actitud mantenida por la mujer: siempre «parada en la raya». Quizás por esta razón mereció el aprecio de sus vecinos y las buenas razones para que ciertas matronas recomendaran los simulados abrazos de sus orgasmos fingidos. De éstos bien pueden hablar los residentes de los «Altos del Espinal», en especial aquellos que hoy reclaman un Cenotafio para la Dama. Ellos conocían la asepsia empleada, usaba los extractos de la Sábila (Aloe Vera) combinados con el matarratón y las hojas del Diente de León. El Farmaceuta Víctor Barrios llevaba una estadística de los escasos enfermos que se presentaron, nunca trató una blenorragia, siempre fueron casos de ácaros y liendrillas que trataba con polvos de mercurio o calomel.

En buen momento, los residentes de El Espinal, han insistido en realizar un monumento para la «Loncha», si lo tiene don Pedro de Heredia, ¿por qué ella no?, pues como descendiente de Las Gines contribuyó al desarrollo de los adolescentes de la calle de Las Flores, frecuentada por el Tuerto López cuando se dirigía a «Aires Cubanos».

«Loncha», una mujer no superada por la que el doctor Enrique, llegó a conocer el sector de Guayaquil en Medellín. El recuerdo inolvidable de «Loncha», no ha podido ser extinguido de la memoria de aquellos adolescentes que pasaron por las aulas gloriosas del Liceo de Bolívar.

Hoy, después de sesenta años se izan banderas de astas encorvadas para gritar: «¡Viva Loncha!».

Juan V Gutiérrez

 

domingo, 17 de abril de 2022

Los Idiomas Alimentan El Espíritu

«EL LIBRO... ES UNA EXTENSIÓN DE LA MEMORIA 
Y LA IMAGINACIÓN»: JORGE LUIS BORGES

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

Celebramos El Día del Idioma, el 23 de abril, haciendo alusión a Miguel de Cervantes Saavedra y a William Shakespeare, porque fueron grandes escritores de obras que se eternizaron en el mundo, tanto en lo oral como en lo escrito.

Antes del descubrimiento de la escritura, la oralidad fue desde sus inicios el medio para la comunicación entre los hombres. Fue un instrumento fundamental, pues el ciudadano se aprendía extensos discursos que hacían parte de la historia de los pueblos, individuos llamados rapsodas o poetas recorrían las poblaciones cantando o narrando hechos transcurridos en el tiempo.

La oralidad se apreciaba como un don de sabiduría o gran capacidad para memorizar. Hubo grandes filósofos, que, a pesar de haber logrado aprender la escritura, nunca la aceptaron como una herramienta para trascender en el tiempo, consideraban que ésta forma de comunicarse, era un medio que disminuía la capacidad de memorización entre los hombres. Uno de ellos fue Sócrates, quien a pesar de saber leer y escribir, nunca lo hacía para la trasmisión de sus disertaciones filosóficas, de igual forma, actuaron, Pitágoras, Diógenes, Buda y el mismo Jesús de Nazaret. («El Infinito En Un Junco», pág. 7).

Platón y, muchos de los seguidores de los grandes maestros, escribieron después las lecciones y pasajes de esos grandes personajes. Pero el libro triunfó y se constituyó en un medio para que el conocimiento trascendiera sin ningún perjuicio para individuo y memoria.

Según Borges: «De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso, es sin duda el libro...es una extensión de la memoria y la imaginación». (El Infinito En Un Junco).

A través de la palabra, con la oralidad y la escritura, el hombre trasciende por medio de las relaciones, los pueblos logran entenderse para establecer pactos y tratados que faciliten la convivencia entre ellos.

Sócrates, Filósofo y Pensador
Alejandro Magno tenía un aprecio enorme por los libros, llevaba siempre consigo «La Ilíada». El gran emperador siempre estuvo en una permanente búsqueda por los mejores libros para conformar la gran Biblioteca de Alejandría, donde se podían encontrar los mejores textos escritos por el hombre.

El Idioma, como medio de comunicación, tiene efectos terapéuticos, a través de la conversación se alcanza un gran bienestar espiritual, es por esto que los encuentros para comunicarse a través de la palabra, ya sea en tertulias, foros o talleres literarios alimentan el espíritu y alegran el corazón.
Juan V Gutiérrez M






                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

viernes, 8 de abril de 2022

De La Promoción Lidebol 1962

«UN MAESTRO DESCRIBÍA EUROPA SIN HABERLA VISITADO» 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

Este 2022 se cumplen sesenta años de haber egresado, como bachilleres, del glorioso Liceo de Bolívar. En la calle del Cuartel del Fijo, allí estaba aquel maravilloso claustro, donde las voces de los maestros quedaban impregnadas en las brisas que llegaban de las orillas del Mar de las Antillas. En ese año de 1962, estábamos distribuidos en cuatro grupos—«A, B, C y D»—todos nos conocíamos, sabíamos quiénes eran buenos para las matemáticas o para hacer un discurso en pro de una buena causa.

Siempre recordábamos a los maestros que habíamos tenido en el transcurso de los seis años; los mirábamos como ciudadanos poseedores de mucha sabiduría. Un Rector como Francisco Ospina, apodado «El Cachifo», un Vicerrector como Antonio Valderrama, quien pasó a Rector en el año 1962 y luego se convirtió en nuestro amigo, cuando nos formamos como profesionales.

En aquel claustro encontrábamos a un maestro que nos impresionaba mucho, era capaz de describir Europa sin nunca haberla visitado, se atrevía a señalar el sitio donde había estado Napoleón, la última vez, o donde Nerón se había ubicado para trinar su lira, mientras Roma ardía. 
Aquellos maestros, pocas veces se equivocaban, porque cuando lo hacían podíamos considerarlo como «una ficción» para hacer más comprensible la lección, entre ellos podemos recordar al maestro Eliseo Taborda, un antioqueño del municipio de Liborina, lo que decía con mucho orgullo, para «parangonearse» con la vida de uno de los escritores franceses, Francisco Villón. (Nació en París, en el año 1431. Su nombre verdadero era François de Montcorbier, hijo de una familia muy pobre, quedó huérfano al poco tiempo de nacer, entrando en una institución de beneficencia. Allí conocería a su protector y padre adoptivo: el profesor Guillaume de Villón, de quien tomó su apellido).

Las clases del Maestro Taborda eran estimulantes para entrar al mundo de la literatura, sin olvidar al doctor Rafael Orozco Martínez, quien expresaba: «Me he remontado a las alturas para retar al águila». No conocía el miedo.

En aquel Claustro glorioso, se forjaron grandes figuras de la intelectualidad colombiana, muchos se hicieron profesionales en la Universidad de Cartagena, otros salieron a otras ciudades o al exterior.

Nuestra Promoción del 62, fue prolífera en dar grandes profesionales, a quienes hoy se les puede observar en ciudades como Bogotá: Jesús Mora, Amadeo Rodríguez, Héctor Galván, Plinio Bustamante, Tomás Villadiego, Clovis Sarmiento, Gilberto Herazo. Robinson Pedroza, Luis Movil, Guillermo Castro, Alberto De la Espriella. 
Y en Medellín: Enrique Batista, Luis García, Jairo Solano, Jorge Sepúlveda, Grimaldo Olea, Leopoldo López, Salvador Gómez, Mario Vidal, Jorge Arrieta, José Luján (f), Ramiro Guzmán (f). Así como los anteriormente citados hay muchos profesionales que se encuentran en otras ciudades prestando sus servicios aprendidos en el Liceo. Muchos se hallan en otra dimensión, pero siempre los recordamos.

La Promoción del 62, se ha caracterizado por el elevado concepto de la amistad, la que siempre hemos estado reafirmando con encuentros para recordar las lecciones de aquellos «buenos Maestros».

Este año nos reuniremos para celebrar los sesenta años de haber egresado del glorioso Liceo de Bolívar.

Gutiérrez Magallanes, Promocion 1962

 


martes, 29 de marzo de 2022

Libros Leídos

MATÓ A SANDRA PARA REDIMIR A LA HUMANIDAD

Por Álvaro Escobar


Todas Las Flores Son Pocas Para Sandra reflexiona sobre el amor apoyada en una expresión que, para muchos, parece tomar peligrosamente más validez con el tiempo: «El amor no existe» y se desarrolla en la exposición del protagonista, el asesino, a un cronista de por qué asesinó a Sandra.

Rodrigo Barnés, el protagonista, que en algunos pasajes de la novela se identifica con el cronista que hace la voz narradora, arrebata la vida a Sandra, se podría inferir, para redimir a la Humanidad. La asesina porque, como expresa, «la amaba más que nadie en el mundo» y, se podría decir que para salvar a ese sentimiento conocido como «amor» y, paradójicamente, para enviar un mensaje: «Hay que decirle al mundo que al amor hay que rescatarlo».

Pero la voz narrativa además de confundirse con la del protagonista «sospechaba que yo era él, y por eso cierta afinidad con el presidiario», también se podría confundir con la del autor: «¿Qué mi personaje es ficticio? Les respondería que sí y que no. Quizás el argumento es una forma de desahogo, el autor se ha enamorado de una adolescente de quien se ha obsesionado».

Y en verdad, desde lo que narra la novela, es una obsesión porque Rodrigo Barnés ama a la distancia a Sandra, desde el frente de su casa, describe en varios apartes su belleza, y con ella solo tiene un contacto físico: el del día en que la asesina.

Alvaro Escobar

 


viernes, 25 de marzo de 2022

Aún Se Les Continúa Negando La Entrada

JUAN LATINO: PRIMER NEGRO EN
LA LITERATURA DEL SIGLO XVI

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

Sobre el lugar de su nacimiento, los historiadores no han logrado ponerse de acuerdo, algunos afirman que nació en la provincia de Córdoba (España), y otros lo sitúan en Berbería, África.

Aunque Juan Latino manifestaba haber nacido en Etiopía, en 1518, lo más probable es que hubiese nacido en España, pues no era usual comprar a una esclava con su hijo. (Nuestro protagonista era hijo de una esclava negra, comprada por el Duque de Sessa, sucesor del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba).

Desde muy pequeño fue destinado como siervo al hijo de sus señores, haciendo las veces de «paje» del pequeño Gonzalo. Lo acompañaba al colegio, sin lograr entrar al aula, se quedaba fuera, desde donde podía escuchar y ver las clases que se impartían, de esta forma logró aprender a leer y avanzar en la misma forma que lo hacía su pequeño amo. Sólo entraba para «calentar» la silla de Gonzalo. Logró participar indirectamente en la educación que aplicaban al joven amo, desde fuera del aula.

Pasado el tiempo tuvo que acompañarlo a la Universidad de Granada, y así como había sido antes, no podía entrar al aula, no obstante, esta situación no fue óbice para que no continuara aprendiendo de las lecciones impartidas al joven Gonzalo.

«Su increíble aprovechamiento atrajo la admiración de los condiscípulos del Duque y de sus maestros, de ahí que le fueran conociendo con el sobrenombre de «Latino», por sus conocimientos del idioma, lo cual causó admiración en Miguel de Cervantes Saavedra, quien no sabía latín. Juan tomó este sobrenombre como propio y decía:

«Y como le llamó por eminente
la antigua Roma a su Adriano el griego,
la noble España me llamó Latino»

Ximenez de Enciao pone en su boca también estos versos que confirman su vocación intelectual y que pudieron muy bien haber salido de sí mismo:

«Y hallando que no hay honor
para mí, quise saber,
viendo que para aprender
no ha estorbar el color».

Todos lo admiraban por su gran valía, llegando los Sessa a considerarlo un miembro más de la familia. Recién creada la carrera de Letras, le permitieron continuar en la Universidad, aunque al principio deseaba estudiar medicina.

Cursó las Letras con gran brillantez y los Sessa se constituyeron en su mecenas. En los inicios del siglo XVI él era el primer negro africano, poeta y escritor que redactaba sus textos en latín, además de saber música y griego.

«A Juan Latino le tocó una época en la que en el Reino de Granada se resolvió el problema de los moriscos (Rebelión de las Alpujarras) y en esta contienda fue un testigo de excepción, como lo demuestra en algunas de sus obras. Fue protagonista en esta contienda, don Gonzalo Fernández de Córdoba, quien combatió bajo las órdenes de don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. Juan Latino participó a favor de los anteriores, cantando las glorias alcanzadas por don Juan de Austria y don Gonzalo». 
Juan Sessa o Juan Latino, muestra desde pequeño, que, como esclavo, tenía que aprender a leer y conocer las letras, tener una educación que le permitiera lograr la liberación y a partir de esta ascender en los estamentos de la sociedad. Como esclavo comprendió que el servir, no le impedía estudiar por su temperamento inquieto y una inteligencia despierta, que lo motivaba en todo momento a escribir y enseñar.

Juan Latino fue manumitido en1538 y continuó sus estudios en Granada. Estando allí logró conocer a Juan Boscán, Garcilaso de la Vega y Juan Rulfo, con este último se solía confundir a Juan Latino, pues compuso un poema de igual título: «La Austriada». Esta composición Juan Latino se la dedicó a Juan de Austria.

Por febrero de 1546, obtuvo el título de Bachiller en Filosofía. Por sus conocimientos de música se dedicó a enseñarla, y logra conocer a la pequeña Ana de Carleval, teniéndola como su alumna. El padre de la niña se atrevió ponerla en manos de Juan Latino, pues consideraba que su hija no sería capaz de enamorarse de un negro. Y como el amor no conoce barreras, profesor y alumna se enamoraron y al poco tiempo celebrarían nupcias. Con motivo del matrimonio el Duque de Sessa lo manumitó, otorgándole generosa dote.

«En 1556 alcanzó el grado de licenciado universitario y el 31 de diciembre de ese año recibió en la Universidad de Granada para regirla, de mano de Pedro Guerrero, arzobispo de Granada, la Cátedra de Gramática y de Lengua Latina de la Catedral, convirtiéndose en una de las figuras más reputadas y destacadas en el ámbito culto de la época, cargo que desempeñó durante veinte años».

Era un asiduo a la tertulia poética y literaria que congregaba en su entorno a Alonso de Granada Vanegas, alcalde de Generalife, a la que asistían Luis Barahona de Soto y Pedro Cáceres Espinosa, no era rara la presencia de Juan de la Cruz, con quien Juan Latino mantuvo una estrecha relación, así como también la tuvo con Diego Hurtado de Mendoza.

Es importante detenernos en su actividad múltiple como creador, traductor y comentarista de clásicos grecolatinos, fue lastimoso la desaparición de muchas obras de su autoría. Vale la pena resaltar, las dedicadas a Felipe II, al Pontífice Pio V, a las gestas de Juan de Austria en el poema «La Austriada», o a la descripción del traslado de los cuerpos reales desde Granada al Panteón de «El Escorial», escritas todas ellas en latín.

A Juan Latino hay que reconocerlo como un hombre de El Renacimiento, conocedor de la lengua latina y de su cultura, fiel impulsador del castellano, su nombre trascendió fronteras locales, demostrado por los elogios recibidos por Cervantes y Collado del Hierro y otros genios de la literatura. Cervantes, quien no sabía latín, quedaba admirado ante el conocimiento de Juan Latino y esto lo llevaba a hablar con elogios de él, en la parte primera de El Quijote de la Mancha, en Versos Preliminares: en el quinto de los siete poemas de «Uganda la desconocida», incluido en su introducción, hace referencia a Juan Latino:

Pues al cielo no le plu-
que salieses tan ladi-
como el negro Juan Lati-,
hablar latines rehú-
No me despuntes de agu-,
ni me alegues con filó-
porque, torciendo la bo-,
dirá el que entiende la le-,
no un palmo de las ore-:
«¿Para qué conmigo flo-?»

Y aquí en esta noble Cartagena de Indias, después de tantos años continúan negándoles las entradas a los Juan Latino, a diferentes establecimientos, hoteles y estaderos, por el simple hecho de ser negros.

Juan Latino, fue el primer negro escritor, poeta y gramático en la Literatura a partir del Siglo XVI. Una de las calles de Granada, lleva su nombre en su honor.

«Casado con la bella y noble dama Ana de Cardeval, de cuya unión nacería, su hija Juana, con motivo de su nacimiento, el Duque de Sessa lo manumitó, otorgándole una generosa dote. Murió entre los años 1594 y 1597».

La biografía de Juan Latino, debe ser motivo de estudio en las escuelas de etnia negra, para que se observe que no hay diferencia en cuanto a la capacidad intelectual. Todos los humanos llevan en sus células 46 cromosomas. Sólo hay variación en la pigmentación de la piel.

Bibliografía
Sánchez Marín, José Antonio, Muñoz Martín, María Nieves (1980),
«La Austriada de Juan Latino, teoría y creación literaria épicas».
Estudio de Filología Latina: 211-216.
Muñoz Martín, María Nieves (2009).
«El Maestro Juan Latino en la Granada».

Juan V Gutiérrez M


 

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jueves, 24 de marzo de 2022

Versos de Paz

       ORACIÓN DE UN COLOMBIANO

       

            Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


                                                                                                                          

Que predomine el amor en los corazones
que otorguemos más, sin esperar a recibir,
que brindemos una mirada con alegría
que soñemos de manera permanente con la paz
que seamos más tendiente a las buenas maneras
que miremos al otro como un semejante
que seamos capaces de sonreír sin temor
que las voces sean de esperanza y alegría
que abramos caminos de acercamiento
que miremos a la naturaleza como grandioso tesoro
que sintamos el bien del suelo colombiano
que sintamos la bondad de los mares que tenemos
que apreciemos el bien de nuestros páramos
que sintamos la presencia de Dios
 



sábado, 19 de marzo de 2022

A Los Nietos

        QUE VENGAN...

        Por Juan V Gutiérrez Magallanes

                                                                                                                                                                                           
Que vengan,
los que han dejado
los aviones sobre 
los estantes, 
las muñecas sobre los libros
los dibujos fijados en las paredes 
Que vengan
los que regalan la risa
los que tocan el corazón
con voces de canciones
los que viven con alegría 
Que vengan
a sacar los juguetes del estante escondido,
a volver a fijar sus exposiciones pictóricas,
a saludar las olas que llegan a preguntar por ellos 
Que vengan,
los que cuentan historias de Hadas,
los que hablan con las estrellas en el Parque,
                                                                                                                                                                  
Que vengan
Los que vuelan en sus aviones tocándole el rostro a la luna.
Los que liberan a las hadas de sus tristezas,
Los que vuelven a mirar los libros de la alegría,
Los que impregnan las paredes con risas olvidadas,
Los que lanzan sus gritos al infinito
Para hablar con las estrellas,
Los que dejan en ellas 
mensajes escritos por los caballitos de mar
                                                                                                                                                                                                          
Que vengan,
para vestir la tristeza con los matices del arco iris,
para volver a sentir el canto de las ninfas, 
Que vengan,
para escuchar la risa del abuelo,
Y atraparla en el arcano de los recuerdos.
Que vengan





 

martes, 15 de marzo de 2022

«Era Bueno y Tenía Estilo Para el Encordado»

GUSTAVO DIAZ NAAR ORIGINÓ
«EL FLECHA» DE SANCHEZ JULIAO


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes

 

En Chambacú ocurrían hechos que nos podían ubicar en irrealidades, y que nunca imaginábamos que, con el paso del tiempo, llegarían a ser parte de nuestra historia.

Hoy, cuando revisamos los recuerdos, vamos encontrando personas que moraron por algún tiempo, en aquellos lares, todos constreñidos por las necesidades y las esperanzas fallidas. No obstante, parece que la vida nos diera otra oportunidad para ir encontrando hechos y escenas que nos dejan detenidos en el tiempo: Gustavo Díaz Naar, un preadolescente llegó de Santa Cruz de Lorica a la casa de la «Seño Carmen», directora de la Escuela Amor a Cartagena, que funcionaba en la casa de ella, Gustavo se encontró con Ruth, hermana de la directora, quien era mirada por los chambaculeros como una reina, muchas veces le propusieron que fuera candidata al Reinado de la Independencia, pero ella nunca aceptó. Era muy dedicada en sus estudios de magisterio en la Escuela Normal para Señoritas.

A Gustavo lo matricularon en el Seminario Menor de Cartagena de Indias. Pues la tía Estebana, deseaba verlo convertido en sacerdote. Los domingos jugaba con otros muchachos del barrio. En el Seminario cursó hasta tercer año de secundaria. Con los días, resolvió no continuar con los estudios de sacerdocio. Estebana, frente a la actitud del muchacho, procedió a matricularlo en el Colegio de la Esperanza. Era un bicho raro, pero de buena aceptación, por ser sobrino de la «Seño Carmen». Gustavo no logró adaptarse a la disciplina del nuevo colegio. De tal manera que resolvió marginarse totalmente de la institución. Y se dedicó mejor a mirar lo que ocurría en Chambacú, se sentaba en el pretil de la Escuela Amor a Cartagena a observar cómo se comunicaban, los tipos que transformaban las palabras, hablando revesino. Por ejemplo: a Toño le llamaban «Ñoto», a la mujer la llamaban «Jermu», el cambiar las sílabas de las palabras le parecía muy simpático. De esta manera fue captando la forma cómo se comunicaban los individuos en Chambacú, especialmente los que fumaban gruesos porros de marihuana. 
Gustavo era bien parecido, muy diferente al común del chambaculero. En una de sus andanzas conoció a la bella Hicho, pocas fueron las palabras que usó Gustavo para que la muchacha lo aceptara, pronto hicieron realidad sus amoríos y concibieron a Rosita, quien desafortunadamente murió en Venezuela muy joven adonde la madre se había ido a trabajar.

A Gustavo lo afectó la tragedia de la pequeña. Tanto que resolvió volver a Santa Cruz de Lorica, donde se relacionó con David Sánchez Juliao, a quien narró brevemente su historia. Tal parece que él nunca contó sus vivencias en Chambacú, donde conoció al «Ño», al «Zuqui» y al Fortunato Grey, un ex boxeador apodado «la Pantera Negra», quien algunas veces hacía movimientos boxísticos como si estuviera en el ring que dejaban lelo a Gustavo. En sus noches de ansiedad trataba de imitar los movimientos de cintura del viejo Fortunato. En aquellos momentos, jamás pensó que Caraballo, llegaría a ser un gran boxeador, que hablaba a menudo con él en la esquina de su casa.

De aquel Gustavo Díaz Naar, David Sánchez Juliao, dio origen a El Flecha. Hoy resucita en la memoria a través de la crónica escrita por Gustavo Tatis Guerra en EI Universal.

 

 

domingo, 13 de marzo de 2022

Realidad

EL DELIRIO DE LOS VIEJOS

Por Gilberto García Mercado


A uno lo asustan los años cuando en reminiscencias urgidas por unas cervezas comienzas a ver en tus acciones que lentamente te asemejas al viejo. Antes todo el mundo te decía, "cómo está joven" y, tú sonreías complacido porque lo de joven creías que te iba a alcanzar para siempre. No obstante, no te acuerdas cómo poco a poco en la calle comenzaron a decirte señor. Y hoy, cuando te miras al espejo y ves la misma imagen de tu padre, quien retoza en el jardín despreocupado, quizás perdido en la demencia senil que poco a poco lo va minando, esa cara antes risueña, en la que no se advertía arruga alguna, sino solo arrogancia de joven creído, sintiéndose Dios, te asusta y comienzas a odiar a tu padre, aquel señor que en la esquina se acostaba con todas las vecinas, porque parecía un hombre de roble para el sexo por su musculatura. 
Jamas pensaste que lo de la piel vieja te abordara tan de repente. Tú, tantas veces burlándote del viejo Jeremías, el pobre tipo que no podía subir los muebles al cobertizo de carpintero del señor Tomás, tu padre, el siete mujeres y, entonces para humillarlo por su vejez le restregabas en su propia cara la frase aquella que hoy se devuelve en tu contra: "Hoy como que no desayunaste, Jeremías. ¡A ver déjame ayudarte!". Y en seguida le dabas un empujón apartándolo de tu lado. 
Ahora estás derrotado. Los años te han arrinconado en el jardín de esta casa vieja que se cae a pedazos como se caen los sueños y la vida, ahí, al lado de don Tomas, en otro tiempo el envidiado por todos los de la vecindad, quien tenía que hacerse el desinteresado ante tantas mujeres que caían rendidas a sus pies. 
En el viejo que delira en medio de esta construcción a prueba de fugas, adviertes que tu padre te lleva cierta ventaja en esa cuesta por la que ahora suben los dos rumbo a ninguna parte en que las carnes se deshacen y se caen a la intemperie de un polvo milenario que lleva siglos acechando.

 

Y Las..

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