CRUCIFIXIÓN Y MUERTE
Y, ¿dónde quedó el voto popular?
Por Alvaro Morales
La pasión a la que me refiero, no es a la del
amor, sino a la del padecimiento; como a la que fue sometido Jesucristo desde
aquella noche de la Última Cena hasta el mismo momento de su crucifixión.
Si la Pasión de Cristo hace referencia a los
sufrimientos y vejámenes a los que fue sometido como Hijo de Dios; sin temor a
equivocarme podría decir que gracias a la decisión colombiana de elegir
alcaldes por el voto popular, Cartagena ha vivido desde hace veintiocho años su
propia pasión representada en el sometimiento y descuadernamiento a la que ha
sido sometida por quienes han hecho remedos de gobiernos durante cada uno de
sus mandatos.
Entre 1988 y 2016, los cartageneros hemos
elegido doce alcaldes.
Los ha habido de diferentes partidos políticos y formación
académica; y hasta ahora ocho de ellos han sido judicializados, y tres han sido
separados del cargo. ¡Triste guarismo! Puede entonces verse, sin incluir al actual
mandatario, que las judicializaciones están en el orden del 72 por ciento; y
las suspensiones en el 27. ¡Increíble, pero cierto!
Es en este «palmarés» en el que
residen las razones que han hecho de la urbe, una «ciudad fallida».
El desequilibrio social se refleja en los
indicadores de pobreza y desempleo; en la inseguridad y crisis económica; en
los servicios de salud y educación con un alto porcentaje de deserción; en el
déficit de vivienda y la movilidad; en las obras públicas, etcétera
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| Álvaro Morales |
Pero, ¿qué nos ha pasado…? Se dice que es el
constituyente primario—el elector, el que decide por quién vota— el único
responsable de esta triste realidad; cosa que no creo. Los verdaderos responsables
de nuestro atraso son los gobernantes que mantienen a la ciudad en un círculo
vicioso de miseria llevando al estrangulamiento la voluntad y la libre decisión
del pueblo para escogerlos sin ser sometido por las dádivas y las
falsas promesas.
Lo peor de todo es que no se vislumbra una
luz al final del túnel.
Ni siquiera la vergüenza del rezago frente a
ciudades como Barranquilla, Montería y Sincelejo pareciera pellizcarnos para
erradicar la corrupción y la criminalidad de las pandillas en estos 28 años de
dizque participación ciudadana.
¡También en este Siglo vivimos la Pasión de
Cristo…!
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