sábado, 15 de agosto de 2026

La Niña de Barranquilla



SHAKIRA: EL SUEÑO QUE TODAVÍA NO TERMINA

 

Por Gilberto García Mercado

 


Anoche soñé con Shakira. 
No con la mujer que llena estadios, ni con la artista que aparece en las pantallas del mundo entero, ni con esa mujer que parece haber firmado un pacto secreto con el tiempo. Soñé con la niña de Barranquilla que llevaba canciones en la cabeza y una esperanza demasiado grande para su edad. 
La vi caminando por los pasillos de emisoras y estudios, buscando una oportunidad. La imaginé con sus padres detrás, acompañándola de concurso en concurso, tocando puertas, llevando grabaciones y esperando que alguien escuchara aquella voz diferente. Desde muy pequeña había descubierto que la música podía ser una forma de hablarle al mundo. A los ocho años comenzó a escribir canciones y, alrededor de los diez, ya participaba en concursos de talento. 
—¿Tenías miedo? —le pregunté en aquel sueño. 
Ella sonrió. 
Tal vez sí. Porque también hubo rechazos. Hasta en el colegio su voz provocó comentarios poco alentadores y no fue aceptada inicialmente en el coro. Pero aquella niña parecía tener una extraña capacidad para convertir los obstáculos en combustible.
Después aparecieron las emisoras, los escenarios pequeños y las puertas que parecían no querer abrirse. 
Y entonces apareció Flash, Édgar García Ochoa, uno de los hombres que creyó tempranamente en aquella muchacha y que años después contó su historia en Shakira: Nueva diosa del Rock. Su recuerdo forma parte de esa primera etapa en la que muchos comenzaron a descubrir que detrás de aquella joven había algo diferente. 
Pero también estaba Ciro Vargas, de Sony Music. Según testimonios publicados por El Tiempo y otros medios, Vargas llegó a escucharla gracias a Mónica Ariza y quedó impresionado después de verla cantar y bailar. Aquella audición terminó conduciendo a Shakira hacia un contrato discográfico. 
Después vino Magia. Después Peligro. Y todavía el mundo no sabía lo que estaba por ocurrir. 
Llegaría Pies descalzos, y con él una Shakira distinta. Llegarían ¿Dónde están los ladrones?, Laundry Service, las canciones en inglés, los escenarios internacionales, los Grammy y una carrera que terminaría convirtiéndola en una de las artistas latinoamericanas más reconocidas del planeta. Sony Music señala que ha vendido más de 60 millones de discos y acumulado numerosos premios internacionales. 
Pero en mi sueño yo seguía viendo a la niña. 
Quizá porque la fama no consigue borrar completamente nuestros primeros miedos. 
También apareció el amor. 
Primero Antonio de la Rúa, con quien mantuvo una relación de aproximadamente once años. Después Gerard Piqué, con quien tuvo a sus hijos Milan y Sasha. La relación terminó en 2022, después de más de una década. 
Hoy, después de esas historias, Shakira parece haber aprendido otra manera de mirar el amor. Ya no necesariamente como promesa de eternidad, sino como experiencia, compañía, pérdida, aprendizaje y también libertad. 
Y entonces comprendí por qué parece conservar una especie de eterna juventud. 
No es solamente su rostro. Es aquella niña que todavía parece acompañarla. 
La que escribió sus primeras canciones. 
La que insistió cuando le dijeron que no. 
La que caminó por emisoras buscando una oportunidad. 
La que soñaba con ser escuchada. 
Quizá esa sea la verdadera razón de su juventud: Shakira nunca terminó de abandonar a la niña que quería conquistar el mundo con una canción. 
Desperté. 
Y por unos segundos me pareció escuchar una voz que venía desde muy lejos: 
—Todavía falta otra canción. 
Y pensé que quizá tenía razón.

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