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viernes, 20 de febrero de 2026

Primera Entrega



CERVANTES Y LA DÉCIMA


Por Juan Mares Poteas





Llovían cielos nublados
por las selvas del Chocó;
llovía tanto, que yo
tuve los ojos mojados.
En esos tiempos llorados
nunca de llanto se hablaba
aunque la pena sobraba
con tan húmedo rigor,
que no sabía el amor
si llovía o si lloraba.

                    *Manuel Mejía Vallejo. Proemio
Taxonomía del nombre de la gran novela de Miguel de Cervantes Saavedra: “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”

INGENIOSO: Facultad de discurrir e inventar con facilidad.
HIDALGO: El que tiene algo. En la antigua nobleza castellana-aragonesa: hombre escogido de buen hogar.
DON: Del latín, donum; dadiva, presente o regalo que se recibe de Dios. Gracia especial o habilidad para hacer algo. Tino particular que se tiene en el pensar o ejecutar.
QUIJOTE: Del catalán cuixot y este del latín coxa que traduce cadera. Cuarto trasero de las caballerías, pieza del arnés para cubrir el muslo entre el cuadril y el corvejón. Aumentativo bufo de quijada, variaciones: Quijano, Quejada, Quesada, Quexada.
LA MANCHA: Ma-nxa, que traduce: tierra seca. Nombre de la comarca natural mayor de España. (Cubre las provincias de Ciudad Real, la principal), Toledo, Cuenca y Albacete.
EL TANTEO
Tantos son los recovecos para explorar la obra de Cervantes, cuando en el mero Quijote se presenta toda una constelación de temas a cual más de apetitosos para degustar con el pensamiento, la palabra y la obra. Por ello, elegir entre tantas alternativas lo puede dejar a uno un poco turulato si no se despabila y toma uno que lo motive por afinidad o por curiosidad y comenzar a desglosarlo. 
Entre el día del allá y del acá del Quijote, digo, de Cervantes, en tiempo, geografía y oleaje; del allí en su España y del aquí en América, y en ésta, en particular Colombia, acullá los deseos de Cervantes por venir al nuevo mundo, llegó flotando sobre las olas y ahora vuela en la memoria de millones de seres humanos de todos los continentes, digo, de todo el mundo. 
Ya es sabido, en gran parte, cómo los propósitos de Cervantes con su Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha apuntaban, a la par que la historia avanzaba en el tiempo, a demostrar su maestría en parodiar estilos y géneros literarios desde los inicios de la formación del castellano (es decir, la lengua que se formó en la tierra de los castillos y que, al envolver a toda la península, era la tierra de los conejos, según los fenicios, quienes, junto con los iberos y los celtas, determinaron los primeros sincretismos culturales a través del Estrecho de Gibraltar) hasta su época de apogeo del barroquismo; y donde, por arte de la imaginación del gran cálamo de los pergaminos, escribe sobre lo antes escrito, es decir, aplica el palimpsesto al imputar el texto a Cide Hamete Benengeli, ya como estilo y figura literaria, ya como parodia arlequinesca en la vida de los caballeros desde el mundo de las letras, o ya como magia de la invención.

No en vano Thomas Mann, en su curioso texto de andanzas sobre las olas del Océano Atlántico, tituló Travesía con Don Quijote, y se expresa: “No salgo de mi asombro ante los cuentos esparcidos en la obra, como aventuras sentimentales que son, del todo concebidas conforme al estilo y al gusto de aquellas obras en las cuales el autor quiere precisamente mofarse. Que los autores de su tiempo volvían, de alegre corazón, a encontrar en el libro todas aquellas causas de lo que se pretendía desacostumbrarles, redundando todo ello en una placentera curva de paulatina deshabituación.”

Pero la acotación mayor viene en el párrafo siguiente: “Cervantes se sale de su papel con esos cuentos, como si quisiera demostrar que lo que puede hacer su época, también es capaz de hacerlo, e incluso que hasta ese género lo domina magistralmente”.

Y como ya vimos, de soslayo, para los fenicios, al llegar a la península y compartir con los celtíberos, al ver la abundancia de conejos, así la denominaron (según los estudiosos más consensuados): España, que traduce «tierra de conejos». Y como fue en Castilla donde cuajó el nuevo romance, por ser tierra donde abundaban los castillos, igualmente se le denominó castellano a la lengua hoy tan difundida. De aquí se puede inferir cómo nuestro idioma equivale a decir: castillos en tierra de conejos; y así tenemos una metáfora llena de ternura, picardía, fantasía, misterio, tradición e hidalguía, colmada de simbolismos. Con todo este antecedente, es apenas consecuente ver surgir un mago de las palabras, emanado de los ámbitos tutelares de los viejos castillos llenos de encantamientos: encantador y contador de historias; un mago que saca del sombrero de las fantasías conejos hechos palabras, enhebradas en historias entre prosa y verso, testimoniando un pasado y defendiéndose del Fénix de los ingenios o Monstruo de la naturaleza de su tiempo, del que hoy día casi ya ni se recuerda, puesto que, con todo un grupo, menospreciaban a Cervantes. ¡Y ole!


Pero sigamos con un poco de aparente dispersión. En cuanto a lo de acá, valga la asociación semántica, desde otro ángulo, donde nuestro Carrasquilla nos muestra a La Marquesa de Yolombó, “conejeada” por un español de vinagrosos rezagos, vale para señalar toda esa tradición heredada desde España, en cuanto a no ser gratuitas las historias de Tío Conejo, regadas por toda América Latina y por arte del sincretismo literario, bizoomorfoisofilioso, y cultural, aquí, por los lados de la costa Caribe y del Pacifico, donde lo asociamos con nuestro silvestre ñeque, conocido en los diccionarios como agutí.

Sin embargo, la otra herencia, hacia donde se mueve este opinar, va mucho más allá del verso octosílabo español y es el de los poemas de diez versos y en tal virtud, conocidos como décimas. Digo herencia, constatándose esta tradición, regada por toda la geografía de Colombia (y por casi toda América): tradición cultivada por nuestros más encumbrados escritores, como lo hizo Manuel Mejía Vallejo, o la de nuestros juglares repentistas tanto de la costa pacífica como de la atlántica y entre sus representantes Pedronel Rodríguez (del corregimiento Callejas del municipio de Tierralta- Córdoba) y las citadas por Miguel Antonio Caicedo Mena de la tradición chocoana. Esta tradición, tiene su monumento en el Quijote.

Si bien en el Quijote aparecen otras modalidades dentro del género lírico, como son el soneto, la copla, el epigrama, la canción, el romance, el madrigal, el epitafio y la glosa; las formas de versificación se dan en el díptico, el terceto, la cuarteta, la quintilla, el sexteto y la octava como estancia, pero es la décima la más destacada desde las diferentes fases de la rima. Igual que en la prosa aparece el cuento, el ensayo, la novela pastoril, la picaresca, la morisca, la sentimental, la italiana y la misógina. Es decir, el Quijote recoge toda la tradición literaria española, desde el medio evo hasta los días cervantinos.

Leída la novela se pueden observar, entre otros temas, el que interesa en esta historia, la curiosidad que se presenta en las décimas, para este caso, en cuanto a la forma, siendo su contenido parte del divertimiento y sustancia.

LA PREGUNTA

Lo anterior lleva a plantearse la inquietud siguiente: ¿Qué representa la décima, en el Quijote para Cervantes?

Para aproximarme a ello, realicé un seguimiento en cuanto a la forma, teniendo en cuenta la métrica, el ritmo y la rima; y sobre todo esta última. En cuanto a los contenidos, tienen la sabrosura esencial donde se mezclan historia y presente con la ironía y el ingenio de la exploración poética.

A manera de esbozo, digamos que esta modalidad del género lírico, procede según el diccionario de Forradellas, de las coplas del arte real, o cercanas a las llamadas quintillas dobles, en las cuales el Marqués de Santillana fue un experto. Se usó (y se usa) en series o de manera autónoma en estrofas de diez versos, octosílabos, con rima consonante en la culta y asonante en la popular (y en ocasiones se encuentra de manera mixta entre unos y otros). En realidad tiene sus raíces en: “…la época carolingia, los cantares de gesta y en las primeras noticias de los romances tradicionales…”. Vivió su gran apogeo en el Siglo de Oro Español.

Lope de Vega, Contemporáneo de Cervantes
Pues bien, la décima en el Quijote, para Cervantes, es quizá, motivo de reto y demostración de su capacidad en el oficio de enhebrar palabras para contar historias. Pues él era mirado con reservas por los intelectuales puristas de su tiempo.

Por aquellas calendas, surgió Vicente Espinel (1550 – 1624), émulo de Iñigo López de Mendoza (más conocido como el Marqués de Santillana, 1398 – 1458) y de Cristóbal de Castillejo (1490 – 1550). Espinel se destacó, además, por adicionarle la quinta cuerda a la guitarra. Caso fue su introducción de una nueva modalidad de rima a la décima, muy coreada por aquellos días y muy difundida y cultivada por el gran “Fénix de los ingenios”.

Es aquí donde Cervantes, en el Quijote, desde su dedicatoria al Duque de Bejar y desde el pertinente prólogo para espantar sus dudas, empieza con una tanda de mágicas siete décimas, por el estilo de las espinelas en cuanto a su rima que no en su métrica, siete sílabas en vez de ocho por verso. Esta forma se llamó rima partida o versos de cabo roto, donde para rimar solo se tenía en cuenta la vocal tónica, prescindiéndose de la continuación de la última sílaba, de la última palabra de cada verso: Soy Sancho Panza, escude- / del manchego Don Quijo- / puse pies en polvoro- / por vivir a lo discre-. La otra parte es aún más curiosa, si se le ajusta la sílaba olvidándose de la vocal tónica, tendríamos una décima del ciclo carolingio, de rima desigual o “descuidada” y cantada por los juglares. Desde luego, en el juego hay ironía, humor y belleza.

Veamos en estas décimas, dedicadas a: URGANDA LA DESCONOCIDA
Para los versos heptasílabos la rima asonante queda así:

1.4.5; 2, 3; 6.7.10; 8.9. (Versos de cabo roto).
A

1. Si de llegarte a los bue-, (nos)
2. Libros, fueres con lectu-, (ras)
3. No te dirá el boquirru- (cio)
4. Que no pones bien los de-. (dos)
5. Más si el pan no se te cue- (ce)
6. Por ir a manos de idio-, (tas)
7. Veras de manos a bo-, (ca)
8. Aun no dar una en el cla- (vo)
9. Si bien se comen las ma- (nos)
10. Por mostrar que son curio-. (sas)
Y como versos carolingios, octosílabos, la rima
(por asonancia desigual), queda así:

1, 4, 9; 2, 6, 10; 3, 8; 5; 7.

1. Y pues la experiencia ense- (ña)
2. Que el que a buen árbol se arri- (ma)
3. Buena sombra lo cobi-, (ja)
4. En Bejar tu buena estre- (lla)
5. Un árbol real te ofre- (ce)
6. Que da príncipes por fru-, (to)
7. En el cual florece un du- (que)
8. Que es nuevo Alejandro Ma-; (gno)
9. Llega a su sombra; que a osa- (do)
10. Favorece la fortu-. (na)

Y con rima asonante así:
1, 2,10; 3,4; 6, 8,9; 5,7.

De un noble hidalgo manche- (go)
Contarás las aventu-, (ras)
A quien ociosas lectu- (ras)
Trastornaron la cabe-: (za)
Damas, armas, caballe-, (ros)
Le provocaron de mo-, (do)
Que, cual Orlando furio-, (so)
Templando a lo enamora-, (do)
Alcanzó a fuerza de bra- (zos)
A dulcinea del Tobo-. (so)

Con rima asonante queda la rima así:

1, 6, 7, 8, 10; 2, 3; 4; 5, 9.

No indiscretos hieroglí- (fas)
Estampes en el escu- (do)
Que cuando es todo figu-, (ras)
Con ruines puntos se envi-. (dia)
Si en la dirección te humi-, (llas)
No dirá mofante algu-: (no)
“¡Qué don Álvaro de Lu-, (go)
qué Aníbal el de Carta-, (go)
qué rey Francisco de Espa- (ña)
se queja de la fortu-¡-“ (na)

Igual que las anteriores la rima queda así:

       1, 3, 5; 2, 6, 7, 8; 4; 9, 10.

1. Pues el cielo no le plu- (ga)
2. Que saliese tan ladi- (no)
3. Como el negro Juan Lati- (no)
4. Hablar latines rehu- (so)
5. No me despuntes de agu-, (jas)
6. Ni me alegues con filó-; (so)
7. Porque, torciendo la bo- (ca)
8. Dirá el que entiende la le-, (tra)
9. No un palmo de las ore-: (jas)
10 “¿Para qué conmigo flo-?” (res) 
La rima carolingia queda así:

1. 7; 2, 3; 4, 6; 5, 9; 8; 10.

1. No te metas en dibu-, (jos)
2. Ni en saber vidas aje-; (nas)
3. Que en lo que no va ni vie- (en)
4. Pasar de largo es cordu-. (ra)
5. Que suelen en caperu- (za)
6. Darle a los que grace-; (jan)
7. Más tú quémate las ce- (jas)
8. Sólo en cobrar buena fa-; (ma)
9. Que el que imprime neceda- (des)
10. Dalas a censo perpe-. (tuas) 
Estas quedan así:

1, 2, 7, 10; 3, 9; 4, 5, 8; 6

1. Advierte que es desti-, (no)
2. Siendo de vidrio el teja-, (do)
3. Tomar piedras en la ma- (no)
4. Para tirar al veci-. (no)
5. Deja que el hombre de jui- (cio)
6. En las obras que compo- (en)
7. Se vaya con pies de plo-; (mo)
8. Que el que saca a luz pape- (les)
9. Para entretener donce- (llas)
10. Escribe a tontas y a locas-. (cas) 
Estas están así: 1, 3, 4, 7; 2, 5; 6, 8; 9, 10.
Como se puede ver son rimas asonantes muy aproximadas, pero de todas formas desiguales y por lo tanto carolingias. En los versos de cabo roto, como pueden ver, se da la rima asonante, en las siete décimas, pero con igual frecuencia métrica en ambas: 1, 4, 5; 2, 3; 6, 7, 10; 8, 9.

Luego vienen las dos décimas dedicadas por el Donoso poeta entreverado, a Sancho Panza una, y a Rocinante la otra, sigue la misma estructura de mofa de la espinela. En cuanto a los contenidos, de unos se bufa y de otros hace gala de elogios; pues en el dedicado a Sancho, comenta y elogia a La Celestina (Tragicomedia de Calixto y Melibea), mientras que en el dedicado a Rocinante, las flores son para El Lazarillo. Y ya se puede caer en cuenta de los múltiples comentarios que se pueden colegir de las primeras siete décimas. Cervantes demuestra su destreza con sus décimas de elogio y crítica que juega con una especie de espinela a contrapique de la rima consonante de Espinel (claro, ésta con métrica de ocho sílabas).
Veamos:

B 
A Sancho Panza
(A Celestina)
1. Soy Sancho Panza escude- (ro)
2. Del manchego Don Quijo- (te)
3. Puse pie en polvoro-, (sa)
4. Por vivir a lo discre-; (to)
5. El tácito Villadie-, (go)
6. Toda su razón de esta- (do)
7. Cifró en una retira-, (da)
8. Según siente Celesti-, (na)
9. Libro, en mi opinión, divi-, (no)
10. Si encubriera más lo huma-. (no)
A Rocinante
A Lazarillo

1. Soy Rocinante el famo-, (so)
2. Bisnieto del gran Babie-; (ca)
3. Por pecados de flaque- (za)
4. Fui a poder de Don Quijo-; (te)
5. Parejas corrí a lo flo-; (jo)
6. Más por uña de caba- (llo)
7. No se me escapó ceba-; (da)
8. Que esto saqué a Lazari- (llo)
9. Cuando, para hurtar el vi-, (no)
10. Al cielo le di la pa-. (ga)
Tenemos que para la carolingia quedan así:

(La Celestina) 1, 4, 5. 6, 9, 10; 2; 3, 7, 8
Y (para la del Rocín): 1, 5, 6, 8, 9; 2, 3, 7, 10; 4.
Ahora, en el capítulo XXVI, aparecen tres décimas romance, producto de la traga de Don Quijote por Dulcinea. Para resaltar en estas décimas ver cómo Cervantes construye otra forma de distribución de la rima, con un condimento, un pie forzado que da la impresión de ser undécima y no décima. Por lo visto esta sería la décima quijotesca (pues si se mofa de las novelas de caballería ¿por qué no habría de hacerlo con las décimas?):

Juan Mares Poteas, Poeta y Escritor





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