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domingo, 14 de diciembre de 2014

«EL AGUAJERO» CARTAGENERO

UN PERSONAJE CON ADEMANES DE PRÍNCIPE
Por Juan V Gutiérrez Magallanes 
Ellos vestían, (esto último para quienes pasaron a otra dimensión de mayor «aguajería») con esmerada limpieza, hacían combinaciones muy llamativas del vestido que portaban, caminaban con pasos simétricos de tenues saltitos difíciles de apreciar, pero ellos sabían que iban  caminando no sobre la tierra sino en acolchonada alfombra donde sólo pueden transitar los que visten y hablan como ellos. 
Saludaban con ademanes de príncipes en su primera visita a un reino nuevo. 
(Cuando el calzado es de cuero, tiene un brillo bastante particular, donde se refleja la sonrisa que va brindando «El Aguajero» a las personas que encuentra a su paso). 
Hay diferentes «Aguajeros», de acuerdo con el grado de cultura y el contexto que los rodea. 
Era muy común ver en Cartagena, a ese «Aguajero Letrado» o con cierto grado de intelectualidad, vestir de saco y corbata y zapatos del mismo color, sacar el pañuelo empapado de María Farina, y dejar que algunas gotas aromatizaran los lugares por donde avanzaba el más «Aguajero de la Urbe». 
Otras veces el calzado era de dos colores, el llamado capricho con tacones cubanos.
Cuando «El Aguajero» era hombre de escaso vuelo académico, pero sabio para decir un piropo y  decente en el trato, con cierto grado de bohemia, vestía con mucho esmero, si la camisa era de mangas largas, se las recogía a la altura del antebrazo para enseñar la esclava que llevaba en la mano derecha, porque en la izquierda portaba un reloj «Lanco».  
Uno podía encontrar un «Aguajero» de camisa y pantalones muy sui géneris que dejaba sin abotonarse los primeros ojales de la camisa, para exhibir la medalla de Cristo o la Virgen del Carmen pendiendo de la cadena que usaba, y el cinturón completamente delgado sujetando el pantalón de filo permanente, rematado en bocapiernas o «tubos», algunas veces con cremalleras para facilitar la entrada de las piernas.
Estos personajes caminaban con estilo, tanto, que se apreciaba el saltito de un  glúteo sobre el otro, un andar propio de los beisbolistas antillanos. 
«Los Aguajeros» eran todo un espectáculo en el baile, más cuando se trataba de una guaracha (salsa) o de un bolero. 
Medían bien sus  compases, sabían geometrizar la sala de baile y hacían de su pareja una delicada libélula que armonizaba los pases, dándole vida a la poesía con sus movimientos. 
Todavía se encuentran «Los Aguajeros de la Periferia», algunos pasean las calles con guayaberas de variados colores, dejando una estela del perfume de Shakira.
La palabra «Aguajero», es polisémica, en Latinoamérica cuenta con variados significados. «Ostentoso, Presumido, Pantallero, Petulante, Vanidoso, Engreído, etc». 
Pero en su mayoría son personajes que gozan de buen trato. 
«El Aguajero» se paraba en la esquina, (ahora las cosas son a otro precio, pues la inseguridad difícilmente lo permite). Portaba una leontina, de un metro aproximado y en cuya punta pendía un ancla. 
Entonces cuando alguien lo invitaba a caminar, manifestaba, «no puedo, porque me encuentro anclado». 
«Los Aguajeros» son personas formadas por la diversidad policromada del Caribe. 
Hacen de la vida un canto y extraen del bolero la filosofía para resistir los embates de la vida. 
«Porque el que canta, dice mucho y sufre poco / Porque el que canta, olvida su dolor».  ( Daniel Santos). 
      

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