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domingo, 18 de abril de 2021

De Las Cosas Triviales

EL JOE VIVE


Por Gilberto Garcia M


El ser humano se enfrenta a unos retos que va encontrando a lo largo y ancho del camino. Retos que en la medida que el individuo los enfrenta significarán triunfos y derrotas. Brutalidades o sabiduría, caerse o levantarse, en fin, el género humano está provisto de capacidades que soportan las derrotas, individuos que se levantan luego de una caída aparatosa o simplemente vuelven a vivir.

En mi condición de observador de «cosas» que algunos denominarán «triviales» confieso que hay vainas que me aterran y que la única forma de que no me afecten es no pararle bolas al asunto. Creo que si lo hiciéramos los psicoanalistas tendrían en el comportamiento de seres así una sustanciosa ganancia. La vida nos pone como ejemplo hombres que triunfan y que en esa plataforma en donde son Reyes ni siquiera imaginan que puedan ser Vasallos o en algún momento de la vida morir. Esos individuos están bien plantados sobre la tierra.

No obstante, la vejez y la muerte siguen teniendo un espacio de tristeza en el corazón. Considero que quienes alcanzan a equilibrar «las cosas triviales de la vida» son los verdaderos reyes del universo, quienes dudamos tenemos algunas probabilidades de desaparecer.

Y un ejemplo lo hallamos en el Candidato que en «Las Presidenciales» obtiene la cuarta derrota, pero la quinta será la del vencedor. Tanta retórica para referirme al Joe Arroyo, desde la perspectiva de un adolescente que en un corregimiento de Aracataca supo del gran cantante de Cartagena, gracias a Radio Libertad de Barranquilla, allá por la década de los ochenta.

Algo debió entonces sentir el escritor Oscar Wilde y El Retrato de Dorian Gray para dar a luz esa obra, pues el ayer y el ahora aterran, sobre todo si en un lapso de 30 años colocan las dos caras de la moneda:

El joe Arroyo de aquellos años, con la luz de la vida derramándosele por los poros, frente a la figura corpulenta y macilenta de un Joe Arroyo diabético, y que ahora descansa en paz y, cuyo mejor homenaje es la efigie que en su honor se alza en la que antes era conocida como la Plazoleta de la Matuna.

Confieso que las vicisitudes dejando huellas sobre nuestros cuerpos son una tortura en la medida en que esos mismos avatares dan licencia para volver retrospectivamente sobre nuestros días, y entonces descubrir que cincuenta años no son casi nada, pero son cincuenta años y a punto estás de apoyarte en un bastón protector de viejos olvidados.

Y si todo el tiempo me ha aterrado la vejez, más me aterroricé cuando leí El Retrato de Dorian Gray. Desde entonces he admirado a aquellas divas como Amparo Grisales que tienen el privilegio de ser joven a los cincuenta y sardinas a los cincuenta y cinco.
Reconozco que las mujeres y caballeros con un ritmo de vida acelerado, impactan el espíritu cuando ante las dos caras de la moneda, en un lapso de veinte años, se contempla un rostro de otro como si hubieran pasado cien.

Entonces me acuerdo del Joe Arroyo y su canción «Tania», su travesía por la Orquesta de Fruko y Sus Tesos, y ya viviendo yo en Cartagena de Indias contemplando al artista confinado en el desaparecido Hospital Sanatorio San Pablo inmerso en una recaída que yo pensé que era la última. Lo veo renacer como el ave Fénix, lo veo pasearse por los mejores escenarios del mundo, lo veo envejecer por la enfermedad pero cantándole a la vida. Sé que el Joe Arroyo en el Paraíso es feliz mientras yo sigo envejeciendo entre mis temores.



jueves, 1 de abril de 2021

Colombia En Una Obra de Teatro

«UNA GRAN JUSTIFICACIÓN BAJO LA MELODÍA DE UN HIMNO»


«Una realidad que se torna en el mito narrado por un comediante»


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


A través de los Medios de Comunicación, he visto un mundo de duras realidades que me han dejado perplejo, porque dicha filmación hace parte de la gran obra de teatro, presentada hoy 27 de marzo, «Día Mundial del Teatro».

Vivía agobiado por las vivencias que me presentaba un señor que tiene el cargo de Presidente de un país donde se dan múltiples situaciones como las siguientes: Hombres armados, permanentemente transitando por los sectores más escondidos del país y algunas veces acercándose a regiones urbanas, donde parece que estuvieran jugando al escondido y todos supieran dónde se halla el escondite.

Regiones donde los niños juegan con la muerte y logran morirse por el hambre, mostrando con el índice yerto otras regiones aisladas por la falta de vías, donde se pudren las frutas en el abandono y la desolación más absoluta.

Franjas muy cercanas, irrigadas por caudalosos ríos que surcan el territorio colombiano, permitiéndose mostrar escenarios agonizantes de una población que dejó de hablar por falta de agua potable. Derrumbes de laderas montañosas anunciadoras de catástrofes mostradas por los medios de comunicación para señalar el cierre de una vía. Comarcas incomunicadas mostrando el cielo y el río que corre caudalosamente, dándole al paisaje la majestuosidad de un inmenso abismo, donde los niños, para ir a la escuela, deben hacerlo a través de jaulas sostenidas por cables que van de un extremo a otro. Regiones donde asesinan a los veedores o líderes sociales que se atreven a denunciar injusticias que se han venido presentando desde los tiempos de la Colonia, quedando todo entre la mayor impunidad. Secuestros de niños y niñas, dejando a las madres sumidas en el llanto y la desolación. Aunque paradójicamente tenemos la valentía de sostener un IVA alto compitiendo con los mayores del mundo.

Todo se cubre y justifica bajo la melodía de un himno que nos hace saber nuestro destino, vaticinado por Rafael Núñez: «A orillas del Caribe hambriento un pueblo lucha, horrores prefiriendo a pérfida salud. ¡Oh, sí! De Cartagena la abnegación es mucha, y escombros de la muerte desprecia su virtud». (IV Estrofa).

Nos muestran al territorio de nuestro país, extenso y fértil, donde caben varias naciones europeas, tales como Suiza y muchos otros estados carentes de la fertilidad del territorio colombiano. Se nos presenta la abundante flora, caracterizada por especies maderables solicitadas por otras naciones. En cuanto a la fauna, se puede mostrar la infinidad de aves y mariposas que le dan al medio un tinte de Paisaje Edénico.

Tras bambalinas hay una caterva de hombres oradores con voces fuertes, pregoneros de un bien personal que los transforma en seres opulentos con extremada amnesia por el bien de Colombia. Éste lo pueden permitir de manera mezquina, siempre y cuando haya una untura de mano con perjuicio del erario. Hombres que hacen parte de la población, caminantes como zombis sonrientes por la indiferencia para con el mundo. Como muestra de estos hechos, se presentan casos jurídicos, donde hay ex magistrados que olvidaron aquella oración: «Deber antes que vida con llamas escribió». Se cumplen condenas algunas veces adecuadas para escribir la gran novela del condenado.

Quedo vislumbrado, lelo, cuando hoy 27 de marzo, Día Mundial del Teatro, corren el telón y me presentan todo lo anterior como una gran obra teatral. «¡Ese no es mi país!», grito. Es una comedia de mala apreciación, porque mi país está constituido por grandes bellezas naturales. Hay mucha tristeza, cuando miramos a los actores, seres anónimos apáticos e inanes que gritan con grandes alaridos desgarradores:

    ¡Oh gloria inmarcesible!
    ¡Oh júbilo inmortal!
    ¡En surcos de Dolores
    ¡El bien germina ya!





miércoles, 31 de marzo de 2021

Pasando Lista a...

EN SEMANA SANTA, LA GENTE VIVÍA
CONFINADA CON LOS SUYOS

 

Por Gilberto García M

 


Ni modo, no nos queda de otra. Quienes nacimos por la década de los sesenta hemos aprendido a recibir lo que nos brinda la vida con una resignación e impotencia que raya muchas veces en la tristeza y las lágrimas.

En casi sesenta años, la historia del hombre ha dado un vuelco hacia una vida insulsa y vacía que, si nuestros abuelos vivieran, no creerían lo que acontece en una tierra que ya no puede más con esta carga de desechos y horadaciones en su corteza que la tienen al borde del cataclismo.

Eso por un lado, pero por el otro, respecto a cómo nos ha cambiado la vida, la humanidad ha aprendido a insensibilizarse, a importarle un rábano lo que le sucede al vecino de al lado siempre y cuando se mantenga la despensa y la nevera repletas para no morir por la hambruna.

Si, en estos casi sesenta años hemos entrado a la era de lo moderno y lo artificial. Con qué facilidad se han perdidos las costumbres y valores de los cuales hacíamos alardes hasta ufanarnos de lo lindo. La tierra era bendita y nos brindaba lo mejor de ella. Hoy, territorios que son necesarios para el sostenimiento del planeta, los llamados «pulmones del mundo», dan paso a la explotación de oro y petróleo porque hay que asegurar el sostenimiento económico de la humanidad.

Todo ha cambiado en la tierra nuestra. En Semana Santa la gente vivía confinada con los suyos guardando el recogimiento espiritual con tal devoción que Dios se sentía por todas partes. Pero vinieron los hombres perversos y cambiaron las reglas del juego. Los afanes de la vida moderna mecanizaron la conducta del hombre, las ideologías se fueron hacia los extremos, y la liberalidad en todo se fundamentó, el hombre podía casarse con otro hombre, la mujer dormiría con su igual, alguien podía inmolarse por defender sus ideas, y al niño no se le corregiría por temor a traumatizarlo, el cambio de sexo no sería un problema mayor y asistimos a la contemplación de una Sociedad que desde más de un lustro perdió el norte.

El cannabis y la cocaína se consumen como productos de la canasta familiar. Nadie está exento de alguna enfermedad, porque hoy no se cura sino que se controla la afección. Hasta la música ha soportado esta lenta pero real derogación hacia el abismo.

Quiero entonces quedarme con la escena del cura de Macondo que con sus campanazos alertaba a la población si una película se podía ver según los parámetros de la vida sagrada de aquellos años.

jueves, 25 de marzo de 2021

Una Novela Corta

TODAS LAS FLORES SON POCAS PARA SANDRA

ADQUIERELA EN:


Gilberto Garcia M


Leyenda Del Cacique Chambacú

"El Oráculo Que Descifraba Los
Senderos Por Los Cuales Transitar"


Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes


Nunca pasó por nuestras mentes la existencia de este ser. Mas un día en que se rompe la rutina y se presentan cosas que hacen variar el pensamiento de lo establecido en nuestras mentes, y en aquel día de los años mil novecientos sesenta, en que los hermanos se reunían para buscar en el arcano de la abuela Rita, cosas que los trasladaran a otros mundos, se encontraron en presencia de un manuscrito, en letras adornadas de antigua caligrafía, en el que se narraba la Leyenda del Cacique Chambacú.

Todos se llenaron de asombro y comenzaron a leer:

«En esta tierra formada por una isla, rodeada por las aguas de los caños, (uno de ellos el Caño de Juan Angola), que van a desembocar al mar Caribe, se encuentran los dominios del Cacique Chambacú, hombre caracterizado por su valentía y buen criterio para gobernar, cualidades que le han servido para ser considerado como Gran Jefe Prudente entre las diferentes etnias de la región Caribe. Los Arhuacos, Chimilas, Emberas, Katio, Kankuamo, kogui, Mokaná, Senú, Tule, Wayuu, Wiwa, tenían conocimiento de las habilidades de buen gobierno de este cacique Chambacú, lo tomaban como ejemplo para la dirigencia de su pueblo».

Durante su gobierno caminó por el sendero de la paz, fundamentado en la búsqueda de la comprensión con los demás seres, cualidad que no sólo la aplicaba para los seres humanos, sino que extendía a los animales. Nunca tuvo necesidad de llegar a la guerra con las tribus que hacían parte de la región de Karamairí, sabía encontrar formas para arreglar los posibles litigios que se presentaban, entre los caciques: Yurbaná, Malibú, Varúx, Tolú, Carex Y Canapote, los cuales eran conocidos como súbditos del Cacique Chambacú. Él conocía la Hidromancia, poder adivinatorio a través del agua. (Esta era llamada por él «Hio»). Sentía un inmenso respeto por ella, era un gran nadador con extremada capacidad respiratoria, lo cual le permitía practicar la pesca, su agudeza visual le permitía divisar los peces a grandes distancias.

A sus súbditos les explicaba las bondades de «Hio», y la participación que esta había tenido en la formación de la vida, por todo esto ordenó que, a ella, se le rindieran honores y fuera considerada como una divinidad. Aquellos honores eran realizados con actividades lúdicas en las que participaban las personas de la isla, con especial estimación, por los pescadores que hacían gala de sus buenos dones de hombres de mar.

La existencia del Cacique Chambacú, está comprendida en los inicios del siglo XII. Es por esta razón que él tuvo relación a través de«Hio», con el Papa Inocencio IV. Conoció un Laudato, donde Su Santidad El Papa, establecía castigos y tormentos para las personas que realizaran actos considerados de hechicería por la religión católica, castigos que llevaban hasta la muerte. Hasta allá, se llegó a conocer el criterio de hombre de paz y de buen vivir. En esta época ya se conocía la personalidad, el criterio de un Jefe aborigen de las tierras Abyayala en la isla de Karamairi.

Los caciques, como Karex y Canapote, consideraban al Cacique Chambacú, como el oráculo para descifrar los signos que trazaban los senderos que debían trajinar. Para ellos era su gran mentor que orientaba con muchas anécdotas la vida de las tribus.

En una de sus narraciones, contaba sobre los tiempos venideros, no muy distantes, en que llegarían hombres cubiertos de metales brillantes como la arena a buscar el metal que ellos, su pueblo, utilizaban en la fabricación de diversos adornos. «Serán hombres insaciables, no tendrán piedad ni condescendencias con ancianos, mujeres y niños, desenterrarán los muertos para obtener el metal. Verán a hombres que han aprendido a aprisionar «el golpe del trueno» y a depositarlo en canutos de metal, causarán la muerte. Vendrán montados en grandes animales, que nos recordarán a los pequeños peces trotantes de las aguas».

Era un sueño permanente que lo persiguió toda su vida, la Hidromancia le confirmaba aquel sueño.

En su juventud, participó en un evento realizado por los Tainos en una de las islas de las Antillas, cercanas a Costa Rica, donde sobresalió en el combate cuerpo a cuerpo y en Oratoria, lo cual sirvió de fundamento para darle el nombre de Chambacú a uno de los riachuelos de la Provincia de Alajuela de Costa Rica.

El Cacique Chambacú, a través de la hidromancia logró vaticinar el secamiento de la Ciénaga de La Matuna, cuerpo de agua, nicho de grandes tortugas. Le gustaba narrar cuentos o leyendas relacionados con el porvenir de las tribus de Karamairí, logrando trascender a otras etnias que poblaban grandes extensiones de Abyayala (América): «Serán desplazadas a zonas profundas de la selva y forzadas a mezclarse con inmigrantes de otros mundos».

Juan Gutiérrez M
Antes de morir, realizó un viaje hacia el litoral izquierdo de la gran nación, para encontrarse con los originarios de los Embera y más tarde llegar hasta las tribus habitantes de lo que se conoce como Valle del Cauca, para conocer la Cultura Calima, donde se presentó como el Gran Cacique, poseedor de muchas enseñanzas, para el bien de las diferentes civilizaciones. Durante el tiempo que permaneció en aquella región impartió principios fundamentales para la conservación de la paz entre las diferentes tribus.

Regresó a la isla de Karamairí, donde gobernó hasta su muerte.








martes, 23 de marzo de 2021

Presencia En La Red

¡GRACIAS A NUESTROS PRIMEROS 1000 SEGUIDORES!

Desde este perfil agradezco a nuestros amigos en la red por nuestros primeros 1000 seguidores. Reiterándoles siempre nuestro compromiso con la Cultura.

Páginas como, Con-Fines Culturales, Los Modernos Cavernícolas y Grupos como, ¡Entre Notas y Cuartillas!, La Web de Las Letras y Blogs, como La Calvaria Literatura,(https://lacalvarialiteratura.blogspot.com.co y La Página de Metal (https://lapaginademetal.blogspot.com.co) llevan implícitos desde siempre la palabra Cultura.

En nuestra presencia en la Web hallarás cuentos, crónicas, noticias, curiosidades, historia y todo aquello que de una u otra forma constituye el paso y la cotidianidad del ser humanos sobre el planeta.

De nuevo muchas gracias por estos primeros 1000 seguidores.

En nuestras páginas ofrecemos los siguientes servicios:

Escribimos libros por encargos,

Corrección de estilo,

Talleres de Creación Literaria,

Informes de Lecturas,

Gilberto García M

Asesoría de Derechos de Autor,

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Si estás interesado en nuestros servicios llámanos a los teléfonos: 6743584. Cel. 3225780561 o Pide un presupuesto a los emails: gilgarmer@hotmail.com alucinadosdelclan@gmail.com

lunes, 22 de marzo de 2021

Toda Una Vida Por La Cultura

RECORDANDO A DON ANTONIO BOTERO


Por Gilberto García M


Había escuchado hablar del maestro en las reuniones ordinarias que nuestro presidente de la Asociación de Escritores de la Costa, Joce G Daniels G, convocaba los sábados en la mañana con el propósito de organizar un encuentro general de los escritores que como ya era costumbre en una fecha determinada se reunían en Cartagena de Indias para hacer de la Literatura una fiesta.

Y mientras los miembros de la Junta Directiva entregaban sus informes con sus respectivas funciones y responsabilidades, cuando se tocaba el tema financiero, de calidad y de la logística de la Convocatoria que con el tiempo derivaría en el Parlamento Internacional de Escritores de Cartagena, siempre el nombre de don Antonio Botero Palacio se escuchaba en la sesión no solo por sus reconocidas dotes como poeta y escritor, sino porque en Magangué, según palabras de Daniels, con «el autor de obras como «Desde los Lagares del Alma», «Al final de la Inocencia», novela autobiográfica, «La Batalla de Magangué en la Guerra de los Mil Días»,El Himno de Magangué, la Asociación de Escritores de la Costa en el benemérito maestro tienen a un defensor a brazo partido de los escritores».

De ahí, que sobre la figura de don Antonio Botero Palacio llegara a circular una frase que con el tiempo engrandeció las calidades de Gran Señor que tenía el Maestro:

«En Magangué ya hay algo seguro: las atenciones de don Antonio».

Pero nada que podía conocer al narrador antioqueño.

Supuse que por querer tanto a Magangué nuestro personaje jamás saldría de esa ciudad y por consiguiente yo me quedaría sin conocer al prolífico narrador sobre el cual todos los miembros de la Junta Directiva habían escrito un «cuento» que no necesitaba que don Antonio Botero lo defendiera, porque su vida y obra se defienden solas.

Hoy nos hemos levantado con la noticia triste de su muerte. De él tengo la mejor estimación, una vida fraguada desde las penurias de la pobreza, en la que fue profesor, administrador de finca, dueño de gasolinera hasta el fundador de la Casa de la Cultura en Magangué y el Centro de Historia de esa población.

Cuando por fin pude conocerlo—gracias a los milagros de la Literatura—en un encuentro de escritores de la Asociación, me resistía a creer que en aquel personaje quizás sacado del universo literario de la pluma de Balzac, confluyeran vicisitudes y dramas que contrastaban del cielo a la luna con el perfil mesurado y reposado del maestro.

Quien lo viera entrar de repente, con el séquito de ángeles que lo seguían a todas partes en el salón en donde sesionaban los narradores, seguro que se negaría a aceptar que aquel hombre de 90 años jamás en su existencia hubiera sido un sobreviviente de la guerra entre liberales y conservadores.

Que salió ileso a dos o tres atentados contra su vida. Y que su cojera al caminar fuera la prueba inexorable y fehaciente de su espíritu valiente y gallardo contra las incidencias de una vida dura.

El destino quiso doblegarlo en una esquina pero gracias al tesón de su familia consiguió echar para atrás el concepto final del médico que le dijo que gracias a la complicación en una de sus rodillas había que amputar una pierna para evitar la gangrena y por consiguiente la muerte. 
De aquella obstinación familiar le quedaría una cojera permanente, pero también un parte de victoria que lo llevarían a ser un ejemplo para las nuevas generaciones de que con perseverancia y trabajo dignos, se pueden alcanzar los sueños.

La primera vez que lo vi, lo asocié a un personaje europeo, a un protagonista que desfilaba por una gran corte y cuyo bastón le daba un cierto aire aristocrático.

En la medida en que el hombre exponía sus textos, con el peculiar vozarrón con que denotaba una vitalidad asombrosa en el salón atestado de escritores, por fin entendí la magnificencia de don Antonio Botero Palacio: Él gran escritor paisa se jugó toda una vida por la Cultura.

sábado, 20 de marzo de 2021

La Encoñadora Cartagena

Y EL AULLIDO DE ALLEN GINSBERG DE 1954


«Ahora no llegan piratas ni filibusteros, se quedaron en la ciudad
cantada por poetas que sucumbieron ante la encoñadora belleza»

 

Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes 

 

Cartagena de Indias, una ciudad hermosa con muchos epítetos y cantos poéticos dedicados por escritores e historiadores, nos gusta, nos amaña y a la vez nos maltrata, cualidades que la hacen «La Ciudad Encoñadora», porque ella es como la mujer bonita que nos enamora y embelesa hasta la locura, pero nos trata mal e igual la seguimos queriendo de la misma manera. Lo cual parece una Novelona de un mediocre escritor.

Cuando camino la ciudad, voy sintiendo el «Aullido» de los años 1954, de Allen Ginsberg, ese grito desgarrador taladra el alma y nos deja paralizados, es el rugido que tiene por nombre Hambre, lo escuchamos en el pregón del vendedor de una carretilla que avanza sin importarle señal alguna, lo escuchamos en el moto- taxista, quien va vociferando y deletreando la agonía de sus vísceras, no le importan los que van a su alrededor, él se convierte en un agente del aullido que expresan los que recorren la ciudad como estatuas vivientes, las que podemos apreciar en la adolescente que muestra un niño como símbolo de lástima para obtener una moneda, se van presentando a nuestra vista cuadros de desolación, cuerpos de agua que agonizan por la invasión de desechos con la aprobación de las miradas del gobernante de turno, acumulación de basuras alrededor de tugurios en los alrededores de Chambacú, ornados por el aullido del hambre, grito que se hace más lacerante por la alta temperatura.

Los gritos de la ciudad se nublan por la risa del hombre que ha perdido la esperanza afincada en sus débiles neuronas, ahora sólo busca el milagro de los pregoneros vendedores de azares que conducen a fechas de lápidas de difuntos y amigos que moran en el Campo Santo. Esta Urbe encoñadora se ha convertido en romería de hombres vendedores de alaridos citados en los extramuros de la ciudad para que acudan al grito pantagruélico del hambre.

La ciudad se convierte en un inmenso mercado donde todo se puede vender, artículos que se ofrecen con gritos de hambre que amenazan y atentan contra el bienestar de quienes desconocen la situación que allí es permanente, porque esta ciudad cantada y loada está al borde de un cataclismo por la voracidad que recorre las calles de los diferentes sectores, del Centro, y los barrios de la periferia.

Ella, la Heroica de otros tiempos, ante la ferocidad de piratas y filibusteros que la consideraban como la «Corona de España», para luego pasar a «la Ciudad Vencida», descrita por Julián Devis Echandía, en los años 1937. Hoy, ante nuestro ojos se muestra como la ciudad agonizante, donde el eco del canto de los peces del mar Caribe, se anula ante los aullidos de los que transitan por sus calles.

Esta ciudad dirigida por un gobernante que en un principio mostró sus «guantes» de buen peleador y los usó ante aquellos abusadores de la autoridad, pero ya pasó ese momento de hacer pelea, ahora es necesario que emplee el buen razonamiento de aquellos gobernantes que emplean el diálogo, la temperancia y el pensamiento analítico, como lo hizo Nelson Mandela y, otros como Pepe Mujica, que siempre supieron tratar con el fundamento del diálogo inteligente cualquier situación adversa, sin la muestra de bravuconadas.

La ciudad, ha sido lanzada al azar con dados cargados, donde parece que sólo prevaleciera el eslogan de «Cómo voy ahí», éste es un grito que subyace en la algarabía de los pregoneros que perdieron la audición para encontrarse con una ciudad donde predomina el desorden.

Quiero una ciudad tranquila, la que forjaron antepasados trabajadores y hombres honestos. 
Juan V Gutiérrez Magallanes












martes, 16 de marzo de 2021

Negativa Respuesta

...DE LOS MISTERIOS INSONDABLES

Por Gilberto García M

Stephen Hawking 
Creemos, amable lector, que una forma de pasar el tiempo en las redes es explorando cosas que muy a pesar de existir, se desconoce su existencia, valga la redundancia.

Bien porque, el hombre a pesar de su erudición e inteligencia jamás ha podido develar tales misterios. O bien, porque el poder de la mente humana no trasciende ciertos ámbitos.

He aquí algunos:

¿Hay vida más allá de la Muerte?

¿Qué pasa en el Triángulo de Las Bermudas?

¿Hay vida en Marte?

¿Somos la única especie viviente en el Universo?

¿Qué hay de los agujeros negros?

¿Qué pasa con las generaciones de Einstein, Marx, Da Vinci, Cristo, etc?

¿Hay seres invisibles?

En fin, son muchos los misterios que encierra la Gran Historia de los seres Humanos. Atrévete a engrosar la lista de estos misterios que inquietan y alarman a nuestros científicos y grandes estadistas. Comenta.
Imagen de Gordon Johnson en Pixabay 

jueves, 11 de marzo de 2021

No Más de Lo Mismo

SE BUSCA UN «ALCALDE» PARA CARTAGENA



Por Gilberto García Mercado


No hay duda de que Cartagena es una ciudad de «relaciones conflictivas». En mis casi cuarenta años de estar habitando aquí he visto cómo la ciudad se la menosprecia y sus dirigentes anteponen sus intereses particulares sobre los generales.

Muchas veces la urbe necesita la unión de todos para llevar a buen puerto una Propuesta de Ciudad, pero por el solo hecho de llevarle la contraria a un oponente se torpedea la Proposición y con ello el desarrollo de la ciudad vuelve a quedar en el limbo.

En alguna tertulia de escritores un panelista señalaba que la dirigencia local llegaba a los primeros cargos no con el ánimo de trabajar por la ciudad, sino para desfalcar el erario público y enriquecerse a costillas del pueblo.

Sostenía el panelista que era increíble cómo una ciudad turística como la nuestra no se «modernizaba» ante una era en la que las distancias se han eliminado y el turismo se pasea con tal desparpajo por la que hoy se conoce como la Aldea Global.

Es irrisorio lo que acontece en una ciudad que pareciera marchar al garete sin que a nadie le duela su lento trasegar hacia la pobreza y la ruina.

Se requiere, por la incierta administración de quien hoy ejerce como Alcalde de la ciudad, (y ojalá le calle la boca a sus detractores), hallar al hombre o a la mujer que se destaque por direccionar a Cartagena hacia un puerto seguro y en donde se respire una atmósfera sana y libre de disquisiciones y egoísmos.

Volvimos a equivocarnos con Dau Chamatt, con Manolo Duque y Campo Elías. Unos aducen que no estaban preparados para el cargo, que hay que gerenciar, liderar y rodearse de gente idónea.

En el caso actual, hemos visto casi a diario cómo la vida política de la ciudad se ha vuelto en los círculos sociales de la capital una especie de opereta, un comodín en el que el máximo exponente es el señor Dau Chamatt.

Los programas de humor en las grandes cadenas nacionales siempre abren con «el Tractor» como un capítulo más que refleja la triste apatía y negligencia de una ciudad que se pudre y no le duele a nadie.

En la época de mi abuela, por allá en mi Fundación de adolescencia quienes llegaban a un cargo de alcalde o gobernador, ostentaban ese honor simple y sencillamente porque manejaban la retórica, sus actuaciones eran intachables y de una mesura con el pueblo que uno se sentía bien representado con un funcionario de tales convicciones.

Pero aquellos eran otros días inmaculados y encomiables. Porque hoy, en la Administración Dau Chamatt, continúa el circo de la administración de la ciudad divirtiendo a los oyentes de las grandes cadenas de radio en Bogotá.

Se hace preciso entonces, como en las películas del Salvaje Oeste, encontrar a la persona que salve de la podredumbre a una ciudad que se desmorona lentamente sin que le importe a nadie. ¡Se busca un Alcalde para Cartagena!

Un funcionario que reciba a sus electores, que vaya a los barrios y dialogue con la comunidad, que los escuche y tenga en cuenta lo que piensan y, democráticamente, se planteen soluciones a sus problemas y necesidades.

El próximo alcalde debe romper con aquellas prácticas corruptas, egoístas y prepotentes. Porque él es el representante del pueblo en general.

Gilberto Garcia M
Cómo es posible que en casi cuarenta años aún no se haya solucionado la implementación del transporte de caños y lagunas, no haya un teleférico, que además de agilizar el transporte resultaría atractivo para quienes vienen a vacacionar a Cartagena.

Es importante que quien a futuro gobierne la ciudad no le tenga miedo a los «Proyectos de gran envergadura».

Hay que repensar a la Heroica, esta es una gran capital que se quedó anclada en el tiempo con calles y avenidas diseñadas para una época sin rapidez ni afanes, que si no se adapta al siglo de las prisas y las transformaciones en vez de agilizar se volverá caótica e invivible.

Déjanos tu comentario. 
Imagen de Monika Schröder en Pixabay

sábado, 6 de marzo de 2021

#HistoriasDePionera

ROSA PARKS VERSUS ADOLF HITLER


Por Gilberto García Mercado


El señor y la señora Maldonado han amanecido contentos. Desde el jardín vecino he visto el desplazamiento de la singular pareja indicándole a la nueva criada sus obligaciones para con ellos y la vieja mansión. La nueva adquisición de los Maldonado es una negra de un metro con ochenta centímetros, su piel de ébano y dientes blanquísimos y perfectos de inmediato hace girar la cabeza de quien la contemple y la describa como una criatura hermosa que vino de otras latitudes. Los viejos ya se han hecho célebres entre los residentes de la cuadra por ser la única familia a quien no les dura una criada. Se ha hecho tan común la presencia de una desconocida en el jardín de al lado que al interlocutor no le sorprende esa sucesión de figuras en el tiempo que deben estar engrosando las estadísticas de la servidumbre de los Maldonado.

A fuerza de repetirse la misma escena, los de la cuadra hemos optado por ser una familia feliz a quien para nada interesa lo que ocurra en el jardín de al lado. A veces la frondosidad de los eucaliptos y almendros, el revoloteo de un canario o el gorjeo a intervalos de las palomas hacen que la presencia, que La Extraña, entre días, pase desapercibida o acaso sea la fuerza de la costumbre que obliga a los residentes a notar que a los Maldonado no les dura la servidumbre.

Además, los ancianos poseen esa meticulosidad de ser gente inabordable. Nadie ha llegado a escuchar la extraña modulación de la voz de ellos, llevan tantos años asociados a esta realidad que con el tiempo da lo mismo que se pudran en esa dimensión del tiempo en donde quizás se hallen atrapados.

En todo caso, la mañana se había asomado por entre el follaje. Pájaros de otras latitudes iniciaron el triste canto de la esperanza, el cielo destelló de un azul rojizo, pero no llovió. Vimos a la princesa de ébano descender hacia nosotros las manos extendidas en son de amor y gratitud.

—Los amo, mis señores—alcanzó a balbucear la mujer.

Fue entonces cuando vimos el enojo de los ancianos intemporales. Vimos sus instintos primitivos desbordarse hasta increpar a la mujer negra, quien huyó entre los arbustos hacia la sombría casa de los ancianos.

— Negra Candela—manifestaron los Maldonado con una voz cavernosa—Te prohibimos hablar con extraños. Te lo hemos dicho miles de veces.
Fue la primera vez en muchos años que escuchamos a los ancianos. Los rostros contraídos por la rabia y el enojo se volvieron cada día contra la negra Candela. La bella princesa de ébano se volvió sumisa, lavaba el piso del jardín, podaba las flores, atenta estaba ante cualquier actitud de sus patrones, se podía decir que en cierta forma los reverenciaba. Llegó a sentir tal grado de servilismo por la pareja de ancianos que les limpiaba los calzados, el sudor de la frente, los peinaba, resistía improperios e imprecaciones con un miedo exacerbado. Las fuertes palabras arrojadas hacia la mujer la fueron convirtiendo en una esclava de los caprichos de los viejos. Por último, parecía un pequeño animal asustado, como si por alguna extraña circunstancia de la vida se hallara en el jardín de los Maldonado para organizar la resistencia de los esclavos y oprimidos, de la gente negra, como si en pleno siglo de la internet y lo virtual, en un universo sin límites de pensamiento, ella ignorara el sacrificio de mujeres como Rosa Parks o Frida Kahlo.

La última vez que vi una criada en los jardines de al lado, ocurrió la víspera en que la casa de los ancianos ardió. Fue la primera vez en treinta años que pude acceder el umbral de la vieja mansión. Dije a los bomberos y a los rescatistas que era su vecino para ver en qué podía ayudarlos.

—¿Conoce la casa? —me interrogaron.

—Sí. —mentí un poco turbado.

Siguiendo entonces los rastros de los rescatistas me fui internando en aquel caserón fantasmagórico. No dije nada sobre Candela, la princesa de ébano, tampoco argumenté palabra alguna sobre la extraña conducta de la pareja de ancianos. Entre los pocos objetos que sobrevivieron a la conflagración se hallaron dos pequeños maletines de un cuero robustecido de color marrón, en uno se hallaron los documentos de los Maldonado y en el otro portafolio los de la Negra Candela.

—Qué extraño—dijo el jefe de bomberos al mirar el documento de la negra— ¿Rosa Parks no fue una activista negra que se negó a darle su asiento en el autobús a un pasajero blanco en Montgomery, Alabama, el 1 de diciembre de 1955 y, que murió en el 2005?

Gilberto García M
Nadie respondió a la pregunta del rescatista. Mientras andaba y desandaba la vieja mansión ingresé a un cuarto que exhalaba una atmósfera turbia y pesada, boicoteada de vez en cuando por ráfagas o lengüetas de fuego ignorándose su irregular y extraña procedencia. De una de las paredes pendían muchos cuadros con figuras del Führer en unos extraños rituales de los muchos que se le endilgaban. No hay duda que los Maldonado sentían cierta seducción por las practicas insidiosas de Adolf Hitler. En cuanto a Rosa Park, creo entender la tortura y el extravío que habría de estar experimentando su espíritu al provocar el voraz incendio que acabó con la humanidad de aquellos viejos desalmados.

jueves, 18 de febrero de 2021

Cuando La Fantasía...

LA VENTANA ABIERTA


Por Saki

-Mi tía bajará enseguida, señor Nuttel -dijo con mucho aplomo una señorita de quince años-; mientras tanto debe hacer lo posible por soportarme.

Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara debidamente a la sobrina sin dejar de tomar debidamente en cuenta a la tía que estaba por llegar. Dudó más que nunca que esta serie de visitas formales a personas totalmente desconocidas fueran de alguna utilidad para la cura de reposo que se había propuesto.

-Sé lo que ocurrirá -le había dicho su hermana cuando se disponía a emigrar a este retiro rural-: te encerrarás no bien llegues y no hablarás con nadie y tus nervios estarán peor que nunca debido a la depresión. Por eso te daré cartas de presentación para todas las personas que conocí allá. Algunas, por lo que recuerdo, eran bastante simpáticas.

Framton se preguntó si la señora Sappleton, la dama a quien había entregado una de las cartas de presentación, podía ser clasificada entre las simpáticas.

-¿Conoce a muchas personas aquí? -preguntó la sobrina, cuando consideró que ya había habido entre ellos suficiente comunicación silenciosa.

-Casi nadie -dijo Framton-. Mi hermana estuvo aquí, en la rectoría, hace unos cuatro años, y me dio cartas de presentación para algunas personas del lugar.

Hizo esta última declaración en un tono que denotaba claramente un sentimiento de pesar.

-Entonces no sabe prácticamente nada acerca de mi tía -prosiguió la aplomada señorita.

-Sólo su nombre y su dirección -admitió el visitante. Se preguntaba si la señora Sappleton estaría casada o sería viuda. Algo indefinido en el ambiente sugería la presencia masculina.

-Su gran tragedia ocurrió hace tres años -dijo la niña-; es decir, después que se fue su hermana.

-¿Su tragedia? -preguntó Framton; en esta apacible campiña las tragedias parecían algo fuera de lugar.

-Usted se preguntará por qué dejamos esa ventana abierta de par en par en una tarde de octubre -dijo la sobrina señalando una gran ventana que daba al jardín.
-Hace bastante calor para esta época del año -dijo Framton- pero ¿qué relación tiene esa ventana con la tragedia?

-Por esa ventana, hace exactamente tres años, su marido y sus dos hermanos menores salieron a cazar por el día. Nunca regresaron. Al atravesar el páramo para llegar al terreno donde solían cazar quedaron atrapados en una ciénaga traicionera. Ocurrió durante ese verano terriblemente lluvioso, sabe, y los terrenos que antes eran firmes de pronto cedían sin que hubiera manera de preverlo. Nunca encontraron sus cuerpos. Eso fue lo peor de todo.

A esta altura del relato la voz de la niña perdió ese tono seguro y se volvió vacilantemente humana.

-Mi pobre tía sigue creyendo que volverán algún día, ellos y el pequeño spaniel que los acompañaba, y que entrarán por la ventana como solían hacerlo. Por tal razón la ventana queda abierta hasta que ya es de noche. Mi pobre y querida tía, cuántas veces me habrá contado cómo salieron, su marido con el impermeable blanco en el brazo, y Ronnie, su hermano menor, cantando como de costumbre “¿Bertie, por qué saltas?”, porque sabía que esa canción la irritaba especialmente. Sabe usted, a veces, en tardes tranquilas como las de hoy, tengo la sensación de que todos ellos volverán a entrar por la ventana…

La niña se estremeció. Fue un alivio para Framton cuando la tía irrumpió en el cuarto pidiendo mil disculpas por haberlo hecho esperar tanto.

-Espero que Vera haya sabido entretenerlo -dijo.

-Me ha contado cosas muy interesantes -respondió Framton.

-Espero que no le moleste la ventana abierta -dijo la señora Sappleton con animación-; mi marido y mis hermanos están cazando y volverán aquí directamente, y siempre suelen entrar por la ventana. No quiero pensar en el estado en que dejarán mis pobres alfombras después de haber andado cazando por la ciénaga. Tan típico de ustedes los hombres ¿no es verdad?

Siguió parloteando alegremente acerca de la caza y de que ya no abundan las aves, y acerca de las perspectivas que había de cazar patos en invierno. Para Framton, todo eso resultaba sencillamente horrible. Hizo un esfuerzo desesperado, pero sólo a medias exitoso, de desviar la conversación a un tema menos repulsivo; se daba cuenta de que su anfitriona no le otorgaba su entera atención, y su mirada se extraviaba constantemente en dirección a la ventana abierta y al jardín. Era por cierto una infortunada coincidencia venir de visita el día del trágico aniversario.

H. H. Munro: Saki
-Los médicos han estado de acuerdo en ordenarme completo reposo. Me han prohibido toda clase de agitación mental y de ejercicios físicos violentos -anunció Framton, que abrigaba la ilusión bastante difundida de suponer que personas totalmente desconocidas y relaciones casuales estaban ávidas de conocer los más íntimos detalles de nuestras dolencias y enfermedades, su causa y su remedio-. Con respecto a la dieta no se ponen de acuerdo.

-¿No? -dijo la señora Sappleton ahogando un bostezo a último momento. Súbitamente su expresión revelaba la atención más viva… pero no estaba dirigida a lo que Framton estaba diciendo.

-¡Por fin llegan! -exclamó-. Justo a tiempo para el té, y parece que se hubieran embarrado hasta los ojos, ¿no es verdad?

Framton se estremeció levemente y se volvió hacia la sobrina con una mirada que intentaba comunicar su compasiva comprensión. La niña tenía puesta la mirada en la ventana abierta y sus ojos brillaban de horror. Presa de un terror desconocido que helaba sus venas, Framton se volvió en su asiento y miró en la misma dirección.

En el oscuro crepúsculo tres figuras atravesaban el jardín y avanzaban hacia la ventana; cada una llevaba bajo el brazo una escopeta y una de ellas soportaba la carga adicional de un abrigo blanco puesto sobre los hombros. Los seguía un fatigado spaniel de color pardo. Silenciosamente se acercaron a la casa, y luego se oyó una voz joven y ronca que cantaba: “¿Dime, Bertie, por qué saltas?”

Framton agarró de prisa su bastón y su sombrero; la puerta de entrada, el sendero de grava y el portón, fueron etapas apenas percibidas de su intempestiva retirada. Un ciclista que iba por el camino tuvo que hacerse a un lado para evitar un choque inminente.

-Aquí estamos, querida -dijo el portador del impermeable blanco entrando por la ventana-: bastante embarrados, pero casi secos. ¿Quién era ese hombre que salió de golpe no bien aparecimos?
Hector Hugh Munro: Saki
-Un hombre rarísimo, un tal señor Nuttel -dijo la señora Sappleton-; no hablaba de otra cosa que de sus enfermedades, y se fue disparado sin despedirse ni pedir disculpas al llegar ustedes. Cualquiera diría que había visto un fantasma.

-Supongo que ha sido a causa del spaniel -dijo tranquilamente la sobrina-; me contó que los perros le producen horror. Una vez lo persiguió una jauría de perros parias hasta un cementerio cerca del Ganges, y tuvo que pasar la noche en una tumba recién cavada, con esas bestias que gruñían y mostraban los colmillos y echaban espuma encima de él. Así cualquiera se vuelve pusilánime.

La fantasía sin previo aviso era su especialidad
.        Imagen de konstantin rotkevich en Pixabay  Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 

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