Fidelidad, memoria y encuentro
En El Gran Liceo de Bolivar
Por Juan Vicente Gutiérrez Magallanes
En esta época de 2026, la inteligencia artificial parece intentar deshumanizar las relaciones humanas. En contraste, en el grupo de egresados del Liceo de Bolívar de 1973 aflora la solidaridad y la fraternidad entre quienes, desde siempre, respiraron bondad como compañeros.
Desde entonces, cada año se repiten las anécdotas de aquellos adolescentes bullangueros, cargados de sueños de singular grandeza. Todos aspiraban a ingresar a la Universidad de Cartagena, la institución pública de enseñanza superior de aquellos años.
Los jóvenes del Liceo de Bolívar, ubicado en la avenida Pedro de Heredia, en el sector de Escallón Villa, sabían detectar los dolores de la urbe y les resultaba natural enarbolar banderas de protesta.
Hoy, cuando han pasado cincuenta y tres años, seguimos reuniéndonos con el mismo entusiasmo de aquellos encuentros en los recreos escolares. Cada uno está dispuesto a acudir al llamado del compañero. Así lo demuestra Rodolfo Sabogal, quien atraviesa el Atlántico y deja el centro de Europa para estar presente en esta gran cofradía liceísta.
De igual manera, aparecen las imágenes en videollamadas de quienes no han podido asistir, que son muy pocos, porque la gran mayoría no quiere perderse esta entrañable asamblea.
En todos aflora un espíritu de inmensa solidaridad. Quienes son médicos están prestos a brindar sus servicios, como lo vemos en Rubén, Armando, Gabriel y muchos otros que, en aras de la fraternidad engendrada por el gran liceo, siempre están dispuestos a socorrer al necesitado.
Roberto González, conocido como “El Tun Tun”, lidera con entusiasmo los futuros encuentros.
Esta gran asamblea de liceístas es una sublime muestra de amistad entre los seres humanos.
Entretanto, la cámara de Illueca y de “El Tun Tun” registra estos momentos para la posteridad.
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