sábado, 3 de octubre de 2026

LOS RELATOS MÁS ANTIGUOS DE LA HUMANIDAD


EL CUENTO DEL NÁUFRAGO

 Un relato del antiguo Egipto hacia 2000-1900 a. C.


Por Autor Desconocido

 


Un funcionario regresaba a Egipto después de una expedición que no había salido como esperaba.
Su corazón estaba lleno de temor.
Un compañero intentó tranquilizarlo:
—No tengas miedo. Hemos regresado con vida. Hemos llegado nuevamente a nuestra tierra. Eso ya es motivo para agradecer a los dioses.
Pero el hombre continuaba preocupado.
Entonces su compañero decidió contarle una historia.
—Yo mismo viví algo mucho peor —le dijo—. Y sobreviví.
Mucho tiempo atrás, había embarcado rumbo a las lejanas tierras donde los hombres del faraón buscaban riquezas.
La nave era enorme y llevaba ciento cincuenta marineros.
Eran hombres experimentados. Conocían el cielo, el viento y el mar. Ninguno imaginaba que aquella travesía terminaría en desgracia.
De repente, apareció una tormenta.
El viento golpeó la embarcación con una fuerza terrible.
Las olas crecieron hasta convertirse en enormes montañas de agua.
La nave fue destruida.
Todos los hombres murieron.
Todos menos uno.
El marinero consiguió aferrarse a un pedazo de madera y permaneció a la deriva durante tres días y tres noches.
Finalmente, las olas lo arrojaron sobre una isla.
Estaba solo.
Pero cuando recuperó las fuerzas descubrió algo extraordinario.
La isla estaba llena de árboles frutales, plantas, aves y peces.
Había comida por todas partes.
El náufrago encendió un fuego y dio gracias a los dioses por haberle permitido vivir.
Entonces escuchó un ruido terrible.
Los árboles comenzaron a estremecerse.
La tierra tembló.
El hombre levantó la mirada.
Frente a él apareció una serpiente gigantesca.
Su cuerpo parecía cubierto de oro.
Sus cejas brillaban como el lapislázuli.
El marinero cayó al suelo, aterrorizado.
La enorme criatura habló:
—¿Quién te ha traído hasta aquí?
El hombre contó su historia.
Entonces la serpiente le dijo:
—No tengas miedo. Los dioses te han permitido vivir.
Y le explicó que aquella isla pertenecía a los dioses y que allí nada le faltaría.
El marinero permaneció cuatro meses en aquel lugar.
Durante ese tiempo, la serpiente le contó también su propia desgracia.
Había vivido allí con su familia.
Eran setenta y cinco serpientes.
Pero un día una estrella cayó del cielo y destruyó a todos los que amaba.
Solo él había sobrevivido.
El marinero quiso ofrecerle riquezas cuando regresara a Egipto.
La serpiente sonrió.
—¿Qué podrías ofrecerme? —le preguntó—. Yo soy dueña de todas las riquezas de esta isla.
Después le anunció:
—Pronto llegará una embarcación. Regresarás a tu tierra y volverás a ver a tu familia.
Y así ocurrió.
Después de algún tiempo, apareció un barco.
El marinero subió a bordo.
La isla comenzó a desaparecer de su vista.
Finalmente llegó a Egipto.
Cuando terminó de contar su historia, el hombre que lo escuchaba quedó en silencio.
Había escuchado relatos sobre monstruos, islas misteriosas y serpientes gigantes.
Pero la enseñanza era sencilla:
El hombre que ha sobrevivido a una gran desgracia puede mirar de otra manera el miedo de quien todavía está atravesando la suya.
Y el antiguo marinero terminó su relato.
Había perdido su barco.
Había perdido a sus compañeros.
Había quedado solo en medio del mar.
Pero había regresado.
Y a veces, en las historias más antiguas de la humanidad, sobrevivir ya era una forma de victoria.


* ¿Qué habrías hecho tú si, después de sobrevivir a un naufragio, hubieras encontrado una isla gobernada por una serpiente gigante?
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