Los Diez Misterios que ni Dios
ni Einsten Quisieron Explicarnos
Por Gilberto García Mercado
El hombre lleva miles de años tratando de descubrir de dónde viene, para dónde va y, sobre todo, quién fue el irresponsable que lo puso en este planeta.Ha construido templos, universidades, observatorios, laboratorios y bibliotecas. Ha inventado telescopios para mirar hacia el infinito y microscopios para mirar lo diminuto. Ha enviado máquinas a otros planetas y ha conseguido que un teléfono celular sepa más cosas que el dueño.Pero hay algo que no ha conseguido: explicarse completamente a sí mismo. Y eso ya tiene cierta gracia.
Porque resulta que somos una especie capaz de descifrar el código genético, pero todavía no sabemos exactamente qué demonios es la conciencia. Podemos calcular la edad del universo, pero seguimos preguntándonos qué había antes. Podemos explicar muchas cosas sobre el cerebro, pero todavía no hemos descubierto por qué una canción vieja puede devolvernos, en tres minutos, a una persona que murió hace treinta años.Por eso vale la pena revisar diez misterios que han hecho sudar a científicos, filósofos, teólogos y a más de un ciudadano que se quedó mirando el techo a las tres de la mañana.
1. ¿CÓMO APARECIÓ LA VIDA?Esta pregunta tiene la mala costumbre de aparecer justamente cuando uno cree que ya entendió todo.Sabemos que la vida está formada por células, moléculas, ADN y una maquinaria biológica extraordinariamente compleja.Pero viene la pregunta maleducada: ¿Y quién encendió la primera chispa?Darwin explicó magistralmente cómo las especies pueden cambiar y evolucionar. La biología moderna ha descubierto maravillas sobre la genética. Los científicos han propuesto diferentes escenarios para explicar cómo pudo surgir la primera vida.Pero una cosa es explicar cómo evoluciona la vida y otra muy distinta explicar cómo comenzó.La humanidad lleva siglos mirando la primera página del libro.Y todavía estamos tratando de descubrir quién escribió la frase inicial.
2. ¿QUÉ DEMONIOS ES LA CONCIENCIA?Aquí comienza el verdadero problema.Porque usted puede estudiar un cerebro, pesarlo, fotografiarlo, analizar sus neuronas y observar cómo determinadas zonas se activan.Pero ninguna máquina ha encontrado todavía el lugar exacto donde vive ese señor que, dentro de nuestra cabeza, dice: “Yo soy yo”.
Descartes intentó resolverlo con aquella famosa frase: “Pienso, luego existo”. Muy bonito. Pero la pregunta siguiente es inevitable: ¿Y quién está pensando?
La neurociencia ha avanzado enormemente, pero la naturaleza subjetiva de la experiencia consciente continúa siendo uno de los grandes problemas de la filosofía y de la ciencia. Es decir, conocemos muchísimo sobre el cerebro. Lo que todavía no sabemos del todo es cómo ese montón de neuronas termina convirtiéndose en usted. Y eso sí que es un truco de magia.
3. ¿PARA QUÉ ESTAMOS AQUÍ?
Esta pregunta ha producido filósofos durante miles de años.Aristóteles buscó la buena vida. Sócrates interrogaba a todo el mundo. Platón imaginó mundos de ideas. Kant se metió hasta con la moral. Nietzsche decidió dinamitar buena parte de las certezas heredadas.Y nosotros, después de semejante desfile intelectual, seguimos preguntando: ¿Cuál es el sentido de la vida? Hay quienes dicen que venimos a amar. Otros dicen que venimos a servir. Otros, a sufrir y aprender. Otros creen que no existe ningún propósito predeterminado. Y otros simplemente dicen: “Yo vine a ver qué pasaba”.
Lo curioso es que ninguna respuesta ha conseguido sentar a toda la humanidad en una misma mesa y decir: “Señores, asunto resuelto”. Así que seguimos viviendo. Y preguntando. Y pagando los recibos.
4. ¿QUÉ HAY DESPUÉS DE LA MUERTE?Aquí la cosa se pone seria. Porque todos tenemos una cita con la muerte, pero ninguno ha podido conseguir que le adelanten información. Las religiones han hablado del cielo, del infierno, de la resurrección y de la reencarnación. Los filósofos han reflexionado sobre la muerte desde la Antigüedad. Los científicos estudian el cerebro, el cuerpo y los procesos biológicos relacionados con la muerte. Pero hay un pequeño inconveniente: el principal testigo del asunto no puede regresar a declarar. Por eso la muerte continúa siendo el gran misterio. Quizás por eso nos da miedo. O quizás porque, en el fondo, lo que verdaderamente nos aterra no es morir, sino no saber qué viene después.
5. ¿QUÉ TAN GRANDE ES EL UNIVERSO?Aquí Einstein, Newton, Galileo y compañía nos dejaron una herencia bastante incómoda: el universo es muchísimo más grande de lo que nuestro cerebro quisiera aceptar. Galileo levantó la mirada y descubrió que la Tierra no era el centro de todo. Newton encontró leyes capaces de describir el movimiento de los cuerpos. Einstein cambió nuestra manera de entender el espacio y el tiempo.Y después llegaron los telescopios modernos, que comenzaron a mostrarnos un universo lleno de galaxias, estrellas, planetas y fenómenos que parecen inventados por un escritor de ciencia ficción con exceso de imaginación. Y entonces surge otra pregunta: ¿Estamos solos? Hasta ahora no tenemos una respuesta confirmada. El universo, por su parte, continúa expandiéndose tranquilamente. Como si no le importara nuestra preocupación.
6. ¿SOMOS REALMENTE LIBRES?Esta pregunta puede provocar una discusión familiar de tres horas. Usted cree que decidió levantarse de la cama. Pero alguien podría preguntarle: ¿Lo decidió libremente o influyeron su cuerpo, sus genes, su educación, sus recuerdos, sus necesidades y las circunstancias? ¿Elegimos realmente? ¿O somos el resultado de una gigantesca cadena de causas que comenzó mucho antes de que naciéramos? Los filósofos llevan siglos discutiendo. Y mientras ellos discuten, nosotros seguimos tomando decisiones. Lo peor es que hasta para decidir si somos libres necesitamos tomar una decisión. Qué problema tan poco colaborador.
7. ¿DE DÓNDE SALE EL MAL?Esta pregunta ha hecho sudar a teólogos y filósofos durante siglos. Si Dios es bueno y poderoso, pregunta el filósofo: ¿Por qué existe el mal? Y si no existe Dios, aparece otra pregunta: ¿Por qué el ser humano puede ser capaz de tanta bondad y de tanta barbaridad? Aquí no hay respuestas sencillas. Porque el hombre puede construir un hospital y, al mismo tiempo, fabricar una bomba. Puede escribir una canción para consolar a alguien y también inventar una manera de destruirlo. Puede alimentar a un desconocido y abandonar a su propio hermano. Somos una especie bastante contradictoria. Quizás por eso seguimos siendo un misterio.
8. ¿QUÉ ES EL TIEMPO?El tiempo es posiblemente el personaje más descarado de esta historia. Nunca lo vemos. Nunca lo tocamos. Nunca podemos guardarlo. Pero nos cobra cada segundo. Newton lo estudió. Einstein demostró que espacio y tiempo están profundamente relacionados. Y nosotros seguimos diciendo: “¡Cómo pasa el tiempo!”. Como si el pobre tiempo tuviera la culpa de que nosotros estemos envejeciendo. Lo extraordinario es que podemos recordar el pasado, imaginar el futuro y vivir únicamente en el presente. Y todavía no tenemos una respuesta definitiva para una pregunta aparentemente sencilla: ¿Qué es exactamente eso que llamamos tiempo? Por ahora, lo único seguro es que mientras usted lee esto ya se fue un pedacito. Y no vuelve.
9. ¿QUÉ ES LA FELICIDAD?Aquí sí hemos hecho un verdadero desastre. El hombre lleva siglos buscando la felicidad. Unos la buscaron en la riqueza. Otros en la religión. Otros en el conocimiento. Otros en el amor. Otros en el poder. Y algunos creen encontrarla comprando un automóvil nuevo, hasta que aparece la primera cuota. Aristóteles habló de la vida buena y de la realización humana. Epicuro defendió una vida orientada al placer entendido de manera mucho más sobria de lo que muchos creen. Los modernos tenemos psicólogos, libros de autoayuda, aplicaciones de meditación y frases motivacionales.Y seguimos preguntando: ¿Cómo se consigue la felicidad? Quizás el problema consiste en que queremos atraparla. Y la felicidad, como algunos pájaros, parece preferir que uno no intente encerrarla.
10. ¿QUIÉNES SOMOS?Y llegamos al último misterio. El más cercano. El más incómodo. Nosotros mismos. Sabemos cada vez más sobre el universo, pero todavía nos cuesta comprender al vecino.Sabemos secuenciar genes, pero no siempre sabemos por qué nos enamoramos de quien no nos conviene.Podemos enviar una nave al espacio, pero a veces no somos capaces de cruzar una habitación para pedir perdón.Podemos estudiar la historia de la humanidad y, al día siguiente, repetir los mismos errores.Somos capaces de escribir Don Quijote, levantar catedrales, descubrir vacunas y escuchar una melodía hasta llorar.Pero también podemos destruir aquello que amamos.Somos una mezcla extraña de razón, instinto, memoria, deseo, miedo, esperanza y contradicción.
Quizás el ser humano no sea solamente quien busca los misterios.Quizás sea el mayor de ellos.
Y ENTONCES, ¿NOS RENDIMOS?No. Eso sería demasiado fácil. El hombre no se ha rendido. Se ha acostumbrado a no tener todas las respuestas. Y posiblemente ahí está nuestra grandeza.
Porque si todo estuviera explicado, la vida sería una oficina con horario de entrada y salida. Pero no. Todavía queda el misterio del nacimiento. El misterio de la conciencia. El misterio del amor. El misterio de la muerte. El misterio del universo. El misterio del tiempo. El misterio de Dios para quienes creen. El misterio de la nada para quienes no creen. Y, en medio de todos ellos, nosotros. Preguntando. Buscando. Discutiendo. Equivocándonos. Volviendo a preguntar.Quizás por eso la humanidad lleva miles de años mirando hacia arriba. Porque sospecha que las respuestas están allá afuera. Y quizás todavía no se ha dado cuenta de algo: algunas de las respuestas podrían estar escondidas dentro de nosotros.Mientras tanto, sigamos buscando.Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa puede hacer un animal que tuvo la ocurrencia de inventar la filosofía?
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