Manual Urgente Para Sobrevivir
a los Agüeros sin Morir del Susto
Por Gilberto García Mercado

Hay personas que no salen de casa si un gato negro les atraviesa el camino. Otras sienten que el universo entero se les viene encima cuando rompen un espejo o riegan la sal sobre la mesa. Y están también los expertos en tragedias domésticas que aseguran que abrir un paraguas dentro de la casa equivale a invitar siete años de calamidades y visitas inoportunas.
Pero la gran pregunta es esta. ¿Los agüeros se cumplen porque existen o porque nosotros mismos comenzamos a perseguirlos como detectives nerviosos?
Piense en esto. Usted rompe un espejo por accidente. De inmediato recuerda aquello de los siete años de mala suerte y desde ese momento empieza a caminar como si estuviera atravesando un campo minado. Se golpea el dedo pequeño contra la cama y dice “ya empezó”. Se le quema el arroz y piensa “el espejo me condenó”. Hasta el perro lo mira raro y usted sospecha que la tragedia ya tomó posesión de la sala.
Lo mismo ocurre con derramar sal. La persona queda tan predispuesta al desastre que cualquier pequeño problema parece señal del apocalipsis. Si además un gato negro aparece cerca ya empiezan a sonar trompetas invisibles en la cabeza.
Y qué decir de pasar debajo de una escalera. Muchos la rodean como si arriba estuviera esperando un piano dispuesto a caerles encima.
Tal vez los agüeros no tengan poderes mágicos. Tal vez el verdadero hechizo sea nuestra imaginación trabajando horas extras y convirtiendo simples accidentes en novelas de terror doméstico.
Aunque siendo sinceros hay algo inquietante en todo esto. Porque después de leer estas líneas quizá usted ya esté pensando cuidadosamente dónde pone la sal y mirando de reojo a los gatos negros de la calle.
Y entonces dígame. ¿Le gustaría predisponerse a cierto agüero para evitar que le pase?
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